lunes, 17 de julio de 2017

¿QUÉ SE PROPONE EL "CÍRCULO ROJO" DEL MACRISMO?


María Graciela Rodríguez se preguntaba hace unos minutos en su muro de Facebook:  "¿Cómo explicar hacia dónde va el macrismo?"

La pregunta es pertinente y la necesidad de articular una respuesta, urgente. Las razones son obvias. Las microfísicas de la política macrista tiende a producir desconcierto en la mayoría (incluidos sus propias bases que se ven empujadas a defender lo indefendible, las mofas en unos cuantos, y el desasiego de todos los que las padecemos. Este desconcierto, ingenuidad y desasosiego es funcional al modelo que se propone, debido a que utiliza la desorientación (el desorden) para imponer un nuevo orden.

Lo que sigue es mi respuesta provisional a la pregunta de María Graciela Rodríguez. 


Mercado global, gubernamentalidad neoliberal


Estoy convencido que al macrismo no le interesa la consolidación de una burguesía nacional. Por el contrario, parece decidido a barrer definitivamente con las condiciones de existencia de una industria nacional y un mercado interno que la sostenga. En el imaginario macrista, es necesario sacrificar un mercado acotado de 40.000.000 de argentinos en pos de acceder de manera competitiva a un mercado de 7.000.000.000. Eso si, ofreciendo el producto de una economía reprimarizada en una época en la cual los precios de los recursos primarios vuelven a hacer saborear por anticipado a las grandes corporaciones suculentos beneficios. 

Por ese motivo, parece que la inversión de esfuerzos del gobierno está dirigido a la reconversión de la economía: importar productos y servicios del exterior, hambrear a la población local, destinando los productos locales al mercado exportador. Esto puede realizarse debido gracias a las ventajas monopólicas que poseen las corporaciones locales (que el gobierno alienta) decididas a  transformarse en actoras relevantes en el selecto mercado global que maneja los recursos básicos de la humanidad: energía, alimentos, agua potable, minerales y tecnologías de la información, etc. Todas las políticas de Macri parecen dirigidas a lograr ese propósito.

Ese mercado tiene una dinámica de guerra abierta y despiadada. Es instrínsecamente caníbal. La competencia es feroz, criminal, y la moneda de cambio son las poblaciones que deben ser remodeladas a través de instrumentos político-culturales específicos en cada escenario para encajar en un modelo de tipo confuciano de intercambio (una nueva jerarquización meritocrática que viene a reemplazar los residuos liberal-socialistas de derechos [humanos] que están en la base de nuestras narraciones políticas). 

Eso no significa que nuestras sociedades no puedan adoptar formalidades democráticas. Sin embargo, lo harán en escenarios en los cuales el campo popular será progresivamente esterilizado o se volverá impotente en su afán de reconocimiento y redistribución debido a las nuevas normatividades impuestas por el ejecutivo en forma de regulaciones administrativa, y el poder legislativo en su ejercicio de mutación legal orientado a facilitar la nueva gubernamentalidad neoliberal.   


Hipermodernismo


El macrismo, a diferencia de otras fuerzas políticas nacionales, se ve a sí mismo como representante de esa hipermodernidad global corporativa, se entiende a sí mismo como un actor en ese marco. Su aparencia "provinciana" (su argentinidad) es ilusoria. Debe ser leída como meramente circunstancial y oportunista. Argentina es para el macrismo puro (su "círculo rojo") un trampolín para la conquista del escenario global. 

Eso significa que el éxito político del macrismo de ningún modo puede entender como equivalente al éxito de la Argentina. Serán (y están siendo) las corporaciones de raigambre local (el propio grupo Macri en primer término, y otros armados de negocios como el Grupo Clarín, los que se beneficiarán  (se están beneficiando) con el cambio, el cual les permite (les está permitiendo) competir globalmente gracias a la ventaja significativa que supone el haber logrado apropiarse directa o indirectamente de los recursos del Estado y los recursos comunes (agua, tierra, energía, minerales, tecnología comunicacional, etc.) y de sus instituciones de proyección regional, que lo convierten en una fuerza geopolítica destacada. 

De allí que el imaginario que el macrismo puede articular de sí mismo (sin hipocresía) es notable (y hasta cierto punto veraz). El macrismo se entiende a sí mismo como una fuerza modernizadora, y proyecta a su presidente como una suerte de héroe o visionario dispuesto a realizar los sacrificios que impone ese modelo (sin reparar en costos). Macri piensa a Argentina como un entramado societario, corporativo y no como una nación-estado. 

No hace falta decirlo, un plan de estas características no es descabellado, aunque sea perverso y peligroso para todos nosotros, porque pasamos de ser ciudadanos a convertirnos en carne de cañón del poder. 


El espejo de Europa


Pienso en los nuevos Estados de la Europa del sur de la Unión como ejemplos de esa dinámica: 

  1. la soberanía es delegada en los temas centrales (el poder lo tiene la troika): en las elecciones la población discute políticas que no está en sus manos modificar; 
  2. los partidos políticos juegan la pantomima del soberano, aunque en realidad son meros cohortes de capataces al servicio del poder corporativo que, al estar fragmentado y en guerra fratricida,  
  3. impone a las poblaciones una experiencia de ansiedad y ajuste perpetuo que va destruyendo el tejido social e imponiendo una lógica de pura competencia en todas las dimensiones de la vida que, en un espiral vicioso, profundiza el socavamiento de las lógicas democráticas de la libertad, la igualdad y la fraternidad.  

sábado, 15 de julio de 2017

ELYSIUM. ¿EL SILENCIO (ESPIRITUAL) ES SALUD?

Fotograma de la película Elysium.


Una visita a Elysium


Imaginemos una sociedad como la que se describe en la película estadounidense Elysium, dirigida por Neill Blomkamp y protagonizada, entre otros, por Matt Damon y Jodie Foster. Recordemos el escenario que nos plantea el film futurista. El planeta Tierra está superpoblado, sufre las consecuencias de la masificación extrema y la contaminación. Los habitantes de la Tierra están sometidos a la voluntad de las élites de Elysium, un barrio cerrado, entorno espacial, en el cual se refugian los humanos privilegiados que se han beneficiado de un modelo económico a través del cual han logrado, gracias al avance tecnológico, construir un hábitat seguro y un sistema sanitario que los protege de la enfermedad y los peligros del deterioro medioambiental, y de la violencia que produce la injusticia, promoviendo una vida cuasi-inmortal.

La población de Elysium, protegida por fuerzas de seguridad robotizadas, está inmersa en una vida de goces hedónicos y culturales, indiferente a la suerte de quienes viven fuera de su hábitat. El entretenimiento y la espiritualidad les permite vivir de espaldas al mundo del cual son ineludiblemente dependientes (mano de obra barata y recursos naturales indispensables). 


Sin embargo, se ha desatado una crisis (no se especifica en el film, pero se deja entrever que es multidimensional: financiera, económica y social – los inmigrantes y el descontento en la Tierra es uno de los factores determinantes) que amenaza la sustentabilidad del estilo de vida que promueve Elysium para sus habitantes.

Sabemos que la política de Elysium se ha caracterizado por la paradójica combinación de (1) una concertada estrategia de explotación indiscriminada de los recursos humanos y materiales de la Tierra que se ha traducido en una dolorosa desigualdad; y (2) un cínico compromiso con los derechos humanos que hace las veces de autocomprensión identitaria de los habitantes de Elysium, quienes a través de ese relato de libertad y respeto a la justicia pueden justificar su estilo de vida frente a la barbarie, delincuencia y terrorismo que los rodea.

Pero las circunstancias dejan al descubierto la superficialidad de ese compromiso cuando Jessica Delacourt (Jodie Foster), quien encarna a una política “realista” dispuesta a convertirse en una “mano de hierro”, decide violar las normas institucionales aliándose con John Carlyle (William Fichtner), CEO de la empresa Armadyne – la cual provee en carácter de contratista los servicios del Estado – para imponer una dictadura que le permita aplastar la rebelión de pobres e inmigrantes sin dar cuenta de sus actos, en una suerte de estado de excepción.

En muchos sentidos, la película es una fiel ilustración de nuestra coyuntura global: (1) un mundo caracterizado por la desigualdad extrema, cuyo equilibrio y gubernamentalidad se funda en una afilada política de seguridad represiva basada en la enorme ventaja tecnológica de los poderosos; (2) la existencia de una élite social y económica protegida por políticos tecnocráticos que defienden sus intereses, cuya legitimidad se construye a través de un compromiso de boquilla (siempre revisable en función de otras prioridades prácticas) con los derechos humanos; y (3) una ciudadanía privilegiada absorta en sus propios goces de consumo y espiritualidad.

La Argentina consumista y espiritual


Ahora bien, lo que me interesa en esta nota es pensar en este último punto, con el fin de establecer la complicidad manifiesta de esa ciudadanía absorta en sus goces hedónicos, materiales y espirituales, en la injusticia, la violencia y la exclusión que conlleva el empecinamiento por mantener su estilo de vida.

Para empezar, tenemos que cancelar la falsa distinción entre las actividades consumistas consideradas mundanas, el goce de placeres sensoriales a los que accedemos a través del dinero, u otros goces más sofisticados como el que nos provee el arte o la espiritualidad cuando son interpretados como vías de acceso a horizontes de belleza y de libertad (entendidas en ambos casos de manera filistea) que en realidad suponen una suerte de “huida del mundo”.

Cuando la ciudadanía se convierte en mera población consumista, la distinción entre (1) la alienación que supone el acceso a los bienes de lujo (acompañada de la falsa experiencia de libertad que nos provee nuestra capacidad de compra) y (2) la alienación que trae consigo el ejercicio espiritual de “huida del mundo” (acompañada de la falsa experiencia de libertad que nos provee la capacidad de “fortalecernos” en nuestra “interioridad”), resulta superficial.

El escenario que propongo donde probar mis hipótesis es la Argentina contemporánea. Cualquier otro lugar del mundo serviría para mis propósitos. Sin embargo, la utilización de la Argentina actual como escenario de constatación tiene algunas evidentes ventajas.

Los paralelismos con el mundo imaginario de Elysium son notorias. Por un lado, la desigualdad crónica que aqueja al país, especialmente a partir de mediados de la década de 1970, cuando la dictadura militar dio comienzo a un programa de neoliberalización de la economía inspirado en los llamados “Chicago Boys” que necesariamente iba acompañada de la destrucción del tejido social con el fin de facilitar su imposición, una sistemática estrategia genocida de desaparición de personas, apropiación de niños y exclusión masiva (con deportaciones forzadas de inmigrantes incluidas, con complicidad de otras dictaduras latinoamericanas de la época que compartían su mismo sesgo ideológico). El gobierno de Mauricio Macri es heredero de esa tradición, que volvió a imponerse, puesta al día, durante el menemismo y el delarruismo y que ahora regresa al país con el mismo beneplácito de una parte de la ciudadanía que aplaudió los tanques, festejó la reelección del Menem ucedeista y votó masivamente a la Alianza llevando al país a la debacle del 2001.

En segundo término, también es notoria la existencia en nuestro país desde la recuperación de la democracia, de una élite política y social que ha intentado minimizar o resistir las políticas más extremas de explotación y exclusión, armada con la retórica de los derechos humanos, entendidos estos en el marco de la justicia social y una representatividad política ampliada. Esta política “humanitaria”, comprometida con el reconocimiento, la redistribución y la representación, ha mostrado sin embargo su fragilidad (e incluso su superficialidad material) al perder las últimas elecciones de 2015 debido al programa de mínimos que presentó en aquella ocasión que fue incapaz de seducir a una ciudadanía cooptada por un malestar de época, y la promesa mentirosa dirigida a las clases medias (hasta ese momento ascendente) ilusionadas con la perspectiva de acceder a Elysium, para luego constatar que su destino era en realidad ser arrojadas a las alcantarillas de una Tierra contaminada y violenta.

La espiritualidad como "huida del mundo"

Al consumo de viajes y bienes que enloquece a quienes han sobrevivido el ajuste se suma la pasión espiritual de autoayuda e “inversión” interior. Los argentinos que se benefician con la crisis o aquellos que aún se mantienen a flote y a quienes favorece un "mercado cambiario atrasado”, quieren blindar sus almas frente a la inmundicia, injusticia y violencia que los rodea. La meditación y el yoga se han convertido en una oferta atractiva para un electorado obligado a concurrir a las urnas por las leyes, que prefiere vivir de manera apolítica.

La meditación y el yoga prometen a sus practicantes amateurs descubrir el mundo interior. Los más avanzados practicantes sostienen exactamente lo contrario: la interioridad es una construcción egocéntrica que debe ser desmantelada para que podamos regresar al mundo.

Sin embargo, con la superficialidad que caracteriza nuestra cultura de masas, las técnicas espirituales son reconvertidas en herramientas de “fortalecimiento” de los egos, con el fin de proteger a los privilegiados de la sucia tarea de confrontar la ilegitimidad de sus estilos de vida en vista a la desigualdad y exclusión que supone su diferencia.

El carácter antipolítico, antidemocrático de la espiritualidad que se asume acríticamente ha sido constatada recientemente entre los adeptos estadounidenses a la cultura asiática del cuidado de sí, que han descubierto espantados que su arrogante indiferencia ante el mundo, lindaba con la complicidad en la emergencia de un nuevo fascismo.

Wittgenstein mostró que lo que no puede decirse no debería decirse de ningún modo, dando a entender que debemos estar abiertos a la escucha. El compositor estadounidense John Cage, en el segundo movimiento de su obra 4’ 33’’ (originalmente conocido como 0'00'') muestra que el silencio tiene una enorme cualidad expresiva, la que da lugar a la expresión de lo otro. 

En esa dirección, mi pregunta a los consumidores privilegiados y a los espirituales de la nueva ola que hoy se refugian silenciosos tras las murallas con las cuales protegen sus transitorias interioridades del barullo y la injusticia del mundo que los rodea: 

¿Qué dice vuestro silencio? ¿Dice “salud”? ¿O permite la escucha del llanto de los que sufren?

jueves, 13 de julio de 2017

EL ENEMIGO ES EL PUEBLO.

Lula, fichado por las DOPS en 1980, después de las huelgas lideradas por el sindicalista.

Encarcelar a un pueblo

Inácio Lula da Silva fue condenado por un tribunal de primera instancia a 9 años y medio de prisión. La condena está basada en escasas pruebas y sospechosos procedimientos. La decisión pone en suspenso la posibilidad de un cambio político en el país a través de un genuino proceso eleccionario. Lula, el candidato favorito según todas las encuestas para las próximas elecciones, enemigo declarado del poder fáctico, ha sido convertido por la justicia, en un proceso viciado, en un proscrito político. 

Después de la destitución de Dilma Rousseff a través de un golpe judicial-parlamentario, y la evidencia que supone la implementación del programa político que lleva a cabo el actual presidente, se desnuda la estrategia corporativa en el país. 

La democracia real no sienta bien a las élites neoliberales. Lo constatamos diariamente en Europa, y también en otros lugares del planeta donde los gobiernos autoritarios (de facto o de iure) acompañan las políticas regresivas en términos de derechos sociales, económicos y medioambientales (recortes a los derechos de los más vulnerables; destrucción del poder sindical e implementación de políticas laborales que violan de manera directa los derechos laborales básicos; apropiación de los recursos naturales comunes como la energía, los recursos mineros, las tierras y el agua, etc. por parte de las grandes corporaciones multinacionales; recortes flagrantes a las medidas de protección del medioambiente y su impacto en la población a favor del laissez faire frente a la actividad de las coporaciones en las áreas más sensibles), con flagrantes violaciones a los derechos civiles y políticos (recortes a la libertad de expresión, encarcelamiento de opositores, espionaje masivo de la población, represión brutal ante la protesta social, etc.).

Nuevos dispositivos de poder

Latinoamérica ha sido una región marcada históricamente por golpes militares y campos de concentración. Hoy la estrategia de las élites se renueva con nuevos instrumentos de dominio y explotación. La novedad es la destitución y "ejecución judicial sumaria" a sus líderes populares y sus militantes políticos y sociales que surge de una condena mediática que prepara el terreno a nivel local y global.

Con el higiénico bisturí que ofrecen las cortes judiciales neoconservadoras al servicio del proyecto neoliberal, y la acerada hegemonía del poder mediático concentrado en unas pocas manos, Latinoamérica vuelve a vivir su destino de explotación neocolonial.

Para quienes aún discuten la historia, y se niegan a reconocer la alianza civico-militar que caracerizó a los genocidios del pasado, la actual encrucijada demuestra claramente el carácter criminal de las élites del continente y sus socios internacionales.


Reforma laboral en Brasil

Mientras se condenaba a Inácio Lula de Silva en las salas de justicia, el congreso brasileño aprobaba una nueva ley laboral para el país en el cual el expresidente Lula logró la asombrosa hazaña de rescatar de la pobreza a 40.000.000 de compatriotas (numéricamente la totalidad de la población española) en un país marcado por la multidimensionalidad de sus retrasos políticos, sociales y culturales. 


La ley aprobada convierte al "proletariado" en el mercado laboral brasileño en una copia de los mercados que Occidente denuncia en China y otros países asiáticos, donde se promueve una abierta explotación humana que linda con la esclavitud. 

Algunos de los más destacados rubros de la escandalosa ley aprobada por el congreso que destituyó a Dilma con gesto de notorio autoritarismo y reivindicaciones de las dictaduras de décadas anteriores, son:
  1. Posibilidad de extender la jornada laboral a 12 horas.
  2. La creación de la nueva figura del "trabajador autónomo exclusivo", que presta servicio a un solo "patrón", pero al que no se le reconoce vínculo laboral permanente.
  3. La decisión que las convenciones colectivas de las empresas estén por encima de la legislación vigente a nivel nacional en lo que respecta a vacaciones pagas y pausas de descanso.
  4. Y la cancelación de la obligatoriedad de la sindicalización de los trabajadores. 

Los europeos y la explotación extramuros

Los diarios españoles que representan al establishment, los cuales se han llenado la boca con denuncias contra el gobierno de Nicolás Maduro y su antecesor Hugo Chávez durante años sobre violación de derechos civiles y políticos, periódicos que en los últimos años se han ocupado de festejar y promover a los gobiernos neoliberales surgidos en la última etapa, abierta o veladamente festejan la decisión del Tribunal y la nueva dirección neoliberal que el Parlamento brasileño impone al país. 

No es para menos, sus socios corporativos (las entidades financieras y empresariales con raigambre de sus sedes centrales en el país) han invertido en la recuperación del terreno perdido durante el cambio de siglo frente a los llamados gobiernos progresistas. 

Todo lo que no se "gaste" actualmente en políticas sociales favorece a los nuevos socios de los que dependen las llamadas "inversiones" que adoptarán velada o explícitamente procesos de reprivatización o inversiones basadas en la garantía de regresar al modelo de los 90 en los cuales las ganancias de las empresas españolas dependía de la pauperización de la población local. 

Todo lo que se ahorre en derechos laborales es dinero que sobra para seguir alimentando la "bicicleta financiera" que está emergiendo de manera vertiginosa como una nueva estrategia de reendeudamiento de los países periféricos. Con ello parece abrirse una nueva fase de dominio neocolonial en una época peligrosa en la que el mundo se encuentra en guerra por los recursos naturales, el dominio de la información y el blindaje institucional, y los errores de cálculo o las decisiones sesgadas condenarán a las generaciones futuras a una vulnerabilidad alarmante.

Justicia y medios en Argentina

Lo que ocurre en Brasil no es ajeno a lo que ocurre en estos días en otros países del continente. 

Como señaló la Procuradora General de Argentina, la Dra. Alejandra Gils Carbó - atacada de manera beligerante por el oficialismo que pretende poner en su lugar una persona "de su confianza" que defienda sus intereses - la persecusión política de opositores y la injerencia sistemática del gobierno en la justicia ha convertido al gobierno de Macri en una amenaza directa contra el estado de derecho. 

El silencio atronador de estas violaciones sistemáticas de los derechos fundamentales en el viejo continente, mientras prosperan las denuncias y las notas de impacto de lo que ocurre en el país caribeño conducido por Nicolás Maduro, vuelve a poner en evidencia la complicidad del establishment empresarial, académico y cultural europeo con los regimenes oprobiosos en América Latina. "Venezuela", su uso y abuso, es el único nombre que parece indignar al europeo medio. Lo cual prueba que, pese a que ha corrido mucha agua bajo el puente, Europa sigue siendo la Europa de siempre. La de la civilización autoconvencida de defender y encarnar los derechos humanos, que simultaneamente los viola sistemáticamente a través de terceros impuestos, y encuentra en la defensa hipócrita de ejemplares que su intelectualidad se encarga de universalizar, justifica su pretendida superioridad moral.  

Amparado por las grandes corporaciones mediáticas, como el grupo Clarín (al cual el gobierno de Macri ha respondido obsequiándole con todos sus caprichos, poniendo en entredicho la libertad de información de la ciudadanía) el programa de ajuste y reprimarización de la economía que impulsa el gobierno con el apoyo de la banca internacional y los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, amenaza con arrancar de raíz las conquistas democráticas que florecieron durante los últimos años. La lucha contra la corrupción se ha convertido en la justificación del saqueo concertado del estado y la destitución de la ciudadanía. 

La sospechosa avanzada judicial contra Cristina Fernández de Kirchner y otros funcionarios del gobierno kirchnerista en pleno período electoral, y el empecinamiento por no ceder frente a las presiones internacionales en lo que concierne a la detención de opositores políticos y militantes sociales como Milagro Sala, señala que lo que acontece en Brasil no debería resultar indiferente a la población argentina. 

Como ocurrió en otras épocas, las derechas regionales actúan en concierto y con el beneplácito de las derechas globales. 

viernes, 7 de julio de 2017

GLOBAL CITIZEN. EMBLEMA DE CINISMO


Mauricio Macri quería bailar y cantar, eso fue lo que dijo. Era su oportunidad para mostrar sus cualidades en estos rubros. Sin embargo, tuvo que hablar, y dijo en Hamburgo lo que difícilmente pueda defender en Buenos Aires. Habló de la educación y de la pobreza como si fuera un líder progresista, y como respuesta a su cinismo recibió una ovación por parte del ejército de privilegiados que generan riquezas alegrándole la vida a los más ricos entre los ricos, y manteniendo a raya con su cultura parlanchina a las masas empobrecidas y estresadas. 

Arropado desde el día 1 por los representantes más encumbrados del neoliberalismo europeo, quienes lo tildan aún como "una esperanza para América Latina" para enfrentar el "cuco del populismo", Macri recibe en Europa por parte de políticos y economistas, de empresarios y banqueros un espaldarazo, y la dulce melodía de los representantes de una cultura afiebrada y enclenque que se mofa de los antagonismos y espera pacientemente recuperar el privilegiado acceso al capital originario que rindió su colonialismo de antaño en el nuevo mundo, o la fabricación de sus propias favelas en el propio continente donde manufactura su excepcional plusvalía.

Después de haber creado, en apenas año y medio de gobierno, más de 1.500.000 nuevos pobres y 500.000 nuevos indigentes (según las estimaciones más simpáticas), lo cual contrasta con sus arengas apasionadas durante la campaña en pos de la "Pobreza 0"; después de haber causado despidos masivos en el Estado, estigmatizando a funcionarios y trabajadores a través del aceitado aparato mediático que lo secunda; después de haber promovido y protegido el despido masivo de trabajadores en el sector privado con números que rondan los 600.000 trabajadores, y haber atacado de manera bochornosa las paritarias (los convenios colectivos) para manufacturar una flexibilización laboral, acompañada de una completa transvaloración de la justicia en este rubro (convirtiendo a los empresarios en víctimas de los trabajadores, blindándolos ante el costo que supone para ellos los despidos o los accidentes laborales); después de haber logrado en solo 1 año y medio de gobierno aumentar el desamparo de las familias más vulnerables hasta niveles ominosos, pateándole el tablero a los jubilados, pensionados y discapacitados que se han visto del día a la noche convertidos en lacras sociales; después de haber causado estragos en el sistema de salud y la educación; y estigmatizado a los jóvenes, como delincuentes o desechables (estudiantes e investigadores); después de haber convertido las calles del país en una confrontación social permanente, militarizando a la policía y reprimiendo salvajemente a los grupos más desfavorecidos por su política económica y social que legítimamente protestan ante la embestida sin freno de un gobierno de ricos, para ricos y por los ricos; después de haber dinamitado el consenso en torno a la inmigración y nuestro encaje regional y haber regresado a la Argentina al rol de capataz de los poderes globales; después de todo esto, Macri viaja a Hamburgo y aprovecha el circo mediático para manifestarse a favor de la justicia social mientras baila el conga-conga con Shakira y otros "Global Citizen(s)", delincuentes fiscales habituales, que se desviven para ofrecer al capitalismo salvaje la cosmética que necesita para seguir sometiendo a las mayorías a sus políticas de injusticia, inequidad y completa ausencia de verdadera solidaridad. Recordemos que Shakira, por esas carambolas del destino, tiene con Argentina curiosas conexiones. Hoy baila y canta con Mauricio Macri. En el pasado lo hacía con el hijo y jefe de campaña del expresidente Fernando de la Rúa, el que huyó en helicóptero de la Casa Rosada debido a la rebelión del mismo pueblo, entonces enardecido, que lo había llevado a la presidencia. De la Rúa había impuesto un brutal programa neoliberal, era aplaudido por las élites globales, tenía en su gabinete al maestro de los actuales responsables económicos, y como su antecesor, Saul Menem, se jactaba de ser parte de la crema de la sociedad global. De la Rúa llevó a la Argentina a una crisis terminal y a un abismo institucional.

La Europa de los bancos (la Europa "real" y "realista" que hoy padecen los europeos); la Europa de los ajustes y las condonaciones masivas de deuda a la banca financiera; la Europa de la troika y de la represión; la Europa de la falsa democracia manufacturada en Bruselas; la Europa que mete miedo con el populismo, pero modela a fuego lento a la xenofobia y a la derecha retrógrada como alternativa al retorno de una pequeña cuota de redistribución de riqueza y reconocimiento; la Europa que mira con cara de perro las reivindicaciones ciudadanas; esa Europa engalanada y neocolonial está feliz con Macri y sus  políticas de ajuste y reendeudamiento que el presidente de los argentinos asume con gusto, sin contraprestación alguna por parte del Bundesbank o el Fondo Monetario Internacional, esas mismas políticas que la Europa del norte impone a sus neocolonias bárbaras y "perezosas" (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain - los famosos "PIGS").

Con su bandera de "Global Citizen" y sus 50 cuentas offshore, y su mujer elevada al trono de la frivolidad mediática, acusada de promover el "trabajo esclavo" en sus talleres de ropa para niños (Cheeky), Macri es un emblema de lo que defiende y promueve el G20, un emblema del cinismo de una globalización dispuesta a terminar con la democracia y los derechos humanos si estos ideales se convierten en un obstáculo para su agenda corporativa.