domingo, 31 de octubre de 2010

LOS PREMIOS




No quería escribir sobre Vargas Llosa. Me daba pereza y no tenía muy claro qué era lo que quería decir. Sin embargo, ahora mismo creo que hay que decir dos palabras sobre el aparato mediático y hacia donde nos dirige la campaña que han lanzado los medios del establishment planetario para continuar hundiendo en el olvido el fracaso del modelo neoliberal.

Pero el asunto es tan complicado que voy a hacer referencias cruzadas, cortocircuitadas, como diría Zizek, para que el asunto se vea como lo que es: una jugada de marketing para sostener el modelo del horror y del terror.

Vamos a comenzar por lo primero, por Vargas Llosa. Un tipo al que dediqué muchas lecturas en mi juventud. Un tipo que me permitió soñar con esos mundos imaginarios que se encontraban en la tangente de la realidad, y al que no podemos dejar de honrarle en cuanto escritor de ficción. No cabe la menor duda que disfrutamos con su pasión onírica y artística, con sus reconstrucciones históricas, con los extraordinarios bosquejos sociales de su primera época.

Sin embargo, muchos de sus más fieles lectores de la primera hora, todavía ignorantes del giro político que había ocurrido en su vida, nos sorprendimos cuando descubrimos en quién se había convertido el peruano.

Recientemente, Ignacio Ramonet desvelaba, en Le Monde Diplomatique la manera en la cual se produjo ese giro. En 1967 declaraba el eximio novelista sobre la revolución cubana:

“Dentro de diez, veinte o cincuenta años, habrá llegado a todos nuestros países, como ahora a Cuba, la hora de la justicia social y América Latina entera se habrá emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y la reprimen. Yo quiero que esa hora llegue cuanto antes y que América Latina ingrese de una vez por todas en la dignidad y en la vida moderna, que el socialismo nos libere de nuestro anacronismo y de nuestro horror”.

Sin embargo, poco después, Vargas Llosa va a sufrir una mutación que corre por los mismos senderos de las mutaciones políticas y sociales que se estaban viviendo en el escenario público. No hay nada original en su nuevo arrebato de pasión, como no había nada original en su alabanza a la revolución cubana en aquellos años del 67, entre Berkeley y París, cuando el hilo de la tensión revolucionaria que tiraba a un mismo tiempo por los derechos de la autoexpresión individual y la justicia social definitivamente se rompió. El artista Vargas Llosa decidió exclusivamente por la libertad individual, como muchos de sus contemporáneos, olvidando el componente social de su compromiso de transformación.

Como un camaleón taimado (adjetivo que le propinó a Evo Morales al que acusó de criollo mentiroso en una nota del siempre puntual periódico El País), Vargas Llosa supo apurar su propia mutación con la vista puesta en los nuevos ideales de su tiempo. Dos obras, nos cuenta Ramonet, están detrás de la articulación de su nueva cosmovisión: Camino de servidumbre, de Friedrich Hayek, y La sociedad abierta y sus enemigos, de Karl Popper.

Me acuerdo de esos libros. El libro de Popper fue el primer libro de filosofía que leí en mis años mozos. Debía tener trece o catorce años cuando lo extraje de su lugar en la enorme biblioteca de mi padre y devoré los dos volúmenes en los cuales Popper, con una literatura afilada y una argumentación retorcida rastreaba los totalitarismo del siglo XX en las obras de Platón y de Hegel. También me acuerdo del libro de Hayek, que también ocupaba un lugar en la biblioteca de mi padre, junto a las obras de Milton Friedman, en aquel tiempo en el cual las odas a la libertad radical la entonaban los carceleros y los asesinos de todas las dictaduras de nuestro continente. Curiosa epopeya la de Vargas Llosa que supo olvidarse de su pasado libertario para enfundarse la vestimenta de la libertad del mercado, militando junto a aquellos que habían sido sus enemigos.

Desde entonces, los reconocimientos políticos y literarios de Vargas Llosa se han multiplicado. Ha sido consagrado por la prensa corporativa, ha sido fotografiado junto a los literatos de moda, ha sido galardonado por nobles y eximios a todo lo largo y ancho del planeta, y en cada ocasión ha quedado claro, como en el último anuncio de los premios Nóbel, que el galardón no está dedicado únicamente al creador de ficción, sino también a la posición militante que ha adoptado desde su giro copernicano hacia la derecha política. Como el propio Vargas Llosa puso de manifiesto recientemente: “Si mis opiniones políticas han sido tenidas en cuenta, pues en buena hora. Me alegro”.

Mientras tanto, la Universidad San Pablo CEU, una universidad católica con claras tendencias ultramontanas, han obsequiado a José María Aznar de España, y a Álvaro Uribe de Colombia (dos amigos personales del novelista) con el premio internacional titulado “La Puerta del recuerdo” por la “decidida lucha (que ambos mandatarios han realizado) contra el terrorismo y por sus compromisos con las víctimas.”

Recordemos brevemente a quiénes se condecora. José María Aznar, uno de los promotores más inflamados de la guerra de Irak en Europa, tiene el honor de la complicidad con una operación militar promovida por razones extraordinariamente ambiguas a las que se opusieron, no sólo la mayor parte de los Estados soberanos del mundo, sino también una inmensa mayoría de la ciudadanía planetaria en manifestaciones directas. Una guerra que ha dejado, según cuentan los más optimistas, entre 600.000 y 1.200.000 víctimas, y en la historiografía los ejemplos edificantes de Abu Graib, Guantánamo y los vuelos secretos (vuelos que recuerdan al anecdotario de horror de la Argentina dictatorial en los años 70, demostrando de ese modo la continuidad del imperio del terror).

El señor Álvaro Uribe, a pesar del triste apoyo ciudadano que el presidente colombiano ha recibido en las urnas en retieradas ocasiones, posee un prontuario de desapariciones, ejecuciones y complicidades criminales de una extensión de la que pocos mandatarios en el mundo pueden presumir. Recordemos que el expresidente Uribe recibió un premio semejante de manos de la corona española con motivo, según se dijo, de ser un promotor de la libertad. También recibió de George W. Bush la medalla de honor por razones análogas: ser un paladín de la justicia y la libertad, por su lucha contra el terrorismo y a favor de las víctimas.

Mientras tanto, permítanme que les recuerde el escenario en el cual nos estamos moviendo. Después de una oleada de privatizaciones en los años noventa en la periferia del primer mundo, que contribuyó a la pauperización de las economías locales y lanzó a la miseria a cientos de millones de personas en todo el mundo, la década que siguió nos recibió con una crisis financiera profunda en el corazón de la metropoli.

Dos años después de declarada formalmente la crisis (hasta entonces negada por todos pese a haber sido anunciada por aquellos que los tertulianos/voceros del establishment desprecian) la prensa corporativa y la cultura vuelven a rendirse a las exigencias de eso que hemos dado en llamar "neoliberalismo", e inicia en Europa una operación a gran escala de privatizaciones, después de (1) socorrer a la banca con dinero público y (2) ofrecer al sector privado la seguridad de que, sea lo que sea que ocurra en la próspera negociación que se avecina en sectores claves como la educación, la salud y la seguridad, presa apetecida durante largo tiempo por el capital privado, el marco estará servido para facilitar los masivos despidos que se necesitan en el hasta entonces sector público, para reiniciar los procesos de reestructuración empresarial, que de seguro, además, estarán respaldados con subvenciones "inteligentes" que acabarán por llevar al Estado a la bancarrota. Lo cual, a su vez, facilitará la expansión de las operaciónes privatizadoras, so pretexto de dinamizar la economía e impulsar el pleno empleo, etc., etc.

Las subjetividades europeas están siendo colonizados a una velocidad vertiginosa. Por medio de un aparato bien engrasado de información que fragmenta la resistencia ciudadana, haciendo ininteligible las protestas que ocurren a un lado y otro del continente para los ciudadanos de a pié que no se sienten solidarizados con lo que ocurre en Francia, Grecia, Reino Unido o España, y un aparato de creación de opinión que ha borrado del vocabulario las nociones esperanzadoras que hace apenas dos años nos hacía creer que era posible un cambio de rumbo, los ciudadanos europeos, como en otra época ocurrió con argentinos, brasileros o mexicanos, asisten boquiabiertos al remate/saqueo que ha emprendido el capital corportivo fusionado con la burocracia estatal.

En estas circunstancias no es alocado sospechar que los aparatos e instituciones culturales y educativas forzados a redefinirse en función de la integración economicista europea, sirven perfectamente (como nunca antes) a las exigencias del capital, trastocando los espacios de pensamiento que pudieran problematizar y desafiar las operaciones que se están llevando a cabo.

Los premios son una parte del tinglado que estamos montando para este nuevo cambio de rumbo, este giro copernicano, al cual la ceguera de los pueblos, la irresponsabilidad de los técnicos y la complicidad de sus dirigentes, artistas y comunicadores, nos están llevando. Un cambio de rumbo que significa un cambio de identidad que resultará irreconocible a la luz de nuestros ideales aun vigentes.

China nos ha mostrado (para la felicidad de algunos y la distracción de la mayoría) que el capitalismo no necesita ya de la democracia como socia en su itinerario hacia el fin de la historia anunciada por Fukuyama.

Esto debería ayudarnos a comprender la naturaleza de los premios. Palabras como "libertad" y "justicia" son equívocas. También "democracia" y "verdad". Hay que preguntarse en cada caso concreto: ¿Qué libertad defienden los Vargas Llosa, los Uribe y los Aznar? ¿La libertad de quién? ¿Qué significa su justicia? ¿Justicia definida y administrada por quiénes y para quiénes? ¿Y qué dicen cuando dicen democracia? ¿Qué pueblo hay detrás de sus campañas libertarias, qué intereses dicen representar? ¿Cuáles son las verdades a las que atienden? ¿las verdades de las armas de destrucción masiva o las verdades del asesinato político sistemático promovido desde el Estado durante el mandato de Uribe? ¿Cuál es la verdad de Vargas Llosa, a cual de los dos Vargas deberíamos creerle? ¿Al Vargas que anticipó y denunció una operación continental de aniquilación que se extendió desde Guatemala hasta Tierra del Fuego y que costó la vida a medio millar de personas? ¿O al que defiende un modelo que llevó a ese mismo continente a la miseria más absoluta durante los 80 y los 90?

En fin... quería decir dos palabras sobre la naturaleza de los premios y la naturaleza de los premiados de moda.

viernes, 29 de octubre de 2010

Y DE PRONTO SUPIMOS LA VERDAD...



Y tuvo que ser Néstor Kirchner, con su muerte, con ese último acto de su vida, quien pusiera en evidencia otra mentira. Esta vez, el engaño concertado de todos estos años, traducido en los reiterados eslóganes que la gentuza malpudiente y sus empleados obsecuentes repitieron en coro a través de las ajadas figuras de la televisión argentina, o difundieron por medio de las letras traicioneras de la prensa gráfica.

¿Se acuerda lo que decían esta gente que no por mediocre deja de ser mala?

“La gente quiere que los echen, la gente quiere que se mueran, la gente quiere que los maten”, dijo en cierta ocasión Elisa Carrió, mientras el Dr. Grondona se frotaba las manos encandilado, y ambos pretendían hablar la voz del pueblo.

Pero detrás del odio caricaturesco y la hipocresía afeminada de Grondona, enfilados bajo una única bandera cuyo único sello de identidad no consiste más que en odiar a la pareja presidencial, débiles de espíritu, débiles de pensamiento, los Macri, los Duhalde, los Cobos, los Solá, los Michetti y los de Narváez, se enfundaban la representatividad de las clases más recalcitrantes y perversas que tiene y tuvo siempre la Argentina.

Durante mucho tiempo sentenciamos: a esta gente la engañan. Clarín y La Nación la engaña. Pero eso también es una mentira. Esta gente quiere ser engañada, quiere escuchar las bestialidades que escucha cada día, quiere que las mentiras se vuelvan sangre de su sangre para sostener el falso privilegio de su falsa cultura, frívola, miope, echa de retazos de gestos vacíos, de lecturas sin fondo, de pensamientos de polvo para el viento de nadie.

Y de pronto supimos la verdad… una verdad que todos sospechábamos pero que algunos no se atrevían a decir bien fuerte, porque había miedo. Un miedo que no era el que producían los Kirchner, como nos querían hacer creer las divas y los divos de la manipulación de siempre. El miedo era el ostracismo social, la persecución mediática, el vacío, la burla.

¿Se acuerdan de esos días aciagos de la derecha vernácula cuando era posible hacernos creer que la gente odiaba a los Kirchner? ¿Se acuerdan de esas frases sublimes en las que pretendían convencernos que hasta el pueblo los detestaba? Hoy la plaza está atestada. A vuelto el aluvión zoológico a la ciudad. Ni los golpes militares, ni las políticas de empobrecimiento, ni la concertada operación de difamación mediática ha logrado que el pueblo se rindiera.

Ayer me escribió mi hermano. Emocionado me contó que había hecho acto de presencia con sus hijos en nuestra plaza de Mayo. Orgulloso habló del pueblo, de la patria, del futuro, de la libertad y de la justicia, esas palabras sagradas que el capitalismo “espiritual” de los noventa nos arrebató, esas palabras que las bestias de la cultura local, atragantada con los valores menores del recato formal, la lexicografía y la estudiada modulación bucal, decidió abandonar para esconderse ante sí misma su propia mediocridad.

Pero el pueblo ha hablado otra vez, ha vuelto a decir: “eso es mentira”, y ha firmado la sentencia del mentiroso.

El pueblo amó a Kirchner y lo dice con la voz firme e inundada de pena para que todos escuchen quién es su lider. Y ama a su presidenta en quien confía. Y su amor no es trivial, es el amor de un pueblo que se sabe a su vez querido por sus líderes. Un pueblo al que este movimiento de transformación devolvió la dignidad que se le había arrebatado con la pretensión de hacerlos esclavos para siempre.

El pueblo ama a Kirchner y ama a su presidenta, porque ellos le han devuelto la ilusión de la libertad. Hoy el pueblo es más sabio, más paciente. Sabe que detrás de las palabras vacías de los Duhalde y macris mafiosos, de las Michettis de turno, de los Cobos traidores y de los De Narváez oportunistas no hay más que el látigo del capataz de siempre, que vela por los intereses de sus patrones en detrimento de la vida, la salud y el bienestar de todos.

Y de pronto supimos la verdad… que aquí en la tierra hay un pueblo grande, un corazón ardiente que comparten millones, un alma inflamada de ilusión que Néstor Kirchner y la presidenta ayudaron a despertar.

Hay que hacer de esta muerte un destino ineludible, un “sí” rotundo a este rumbo de libertad y justicia, y un “no” decidido a las músicas falsas de estas sirenas de la derrota, a los mentirosos de siempre, a estos empleados del mes, que ahora escondido bajo sus camas esperan el veredicto del pueblo que los sabe traidores.

¡Viva Néstor! ¡Viva Cristina! ¡Viva la Patria!

jueves, 28 de octubre de 2010

PELIGROS Y LEALTADES


Acabo de escribirle a mi madre para que compre un ejemplar de Página12 y me lo mande por correo. Quiero guardar en papel los testimonios y los análisis de Mempo Gardinelli, Horacio González, José Pablo Feinmann y otros que se han sentado a escribir en estos momentos agitados, turbios, apesadumbrados en los que aun está caliente el cadáver de Néstor Kirchner.

En la nota de ayer, la coincidencia fue que en los días anteriores había recibido una catarata de mensajes “basura” de parte de “amigos” y conocidos apurados ante la proximidad (?) de las elecciones de octubre de 2011 por seguir inculcando (inoculando) un odio envasado de lugares comunes y retorcijones de espíritu. Fue por eso que al sentarme frente al ordenador no pude evitar hacer un recordatorio de las maldades concebidas por aquellos que durante todos estos años, en las reuniones y encuentros virtuales, siempre encontraban ocasión para ofrecer su cuota de ignorancia y resentimiento.

Pero hoy es otro día, y hay que pensar en el pasado con la vista puesta en el futuro. Además del hombre, Néstor Kirchner era un líder político. Eso significa que su muerte humana debe necesariamente leerse ideológica y estratégicamente por nosotros. Que no nos engañen las frases altisonantes de las bestias opositoras. Que no nos engañen las alocuciones de los Bergoglio y los Bergman, los agentes espirituales de las derechas vengativas. En estas horas tristes que el ciudadano de a pie vive con el alma acongojada esperando que se abran las puertas de la Casa de Gobierno para dar su último adiós a su líder, en los conciliábulos los traidores urden tramas para la capitulación de nuestros sueños.

Hay que estar prevenidos. El destino nos ha puesto delante de la cara el escollo absoluto de la contingencia y nos pregunta: ¿Qué harás con el pasado que se te ha regalado? A nosotros, que somos hijos de una generación aniquilada, que somos fruto de una política de shock dispuesta para idiotizarnos, a nosotros que hemos sido adiestrados para servir sin hacer preguntas en las escuelas de negocios, que hemos tenido que reinventarnos, reeducarnos, rebelarnos ante el pasado para recuperar el sueño de una libertad auténtica, sacudiéndonos la inercia de la imbecilidad consumista y superficial que nos rodea, nos toca mirar el pasado con la vista puesta en el futuro de todos. Un futuro amenazado desde dentro y desde fuera.

Ayer, después de la muerte de Néstor Kirchner, el Washington Post informó que en la bolsa de Nueva York, las acciones de las empresas que operan en Argentina crecieron en su valor de manera exponencial debido a la posibilidad de que las políticas populistas se vean interrumpidas. Mientras tanto, en las redacciones de Clarín y La Nación respiran hondo y se preguntan frotándose las manos si esta desgracia no detendrá el proceso de transformación en el mercado audiovisual impulsado por el Ejecutivo. Los familiares de militares detenidos y juzgados celebran y calculan la interrupción de los procesos judiciales. Los industriales hacen cuentas y descuentan que la debilidad de la presidencia y la estampida hipotética de la militancia kirchnerista ante el desconcierto de la pérdida de su líder impondrá un freno a las amenazas de reformas laborales y planes redistributivos del gobierno.

En el país de hoy hay quienes lloran, pero también quienes suspiran aliviados especulando que la muerte de Kirchner ha puesto punto final al sueño de una Argentina más justa. Lo que toca es volver al pasado para que la memoria no nos permita traicionarnos, y mirar al futuro, ciertos de que no hay otra escapatoria más que la lealtad.

miércoles, 27 de octubre de 2010

NÉSTOR KIRCHNER


Abrí la compu y me encontré con la noticia en el diario El País. Un frío me corrió por la espalda. Me fuí a página 12, pero no tuve acceso. Después a Clarín, y me encontré con la confirmación de la noticia. El presidente Kirchner había muerto.

La cabeza me dió un vuelco. Le dije a Agus lo que pasaba con un extraño presentimiento que fue cobrando forma a medida que pasaban las horas. Al rato empezamos a recibir las primeras intervenciones a través de facebook. Mientras millones de argentinos lloraban la muerte del ex presidente y enviaban sus condolencias a Cristina Fernández, otros se reían y hacían bromas groseras acerca de lo ocurrido. Mi hermano me envió un mensaje apesadumbrado. Le dije que me debatía entre la tristeza y la rabia.

Llevo meses escuchando a mucha gente diciendo barbaridades sin fundamentos acerca de este gobierno. Un gobierno que a muchos de nosotros nos devolvió la esperanza, que a muchos de nosotros nos hizo soñar con regresar a la patria después de muchos años de avergonzado alejamiento de un país que festejó con los asesinos y los estafadores de la dictadura la estrategia de vaciamiento del menemismo.

En todos estos años de imbecilidades, de mensajes vacíos pero rabiosos, de argumentos energúmenos, de declaraciones altisonantes acerca del asco que producía en las espasmódicas histéricas la inteligencia de la presidenta, he intentado guardar cierta cordura.

Me he explicado un millón de veces, he escrito artículos, he mantenido discusiones con "infradotados" indignados que repetían sus banalidades como un coro de fanáticos hipnotizados, he intentado que la gente tomara conciencia de la razón detrás del encono irracional que reina en el país, de la inmoderada estrategia de violencia verbal que escupe una oposición desarticulada y vaciada de contenido político, completamente entregada a la servidumbre de los poderosos y el status quo de siempre.

Sin embargo, hoy es otra cosa. Hoy me asiste la tristeza y la rabia, y la convicción de que es el momento de dar la mejor de nuestras batallas. Porque lo que ahora mismo se ha puesto de manifiesto, pese a las palabras hipócritas de los líderes opositores, es que han inyectado en el país un veneno que será difícil de neutralizar.

Detrás de las palabras de condolencia de los dirigentes opositores, lo que queda es una masa de gente idiotizada (sus bases) que se ha alimentado con las banalidades y barbaridades de un discurso desmedido y que ahora repiten como idiotas lugares comunes que, ante la muerte del expresidente y el dolor de muchos conciudadanos que respaldaban este proyecto triunfador en las urnas, pone de manifiesto el talante antidemocrático y corrosivo que los alimenta.

Es hora de militancia redoblada, decía hace unos minutos Raimundi a través de su Facebook. Eso significa recordar a cada minuto dónde y quiénes son nuestros enemigos, qué representan, cuál ha sido su historia, dónde estuvieron cuando se debatieron los ejes de este país nuevo en ciernes.

La Argentina de hoy, aunque les pese a quienes envalentonados por las huestes mediáticas repiten al unísono de la corruptela oficial, las mentiras del INDEC y el despilfarro, quienes se vuelven moralistas y se acuerdan de una pobreza que nunca les importo cuando se estaba inventando, mientras festejaban con champaña la aniquilación de la clase media y la fabricación de la indigencia, esta Argentina - decía - es una Argentina más justa.

Pero entiéndaseme bien. Se trata de una Argentina más justa, no de una Argentina justa, a secas. Es una Argentina que necesita de nosotros, una Argentina en camino. Por supuesto, las estructuras políticas están llenas de oportunistas que se cambian de camiseta como de calzoncillos. Habrá que tomar medidas, indudablemente, pero lo primero es reconocer la voluntad política que el matrimonio Kirchner supo adoptar como motivación política. Voluntad de transformación. Una transformación que no puede ser fácil, que no es bufar i fer ampollas, como dicen los catalanes, porque es contracultural, porque se encuentra enfrentada a una cultura enquistada en la psiquis de una parte de la ciudadanía argentina, cínica, escéptica, desconfiada, individualista y clasista, que de paso ha sabido preservarse de la responsabilidad que le toca en la fabricación de la miseria y el dolor bajo la cosmética de la indiferencia y la repugnancia hacia todo aquello que no responda a una política del privilegio, hacia toda política de emancipación ciudadana.

Esa es la Argentina estirada que practica con descaro la crueldad ante el groncho, y que en estas horas, como ocurrió en ocasiones anteriores cuando el expresidente sufrió crisis cardíacas semejantes, muestran la espantosa herencia que los une a las lenguas malas y cotorreras que exclamaban ¡Viva el cáncer! ante la enfermedad y muerte de Eva Perón.

Pero además de los "monstruos" de siempre, de esas caricaturas avaras, hay también la complicidad de aquellos que escuchan en silencio, sin condenar de modo alguno a las bestias más peludas de la crueldad que habitan en sus casas, aquellos que en silencio se sonríen ante las desubicadas muestras de crueldad de sus amigos o conocidos, o se limitan a un gesto vacío de reproche para afirmar después, con la mariconada: "Yo no soy Kirchnerista, pero guardo el luto". Señal de ser un pusilánime perdido, un idiota de esos que piden permiso para decir lo que se tiene que decir y callan para siempre cualquier idea que no sea la que todos repiten de manera unánime en el círculo de clase que impone su tabú con estridencias.

A todas esas personas les deseo con todo el alma que les salga un grano en el culo que les impida sentarse con comodidad durante un año largo y sufrido. Un mal menor, indudablemente, pero que puede ayudarles a recordar de la importancia de la virtud. Para el resto, gente de bien que en estas horas sufre y presiente dificultades futuras, mi más sentido pésame y mi ánimo a continuar con la lucha. ¡Viva la patria!

jueves, 14 de octubre de 2010

ESPIRITUALIDAD Y TERROR



Lo que me interesa en esta entrada es hacer un par de apuntes acerca de lo que encontrarán los lectores de ahora en más en este blog. En cierto modo, entramos en una nueva fase. Habiendo acabado mi disertación doctoral en torno a la cuestión de la identidad moderna, emprendo a continuación, paralelamente, dos itinerarios. En esta entrada voy a decir dos palabras sobre cada uno de estos libros en los que estoy trabajando

En primer lugar, de la mano de Charles Taylor, quien me guió a través de la exploración de la identidad moderna, y del teólogo John Milbank, intentaré cartografíar dos cuestiones que han sido de interés a estos dos autores contemporáneos, con el fin de establecer las conexiones entre sus dos relatos acerca del advenimiento de la secularización. Estos dos relatos están sintetizados en el voluminoso tratado, recientemente publicado por Taylor (2007), titulado A Secular Age, en el que nos advierte que la genealogía del orden moral moderno, el llamado “marco inmanente” que caracteriza la era secular, puede ser establecido desde dos perspectivas. Por un lado, a través de una narración que ponga en evidencia las mutaciones producidas en el seno de la cristiandad latina para elevar el nivel de compromiso cristiano de los habitantes de la Europa Occidental, dirigida a eliminar la brecha entre las élites y las masas en lo que concierne a su explicita adhesión y compromiso religioso, que acabará en la reforma protestante y el surgimiento de la llamada sociedad disciplinaria (Foucault). Por el otro lado, el llamado “desvío intelectual” (explorado por autores como John Milbank y Catherine Pickstock) en el que se intenta dar cuenta de lo ocurrido tras la muerte de Tomás de Aquino, en el ámbito intelectual, y que tiene como principal protagonista de este desvío al escotismo y el nominalismo ockhamista.

Abordar estas cuestiones es relevante:
1. Porque es imprescindible discernir los tránsitos hacia la modernidad en términos de mutaciones operacionales (lo cual implica abordar el impacto de la ciencia y la tecnología aplicada al ámbito de la materia inanimada, los organismos animados y la esfera sociocultural humana), y

2. Porque es necesario descubrir de qué manera las "teorías" han sido articuladas a partir de estos desarrollos, o han promovidos dichos desarrollos, desembocando de este modo en una mutación cosmovisional dramática como la ocurrida en el siglo XVII, en el cual nuestra cosmología, nuestra antropología y nuestra ética han sido trastocadas de manera radical.

Por lo tanto, esta exploración es importante porque nos permitirá acabar de delinear lo hecho en "Charles Taylor y la Identidad Moderna" en lo que se refiere a la explicación de la conformación de la modernidad, especialmente a la luz de los desarrollos y desafíos que nos llegan de tres importantes teorizadores de la modernidad como son Alasdair MacIntyre, Jürgen Habermas y Michel Foucault.

Pero hay una segunda área de importancia que esta conectada con la cuestión del terror que no podemos dejar de considerar y que, por cierto, ocupa un lugar relevante en la última obra de Taylor, a través del pormenorizado estudio de la obra de René Girard.

Pero mi propia exploración tiene como columna vertebral tres investigaciones antecedentes que pretenden particularizar las cuestiones abstractas sobre la relación entre tecnología, sociedad disciplinaria y terror que ya están previstas en las obras anteriores. Se trata de los estudios de Zygmnut Bauman, Marguerite Feitiowitz y Stanley Cohen que han explorado respectivamente la relación entre holocausto y modernidad, lenguaje y terror en la dictadura argentina de los años 70/80, y los estados de negación frente a las atrocidades y el sufrimiento a nivel individual y colectivo.

Lo que me interesa, por lo tanto, es:

1.Establecer las peculiaridades de la modernidad en lo que respecta a la relación de los individuos con la trascendencia y el modo en el cual los lenguajes del orden moral moderno tienden a animar, suspender o cerrar cualquier referencia hacia eso que llamamos trascendencia.
2.Establecer las peculiaridades de la modernidad en lo que respecta a la relación de los individuos y las colectividades con el fenómeno de la violencia ejecutada de manera sistemática, implementada tecnológica y burocráticamente.

Pero estas dos cuestiones tienen además un orientación crítica en lo que respecta a un tipo de espiritualidad en boga que asume la necesidad de operar sobre el marco inmanente a fin de reinaugurar el locus trascendente de la experiencia, la dimensión transmundana de las identidades, pero al precio de una nueva vuelta de tuerca en la marcha reformista que tiene como principal vehículo la disciplina corporal/mental para entrar en contacto con una eternidad escindida del tiempo y de la historia, con el fin de producir una fuga (vacacional) frente a las exigencias de la egocentricidad (vease el interesante trabajo antropológico-filosofico de Ernst Tugendhat, "Egocentricidad y mística").

Lo que pretendo es demostrar de qué manera la “nueva espiritualidad” (la supernova espiritual de la que habla Taylor), en el presente estadio tecnológico de nuestra civilización, se ha convertido en un peligroso condimento del orden sistémico que ayuda a reafirmar las tendencias "negacionistas" que la modernidad ha exacerbado a través del distanciamiento de los actores con los efectos morales de sus propias actividades y la inclusión de dichas actividades en un orden jerárquico que promueve una responsabilidad flotante. La interpretación de Bauman sobre el evento del holocausto ilustra esta relación entre modernidad y holocausto de manera singular.

Esta “nueva espiritualidad”, obsesionada con (1) el yo (y su disciplina); y (2) el presente (y la presencia-consciencia corporal/mental); junto con la presunción de que (3) la labor evolutiva del anthropos se reduce al logro de un "infinito malo", en términos hegelianos, en el que el individuo qua individuo y en la soledad de su individualidad sea capaz de alcanzar una plenitud absoluta; al tiempo que abstrae de dicho relato (4) toda referencia histórica que le asocia con el marco social que da cabida a la conformación de su identidad y su orientación estético/moral; esta "nueva espiritualidad", decía, justifica la determinación excluyente de su objeto (el yo presente o yo presencial) a partir de la convicción de que los cambios planetarios que necesitamos implementar sólo pueden ocurrir a partir de una revolución en la interioridad del yo. Pero este yo es interpretado de manera "desencarnada" (aunque obsesionado con la sensualidad); "a-histórico" (aunque se apunta a una visión biológicamente evolucionista que utiliza como análogo de un marco hipotéticamente análogo de evolución espiritual); y "atomista" desde el punto de vista social (aunque se anota a una versión reduccionista de la interdependencia en la cual, debido a la obsesiva necesidad de eludir toda jerarquía, apuesta por la inarticulación de todo valor intrínseco).

Lo que pretendo es demostrar que una afirmación de estas características (la preeminencia de la revolución de los sujetos) resulta comprensible en el marco de un universo holístico, en el cual los individuos, al transformarse, transforman el cosmos, porque forman parte del orden del ser. Pero resulta completamente inapropiada mientras los individuos habitan imaginarios fragmentados, sobre la base de un trasfondo cosmológico caracterizado por su neutralidad valorativa. Para estos individuos, el yo es amo y señor del universo entero. Todas las relaciones del yo resultan sospechosamente utilitaristas, y todos los sujetos convertidos en objetos, meros instrumentos para el logro de la realización personal. La ética del yo es una ética convertida en techne dirigida a la "eficacia" en el uso de los recursos vitales.

La nueva espiritualidad, que se articula sobre la demarcación estricta que la modernidad tardía ha establecido entre lo público y lo privado, sólo puede aspirar a una reintegración moral con la totalidad (a través de sus prácticas post-románticas) en aquellos espacios exclusivos en los cuales el yo descansa de las exigencias de la egocentricidad que le impone el ámbito corporativo y burocrático interesado exclusivamente en dotar a las individualidades con los instrumentos o medios que aseguren la maximización de su eficiencia como componentes de la estructura sistémica de la que forman parte; y una contracultura que pese a sus encomiables pretensiones antisistémicas mantiene intacta la escisión entre las esferas de la economía capitalista, la burocracia estatal y la esfera de la vida, estéril a la hora de articular una transformación globalizante.

Por supuesto, este apunte es muy pero muy incompleto. Lo que pretendo es, simplemente, ofrecer una suerte de índice que explique hacia donde van a ir dirigidos los artículos y comentarios que iré colgando en esta página a partir de ahora. Estas entradas serán ejercicios que no formarán parte de los libros proyectados, pero que se irán redactando en la periferia de la reflexión central y con motivo de ella.

sábado, 2 de octubre de 2010

UN HALLAZGO PARADIGMÁTICO


(1)

Un año después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, y cuando aun se estaban juzgando los abominables crímenes cometidos en la Alemania nazi, científicos estadounidenses iniciaron en Guatemala una investigación, promovida por el Departamento de Salud Pública de la Administración de Harry Truman, con el fin de comprobar la efectividad de la penicilina para combatir las enfermedades de transmisión sexual.

El descubrimiento de estas investigaciones fue realizado por la doctora Susan Reverby, de la Universidad de Wellesley (Massachusetts), quien informó que durante 1946 y 1948, cerca de setecientos varones guatemaltecos fueron contagiados de sífilis, gonorrea y otras enfermedades de este tipo, primero utilizando prostitutas en las cuales se había comprobado la existencia de estas infecciones, pasando luego a inocular directamente a los involucrados, inyectándoles en sus penes las bacterias. De acuerdo con la Dra. Reverby, no existe constancia de que esas personas hayan sido curadas o hayan sido tratadas de manera adecuada.

La Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, reconoció el pasado jueves estos hechos, y afirmó que quienes participaron en esta operaciones abominables conocían perfectamente la naturaleza de las mismas y el carácter inmoral de su participación en ellas. El presidente Obama telefoneó recientemente al presidente guatemalteco Álvaro Colom, quien calificó lo sucedido como “delitos de lesa humanidad”. Hasta aquí los hechos.

(2)

Descubrimientos de este tipo son ejemplares si pensamos que el trasfondo ideológico que justificó a las instituciones políticas, universitarias y empresariales estadounidenses para realizar tan siniestra operación, es el mismo que estuvo detrás de dos políticas particularmente perturbadoras que destruyeron las vidas de millones de personas en nuestro continente.

Sin temor a equivocarnos, creemos que la llamada "Doctrina de la Seguridad Nacional" que se implementó durante la década de los setenta en la Argentina y en el resto del continente, que costó la vida de cientos de miles de personas, acompañada por el llamado "Proyecto de Reorganización Nacional", inspirado en el neoliberalismo más extremo, que se prolongo más allá de la época dictatorial, alcanzando su cúspide durante la época del menemato y la Alianza, respondía a un patrón ideológico semejante al de nuestro siniestro ejemplo inicial.

En ambos casos estamos hablando de proyectos inspirados en un pragmatismo inescrupuloso, promovido por instituciones que justificaron experimentos perniciosos de esas características so pretexto de estar sirviendo al progreso y a la libertad.

Quienes implementaron dichas políticas, como ocurre en el caso ejemplar del que hemos hablado, conocían perfectamente la naturaleza de las operaciones que estaban realizando, el mal al cual sometían a la población afectada y el carácter inmoral de sus actividades. También ellos actuaron, so pretexto de servir a la patria, protegiéndola del enemigo comunista o promoviendo políticas de desarrollo que acabaron empujando la población a la miseria y al hambre. Pretender en todos estos casos que los fragmentos de la historia no se encuentran relacionados, es decir, que no corresponden o son el precipitado de una mismo concepción de lo real, o bien es una escandalosa muestra de inocencia o indiferencia, o bien un signo de brutal cretinismo.

Revisar nuestra historia y juzgarla es un ejercicio de libertad que resulta ineludible. Revisar la historia nos permite vislumbrar con mayor claridad la continuidad de aquellas políticas del horror en el presente.

Quienes pretenden lo contrario, quienes abogan por el olvido, quienes exigen a grito pelado el silencio, no hacen más que exigir al pueblo Latinoamericano que permanezca atado a la ignorancia, que se rinda a la apariencia de normalidad que impone el maltratador a su víctima.

Recordar y juzgar significa hacer nuestra la consigna "Nunca más".

El intento de golpe de Estado en Ecuador, que vivimos angustiados durante las últimas horas, no hace más que confirmar lo que presentíamos, la existencia de una operación concertada para debilitar a los gobiernos progresistas de la región.

El primero fue el golpe fallido producido en Venezuela a la presidencia de Hugo Chávez, en la que se puso en evidencia la connivencia estadounidense y de la derecha española. Siguieron los intentos golpistas en Bolivia para deponer al gobierno de Evo Morales en el que se pusieron de manifiesto las complicidades entre la Embajada estadounidense y los rebeldes. Recordemos que la operación acabó con un crímen horripilante. Treinta y ocho indígenas fueron linchados y asesinados en la provincia de Pando (recordemos, además, que personalmente constatamos de buenas fuentes, y denunciamos en este mismo blog, que existió un fuerte apoyo económico de una parte del empresariado catalán- que sería sólo un ejemplo del apoyo general que Europa brindó a las fuerzas separatistas santacruceñas en su intento por desestabilizar el gobierno de Morales para proteger sus intereses). A ello siguió la sublevación militar y el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras. A lo que hay que sumar el acecho continuado que a través del socio colombiano, en la figura del uribismo, realizan los Estados Unidos sobre Venezuela, y el tratamiento tendencioso que la prensa oficial en Latinoamérica, en Europa y en Estados Unidos hace del Presidente Venezolano, para convertirlo en una suerte de monstruo facista, pese a haber sido protagonista de 15 elecciones democráticas en las que no se han constatado fraude de ningún tipo, de acuerdo con los veedores internacionales, y pese al empeño obsesivo de la derecha española que a través de las FAES, en complicidad con todos los grandes grupos mediáticos, pretenden corroer la legitimidad que el pueblo venezolano ha concedido a su lider.

Pero además, hemos visto, en Brasil, en Argentina, en Paraguay y en Costa Rica, para poner sólo algunos ejemplos, como los grandes poderes económicos, a través de sus aparatos mediáticos de propaganda, que insisten en presentarse como instancias objetivas e independientes, han intensificado su ofensiva en toda la región, a través de la desinformación y el engaño puro y duro, dejando patente que en la democratización de estos ámbitos de negocios, en la diversificación de las voces, nos jugamos el futuro de nuestras democracias.

Por otro lado, hemos ido viendo como, de hurtadillas, la administración Obama ha ido redefiniendo su posición en Latinoamérica. Después de varios años de relativo "abandono" de la región, en el que Estados Unidos ha dedicado sus "mejores" esfuerzos a controlar medio Oriente y Asia Central, descubrimos como, so pretexto de acabar con la lacra del narcotráfico, ha reestablecido su rol de patrullaje y control militar invirtiendo en una sofisticada red de bases militares, estratégicamente dispuestas sobre la geografía del continente americano para controlar a sus enemigos.

Por otro lado, en vista del crecimiento exponencial que está experimentando la región en términos económicos, debido, entre otras cosas, al "casino" financiero que ha llevado los precios de la materia prima a cifras desorbitadas en el comercio internacional, y unas políticas públicas inteligentes, es imprescindible que la sociedad se recaude avanzando hacia un modelo cada vez más redistributivo y participativo de ganancias.

(3)

Hemos abierto esta entrada hablando de las abominables operaciones estadounidenses en suelo guatemalteco. Pero no hemos dicho nada sobre sus cómplices locales. Se trata de la condición necesaria para la implementación de las políticas de dominio, aquellos que exponen a sus conciudadanos a la indignidad, sometiéndolos incluso al asesinato y la tortura, con el fin de cumplir con los mandatos venidos de afuera. (Pensemos en el hecho de que apenas quince años después de los experimentos realizados a la población masculina guatemalteca, se inició en Guatemala una persecusión que costó, en el período que va desde 1960 a 1996, la módica suma de 200.000 desaparecidos, de los que Hillary Clinton y el presidente Obama no han dicho aun palabra alguna, pese a que se conoce de manera fidedigna - lo dicen los propios documentos desclasificados del Congreso estadounidense - de la promoción activa que realizaron sus predecesores en la violencia represiva).

Esos actores locales, que participaron activamente en el proyecto de dominio imperial estadounidense en el continente americano durante la guerra fría y que actuaron inescrupulosamente para hacer de nuestros países un modelo ajustado al llamado conceso de Washington no han desaparecido. Nuestros contrincantes están aquí, buscando de todos los modos posibles, revertir cualquier avance en la democratización real (en contraposición a "meramente" formal) de nuestras sociedades, y una verdadera participación en estas instancias de crecimiento, que nos permita desarrollar políticas autenticamente solidarias.

Pero sería ingenuo creer que nuestros enemigos llevan siempre la camiseta de nuestros contrincantes políticos. A veces se encuentran entre los vociferantes de nuestras propias líneas. Lo importante, en todo caso, es mantenerse alerta y continuar debatiendo hasta el hartazgo acerca de estos asuntos que a todos nos incumben, para continuar construyendo democracia.

Nuestros enemigos están dispuestos a todo. Están en poder de la palabra y de la fuerza bruta, mantienen en el encantamiento a amplios sectores de la población y han establecido un entramado de prevendas en el seno de los tres poderes, las fuerzas coercitivas y la prensa.

Para ellos la democracia sólo es tal en la mida de su propio éxito. No saben, ni quieren saber cómo actuar cuando las urnas les dan la espalda, cuando el pueblo toma la determinación de articular un proyecto diferente al que ellos mismos promueven. Lo único que les mueve es el poder, a cualquier precio.

Lo dicho vale como ejemplo y justificación de nuestro veredicto. Lo que toca es defender esta democracia nuestra latinoamericana que está dando lecciones de lo que significa verdaderamente la participación y el compromiso en la construcción ciudadana.