jueves, 9 de diciembre de 2010

MACRI Y LOS BOLIVIANOS



En cierto modo, debería bastar con los comentarios vertidos por el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, desde el comienzo mismo de su mandato, acerca de las colectividades inmigrantes, para que las personas de bien se alejen de cualquier tentación de lealtad electoral hacia él y a sus colegas de partido.

Pero el problema es que la gente de bien en Argentina es más o menos como Macri. Y aunque puede que guarden sus comentarios xenófobos para su círculo íntimo de chismosos y bromistas, demasiados son los que opinan que los bolivianos, peruanos y paraguayos que rodean nuestras fronteras, y otros "morochos" latinoamericanos que no hayan probado con sus cuentas bancarias y modales de sobremesa su distinción de clase, deberían ser desaparecidos de la faz de nuestra tierra.

Hagamos transparente el discurso de esta gente de bien que tanto nos conmueve. Traduzcamos el contenido esencial del mensaje que promueven. Para ellos, estos hongos pestilentes que afloran en nuestras ciudades de manera descontrolada sólo tienen derecho a la presencia cuando son concertadamente invisibilizados, es decir, sujetos a la servidumbre que les impone su convivencia con nosotros. Esto se logra haciendo uso del consabido recurso que conceden todas las construcciones ideológicas que se fundan en una distorsionada explicación de la existencia en términos de jerarquías naturales. Es conocido por todos que la "raza" argentina, eminentemente europea y europeizada en sus rasgos y modales, está muy por encima de esas razas inferiores que destiñen el continente con su coloración claramente indígena o mestiza.

En fin, los comentarios del Ingeniero Macri no sorprenden. Están en línea de continuidad con lo mejor de esa parte de la población de nuestra patria que hace gala de su xenofobia sin avergonzarse, y que es igual a la xenofobia de todos lados del mundo. Es la misma xenofobia que muestran, quienes en Europa, se rasgan las vestiduras frente a la invasión del moro y del chino y del sudaca, y se encuentra en la tradición más encomiable de perseguidores de gitanos, judíos, palestinos y tibetanos.

Es el acné de nuestra naturaleza humana. La maniobra fácil del débil convertido en poderoso. Es el gesto del maltratador, del aprovechado, del mediocre venido a más por la fortuna. Es la manera en la cual todos los “vivos” del mundo hacen sus votos, agitando a la bestia de las masas que todos, de una manera u otra, llevamos dentro.

La acumulación ferviente de maldad discursiva, pensada o impensada, que el macrismo acumula sin vergüenza, en despecho de la importancia que tiene el discurso en la conformación de la cultura y la convivencia, no puede esconderse tras las melifluas entonaciones del jefe de gobierno. Inculto en todo aquello que no tenga que ver con el dinero y la acumulación de poder, Macri representa la más frívola, pero no por ello menos peligrosa, manifestación de la política argentina.

Las disculpas que el presidente Evo Morales exigió de Macri por la estigmatización que el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires ha ayudado a generar en relación al colectivo de bolivianos y bolivianas que residen en nuestro país, debería exigirse también a todas las personas que en su palabra y en sus gestos muestran incomodidad o desprecio hacia los extranjeros.

1 comentario:

lanagloria dijo...

Bueno esto de la xenofobia tiene que ver desde mi visión, con lo que dices respecto a la necesidad de pertenecer, sea desde el rechazo a otros como y desde la colectividad o desde la aprobación de ideas que otros lideran, con la diferencia de que la primera actitud es destructiva, mientras que la segunda puede ser constructiva.


El rechazo hacia otros tiene que ver,primero con la territorialidad animal y el egocentrismo infantil, necesario en el niño, para la integración de su personalidad en esta etapa de vida, la que le va a servir para el desabrrollo de su identidad como ser particular y único. Y segundo, en una dimensión más profunda, tiene como causa el miedo, que se manifiesta a través de un mecanismo de defensa o rechazo xenófobo hacia otro, para eludir el propio temor de llegar a ser objeto también de exclusión. Ya sea por no compartir las mismas idéas o por haber sido excluido alguna vez.

Tenemos el ejemplo extremo de neurosis obsesiva del cruel mandatario alemán que propicia la segunda guerra mundial, por el rechazo a los judíos desde su propia descendencia judía, el miedo al enfermo mental haciendoles incinerar y pasar por la cámara de gas, confinando a sus propios parientes enfermos o judíos de por vida.

Un amigo que vivía en España decía en una conversación... que hasta el mismo sentía miedo de los latinos cuando los veía, yo le hacía la reflexión de que por su propio miedo a ser discriminado, él, con maestría en artes plásticas, discriminaba a sus propios paisanos en un país extranjero y bueno, guardó silencio sorprendido y se molestó por un momento.

El reconocer nuestras propias actitudes, heredadas por nuestros neuronas filogenéticamente y aprendidas por imitación, puede y debe cambiar nuestros pensamientos.

Se preguntaba el presentador de un programa sobre nuestras creencias religiosas, si eramos en esencia malos o buenos y pues Freud dice, que somos más malos que buenos y que de no ser por la cultura y la obligación de ser civilizados para no aniquilarnos entre sí, seguiríamos siendo cavernícolas y arrebataríamos al otro por la fuerza la tierra, el alimento, la demanda del servicio,la necesidad de poder, etc.

Respecto de la tortura y su naturalización o sobre fenómenos sociales, como la infidelidad masculina, el ejercicio de la tiranía y su naturalización, no hay temor más inconcebible para un torturador que ser torturado, no tiene mayor temor el macho latino infiel, que ser engañado por su mujer.

Por otra parte la mayor tendencia a la compasión se observa en los sujetos que han superado una enfermedad por ejemplo o cuando no tenemos carencias; pero la falta de sentido sobre nuestra propia vida, nos impide ver, que hay tierra para todos, que hay alimento suficiente, si le apuntamos a la sostenibilidad, si aplicamos la inteligencia sobre la inmediatez, si como adultos desarrollados, aprendimos a aplazar nuestros impulsos y a visualizar el mundo y a la propia vida con una visión global, hasta lo infinito. Sobre la observancia de la dependencia de unos y otros y la interdependencia de todos los fenómenos sobre esta tierra.

Por otra parte creo que estas tendencias discriminatorias no son nada nuevo para la humanidad, partimos del egoísmo al gregarismo, de la esclavitud a la promulgación de los derechos humanos. Estas fórmulas políticas de supervivencia sectarias y segregadoras hacia otros, ignorantes de la coexistencia natural con los otros seres (todos los otros) son regresivas y por experiencia autodestructivas.