viernes, 6 de febrero de 2009

DAR FORMA A LAS RESISTENCIAS

Hace poco más de un año, eran un puñado los que imaginaban que un cambio profundo podía ocurrir en el planeta. El hegemónico discurso liberal nos había enseñado a pensar en una única y concertada dirección. Las propuestas alternativas resultaban a los oídos de los ciudadanos el producto de la rabia y el resentimiento de unos pocos radicales incapaces de hacerse a la idea que la historia había encontrado su sendero y se dirigía (cualquiera fuera el costo que de este resultara) hacia su propia consumación.

Entre los que alumbraban esta interpretación de la historia, había quienes se lamentaban sinceramente por los resultados a los que nos conducía la globalización capitalista.
Otros, se dedicaban sin segundos pensamientos, a disfrutar de los excedentes de la economía virtual.

La llamada crisis financiera ha traído consigo muchas cosas terribles, pero ha venido acompañada de un verdadero revulsivo que puede ayudar a constituir nuevos entramados de poder, re-configurar tejidos sociales y políticos atomizados durante las décadas post-políticas del neo-liberalismo corporativista y de ese modo ofrecer una plataforma desde donde ejercitar un poder efectivo frente al poder flotante tras-nacional.

A nuestro modo de ver, existen dos importantes herramientas para lograr una afirmación del poder popular en estos días, y de un modo u otro están siendo utilizados con resultados favorables en algunos lugares del planeta. El caso Argentino en el 2001 es paradigmático. El imaginario de la revuelta: '¡Que se vayan todos!', como ha señalado Naomi Klein en un artículo reciente, tiene ecos en otros escenarios: un ejemplo es el caso islandés.

Estas dos herramientas son:

(1) la movilización popular permanente, que fuerce a los gobiernos a tomar ciertas medidas 'tabú' que comiencen a deshacer las prácticas de consorcio de la política-mercado que ha reinado durante los últimos años, y que es uno de los factores clave para entender la des-legitimación de la soberanía popular cuando esta se enfrenta a los intereses financieros y comerciales, y

(2) una revuelta impositiva y jurídica. Un ejemplo de ello es, según Amy Goodman, el movimiento encabezado por la congresista Marcy Kaptur de Ohio, que ha estudiado los agujeros legales que permiten la resistencia de millones de familias afectadas por las ejecuciones hipotecarias. Goodman ha informado en estos días que en los Estados Unidos se han registrado 2,3 millones de ejecuciones hipotecarias en 2008 (algo más del 80% respecto al 2007 y más del 220% respecto al 2006). Kaptur llama a los afectados a convertirse en okupas en sus propias casas.
Mientras los bancos y otras instituciones financieras han recibido sumas millonarias de dinero que se han embolsado sin necesidad de dar nada en contraparte, los principales afectados del pueblo norteamericano han sido abandonados a su suerte.


En Europa, los acontecimientos de las últimas semanas están mostrando claramente que las instituciones bancarias y financieras, no están dispuestas a colaborar en la recuperación de la economía de base (en primer lugar, porque esas estructuras institucionales no tienen capacidad para realizar este tipo de actividades, sólo pueden ser forzadas por medio del poder político a realizar este tipo de movimiento), sino que están comprometidas con sus propios procesos de saneamiento y recuperación de pérdidas.

Los escándalos que los medios tienden a minimizar muestran claramente que estas entidades reafirman su independencia del poder político y de la soberanía popular de modo radical, lo cual exige por nuestra parte, como afectados directos de la crisis, una radicalidad análoga.

Los gobiernos europeos están profundamente involucrados en las prácticas políticas fracasadas, y sus imaginarios están articulados estrechamente con el paradigma en discusión. La fragmentación social y política a la que han sido sometidos los pueblos resulta evidente cuando tomamos conciencia de la dificultad que encuentran las protestas para ofrecer un imaginario de futuro común, y articularlo de tal modo que se vuelva un efectivo factor de cambio.

Por otro lado, el discurso mediático, tiende a dinamitar el propio proceso de cambio ofreciendo relatos desvinculados de la protesta social en marcha, por medio de un tipo de gramática des-legitimadora y atomística a fin de neutralizar el potencial proceso de confluencia de los diversos sectores volcados a la protesta.

La única política viable es una política de confrontación militante, que tome las calles y agite la insurrección jurídica e impositiva a gran escala. Una movilización de este tipo no producirá un efecto inmediato, pero ofrecerá ocasión para la re-articulación de una identidad ciudadana a partir del descontento creciente de la población, antes que ese descontento sea utilizado por la derecha populista xenófoba y el activismo religioso, des-conectando al pueblo de sus auténticos relatos reivindicativos.

Las instituciones democráticas europeas están profundamente embebidas en la política-mercado. Un cambio real sólo puede ser el producto de un giro paradigmático de enorme envergadura, que sólo puede resultar de la recuperación de un quiebre del imaginario en la esfera social, que re-edite modos de confrontación agonística, como proponía Mouffe, y fuerce de este modo a un tipo de consenso confrontativo sin el cual la muchedumbre se encuentra en una posición estéril para negociar su parte en la distribución del esfuerzo y sacrificio social que la llamada crisis exige.

Si los desposeídos, desempleados, sub-empleados, trabajadores acorralados por el temor al despido, universitarios, etc. son incapaces de ofrecer un frente común, el resultado será definitivo y las posibilidades de justicia futura impensables.

miércoles, 4 de febrero de 2009

DOS VISIONES DEL MUNDO

Neoliberales y neokeynesianos se encontraron en Davos para afilar el discurso y ofrecer sus recetas para salir de la crisis. Los problemas son graves, y el aparato se ha movilizado, en primer lugar, para frenar los intentos de cambio real que exigen las circunstancias.

Para los neoliberales, de lo que se trata es de evitar a toda costa analizar el fracaso estructural del sistema capitalista, y referirse a la crisis en términos de abuso y falta de confianza. Se trata de ordenar, rearticular/conceder ciertas políticas reguladoras y continuar con la fiesta cuando haya pasado el temporal. Mientras tanto, y aprovechando los vientos que soplan, seguir haciendo beneficios a costa de cualquiera.

Los Keynesianos, ahora reconvertidos a obamitas esperanzados, se inclinan por ofrecer incentivos al consumo y encarar una política de obras públicas de gran envergadura que saque a la economía de su parálisis.

Volvamos a la historia reciente, que parece asunto de otro siglo. Pocos meses antes que estallara la llamada 'Crisis' se presentaron a la opinión pública mundial dos cuestiones:

1. ¿Recuerdan la polémica intervención de Al Gore sobre la cuestión medioambiental? ¿Recuerdan el revuelo que causaron las negativas norteamericanas a firmar los acuerdos de Bali? ¿Recuerdan el espanto que nos produjeron las proyecciones de deterioro ecológico que (finalmente, pese a los años de atraso) han sido reconocidas por la mayoría de los expertos del planeta sobre esta cuestión?

2. ¿Recuerdan la crisis alimentaria? ¿Recuerdan el escándalo que causaron las cifras de hambrunas hace apenas un año? ¿Recuerdan la reunión de la FAO en Italia y las proyecciones de mortandad para el próximo decenio? ¿Recuerdan las imágenes de gentes hambrientas luchando por comida en África, Centroamérica, Asia?

Estas dos cuestiones que parecen ahora olvidadas (al menos en los medios corporativos que los tratan con soberana liviandad), resultan clave para comprender la ceguera de los neoliberales y los neokeynesianos que ahora se disputan el privilegio discursivo.

Pese a las diferencias aparentes y reales, unos y otros son parte de una misma visión del mundo, en la que lo que cuenta es mantener las cotas del progreso en movimiento, aun cuando el resultado de sus esfuerzos a corto plazo acabe conduciéndonos (como nos ha conducido) a la destrucción sistemática del entorno (el espacio físico, psicológico y espiritual en el que vivimos) y a aquellos que habitan en dicho entorno (animales humanos y no humanos y otras entidades vivientes).

Como contrapartida, con la simpatía explícita o implícita de los 'muchos' de la tierra, los movimientos alter-globalización, ofrecen:

1. una ajustada crítica a la estructura y ontología del sistema capitalista;
2. una condena al posicionamiento moral y político del sistema y su modelo globalizador.

Desde el punto de vista estructural, la globalización capitalista es suicida (y eco-suicida). La razón de ello es de una sencillez que avergüenza: la incapacidad de hacer justicia (medir) a la tensión totalidad/particularidad, unidad/diversidad.

El enloquecido individualismo depredador acaba destruyendo al propio individuo y con ello las condiciones de posibilidad de un mundo global. La destrucción se produce en, al menos, tres frentes:

1. Los tejidos sociales, que se fragmentan voluntaria y violentamente, en pos del encumbramiento absoluto de los pocos.
2. La destrucción del entorno y de sus habitantes (el entorno físico, psicológico y espiritual) que se ve reducido a mero objeto de dominio e instrumentalización.
3. La historia (y sus tiempos) por medio de la desmemoria y la desacralización de la fiesta, el homenaje y la devoción, todo esto producido por la aceleración especulativa, que a su vez reduce el futuro a mero proyecto de beneficio bruto sin cualidad inherente alguna.

Desde el punto de vista moral, la crítica a la injusticia inherente del sistema viene acompañada de un llamado de atención a la degradación y anulación de todo reconocimiento de perfección intrínseca de lo real de suyo de las personas y las cosas. La visión del mundo capitalista (en cualquiera de sus variantes apuntadas) concibe lo existente como mera funcionalidad.

Frente a ello, la alter-globalización propone:
Anteponer lo social por sobre lo individual; y anteponer lo social a lo existente de suyo.

1. la cosa es.
2. la cosa es para nosotros.
3. la cosa es para mi.

Eso significa que no podemos someter la existencia y perfección de la cosa al uso exclusivo del 'para mi' en detrimento del 'nosotros', olvidando lo que de suyo la cosa es y reclama, articulada o inarticuladamente.
Se trata de reconocer lo que de suyo tiene la cosa, el mundo, la naturaleza. Primero, las cosas 'son', y después son 'para nosotros' los humanos que les damos nombre, respondiendo a la llamada de su ser.
El 'para mí' es un regalo del nosotros. Por lo tanto, eso que llamamos 'propiedad' necesita de:
1. el reconocimiento de la cosa como tal
2. y el reconocimiento social de lo 'tuyo' en la cosa

Cuando el 'para mi' reina a sus anchas, la cosa y el lenguaje se hacen nada.
Por tanto, entendemos la propiedad a partir de una ontología de lo en sí, en contraposición a una ontología del mero valor.

El sistema capitalista en cualquiera de sus formas nos propone participar en un proceso mecanicista de creación de riqueza por la riqueza misma. El motor es la experiencia huidiza de satisfacción. El resultado es la producción de basura. Se trata de revolucionar nuestra comprensión del consumo.

El sistema capitalista es creador de centralismos y periferias, de barrios residenciales y cloacas humanas, de centros de poder e instituciones de control y seguridad. De lo que se trata es de revolucionar el localismo, multiplicar los centros y ofrecer alternativas a los pueblos a volver a decirse a sí mismos, a volver a hacerse dueños de su destino.

Finalmente, las 'maneras'. Lo que necesitamos es aprender un nuevo 'saber estar' y un 'dejar hacer'. Eso nos lleva a la noción de 'serenidad': que las gentes y los pueblos encuentren su voz, lo que se contrapone a la retórica del imperium y otras formas de neo-colonialismo.

lunes, 2 de febrero de 2009

UNA ORACIÓN FRENTE A DAVOS

DAVOS

Las vedettes se han vuelto a dar cita en Davos.
Todos están de acuerdo: Davos ya no es lo que era. El glamour se ha marchitado. La euforia de los números se ha vuelto melancolía.
Los expertos se han vuelto hombres de la calle.
Las piruetas aritméticas no convencen a nadie.
Lo que ayer sonaba a erudición, es hoy sinónimo de palabrería.
Los únicos a los que el respeto aun les 'sienta bien' son aquellos que se atrevieron a rebelarse contra el edificio de mentiras de la economía mundial. Pero son un puñado.

LA CRISIS

No era necesario ser un genio para saber que el asunto no podía durar, pero los expertos ni chistaron.
Quienes hablaron claro y publicaron sus pareceres en la prensa 'alternativa', fueron tildados de locos fanatizados por los mandarines de la alta economía.
Hace gracia que esos locos radicales a los que nadie escuchaba hayan resuelto las ecuaciones que los supuestos genios fueron incapaces de anticipar.
Los sabios maestros que nos advirtieron del peligro no forman parte del coro mediático que articula la voluntad de los depredadores y sus mercenarios (como los llamaba Jean Ziegler).

LOS RADICALES 'ANTI-SISTEMA'

Es curioso que la gente se olvide de los 'radicales', de los 'anti-sistema', de los muchos que protestaron en las marchas anti-globalización. Es curioso que esas voces que con claridad meridiana advirtieron el peligro que se avecinaba no sean recordadas con respeto y agradecimiento en los medios corporativos. No hay mención de esta gente, de estos movimientos. No hay rectificación ni reconocimiento a aquellos que adelantaron las múltiples crisis que se nos echan encima con un realismo candoroso, que los voraces ideólogos del libre mercado se negaron a reconocer, sea por pura malevolencia o religioso fanatismo.

LA HISTORIA

Para cerciorarme que la memoria no distorsiona mi intuición, he vuelto a revisar mis archivos. De internet bajé viejos artículos. Releí los documentos que tenía en mi biblioteca y comprendí que los 'radicales' que la prensa mayoritaria vapulea en sus artículos de opinión, debería recibir de nosotros (al menos) un oído, habiendo previsto en grado tan extremo y con anticipación tan abultada la desgracia que se nos avecinaba. Un caso argentino digno de mención es Pino Solanas, que en 1991 fue merecedor de un tiro por haber denunciado lo que se nos estaba haciendo (metiendo mano y violando: no sólo por los corruptos de adentro, sino también por los corruptos de afuera)

PERIODISTAS CORPORATIVOS

Sin embargo, los mismos imbéciles que ayer ensalzaban el crecimiento y atesoraban palabras para alabar un sistema corrupto y perverso, siguen teniendo la palabra. “Nadie es responsable”, parecen decirnos, “así es la vida”.
Es cierto, las variables no ocupan ya lugar en sus discursos. Ahora, cuando todo esta perdido, dejan a un lado su arrogante jerga económica que no sirvió más que para despojar a los pueblos de su riqueza y nos dicen: ni los más afilados expertos pueden prever las consecuencias de la crisis. Tampoco podían entonces, dar con la clave de lo que se avecinaba.

SENTIDO COMÚN

Pero entonces, me pregunto yo, no haría bien una persona decente, bienintencionada y razonable, en volverse a aquellos que dieron aviso del peligro que se nos venía encima, que nos conminaban a cambiar de rumbo, a buscar alternativas a la tragedia.
Para la mayoría (aunque parezca mentira) es impensable pensar de ese modo, ni siquiera se les ocurre. Los tertulianos inútiles, los conductores televisivos de siempre, los mismos comentaristas que no pegaron una siguen siendo los referentes informativos, los gurús a los que rendimos nuestro raciocinio.

IMBECILIDAD

¿Qué nos pasa? ¿Somos sencillamente imbéciles? ¿Es posible que lo seamos en tan extenso grado o se trata de una broma que nos jugamos porque preferimos hacernos los distraídos?
¿No es de sentido común darle la espalda al cirujano que nos desfiguró la cara y buscar un médico decente que nos ayude a superar la macabra intervención del carnicero?
Pues no. El sentido común de muchos de nosotros es dejar que nos sigan violando con mentiras, que nos sigan mintiendo diariamente. No cambiamos de diario, ni apagamos la televisión, ni hacemos oídos sordos a las distorsiones de la radio. Seguimos por el mismo camino, votando las mismas alternativas, dejando que ellos, los monstruos amables de siempre marquen la agenda de nuestro pensamiento.

LA REALIDAD

Para evitarme el cinismo, que como decía Sábato, es lo único que no podemos permitirnos, volví a las viejas estadísticas que apenas nos conmueven:

La FAO decía en el año 2000 que 100.000 personas morían diariamente de hambre o a causa de sus secuelas;
que 826 millones (de los 6.000 millones que somos) padecen desnutrición crónica;
que cada 7 segundos un niño menor de siete años muere por falta de alimento.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 2.000 millones de seres humanos (de los 6.000 millones que somos) viven en lo que denominan 'miseria absoluta':
no tienen ingresos fijos,
ni trabajo regular,
ni donde vivir,
no reciben atención médica,
ni disponen de alimentos suficientes,
ni tienen acceso al agua potable ni están escolarizados.

Pero como decía Ziegler: “La destrucción de millones de seres humanos por el hambre se efectúa con una especie de gélida normalidad, a diario y en un planeta que rebosa riquezas”.

DAVOS II

Mientras tanto, los responsables últimos de tanto sufrimiento se reúnen en Davos.
Lo que queda al final de las reuniones es una oscura imagen que debería estremecernos a todos, pero en cambio sólo produce indiferencia gracias a la feliz actividad de los medios afines que -como señalaba el documentalista australiano John Pilger- tienen la obligación de 'normalizar lo impensable'.
Para los señores de Davos, los depredadores y mercenarios, los banqueros, los políticos asociados, los CEO's y otros privilegiados de la fiesta global, es imprescindible alertar acerca de la seguridad planetaria. No hay propuestas decentes para proteger a los más desvalidos, sino una injuriosa referencia a su peligrosidad.
La crisis no se resolverá en breve, nos dicen. No hay nada que hacer, así es la vida.
Los despidos, el hambre, la marginación, la desnutrición, la desprotección, la indignidad, el oscuro futuro, la desesperación de la gente impaciente que no comprende la naturaleza escatológica de esta crisis los traducen ellos como una amenaza para los ricos de la tierra que es necesario atajar.
Las pobres pueden impacientarse, y se impacientan, y crean toda clase de peligrosas inconveniencias que es necesario frenar.

GENOCIDIO

Ya se pueden imaginar ustedes lo que eso significa, porque saben leer y escribir y conocen perfectamente nuestra historia planetaria y no son tan ingenuos como para creer que 'la esperanza Obama' nos sacará del atolladero con la ley en la mano.
No van a repartir confites en esta fiesta del nuevo mundo a la que estamos todos invitados: no estrenarán nuevas políticas sociales, no impondrán controles al capital, no exigirán justicia laboral, no cerrarán los paraísos fiscales, no llevarán ante la ley a los responsables del sufrimiento planetario que se avecina. Nada de eso: en un mundo donde el fracaso es una enfermedad, y la mejor medicina es la amputación, lo que haremos es cortar los miembros gangrenados, extirpar, asesinar por otros medios a los sobrantes.

SEGURIDAD

No se asusten. Ya lo estamos haciendo. Nuestros gendarmes policiales mantienen a raya a los miserables para que no abandonen la periferia, las cercas que rodean los territorios de los privilegiados son cada vez más altas. Nuestra tecnología es cada vez más eficaz para identificar a los indeseables y mantenerlos lejos. Diez años de guerra contra el terror nos ha hecho expertos en la seguridad. Las ciudades se han puesto al día para enfrentar la crisis humanitaria que se avecina.

EL FINAL DE LO HUMANO

Por lo tanto, podemos concluir sin temor a equivocarnos, que a menos que hagamos algo, estamos atravesando el final de una era que duró dos suspiros: la ilusión de un mundo gobernado por la justicia y los derechos humanos, por la benevolencia práctica y la dignidad de los habitantes de la tierra. Estamos asistiendo al comienzo del mayor genocidio de la historia de la humanidad. Un genocidio que llevaremos a cabo 'por otros medios'.

A MODO DE CONCLUSIÓN:

Para quienes crean que mis augurios son pesimistas y alocados, les ruego que vuelvan la mirada hacia el pasado, que rememoren o vuelvan a visionar en Youtube el bello discurso que George Bush (padre) ofreció hace dos décadas sobre el nacimiento de un Nuevo Orden Mundial. Hagan el esfuerzo, vuelvan a escuchar a sus periodistas favoritos, a sus respetados gerentes y a todos los tertulianos que defendieron el mundo que ahora se nos muestra monstruosamente oportunista y cruel, y piensen:

Si ayer, cuando las arcas estaban llenas, fueron incapaces de compartir su riqueza con los esclavos del planeta; si ayer, cuando la frivolidad y el despilfarro eran moneda corriente, fueron incapaces de estremecerse ante el sufrimiento agónico de sus hermanos; qué harán hoy estas gentes, estas bestias amables, estos buitres simpáticos que manejan las cuentas de las grandes empresas, las maquinarias bancarias, los medios mentirosos que les sirven, las instituciones que despojan hasta del alma a las comunidades humanas.

Nos queda la condena moral, nos queda la dignidad del débil, nos queda la verdad de la tierra que no olvida, nos queda la maldición, nos queda la rebeldía, nos queda la rabia, nos queda la promesa de defender un futuro para que nuestros hijos vivan en un mundo que ahora se muere, nos queda la valentía de morir por ellos peleando esta batalla por la dignidad de todos nosotros.

ORACIÓN

Digamoslo de este modo:

Ruego a Dios y a los ángeles que están en el cielo y a los santos que protegen nuestra memoria
Ruego a los Budas, Bodisattvas, Dakas y Dakinis que habitan el cosmos
Ruego a las divinidades y protectores de los pueblos del mundo
Y ruego a aquellos cuya lucidez iluminó esta tierra a lo largo de su historia
Que nos den fuerza para escapar a la pantomima, a la ilusión, al engaño
Para que veamos con claridad el peligro que corremos
Y nos rebelemos ante esta máquina asesina que se ha hecho dueña de sí misma, y nos apura a la destrucción.