martes, 30 de mayo de 2017

EL RANDAZZISMO Y LA CONSOLIDACIÓN DEL PROYECTO NEOLIBERAL






El escenario

Los líderes políticos juegan hoy sus cartas. El pueblo, mientras tanto, cuando no consume y no celebra, mira y espera. Entre la mayoría de los líderes y el pueblo se ensancha la grieta.

En el centro del escenario encontramos a Cristina Fernández. Los diarios, las televisiones y las redes sociales le dan un rotundo protagonismo. El amor y el odio que concita la convierten en la figura más relevante a izquierda y derecha del espectro político. 


Es, indudablemente, el mayor peligro para el actual frente de gobierno y los muchos que lo sostienen desde las graderías, imponiéndole a cambio jugosas prebendas. Cristina Fernández convoca efectivamente admiración popular y el rechazo furibundo de sus detractores. 

La oposición interna en el PJ

Muchos de los opositores en el interior mismo del espacio en el que cohabitan (o el cual se pretende construir) han aprendido la lección de modales de Cambiemos, y entonan sus críticas con el talante dialoguista de falsos consensos que exige el momento. Sin embargo, no pueden, pese al esfuerzo, eludir la verdad que dejan traslucir sus acciones: Cristina es el blanco hacia donde apuntan su artillería. 


La razón para ello debería ser obvia: lo que hoy está en disputa es la conducción del único espacio que podría (eventualmente) convertirse en una oposición real al nuevo sentido común que intenta imponerse en la Argentina. 

El randazzismo, oposición light

El randazzimo es una oposición light (se asemeja al massismo en muchos sentidos, pero está libre de sus errores, fruto del silencio autoimpuesto y un pasado de glorias propias y ajenas en el terreno de la gestión). 


Es decir, una apuesta que será continuidad del actual modelo, y cuya máxima aspiración es acomodar una alternativa descafeinada, con apariencia de “capitalismo social”, cuyo techo es el dogma de la competitividad y la flexibilización de derechos que impone el nuevo tiempo que transitamos. 

El randazzismo no opacará los avances neoliberales de Mauricio Macri que están modificando de lleno el marco de referencia que convierte en obsoleto al “populismo”. 

Aquí, acabar con el “populismo” no es otra cosa que acabar con “la razón democrática”. Es decir, profundizar en la revolución oligárquica que experimentamos, arrebatando al demos (la parte pobre, “popular”, de la sociedad) su kratos, su triunfo o victoria en la batalla contra las élites ricas que pretenden conducir con mano de hierro el destino de las sociedades donde arraigan su poder. 

El diario La Nación celebra el desafío randazzista a Cristina. No es para menos. También celebró en su momento la jugada anti-cristinista de Randazzo en las últimas elecciones, con la cual el exministro se aseguraba (decían entonces los periodistas de La Nación) un lugar entre las élites gobernantes del futuro.

Randazzo apostó a ser un moderado, aprovechándose del despiste de las bases kirchneristas que le dieron alas en su pulseada con Daniel Sciol, lo cual, en sinergia con otras operaciones mediáticas y un desatinado comportamiento de otros peronistas fieles a la historia de traiciones que caracteriza al movimiento, acabaron ofreciéndole en bandeja al Frente Cambiemos la triple corona, permitiéndole de ese modo la realización de la “gran contra-revolución neoliberal” que está teniendo lugar en nuestro territorio.

La contra-revolución neoliberal 

Esta contra-revolución no consiste exclusivamente en una transferencia brutal de riquezas a los grandes grupos económicos, sino también una rendición incondicional de la soberanía nacional frente a las urgencias y necesidades del poder financiero, además de la liberación del mercado, convertido en campo de batalla en la guerra fraticida entre las multinacionales que operan en la Argentina desde el corazón mismo del gabinete presidencial que las representa, convirtiendo en moneda de cambio y carne de cañón a la ciudadanía.

Dos estrategias caracterizan la política neoliberal en Argentina (ajustándola al manual de aplicación en otras latitudes). La primera es la “opa” lanzada contra el poder judicial, que acabará constituyendo, tarde o temprano, una Corte Suprema que reinara a sus anchas, convirtiendo en inocuo al poder legislativo, desarticulando el último resquicio de soberanía popular en las instituciones.

La segunda es la “constitucionalización” del Banco Central, convertido en autoridad suprema en lo que concierne al rumbo económico, asegurando la financiarización de la economía, al tiempo que se blinda el futuro frente a cualquier modificación incomoda que eventualmente pueda proponer el azar electoral.

Remembranzas de la "tercera vía" de Giddens y compañía

El apuro del randazzimo por enterrar la unidad antes de las PASO lo sugieren las aleccionadoras opiniones de su director de campaña, Alberto Fernández, quien, como buen representante de un massismo decepcionado ante la actuación dubitativa de su candidato no tuvo reparos en pasarse a las filas del exministro del interior, sin abandonar su perfil “tercera vía”.

Como demuestra una mirada rápida al currículo de algunos de los consejeros más cercanos de Randazzo durante su época cristinista, el exministro se nutre de imaginarios críticos (entonces) frente a la supuesta radicalización camporista, y amigables con el arraigo de los procesos de neoliberalización en la Argentina. 


Lo que Randazzo ofrece al establishment es una alternativa que no solo no representa una amenaza a su proyecto, sino todo lo contrario: la articulación de un espacio que servirá en su etapa de normalización, cuando lo que se necesite sea la certeza de una alternancia ordenada, libre de los estrépitos que produce la verdadera democracia. 

Esa alternancia será fruto de un consenso entre las élites, que se formulará de espaldas al pueblo, y que consolidará la nueva "constitución de facto" que promueve el neoliberalismo.

El Frente para la Victoria, en otro intento frustrado de unidad, vuelve a tropezarse con la misma piedra. Como ocurrió hace un año y medio, el randazzismo no le habla directamente al pueblo (porque aun no lo tiene), sino al mismo establishment que supo cooptar al peronismo en los ’90, presentándose como la alternativa pulcra, frente a la única candidatura que parece intranquilizar al círculo rojo.



martes, 23 de mayo de 2017

MANCHESTER. SUFRIMIENTO Y VIOLENCIA EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS




Introducción

En este artículo abordaré brevemente algunas cuestiones relativas a las experiencias de sufrimiento y la violencia en las sociedades contemporáneas. Para ello dividiré la nota en cuatro apartados. 


(1) Comenzaré refiriéndome a los “estados de negación”, tal como estos fueron analizados por el sociólogo sudafricano Stanley Cohen. (2) A continuación haré una breve mención sobre el consumo obsesivo y mórbido de violencia en nuestras sociedades contemporáneas. (3) Luego, intentaré presentar suscintamente el bosquejo de un análisis tridimensional de estos fenómenos, inspirado en la lectura de dos autores distantes geográfica y temporalmente (el filósofo contemporáneo, de nacionalidad eslovena, Slavoj Zizek; y el filósofo budista de origen indio, Chandrakirti, quien vivió en el siglo VII de nuestra era). Finalmente, (4) me referiré brevemente a nuestras respuestas habituales frente al sufrimiento y la violencia, sus límites y problemas.

Estados de negación

En una obra importante titulada  States of Denial. Knowing about Atrocities and Suffering (2001), el sociólogo Stanley Cohen analizó nuestras respuestas habituales frente a las experiencias personales y colectivas de sufrimiento y violencia. 

A partir de estudios clínicos sobre la depresión, imágenes de sufrimiento publicitadas por los medios, las explicaciones de los testigos pasivos y la conocida experiencia conocida como "fatiga de compasión", Cohen intenta dar cuenta de las estrategias personales y colectivas para evadir o evitar las realidades incómodas. 

De acuerdo con Cohen, nuestra respuestas habituales son el resultado de complejos mecanismos de defensa que van desde las simples mentiras, pasando por el autoengaño, los errores perceptivos (como la falta de atención o la atención distorsionada) y otros errores cognitivos, como los fallos en nuestras inferencias, etc., que cumplen la función de filtrar o descartar de nuestras experiencias ciertos aspectos desagradables de dolor y violencia. 


El consumo mórbido de violencia


Sin embargo, los medios masivos de comunicación y las redes sociales nos bombardean constantemente con imágenes y narrativas de sufrimiento y violencia. 
Estamos obsesionados con estas imágenes y narrativas, y las consumimos de manera mórbida

Crímenes, atentados terroristas, desastres naturales, violencia de género, accidentes, enfermedades, etc., todos estos episodios tienen un lugar destacado en nuestro menú de entretenimientos cotidianos, y, hasta cierto punto, podemos afirmar que nuestra cultura es insaciable respecto a estos productos.

Tres dimensiones del sufrimiento y la violencia

Dicho esto, cabe preguntarse: ¿De qué manera reconciliar esta obsesión mórbida con la afirmación de que tenemos tendencias habituales a negar el sufrimiento y la violencia?

Un examen más minucioso de estos conceptos que nos permita expandir su significación puede ayudarnos a resolver la aparente paradoja. 

En general, estamos obsesionados exclusivamente con los aspectos más superficiales de nuestra experiencia, con las expresiones de sufrimiento y violencia explícitas u ostensibles. 

Debido a ello, las dimensiones más sutiles permanecen ocultas, impidiendo que prestemos atención allí donde podemos encontrar las claves interpretativas para entender nuestra situación.

De acuerdo con Zizek, lo que subyace a la dimensión explícita es la dimensión simbólica. Chandrakirti habla del sufrimiento del cambio, ambos apuntan a un aspecto análogo de la experiencia.

Vivimos en sociedades que promueven de manera militante falsas expectativas de felicidad y plenitud, cuyos logros se asocian a nuestra capacidad de consumo y competitividad. Sin embargo, sabemos fehacientemente que estas expectativas injustificadas y las estrategias que adoptamos para lograr nuestros propósitos contribuyen masivamente a experiencias de frustración y angustia individual y colectiva. Por otro lado, debería ser un lugar común la afirmación que la distancia que separa a una sociedad competitiva de una sociedad conflictiva es muy estrecha, especialmente cuando concebimos el tejido social en términos de ganadores y perdedores absolutos.  

Más sutil aún es la dimensión sistémica a la que se refiere Zizek, cuyo correlato análogo en el lenguaje budista de Chandrakirti es el sufrimiento omnipresente. En este caso el acento está puesto en la lógica inherente de la totalidad de los mundos de vida que habitamos, cuyos componentes se caracterizan por su finitud, que en términos humanos se traduce en una condición de radical dependencia y vulnerabilidad. 

Siguiendo un analisis heideggeriano sobre la historicidad constitutiva del ser, sugerimos que esos mundos vitales que habitamos se constituyen en cada época de maneras diversas. Nosotros sugerimos, siguiendo a la filósofa feminista Wendy Brown, que a nuestra época corresponde un sistema-mundo-de-vida gobernado por la razón neoliberal, la cual subsume todos los aspectos de nuestra existencia a su lógica inherente. 

De este modo, nuestras experiencias individuales son reducidas a productos o utilidades en el mercado de capital, incluida nuestra propia identidad individual y colectiva. Ello supone entendernos a nosotros mismos como entidades descartables, que pueden ser excluidas sin miramientos de los círculos tradicionales de protección y de cura comunal. 

Esta reducción radical de nuestra dignidad humana a mera mercancia supone además una profunda mutación en los trasfondos que son el punto de partida en cada época para la construcción narrativa de nuestras identidades. 

Arrojados desnudos a una experiencia de absoluta vulnerabilidad e impotencia, desprotegidos y despojados de las antiguas certezas que ofrecían los entramados sociales jerárquicos en los que se tejía nuestra identidad, la tentanción de adoptar como alternativa alguna de las muchas formas de fundamentalismo que se ofrecen en el mercado de las identidades aparece para muchos como una tabla de salvación, con las dramáticas consecuencias que todos conocemos.    

Los muros

Como ha señalado Wendy Brown, nuestra estrategia habitual frente a la extensa experiencia de sufrimiento y la violencia de nuestra época, consiste en construir muros que prometen, no solo protegernos, sino que también nos ofrecen la recuperación de un florecimiento y una plenitud largamente anhelada, al tiempo que constituyen la base para recuperar una supuesta identidad perdida. 

Estos pueden ser muros materiales, como ocurre con aquellos levantados para mantener fuera de nuestras fronteras a los "bárbaros"; o como sucede en los barrios cerrados de los ricos y las clases medias acomodadas en las periferias de las metrópolis del tercer mundo, donde se elevan con la pretensión de expulsar o impedir la entrada al resto de la población a esa imaginaria comunidad que promete libertad y seguridad, purificada de los aspectos amenazantes que reinan a su alrededor. 

Pero también muros psicológicos, construidos para defender nuestra subjetividad de amenazas más sutiles, aquellas que nos afectan psíquica o emocionalmente, sirviéndonos, como simbólicos "mecanismos de negación",  con el fin de blindar nuestras frágiles identidades personales y colectivas.


Un cambio de perspectiva

Brown insiste que estas estrategias son, no solo inútiles - debido a que no cumplen su cometido, sino contraproductivas, porque ponen de manifiesto nuestra debilidad y nuestra impotencia frente a las amenazas que nos rodean, empeorando de este modo nuestra situación.

Si nuestro objetivo consiste en superar, o al menos minimizar, la escalada de violencia que caracteriza a nuestras sociedades contemporaneas; si nuestro propósito consiste en reducir el enorme sufrimiento, la experiencia de frustración y angustia que parece embargarnos a todos en esta época de profundo desasociego; el punto de partida es reconocer que nuestra estrategia actual está fracasando estrepitosamente. A partir de allí, nuestra tarea consiste en comprender acabadamente la naturaleza última de la violencia y el sufrimiento que nos envuelven, sin quedar cautivos, ni ser empujado a responder superficialmente a sus manifestaciones ostensibles, con el fin de comprometernos en la tarea de realizar los cambios radicales que exigen nuestra situación presente. 


No podemos seguir siendo lo que somos, ni podemos seguir repitiendo de manera perversa que nuestro principal objetivo consiste en no dejarnos torcer el brazo por el terror,  repitiendo obstinadamente que no permitiremos que cambien "nuestro estilo de vida". Por la sencilla razón que nuestro estilo de vida es una parte constitutiva de la ecuación que resulta en violencia y sufrimiento manifiesto. 

Ante la profunda desigualdad e injusticia social que caracteriza nuestra época; las amenazas y atentados a la paz que se suceden todos los días; y el peligro creciente de una catástrofe medioambiental; estamos obligados a asumir nuestra responsabilidad y cambiar.  


Post-scriptum. Sobre el atentado en Manchester

Llevo dos días pensando en las respuesta de nuestros gobernantes a los atentados en Manchester. Quizá, lo que más me impresionó del discurso de Theresa May fue su determinación: “Los terroristas no nos cambiarán, no renunciaremos a nuestro estilo de vida”. El gesto fue imitado por los ciudadanos comunes que repitieron las frases cada vez que tuvieron oportunidad de hablar frente a un micrófono.

La afirmación, evidentemente, tiene un sentido específico en el presente contexto, pero a esta altura creo que todos podemos recordar que se trata de una frase de ocasión (como la propia May confesó en la primera conferencia de prensa que ofreció después del atentado). Ya la escuchamos en Washington, en París y en Madrid. Hollande utilizó prácticamente la misma frase, lo mismo hizo Bush y Obama, y también Rajoy, Cameron y otros muchos: "No nos cambiarán". 


Sin embargo, sabemos que son frases huecas, palabras vacías, hasta cierto punto mentirosas. Los atentados terroristas ya nos han cambiado, aunque nos neguemos a ello. La pregunta, en todo caso, es: ¿en qué dirección nos han cambiado? Y mi respuesta, por el momento, es pesimista. No nos ha hecho mejores, sino todo lo contrario. Aquí y allá hay gestos de lucidez que nos permiten mantener la esperanza, pero en general nos movemos entre el negacionismo y la respuesta ciega a la afrenta explícita de la violencia que irrumpe en nuestras vidas.

El problema de fondo, como decía más arriba, es no entender que nuestras sociedades no son meras "víctimas" del terrorismo, sino cómplices de la muerte y la destrucción de ambos lados de nuestras fronteras. Sin nuestra complicidad colectiva, estos atentados no tendrían lugar. No son una azote caído del cielo, sino el efecto acumulado de nuestras decisiones políticas.

Por supuesto, los niños asesinados y las decenas de heridos no son responsables de lo ocurrido. Son inocentes (y eso hace el atentado aun más despreciable, como otros asesinatos "inteligentes" que hemos cometido "en la periferia", donde cientos de otros niños han muerto debido a esta guerra sin cuartel que llevamos adelante "contra los nuevos bárbaros". Tampoco esos niños eran responsables. Fueron también víctimas inocentes. 


Sin embargo, creo que podemos estar de acuerdo que la inocencia de los niños, no ofrece inmunidad a nuestras sociedades que sí son responsables de lo ocurrido. 

Por ese motivo, tenemos que analizar desapasionadamente la frase de Theresa May y de otros líderes políticos y ciudadanos comunes que afirman rotundamente: “No nos cambiarán". ¿Es razonable una afirmación de este tipo? ¿No es una expresión de necedad? Acaso no es un prueba rotunda de un negacionismo extendido que se expande entre los ciudadanos de las sociedades centrales que parecen querer sacarse de encima cualquier responsabilidad acerca de lo que hacen sus representantes? ¿No es esta una prueba del deterioro evidente de las democracias reales en Europa?

En breve, el sufrimiento y la violencia son mucho más hondos de lo que pensamos; y como otros grupos humanos, también nosotros podemos estar cautivos por mitos que nos ayudan a negar, a través de la mentira, el autoengaño, la desatención o la atención distorsionada, las falsas inferencias o las interpretaciones sesgadas, porque nos ocurre lo que nos ocurre. 


martes, 16 de mayo de 2017

¿EL REGRESO DEL "PENSAMIENTO ÚNICO"? LA CRISIS DEL LIBRO EN ARGENTINA

Mario Vargas Llosa

Hace unas semanas, un editor español me contó en Barcelona que había decidido cancelar su producción editorial en Argentina debido a los obstáculos que supone la nueva política económica para la producción local. Este importante editor me comentó que durante diez años la producción de sus libros destinados a la venta en toda la región se realizó en Argentina, convirtiéndose en un negocio rentable que le permitió dar trabajo a profesionales del sector en el país, a los que hoy les une una estrecha amistad. Apesadumbrado me confesó que el negocio ya no era sustentable, y que por ello estaba obligado a mudar su producción a un país asiático.

Ahora tenemos datos oficiales reconocidos por la prensa afín al gobierno que el presidente de la Fundación Libro, Martín Gremmelspacher, había anticipado durante la inauguración de la feria del libro de Buenos Aires hace unas pocas semanas.

En su discurso frente al Ministro Avelluto (quien protagonizó un escándalo en aquel evento) Gremmelspacher señaló que la caída en la edición de libros en Argentina rondaba el 25% en el último año, y que habían dejado de imprimirse alrededor de 20.000.000 de ejemplares.

Ahora tenemos un dato oficial aún más preocupante. Desde el 2014 se ha dejado de producir la mitad del volumen de ejemplares impresos entonces. Un dato devastador que a todos aquellos que nos interesa la cultura debería preocuparnos. Una situación análoga se vive en el teatro y el cine de producción local.

Como soy un usuario habitual de las librerías de Barcelona, he visto durante los últimos años de qué manera las editoriales argentinas se han ido posicionando en las mesas de novedades de las librerías de la ciudad condal.

Pero no únicamente desde el punto de vista comercial el fenómeno resultaba admirable. Como la lectura en Argentina transita por otros registros y tradiciones de lectura y reflexión, el resurgimiento de la industria editorial argentina permitió reestablecer la influencia mutua de los lectores e intelectuales de ambas orillas del Atlántico. Una influencia que se había interrumpido durante la época menemista debido a la apropiación monopólica de la industria por parte del capital español que inundaba las librerías con escasa variedad de títulos, apilando como montañas a tres o cuatro autores de venta masiva, como el peruano Mario Vargas Llosa, hijo predilecto de la prensa española de derechas, como el grupo multimedia PRISA, cuyo éxito de ventas en Latinoamerica durante los años 90 se debió (también) a esa pobreza editorial que lo posicionó en soledad, a desmedro de una pluralidad de géneros y voces locales, y rodeado de un desierto de perspectivas ideológicas alternativas.

Por lo tanto, la noticia nos obliga a pensar la crisis desde una doble perspectiva. Por un lado, el desgraciado efecto inmediato en la vida de todos aquellos que participan de la cadena laboral que hace posible un libro: escritores, editores, traductores, corrector, impresores, distribuidores, comerciales, libreros, etc. Por el otro, la amenaza del peligroso regreso de eso que, en la década de los '90, llamábamos "el pensamiento único".

EL SENTIDO COMÚN EN LA NUEVA ARGENTINA NEOLIBERAL

Christine Lagarde y Nicolás Dujovne

Los presidentes "fetiche": de Macri a Macron

MAURICIO MACRI es el presidente argentino que el establishment estadounidense y la Unión Europea defienden a capa y espada como alternativa al populismo latinoamericano. Políticos y medios de comunicación han utilizado durante décadas el espejo latinoamericano para ocultar la estrategia de pauperización y recortes de derechos en sus propios territorios.

Pero para entender al "populismo latinoamericano" hay que comenzar diferenciándolo del llamado "populismo europeo", de corte claramente fascista y xenófobo, y el uso estigmatizador que se hace del término para condenar otros movimientos populares de corte progresistas en la región. También hay que echar luz sobre los cuantiosos negocios financieros que están realizando los capitales trasnacionales en un país (Argentina) que ha aumentado su endeudamiento externo en más de un 300% en solo un año de gobierno macrista, hipotecando sus riquezas naturales para acceder a créditos, al tiempo que experimenta una fuga de divisas que anuncia una segura debacle económico-financiera, semejante a la acontecida en el 2001.

En síntesis: la implementación de una política monetarista, que imita las políticas de flexibilización salarial, de-sindicalización y recortes sociales a favor de los negocios financieros, excita a la Europa de Merkel y Rajoy.

El regreso a un esquema neocolonial


En solo un año, el gobierno de Mauricio Macri ha implementado un programa neoliberal que le ha merecido el aplauso entusiasta del FMI. Los think tanks de la "extrema derecha neoliberal" estadounidense y europea (incómodos con la evidencia de irregularidades y corrupción notorias del presente gobierno, y las peligrosas violaciones a los derechos humanos que le valen denuncias por parte de las organizaciones y organismos internacionales de derechos humanos) mantienen, sin embargo, sus expectativas intactas: las promesas y los modales del presidente argentino y su comitiva se ajustan a los criterios de un gobierno neocolonial; al tiempo que las élites locales, entusiasmadas con la nueva era (que juzgan como un "regreso de la Argentina al mundo") asumen su lugar entre los explotadores y opresores considerados "confiables" entre la crema de lobbistas y funcionarios que las corporaciones despliegan en la plantilla del poder político europeo.

La realidad

Mientras tanto, protegido por un blindaje mediático globalizado que afecta a las audiencias locales e internacionales, los datos para la población local resultan en una realidad aterradora. Dos ejemplos bastarán para poner blanco sobre negro.

Hace seis meses, una instituto de investigación próximo ideológicamente al gobierno durante la campaña electoral (el Observatorio de la Universidad Católica Argentina) informó que las políticas implementadas durante el primer año de la presidencia de Macri habían arrojado a 1.500.000 personas a la pobreza, y habían creado cerca de 500.000 nuevos indigentes. Esos números siguen creciendo, debido al acelerado proceso inflacionario que no ha logrado revertirse, los despidos y suspensiones indiscriminadas, una política de radical reducción de los salarios reales al boicotear la implementación de paritarias (o convenios colectivos), lo cual ha hecho que el consumo se desplome, y con ello se produzca un brutal estancamiento de la economía cuyo crecimiento, de suceder, resultará negativo para las clases más desfavorecidas.

En el conurbano bonaerense, la zona más densamente poblada del país, los informes establecen que el 42% de los niños se encuentra bajo los niveles de la pobreza. Otros datos confirman la tendencia. En solo un año de gobierno, la reducción en el consumo de los alimentos básicos para los recién nacidos (leche en polvo) ha descendido un 54%; mientras el consumo de leche, carne, frutas y verduras frescas ha descendido un 25%, mientras se multiplican los comedores sociales y los programas de alimentación de las escuelas públicas se convierten en un paleativo ante el creciente empobrecimiento y el hambre de la población. La brecha entre ricos y pobres, reducida de manera notoria durante la última década (índice Gini), ha vuelto a ampliarse.

Al mismo tiempo, el negocio financiero y el reendeudamiento crece de manera desbocada, los ganadores del modelo festejan, y la pobreza y la violencia crecen exponencialmente.

¿Refundación europea?

Mientras en Europa se discute con cinismo su refundación, miopes y oportunistas, solo tenemos ojos para Venezuela. Porque nuestro proyecto europeo de paz, democracia y derechos humanos está fundado en un "afuera" (que la derrota geopolítica de la Unión mudó a los suburbios de sus capitales).

Este "afuera", creado como correlato constitutivo de ese proyecto colonial e imperialista que ha sido y continúa siendo Europa, "militarmente" gobernada de facto y de iure por un ejercito de CEOs y un funcionariado disciplinado en la política inescrupulosa de austeridad y recortes de derechos que exige el nuevo poder transnacional con el cual Europa pretende recuperar su lugar en el mundo (junto con su poderoso socio transatlántico), sigue siendo para el resto de nosotros, los que formamos parte de su "afuera interior" y quienes somos "su afuera exterior", el "plomo y la ciega pluma ideológica", la moneda de cambio, en esta "nueva guerra mundial" entre espacios de poder trasnacional que impone la lógica neoliberal.

domingo, 14 de mayo de 2017

VENEZUELA EN LA LISTA DE "ESTADOS CANALLA"


La trama oculta


La condena a la represión que lleva a cabo el gobierno de Nicolás Maduro contra una parte de la población civil venezolana, embarcada en un ciclo ininterrumpido de manifestaciones callejeras en las cuales se cuentan (según informan los medios internacionales) decenas de muertos, no debería ocultar el trasfondo en el cual se produce esta situación.

Para empezar, no debería ocultar que el conflicto entre gobierno y oposición y el derramamiento de sangre no se ha producido exclusivamente en las calles.  Una andanada de asesinatos selectivos de líderes sociales y simpatizantes chavistas han sido perpetrados por la misma oposición, asesinatos de los que la prensa internacional no ha dado cuenta o, al hacerlo, lo ha hecho de manera sesgada, distorsionando de ese modo la naturaleza y alcance del conflicto.

Tampoco debería permanecer oculto que una parte importante de la oposición al gobierno de Nicolás Maduro mantiene desde hace años una estrecha connivencia (además de obtener generoso financiamiento) con gobiernos extranjeros (como Estados Unidos - que destina una parte de su presupuesto parlamentario a financiar desde hace años a grupos opositores, en una muestra explícita de injerencia en los asuntos internos de un país soberano). 


Una larga ofensiva internacional

Varios países de la Unión Europea mantienen una posición ofensiva  activa contra el gobierno bolivariano, con claras muestras de complicidad en algunos momentos especialmente graves institucionalmente para el país caribeño, como lo fue el golpe de Estado perpetrado contra el presidente Chávez en 2002. 

Otros países latinoamericanos, como es el caso de Colombia (especialmente a través de su expresidente Álvaro Uribe y su antiguo delfín, Juan Manuel Santos, actual mandatario del país) que ha mantenido una sistemática confrontación con el régimen chavista. Los actuales gobiernos de Argentina, Brasil o Paraguay (que han dado un giro de 180º en su política internacional, y ahora se alinean a los intereses y la visión geopolítica que se impone desde Washington) actúan también de manera concertada y arbitraria contra el gobierno de Maduro. 

Un diálogo imposible

La condena a la represión no debería tampoco ocultar que los reiterados intentos por entablar un diálogo constructivo entre las partes en pugna han llegado a un punto muerto, en parte, debido a la negativa de la oposición a aceptar una mesa de negociaciones que permita destrabar el conflicto. Así lo hizo saber recientemente el Vaticano, el cual auspicio dichos diálogos, y el actual Secretario General de las Naciones Unidas, António Manuel de Oliveira Guterres, quien señaló la falta de "honesta voluntad" por parte de la oposición para lograr una salida dialogada al conflicto. 


La excusa humanitaria y los derechos humanos

Cuando echamos un vistazo a otros lugares calientes del planeta, como Libia o Siria, y ante la evidente responsabilidad por parte de las potencias mundiales en las masacres que están teniendo lugar en esos territorios, resulta cuando menos descabellado pensar que las sistemáticas injerencias internacionales contra el gobierno venezolano durante todos estos años, acompañadas de un apoyo incondicional a una oposición variopinta y no siempre transparente en sus intereses, no acaben produciendo resultados negativos análogos a los que se viven en el norte de África o Medio Oriente.

Venezuela se encamina hacia una guerra civil. Los gobiernos occidentales y latinoamericanos, las corporaciones multinacionales interesadas en las riquezas del país caribeño, y los medios afines que sostienen el relato antichavista son cómplices y condición de posibilidad de la matanza en curso. Serán también responsables del ominoso futuro que parece reservado al país. 


"Huele a azufre"

La satanización de Fidel Castro o Hugo Chávez, también la de otros líderes latinoamericanos que en las últimas décadas resultaron recalcitrantes frente al poder financiero y corporativo, y la actual demonización y ridiculización de Nicolás Maduro, recuerdan otras prácticas de demonización análogas: las de Saddam Hussein o la de Muamar el Gadafi nos vienen inmediatamente a la memoria. 

Se trata de estrategias bien conocidas, implementadas para justificar ante la audiencia global que convocan los medios internacionales las intervenciones militares o los apoyos incondicionales a grupos opositores financiados por instituciones y ONGs con intereses espurios en la región. El resultado de estas estrategias ha probado con creces que el daño que producen es inconmensurable mayor que los males que dicen curar. 

Venezuela: un estado fallido

De este modo, "Venezuela" (otro nombre en la lista de "Estados canallas") parece dirigirse, inexorablemente, a convertirse en otro "estado fallido", otro ejemplo de los usos y abusos de la retórica de los derechos humanos, y la invocación falaz de la democracia por parte de quienes se resienten ante ella, que pone en evidencia el fracaso de la comunidad internacional.  

jueves, 4 de mayo de 2017

2X1*


¿Cómo se vuelve del 2x1? 


¿Cómo se enseña en las escuelas? ¿Cómo se mira a los ojos de los que fueron jodidos de por vida sin que nos invada la angustia y la vergüenza?

¿Quién puede hoy creer en la justicia minúscula de los tribunales? ¿Quién puede hoy creer en esta iglesia argentina, católica, apostólica y romana, que te obsequia con su desnuda mano izquierda lo que te roba sin rubor con su ostentosa derecha?

¿En qué catecismo se legisla un perdón sin arrepentimiento? ¿Qué samaritano se apiadará de los corazones heridos por esta afrenta?¿Qué categoría de reconciliación es la que promueve el cómplice de un asesino?

¿Cómo se vuelve del 2x1? 


¿Qué violencia nos depara el destino? ¿Qué violencia empuñada por el Augusto emperador que rige nuestras vidas? ¿Qué violencia empuñada por un pueblo ofendido en su catacumba?

¿Habrá paz en el corazón de mi tierra cuando en el insomnio de la indignación los justos se revuelvan buscando comprensión y amanezcan recordando esta pesadilla de todos los días?

¿Qué pasará con la patria que se achica? 
¿Qué pasará con los niños que crecen ignorados, educados para ser esclavos, robados de la ilusión de cualquier utopía? ¿Qué pasará con nuestros viejos que se irán sin dejar en herencia una patria compartida? 

¿Cómo se vuelve del 2x1?

¿Qué pasará con vos cuando retrasen su regreso tus seres queridos, y se llene tu cuerpo de ese miedo, espeso y corrosivo, que alimenta la guerra declarada contra el pobre "que roba y asesina"?

¿Qué será de nuestro futuro 
cuando volvamos la vista a este pasado que somos hinchados de reproches? ¿Qué pensarán los sabios imaginarios, los dioses de otros tiempos, de esta Argentina elegida por nosotros? 

Quizá haya que abandonar las certezas, decirle adiós al largo aprendizaje de mansa aceptación 
que nos inculcó esta democracia cautivada por sospechosos formalismos, para empezar a pensar otro camino, que nos permita defendernos del horror que se aproxima.


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*La Corte Suprema Justicia de la Nación, conformada por dos nuevos miembros impuestos por Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) por el Presidente Macri a poco de asumir su cargo, y luego confirmados por el Poder legislativo en una negociación viscosa, en un fallo con votación partida en su seno, abrió la puerta con su veredicto en el caso del represor Luis Muiña, a la liberación de algunos de los personajes más siniestros del genocidio cometido en la Argentina.

Como señala Irina Hauser en Página12, criminales como Jorge “Tigre” Acosta, Alfredo Astiz, Jorge Rádice, Ricardo Cavallo o Adolfo Donda, conocidos represores que operaron en la emblemática ESMA, condenados a prisión perpetua en 2011 por secuestros, torturas, violaciones, homicidios y aberraciones sistemáticas cometidas en uno de los centros clandestinos más grandes que funcionó durante la dictadura, estarán en condiciones de beneficiarse de la decisión de la corte y pedir su excarcelación.

Antes de conocerse la decisión de la Corte Suprema, el Episcopado argentino, en una muestra clara de coordinación mediático-ideológica con el nuevo rumbo impuesto al país por el actual gobierno, heredero intelectual y material de la anterior dictadura, sin circunstancia alguna que lo ameritara llamó a la "reconciliación de los argentinos", equiparando una vez más los crímenes de Estado, considerados internacionalmente como "crímenes de lesa humanidad", con los crímenes de las organizaciones guerrilleras.

Ni las fuerzas armadas, ni la Iglesia Católica (cómplice en muchos casos de los crímenes cometidos) han colaborado en la búsqueda de verdad y justicia, sino que, en su mayor parte, han obstaculizado la investigación llevada a cabo en las últimas décadas.

En la Argentina gobierna un partido de extrema derecha, caracterizado por la prensa internacional corporativa como de "centro-derecha" para suavizar el solapado interés de sus holdings por aprovechar este cambio de rumbo en esta nueva fase de saqueo neocolonial a los pueblos del sur.