martes, 7 de febrero de 2017

REDES


Julian Assange y el neofascismo


Esta entrada surge a partir de la lectura de un artículo publicado en Página 12 por Horacio González titulado Assange, en el que "glosa" la entrevista realizada a Julian Assange  por Santiago O'Donnell, publicada en el mismo diario con el título "Trump es un lobo con piel de lobo"

A partir de estas lecturas, se me ocurrió que es imprescindible profundizar nuestra reflexión acerca del modo en el cual podemos organizar nuestra desordenada agenda y producción en las redes, de manera análoga al modo en el cual se está organizando la militancia progresista en el mundo ante el recrudecimiento de las políticas de extrema-derecha y la falsa alternativa liberal-progresista en Estados Unidos y Europa, que en muchos sentidos, como señaló recientemente Nancy Fraser, es responsable directo del advenimiento de las nuevas formas de fascismo, por comisión y omisión. 

En el primer caso (comisión), promoviendo abierta o secretamente políticas regresivas, especialmente en política internacional y en la estrecha vinculación con el proyecto corporativo y antidemocrático que ha socavado la soberanía popular de manera continuada en las últimas décadas, pero que en los tiempos de la concertación Obama-Clinton ha tenido su momento culmine. 

En el segundo caso (omisión), resistiendo y obstaculizando abiertamente los nuevos vientos a favor de cambios radicales, acusados por el establishment liberal-conservador (autodefinido como progresista de manera engañosa), de ser enemigos "populistas" de la democracia: asociándolos de manera perversa a la misma categoría que los movimientos neofascistas de los que son su antítesis. 

Como señaló en reiteradas ocasiones Slavoj Zizek, ante el creciente avance de la derecha xenófoba en los Estados Unidos y Gran Bretaña, y fenómenos análogos en Holanda, Francia y América Latina, se percibe claramente un agotamiento del modelo neoliberal-multiculturalista que ha regido las democracias formales desde la caída del bloque soviético, abriendo de esa manera la posibilidad largamente esperada de una opción de cambio real. Aunque hay que reconocer que ese horizonte está aun muy desdibujado.

El caso argentino

¿Qué quiero decir con todo esto? En lo que respecta al caso argentino, las afirmaciones de Assange en la entrevista citada dan que pensar. Macri, nos dice, ganó las elecciones gracias a la inteligente utilización de las redes sociales y la apropiación del lenguaje de las redes en un escenario de transición entre la vieja política de los mitines y la nueva política del ciber-activismo. Pero ahora, como gobierno, pese a ser dueño absoluto del espacio mediático tradicional (prensa escrita y contenido audiovisual), parece estar perdiendo la batalla en las redes que alguna vez lideró. Al menos, se percibe una suerte de retroceso. 

Y ese retroceso no está directamente relacionado con la importancia que tiene para el macrismo este instrumento. Sabemos del volumen presupuestario reservado a mantener a un ejercito de ciberactivistas en las redes. Lo que ocurre es quizá más sutil. El gobierno está perdiendo la batalla debido al contenido de su dominación. 

No solo las políticas regresivas gubernamentales explican este deterioro entre la ciudadanía, aunque, por supuesto, este punto es crucial. El otro tema es que en las redes se han articulado formas de resistencia ciudadana, entramados de textos y subtextos de densidad conceptual inesperadas, que se contraponen y, hasta cierto punto,  evidencian la superficialidad del género de los eslóganes y el modelo de lenguaje publicitario elegido por el macrismo que, poco a poco, se ha inclinado por reducir su intervención en los espacios virtuales a cumplir un rol de control policial-represivo, a escrachar o "vociferar" con su ejercito de trolls los intercambios de una ciudadanía que, aun conmovida y desalentada por el shock producido por el gabinete de CEOs que administran las dosis de horror que inyectan a la ciudadanía, parece no rendirse a la encrucijada.

Bosquejo de las alternativas

Ante este panorama de incertidumbres y ambiguas esperanzas, nuestro objetivo debería consistir, cuanto menos, en continuar con nuestras formas de comunicación horizontal, pero agregándole a ellas una dosis de mayor "auto-consciencia". 

Con esto quiero decir lo siguiente: nuestra acción política en las redes tiene consecuencias fuera del mundo virtual que habitamos, produce reposicionamientos, y evidentemente, sirve como contrapeso frente al monopolio comunicacional que esconde la verdad a través de una catarata cotidiana de ficciones para obnubilar nuestra perspectiva. 

La frase bíblica sigue teniendo relevancia: "La verdad nos hará libres," pero en este caso, la verdad es más evidente de lo que pensábamos, todos la conocemos, pero buscamos una confirmación que la arraigue al mundo, que le quite el mote de "fantasía".  
Mi invitación, por consiguiente, es a utilizar las redes de manera más autoconsciente. Eso significa, distinguir entre: 
  • El uso egocéntrico que nos convierte en meros productos para ser ofertados en las plataformas (vendemos nuestros cuerpos, nuestros estilos de vida, nuestras experiencias cotidianas, nuestros familiares y amigos, con el inútil propósito de ser admirados, reconocidos u otras sandeces semejantes - aunque también nuestra ideología o nuestro posicionamiento político puede estar al servicio de esa construcción de una identidad para ser consumida por los otros); 
  • Y el uso inteligente de las redes, a través del cual nos reapropiamos de ellas. Nosotros somos quienes hacemos FB, twitter, etc. Hacemos las redes con nuestros contenidos. Dedicamos cientos de miles de horas, cada uno de nosotros, para hacer de la red un espacio atractivo, para engolosinar las subjetividades de otros individuos devenidos consumidores, ofreciéndonos como objetos de deseos o repulsión que atraiga su atención. 
Dicho esto, las preguntas parecen ser obvias, ¿cómo utilizar las redes para lograr nuestros fines políticos altruistas? ¿Como utilizar las redes para participar de manera autoconsciente y dirigida en la conformación de esas masas críticas que necesitamos para poder desvelar los engaños corporativos que utilizan actualmente la lógica y la retórica de la ensoñación que las redes y las plataformas de comunicación instantánea facilitan, para lograr su hegemonía? 

En síntesis, nuestra tarea en este espacio es dar forma, modelar, con el material de nuestra propia creación, con los contenidos que tenemos a la mano, ese espacio meta-tópico de carácter asambleario volcado a un cambio de consciencia y posterior movilización social. Pero ahora en un nuevo nivel, como decíamos más arriba: el nivel de autoconsciencia que nos permita pasar del mero rol de consumidores o productores de contenidos simbólicos en la redes, a ciudadanos políticos en las mismas. 

sábado, 4 de febrero de 2017

¿QUÉ HACER?

Fotograma de la película "El congreso",  de Ari Folman.
El dilema 

Hace unos días, una buena amiga me escribió a mi cuenta privada planteándome el siguiente dilema. Parafraseo:

“Estoy en una situación difícil. No llego a fin de mes. Me doy cuenta que la gente que me rodea está más o menos igual. Tenemos miedo, estamos angustiados. Por otro lado, tengo amigos y conocidos que hablan de la situación política del país y me exigen tomar consciencia, movilizarme, etc. Pero, aunque sé que debería hacerlo, no tengo tiempo ni espacio mental para ello. Estoy cansada. Necesito asegurarme el salario hasta fin de mes, cuidar a mi familia, protegerme de la inseguridad creciente, de la rabia que nos rodea por todos lados. Estoy harta.

“Además, cuando planteo mis dudas y me quejo, en muchos círculos me insultan, me ignoran o incluso me destierran. La grieta es real. No es una invención. Si publicitas tu posición corres el riesgo de ser descartada, en la familia, entre los amigos, y lo más importante, puede causarte problemas para conseguir trabajo.

“Por eso te pregunto, ¿qué tengo que hacer? No quiero seguir pensando y protestando por lo que está pasando. Sé que es injusto, sé que estamos cayendo en picada. Pero a veces quiero dudar, pensar que al final todo será mejor. Todo eso me angustia terriblemente. Por eso, creo que voy a cerrar las compuertas. No quiero seguir pensando en la política, en la economía, en la injusticia, en el mundo que nos tocó vivir. No quiero seguir leyendo periódicos, viendo la televisión, escuchando la radio. No quiero seguir discutiendo qué es lo que nos pasó.

“Necesito algo que me ayude a superar esta situación. Necesito alguna técnica que me permita superar personalmente lo que nos está pasando. He comenzado nuevamente a meditar y a hacer yoga. Eso me hace bien. Me hace muy bien. Conocí a un profesor de yoga y meditación que nos ayuda a encontrar ese espacio, a soltar, a aceptar nuestro dolor y nuestra angustia. Y me hace bien. De verdad, me hace mucho bien, porque me permite crear un espacio de salud en mi vida en medio de tanto horror. De otro modo, la angustia me come, me mata."

La rabia

Dos semanas antes, otra persona me escribió a mi cuenta de Facebook [en privado] diciéndome que estaba disgustada conmigo. No lo dijo con esas palabras, pero era obvio que había leído algo en mi cuenta que no le había gustado y sentía una necesidad imperiosa de decirme algo, “ponerme en mi lugar”. 


Decía lo siguiente [Parafraseo]:

“Mirá, Juan Manuel, la vida es mucho más sencilla de lo que vos pensás. Yo te leo, o te escucho, y se me revuelve el estómago con todo lo que estás diciendo. Me causa un profundo malestar. Yo tengo una familia, tengo hijos y tengo un grupo de amigos de toda la vida. Para mi eso es suficiente. Mi obligación es cuidarlos y cuidarme. Eso es lo que debo hacer. Lo tuyo son palabras, palabras, palabras. Palabras que producen odio, que producen la grieta, que lo único que hacen es angustiarnos a todos. Vos sos demasiado complicado. El mundo es lo que es, y lo que hay que hacer es aprender a vivir en este mundo. Punto. Yo he encontrado un espacio de paz en mi vida. Me ha costado muchísimo aprender a disfrutar de las pequeñas cosas. Yo sé que las cosas no son como a mí me gustaría que fueran, pero, pase lo que pase, nadie me va a quitar lo que he conseguido."

Cuando alguien se toma el trabajo de escribirme explicándome esas cosas me siento un afortunado. Porque lo habitual es la incomunicación, la indiferencia. Cuando discutimos, cuando conversamos, tenemos una posibilidad de articular nuestros pensamientos, enfrentar las encrucijadas en las que nos encontramos, reflexionar sobre ellas y buscar una respuesta.

Lo Real y la realidad

Mi propósito en esta entrada no es responder a mis interlocutores. Quiero, simplemente, dejar que esas dos articulaciones resuenen en el espacio público así como llegaron, como “dilemas morales”, que ponen de manifiesto un malestar profundo, que parece traducirse en una huida hacia delante ante la encerrona que nos impone un régimen neoliberal que ha puesto en crisis la condición misma de posibilidad de nuestro anhelo democrático, desconectándonos los unos de los otros, lanzándonos de regreso a la caverna de nuestra individualidad egocéntrica, al enfrentarnos de manera desnuda al dolor, a la insatisfacción, a la angustia existencial más radical.

Si algo tiene de bueno el actual embate neoliberal es que nos deja desnudos frente a lo Real [con mayúscula]. Lo Real mayúsculo es aquí “lo que es”, a cara lavada, sin cosmética alguna. Y lo que es sin cosmética alguna es la crueldad, el horror, el instinto depredador, el todos contra todos, el estado de naturaleza del que hablaba Hobbes sobre el cual se pretende legitimar el Estado totalitario en su nueva versión mediático-policial.

Muertos vivientes

Frente a lo Real mayúsculo, nuestra respuesta instintiva es inventar una realidad [minúscula]. La realidad minúscula es aquí nuestra fantasía egocéntrica, una paz construida en el seno de nuestro pequeño mundo cerrado de clase media. Atrapados en nuestra realidad minúscula, vigilados por nuestros vigilantes, asfixiados por nuestro miedo, nuestra inseguridad, nuestra angustia creciente, buscamos sucedáneos de la libertad. Mientras tanto, afuera de casa se agigantan los fantasmas que nuestros temores alimentan. Pobres, inmigrantes, delincuentes, narcotraficantes, kirchneristas, comunistas, populistas. Los hay de todos los pelajes y para todos los gustos.

Yo me pregunto, frente a todo esto, ¿cuánto tiempo necesitaremos para tomar consciencia de la amenaza Real que anida en nuestra situación actual? ¿Cuánto tiempo necesitaremos para reconocer que el neoliberalismo [que no es un sistema económico, ni un régimen político, sino - en primer lugar - una concepción distorsionada de lo que somos como seres humanos, lo que significa convivir los unos con los otros, y lo que implica y exige nuestro encaje en el mundo natural, en la Tierra] es la personificación de la muerte en la era del capitalismo global? El neoliberalismo viene por todos nosotros, y aunque nos escondamos dentro de nuestros variados y atractivos artefactos de fantasía [nuestras fantasías espirituales, tecnológicas o químicas], su veneno acabará penetrando nuestros muros convirtiéndonos en los zombies, los muertos vivientes, en los que el neoliberalismo pretende transformarnos.