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EL MEJOR ARGUMENTO, LA INCONMENSURABILIDAD Y LA VOLUNTAD POLÍTICA Breve reflexión con el fin de esquivar una guerra civil.

Introducción Me gustaría decir algo sobre: (1) la cuestión del "mejor argumento", (2) la idea de la inconmensurabilidad en lo que respecta a los imaginarios de los contendientes en un debate y, (3) las razones personales, los intereses, incluso el inconsciente en la escena política. No sé si voy a poder con todo. Lo primero es darle vueltas a la siguiente cuestión: ¿Es factible, incluso deseable, alcanzar una instancia en la cual reconocemos el mejor argumento en una disputa? La comprensión mutua Es innegable que los seres humanos se entienden, llegan a comprensiones variadas en muchos aspectos de sus vidas. No necesitamos estar de acuerdo en todo para estar de acuerdo en algo . Hay muchos puntos de discordia, pero reconocemos ciertas cosas como mejor fundamentadas que otras, y actuamos en consecuencia. El hecho de llegar a determinada posición, no siempre es producto de una función consensual en la cual establecemos estrategias de pérdidas en función de ganancias. Aho

LA POLÍTICA DEL AMOR (2)

En el post anterior ofrecí una primera aproximación a una idea que aún no ha acabado de tomar forma. La intuición, sin embargo, me hace creer que vale la pena ir profundizando en el asunto de a poco. El problema de fondo ya ha sido planteado en otras ocasiones y gira en torno a la siguiente cuestión: ¿Es posible hablar de un “Nosotros” antes de que ocurra el reconocimiento del “Tú” y del “Vosotros”, del “Él” y el “Ellos”? Con esta pregunta intentamos ir al fondo de la cuestión de la identidad, a la pregunta acerca del quién y del qué. Pero vayamos por partes. Hicimos una triple distinción. Hablamos (1) de una política del consenso; (2) hablamos de una política agonística del enfrentamiento; y (3) hablamos de una política del amor. Permítanme que dé algunos detalles respecto a esto para que podamos continuar nuestra charla con mayor profundidad. En primer lugar, no estoy diciendo que la política del amor pueda substituir absolutamente las otras dos formas de política. Creo que existen

DE LA POLÍTICA AGONÍSTICA A LA POLÍTICA DEL AMOR

Aquí amor no significa “fusión” (en todo caso, es lo contrario de la con-fusión). Aquí amor es máxima oposición. ¿Pero en qué sentido? Si lo pensamos en términos ético-religiosos (y vale la pena que lo hagamos en esos términos, y no en términos meramente politológicos), el amor es el reconocimiento absoluto del otro como un sí mismo. Por lo tanto, a fin de evitar malentendidos, decimos que la política del amor es aún más radicalmente opuesta a la política del consenso (la política liberal de la negociación), que la política agonística en la que pusimos nuestras esperanzas en esta primera década del siglo XXI. Aquí política agonística es aquella que se articula a partir de la relectura que la izquierda comunitarista ofreció de la noción schmittiana de lo político como articulación de la identidad a partir de la afirmación del enemigo. Lo que propongo es que pensemos toda esta cuestión a partir de la noción de esperanza y desesperanza que nos propuso Ricardo Foster en el artículo que he

LA RAÍZ DE TODOS NUESTROS MALES

He tenido la fortuna de vivir dos años en Bogotá, bajo esos cielos imponentes, escuchando muchos, pero muchos ladridos. En el 89, presencié el famoso "caracazo". Esos días alumbrados en el que el ejercito venezolano encomendado a un proyecto neoliberal disparó contra su propio pueblo, para acabar con la módica cifra de 3000 muertos. El diario El País de entonces fue el que dio la cifra. Creo que el corresponsal era José Comas, que después estuvo viviendo en Buenos Aires. También tuve ocasión de presenciar el Plesbiscito chileno del 88. Escuché a los opositores, pero tuve la fortuna de charlar largo y tendido con pinochetistas bien acomodados del régimen. Uno de ellos, simpático como pocos, se desvivió por convencerme que era necesario exterminar a los zurdos en el continente, y que pasara lo que pasara, nunca cambiaría nada en su país. Que el poder estaba bien consolidado. Me he pasado años en Europa, hablando con gente de las más diversas índoles. He vivido en Euskadi, y act

RECORDANDO A COLIN POWELL (2): Otra vuelta de tuerca.

A continuación ofrezco mi respuesta a un comentario realizado a la nota titulada: "Recordando a Colin Powell", que no he podido insertar en la sección correspondiente debido a su extensión. PT, Me alegra mucho que se haya animado a hacer su comentario. Creo que es una buena ocasión para intercambiar pareceres. Lamento que me haya prejuzgado. En realidad, nunca he querido otra cosa cuando me decidí a editar este blog que crear ocasiones para debatir estos asuntos. Por lo tanto, permítame que le dé alguna respuesta a lo que me plantea. Para empezar, recordarle que los últimos artículos que he editado son respuestas a dos colaboraciones que han sido publicadas en el diario El País de España, y una de ella reeditada en el diario La Nación recientemente. Por lo tanto, de lo que se habla en estos artículos no puede entenderse plenamente si uno desconoce el objeto de los mismos, que es reflexionar sobre los trasfondos inarticulados de estos y otros autores que suelen escribir en la

RECORDANDO A COLIN POWELL

Fue un día memorable. Es decir, un día que debería estar en nuestra memoria, para evitar ese misterio burdo, como decía Borges, que es el olvido. Leo en el diario El País otra de esas maravillas de la prensa liberal española que nos ponen sobre aviso de lo que planean estos tipos. La firma de la nota es la del prof. Román D. Ortiz, profesor en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes, Bogotá. El título del artículo dice: “Relaciones Peligrosas”, y como es de esperar, viniendo de Colombia, y firmado por un consultor privado en seguridad, las peligrosas relaciones de las que hemos de hablar son las que mantiene Ecuador y Venezuela, los vecinos ariscos de la nación colombiana, con las FARC. La tesis del señor Ortiz es sencilla. No deberíamos mirar hacia otro lado. Chávez es como Milosevic o Saddam Hussein. La agresividad de su política exterior debería, hace tiempo, haber animado a la comunidad internacional a tomar medidas contundentes frente al caso. No me de

EL PODER Y LA ESPERANZA: Sobre la injusticia de la justicia salomónica.

Quisiera decir dos palabras sobre una cuestión a la que los resultados electorales en Argentina han vuelto a dar alas. Se trata de la posibilidad o no de zanjar definitivamente la cuestión de la represión genocida en Argentina durante las décadas de los setenta y los ochenta. En esta ocasión, lo que desata mi respuesta es un artículo publicado por la “popular” Pilar Rahola en el diario El País, periódico que nos tiene acostumbrados a una buena dosis de tergiversaciones cuando se trata de ofrecer su imaginario sobre Sudamérica. Pero para que el asunto no suene a propaganda sin fondo, recordemos que los más importantes opinólogos sobre nuestro continente son grotescos enemigos del chavismo, y sus secuaces izquierdistas. ¿Cómo olvidar la semblanza que nos ofreció Vargas Llosas del criollo astuto y mentiroso de Morales? ¿Qué hacer con la justificación que nos ofreció recientemente ante el golpe en Honduras? ¿Qué decir de su vergonzante aparición mediática desafiando a un presidente constit