sábado, 25 de diciembre de 2010

¿PESE O GRACIAS AL KIRCHNERISMO?


Hace sólo un año, algunos de los "ilustres" analistas que hoy reconocen el acelerado crecimiento de la economía argentina y se esfuerzan por desconectar los éxitos relativos logrados por el proyecto político kirchnerista, sostenían que Argentina se iba al carajo. Me acuerdo con cierto cariño de esos días aciago en los que era posible confrontar las profecías catastrofistas de los gurúes que nos ponían peliagudos anunciándonos la muerte del cordero con los datos “duros” de la realidad macroeconómica. Ni tontos ni perezosos, los analistas en cuestión se deshacían de un plumazo de nuestra argumentación haciendo vagas referencias al INDEC o exasperados nos señalaban con desdén como kirchneristas supersticiosos, como fánáticos K, ciegos al caos que se avecinaba.

En fin, esos días han pasado sin pena ni gloria, dejando a su paso un reguero de mentiras de las cuales aún se hacen eco los más desinformados. Los gurúes, por su parte, sabedores de las evidencias ahora incuestionables, silenciosamente, han ido mutando su discurso para acomodarse a los signos ahora ineludibles de desarrollo que hace algunos meses negaban rotundamente.

Ayer, decían: "Argentina se desliza sin desvío hacia un abismo, debido al empeño populista de la clase dirigente K". Hoy, en vista a la innegable contundencia de los datos, la discusión se plantea de otro modo. "Crecemos, nos dicen, pero no podíamos hacer otra cosa. Crecemos pese a los K, no gracias a ellos."

Este arrebato de raciocinio materialista, determinista, cuasimarxista, pretende abstraer de la historia todo voluntarismo político.

Para estos analistas, el crecimiento que vive Argentina es producto de la ciega imposición de las leyes naturales del mercado, que en la encrucijada de este comienzo de milenio ha favorecido a los mercados emergentes, mientras las economías tradicionales que lideraron el impulso de crecimiento planetario se ven enfrentadas a una acumulación crítica de factores desfavorables, debido a problemas estructurales económico-financieros que amenazan los equilibrios socio-políticos de nuestros admirados mentores.

Por supuesto, ideas de este tipo no son nuevas en la historia de nuestro país. Recuerdo con especial "simpatía" el modo despreciativo en el cual, durante mi niñez, los antiperonistas recalcitrantes hablaban de las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales llevadas a cabo por el peronismo de la primera época.

Lo importante para estos analistas es dejar en claro que todo lo malo que está ocurriendo en la patria se debe al carácter despótico, ilegítimo de la actual gobernación del país, ocupada exclusivamente en amasar poder a cualquier costo, al tiempo que se invisibiliza cualquier consideración ideológica que otorgue validez ético-política al proyecto que promueven.

Para adoptar una lectura de este tipo es necesario distorsionar el análisis removiendo del mismo, como decíamos, toda consideración ideológica respecto a la promoción de condiciones secundarias que hayan colaborado en la potenciación de las causas coyunturales de crecimiento.

Pongamos un ejemplo.

De acuerdo con este relato, el desarrollo económico, ahora innegable, se encuentra conectado con la actualización relativa del potencial regional latinoamericano. Pero esta actualización relativa no está ligada de modo alguno, nos dicen, a la feliz coincidencia en la implementación y compromiso de concertadas políticas latinoamericanistas por parte de algunos gobiernos de la zona.

Estos analistas, aun cuando conceden importancia al desarrollo regional, se apuran a agregar que en modo alguno dicha importancia ha sido promovida voluntariamente por los gobiernos de turno, que con ello han dado la espalda a la perversa tradición neocolonial de fragmentación continental que han practicado los “gobiernos cliente” de otras épocas.

En este sentido, la relevancia internacional de Argentina nunca ha sido más consistente y prometedora. Esta presencia de Argentina en el mundo concuerda con una postura de relativa independencia adoptada respecto a cuestiones que históricamente eran decididas en términos obsecuentes, en consideración a los intereses de las potencias a las cuales habitualmente rendíamos nuestra pleitesía.

Desde el comienzo, el mandato Kirchnerista ha estado dirigido (pese a las abundantes críticas que el archivo saca a relucir con tremenda obstinación) a afianzar lazos comunitaristas con los pueblos hermanos de Latinoamérica, convirtiéndose, junto a Brasil y Venezuela, en uno de los principales promotores de la materialización institucional de los potenciales integradores en la cultura, la sociedad, la política y la economía, que la ruptura del paradigma de la globalización unilineal ha traído consigo.

Argentina, como otras potencias emergentes, se encuentra abocada a la tarea de construcción de una modernidad alternativa. Eso significa, por un lado, la promoción de los factores funcionales, operativos de la modernización, a los cuales estos analistas conceden absoluta relevancia. Pero también, el descubrimiento e invención de trazos peculiares de su modernización cultural.

No cabe la menor duda que el liberalismo y el neoconservadurismo latinoamericano tiende a confundir la modernización cultural y societal. Estas perspectivas pretenden que el honorífico “sociedad modernizada” a la que aspiramos, necesita, además de cumplimentar con los criterios operativos y funcionales de la modernización, adoptar las formas culturales de las sociedades del Atlántico Norte (sea en su versión estadounidense o en su variedad anglocontinental).

El kirchnerismo, en este sentido, forma parte de un movimiento nacional (y regional) que se encuentra abocado a interpretar y conducir una forma de modernización alternativa. El liberalismo y el neoconservadurismo local, insiste en leer nuestras peculiaridades culturales como signo negativo respecto a la modernización societal.

En consonancia con otros movimientos emancipadores latinoamericanistas con los cuales aspira a la invención de una soberanía regional, el kirchnerismo ha sido un factor ideológico imprescindible para esta nueva etapa.

Pese al desorden aparente de su advenimiento, se encuentra asociado a todos los movimientos emancipadores de nuestra historia, y se define en contraposición a los movimientos pseudocolonialistas que han urdido discursiva y activamente la fragmentación del continente a favor de relaciones carnales privilegiadas con las potencias hegemónicas en cada época histórica, y en detrimento del ejercicio efectivo de la soberanía popular.

Cualquier análisis que no tome en consideración estas cuestiones cruciales de nuestra época, o bien peca de una profunda incomprensión histórica, o bien está asumido como propaganda concertada para poner coto al desarrollo y mutación de la subjetividad sudamericana, abocada con fuerza a descubrir e inventar una nueva identidad para este nuevo siglo ya nacido, que ahora comienza a dar sus primeros pasos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

COINCIDENCIAS IDEOLÓGICAS



Hace unos días entrevistaron a Marcos Aguinis. Sin pelos en la lengua, el tipo animó al Estado a entrar a sangre y fuego en Villa Soldati y otros lugares conflictivos tomados por los pobres, y quiso ilustrar la recuperación violenta de los predios haciendo referencia al “gran Brasil” (la expresión es suya). Ni tonto ni perezoso (a diferencia de su entrevistador), interrogó a su anfitrión acerca del modo en que Lula se hizo cargo del problema: ¿Entraron repartiendo flores? No, claro que no, dijo el novelista “liberal”. Entró a sangre y fuego. Y por supuesto que murieron inocentes. A quién puede caberle alguna duda que así fue. Lo importante es que se hizo lo que se tenía que hacer - sentenció.

¿Está diciendo Aguinis que hay momentos que exigen de nosotros el sacrificio de los otros?

Ayer, el exdictador Jorge Rafael Videla ofreció su alegato ante el tribuntal que lo juzga en la ciudad de Córdoba por delitos de lesa humanidad. Videla se defendió de las acusaciones haciendo referencia a las motivaciones de sus enemigos. De acuerdo a Videla, el accionar represivo de las fuerzas armadas había sido reclamado por la sociedad civil en vista a la amenaza marxista que se cernía sobre la nación. De acuerdo con este relato, la Unión Soviética y su satélite, la Cuba castrista, estaban detrás de las insurrecciones guerrilleras.

En síntesis: las torturas, los secuestros de niños, la desaparición de personas (sus cadáveres), la privación ilegítima de libertad, las violaciones y abusos de todo tipo, es decir, todos estos delitos aberrantes y, desde su propia perspectiva, gratuitos, podían justificarse si uno tenía en cuenta que los enemigos tenían el propósito de asaltar el Estado para transformarlo en una dictadura marxista.

De nuevo nos encontramos con una lógica curiosa. Entre las víctimas, hay aquellas que eran inocentes de los crímenes perseguidos por los dictadores. Ellas también merecían ser sacrificadas en nombre de la cruzada emprendida: Una guerra justa, sentenció Videla.

El expresidente Duhalde no escapa a esta lógica del terror. Con cierto énfasis desmedido, atento a las posibilidades electoralistas, pretende que el principal problema de la Argentina de hoy es la ausencia del Estado, y con ello, la anarquía y la inseguridad que reina en su geografía. Nos ha regalado con ello una resuelta justificación del uso de la fuerza del Estado para atizar entre los ciudadanos el razonamiento de linchamiento social que su socio político del momento promueve desde el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Parafraséandolo, sentenció: El Estado tiene que aprender a matar cuando hay que matar.

Estas coincidencias son mucho menos coincidencia de lo que uno podría creer. Desde tiempos inmemoriales sabemos que el modus operandi más efectivo a la hora de recavar votos y apoyos populares con facilidad es a través de la promoción del miedo y los más bajos instintos de la población. Si los argentinos cayeran prisioneros de esta lógica no sería la primera vez que un pueblo actúa en contra de sus propios intereses. La historia argentina es una anécdota interminable que ilustra esta situación.

Sin embargo, téngase en cuenta que la Argentina de hoy tiene en su acervo una experiencia que pocos pueblos tienen a su disposición. No me refiero a la dictadura militar. Época espantosa de nuestra historia. Quizá, lo más ilustrativo de nuestra historia institucional fue lo ocurrido en el 2001.

Sabemos que los Duhalde y los Macri y los Aguinis jamás pusieron en duda la legitimidad de las instituciones internacionales, las entidades bancarias y financieras y la complicidad política en uno de los fraudes más pornográficos de la historia contemporánea.

Millones de argentinos vieron como se les robaban sus ahorros sin que nadie hiciese nada para protegerlos. El país fue lanzado al abismo del caos y la pobreza sin que nadie moviera un pelo.

El Duhaldismo y el macrismo, dos retoños del menemismo noventista, tienen las prioridades muy bien definidas en lo que respecta al lugar que le otorgan al pueblo en la construcción de la patria.

Ellos representan a otros intereses, en franca oposición con los de la más amplia mayoría ciudadana. Sin embargo, nada de esto puede ser explicitado sin que produzca una suerte de revulsivo en el electoral. Por lo tanto, como ha ocurrido desde siempre, la manera de ejercer su populismo descarado es ir a buscar al votante atemorizado y rabioso que pide sangre, ese monstruo feo que todos llevamos dentro y que la educación (al menos eso es lo que quisiéramos) debería estar dirigida a dominar.

Es muy curioso y edificante saber que Marcos Aguinis fue secretario de educación en la época de Menem. Es un dato que dice muchas cosas. Lo emparenta a ese otro gran actor catastrofista (Abel Posse) que presidió durante unas pocas semanas la cartera de educación en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires en la presente administración de Macri.

lunes, 20 de diciembre de 2010

MACRI, DUHALDE Y LA UNIÓN SUDAMERICANA


Hace algunos meses la principal denuncia de la oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner era su crispación, ahora el macrismo y el duhaldismo, en una fuga desesperada hacia adelante, intentan hacer cómplice de la violencia de Estado a toda la ciudadanía.

El discurso violento, sin embargo, no es más que una vuelta de tuerca de un escenario incendiado que se viene promoviendo desde hace ya muchos años. La furia “descontrolada” de los políticos opositores, periodistas y ciudadanos de a pie identificados con la ideología corporativa, ha sido una constante en el enfrentamiento dialéctico de los últimos años.

Nada de esto debería sorprendernos. Sin embargo, los acontecimientos en Villa Soldati, y el estado de opinión imperante en una parte de la población que ha sacado a la luz rasgos xenófobos y racistas que se creían superados, ponen de manifiesto una herencia cultural preocupante en lo que concierne a la pujanza del proyecto de unión sudamericana que inspira, alimenta y empuja las políticas estratégicas, económicas y culturales de la mayoría de los Estados miembros de la región.

La lucha ideológica se renueva, como antaño, entre las élites neoconservadoras de la región, volcadas exclusivamente a la apertura de dominios de crecimiento sectorial que no por ello expongan a las élites al trance de difuminar los mecanismos de privilegios que los protegen, al tiempo que promueven una cultura de beligerancia ante el igualitarismo y la libertad so pretexto de que dicha cultura debilita los lazos sociales y las perspectivas de crecimiento que ahora se abren a la región debido, sostienen, a contextos meramente coyunturales; y los movimientos populares de masa que de manera desordenada intentan interiorizar una nueva dignidad que surge del reconocimiento mestizo y diferencial respecto a las sucesivas metrópolis que han marcado el paso de nuestra política desde el inicio mismo de nuestra andadura, sometiendo a la población a estrictos exámenes cuasi-eugenésicos a la hora de otorgarles o privarles de participación real en la construcción ciudadana.

El desprecio al extranjero de nuestro continente, al que se le tilda de inmigrante de mala calidad y se le acusa de algunos de los males que aquejan a nuestra sociedad (desempleo y violencia) no es un producto novedoso en nuestra historia. Sin embargo, en vista a lo novedoso de nuestras circunstancias continentales, debemos precavernos de lo que implica un discurso electoralista al estilo de Macri y Duhalde (candidatos presidenciales) para el proyecto regional.

¿Podemos esperar que las estrategias electoralistas del macrismo y el duhaldismo, inescrupulosos a la hora de utilizar la xenofóbia y el racismo arraigado de nuestra sociedad, no tengan efecto en el debate continental de integración iniciado con ímpetu a comienzos de este siglo? ¿Podemos confiar en candidatos que aún coquetean con un esquema geopolítico devaluado, en el cual Argentina sólo cumplía un rol periférico, ahora que empezamos, de la mano del resto de sudamérica, a forjar una voz propia que nos impone como protagonistas ineludibles en el debate en torno al futuro del planeta que habitamos?

De nuevo, hago un llamado a los votantes del PRO y otras formaciones afines a repensar su estrategia militante de manera patriótica, ofreciendo alternativas reales, en contraposición a discursos encendidos que están regresando a nuestra patria a lo peor de su pasado.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

EL MACRISMO




En primer lugar, permítanme que ofrezca mis credenciales. No soy Kirchnerista, pero banco al actual gobierno de la presidenta Cristina Fernández. Punto. Creo que se ha hecho más a favor de la Argentina en los últimos 7 años que todo lo que se hizo por nuestro país desde la época de Juan Domingo Perón. No soy peronista, pero es cuanto menos miope no darse cuenta de la importancia que tuvo el peronismo de Perón en la construcción de nuestra identidad de extensa clase media relativamente educada y con pretensión de ascenso social. Quienes niegan ese reconocimiento deberían hacer memoria y ofrecer una respuesta a la política confiscatoria de futuro que siguió a la mal llamada “Revolución Libertadora”.

Sin embargo, lo que me interesa en esta nota es hablar del macrismo. No me refiero al PRO. Puede que en el PRO haya muchos despistados que aún no han caído en la cuenta del talante moral de algunos de sus dirigentes. Me refiero al macrismo, ese modelo político (o antipolítico, como más les guste) que nos ha regalado el ingeniero Mauricio Macri para que nada nos falte en nuestro rico museo local de los esperpentos.

Ayer, con un poco de aburrimiento por lo reiterativo del espectáculo, estuve leyendo lo que está ocurriendo en Italia. Berlusconi, ese otro monstruo paradigmático de la política europea, se enfrentaba a los parlamentarios de su país que se esfuerzan por echarlo del gobierno. Pero no pudo ser. Las mentiras y bravuconadas de Berlusconi tienen la extraordinaria virtud de encender adhesiones patoteras entre sus seguidores. Todos en el mundo sabemos que Berlusconi es un personaje decadente, un bufón poderoso que se relame manipulando a los votantes por medio de su emporio mediático. Todos sabemos que ha convertido a Italia en una juerga de mal gusto, que ha convertido la cultura política de su país en un circo. Una y otra vez aparece en algún show televisivo para hacer reír a los tele-espectadores con sus explicaciones desopilantes y caraduras cuando se lo descubre en flagrante delito.

Nosotros tenemos un personaje semejante en Argentina. Se llama Mauricio Macri, quien tiene el alto honor de haber convertido al macrismo en una suerte de berlusconismo a la criolla. Basta con escuchar dos minutos y medio al señor Rodriguez Larreta, uno de sus alfiles más destacados, para comprender hasta qué punto la política de la ciudad de Buenos Aires se maneja con códigos de indecencia berlusconiana.

Ahora bien, no todo es oscuridad. El macrismo ha traído consigo un llamado de atención a nuestros compatriotas que debería tomarse cuidadosamente en serio. La vaciedad del proyecto político del macrismo, vaciedad con la cual ganó las elecciones de hace tres años con 60% de los votos, nos recuerda el peligro que entraña una democracia de pandereta televisiva. Lo peligroso que es ponerse en manos de los monigotes que ensalza el poder corporativo. Lo que hay detrás del macrismo, como ocurre con el berlusconismo, es exclusiva voluntad de poder.

Recuerdo hace algunos años, cuando estudiaba la obra del filósofo escocés Alasdair MacIntyre la impresión que me causó su análisis sobre el aspecto nietzscheano ineludible detrás de las estructuras weberianas de la modernidad. MacIntyre decía que al fin de cuentas, hay un pathos nihilista en la concepción gerencial de la realidad que se pone de manifiesto en aquellos que van hasta el final de su lógica eficientista.

Aquí la palabra "eficiencia" no significa hacer las cosas de la mejor manera posible en vista a los recursos disponibles, como quisiéramos creer. No. Como la historia administrativa ha constatado en las últimas décadas, un buen gerente postmoderno es aquel que sabe cómo llevar a la quiebra a una ciudad, a una empresa, a una gran corporación, cuando los cálculos de dicha quiebra favorecen a sus padrinos. No se trata del "buen gerente" de antaño, aplicado a la construcción de una empresa. El gerente paradigmático de nuestro tiempo se caracteriza por una sóla virtud: la inescrupulosidad. Sabe que debe hacer oídos sordos a todo lo que se ponga en su camino. Lo único que cuenta es el poder por el poder mismo.

Los votantes deberían ser conscientes que el macrismo tiene interes en hundir a la ciudad autónoma de Buenos Aires en un caos. Lo que es necesario discernir es cuáles son los objetivos puntuales que en cada caso pretende conseguir con ello. Aquí el entramado es complejo. Hay muchos intereses en juego. No sólo los electorales. Aunque estos no deben menospreciarse.

Lo importante es que el macrismo nos ha mostrado con claridad lo que nos espera si seguimos creyendo que podemos hacer una política amoral, una política exclusivamente eficientista. Pero, ¡cuidado! La alternativa a una política amoral no es una política de valores, como propone la diputada Hotton. Porque los "valores" no tienen nada que ver con la política. Los valores son el resultado de la aplicación de un precio a las conductas en el mercado de la convivencia. La política tiene que ver con los derechos y las obligaciones, pero también con cierto horizonte del bien y la dignidad humana. Tres ejes frente a los cuales el macrismo es ciego.

El discurso macrista es un discurso político amoral, un discurso que surge de las premisas nihilistas que anidan en el imaginario gerencial postmoderno, en el que se epitomiza la concepción que toda la realidad es un mero recurso, un escenario neutral sobre el cual podemos proyectar nuestra voluntad de verdad, nuestra voluntad de dominio.

Por supuesto, para escapar al modelo gerencial no basta con hacerse Kirchnerista, ni latinoamericanista, ni neomarxista, ni ecologista. Necesitamos una profunda transformación en nuestros hábitos cognitivos: aprender a ver el mundo de otro modo. Aprehender a ver el mundo de una manera "antiepistemológica" - lo cual implica una verdadera revuelta o revolución política-espiritual.

Aún así, creo que hacer una política que aspira a la justicia social, a la emancipación económica y a la soberanía política, ayuda. Al menos nos previene del cinismo reinante que promueven algunos de nuestros compatriotas.

jueves, 9 de diciembre de 2010

MACRI Y LOS BOLIVIANOS



En cierto modo, debería bastar con los comentarios vertidos por el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, desde el comienzo mismo de su mandato, acerca de las colectividades inmigrantes, para que las personas de bien se alejen de cualquier tentación de lealtad electoral hacia él y a sus colegas de partido.

Pero el problema es que la gente de bien en Argentina es más o menos como Macri. Y aunque puede que guarden sus comentarios xenófobos para su círculo íntimo de chismosos y bromistas, demasiados son los que opinan que los bolivianos, peruanos y paraguayos que rodean nuestras fronteras, y otros "morochos" latinoamericanos que no hayan probado con sus cuentas bancarias y modales de sobremesa su distinción de clase, deberían ser desaparecidos de la faz de nuestra tierra.

Hagamos transparente el discurso de esta gente de bien que tanto nos conmueve. Traduzcamos el contenido esencial del mensaje que promueven. Para ellos, estos hongos pestilentes que afloran en nuestras ciudades de manera descontrolada sólo tienen derecho a la presencia cuando son concertadamente invisibilizados, es decir, sujetos a la servidumbre que les impone su convivencia con nosotros. Esto se logra haciendo uso del consabido recurso que conceden todas las construcciones ideológicas que se fundan en una distorsionada explicación de la existencia en términos de jerarquías naturales. Es conocido por todos que la "raza" argentina, eminentemente europea y europeizada en sus rasgos y modales, está muy por encima de esas razas inferiores que destiñen el continente con su coloración claramente indígena o mestiza.

En fin, los comentarios del Ingeniero Macri no sorprenden. Están en línea de continuidad con lo mejor de esa parte de la población de nuestra patria que hace gala de su xenofobia sin avergonzarse, y que es igual a la xenofobia de todos lados del mundo. Es la misma xenofobia que muestran, quienes en Europa, se rasgan las vestiduras frente a la invasión del moro y del chino y del sudaca, y se encuentra en la tradición más encomiable de perseguidores de gitanos, judíos, palestinos y tibetanos.

Es el acné de nuestra naturaleza humana. La maniobra fácil del débil convertido en poderoso. Es el gesto del maltratador, del aprovechado, del mediocre venido a más por la fortuna. Es la manera en la cual todos los “vivos” del mundo hacen sus votos, agitando a la bestia de las masas que todos, de una manera u otra, llevamos dentro.

La acumulación ferviente de maldad discursiva, pensada o impensada, que el macrismo acumula sin vergüenza, en despecho de la importancia que tiene el discurso en la conformación de la cultura y la convivencia, no puede esconderse tras las melifluas entonaciones del jefe de gobierno. Inculto en todo aquello que no tenga que ver con el dinero y la acumulación de poder, Macri representa la más frívola, pero no por ello menos peligrosa, manifestación de la política argentina.

Las disculpas que el presidente Evo Morales exigió de Macri por la estigmatización que el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires ha ayudado a generar en relación al colectivo de bolivianos y bolivianas que residen en nuestro país, debería exigirse también a todas las personas que en su palabra y en sus gestos muestran incomodidad o desprecio hacia los extranjeros.