martes, 30 de mayo de 2017

EL RANDAZZISMO Y LA CONSOLIDACIÓN DEL PROYECTO NEOLIBERAL






El escenario

Los líderes políticos juegan hoy sus cartas. El pueblo, mientras tanto, cuando no consume y no celebra, mira y espera. Entre la mayoría de los líderes y el pueblo se ensancha la grieta.

En el centro del escenario encontramos a Cristina Fernández. Los diarios, las televisiones y las redes sociales le dan un rotundo protagonismo. El amor y el odio que concita la convierten en la figura más relevante a izquierda y derecha del espectro político. 


Es, indudablemente, el mayor peligro para el actual frente de gobierno y los muchos que lo sostienen desde las graderías, imponiéndole a cambio jugosas prebendas. Cristina Fernández convoca efectivamente admiración popular y el rechazo furibundo de sus detractores. 

La oposición interna en el PJ

Muchos de los opositores en el interior mismo del espacio en el que cohabitan (o el cual se pretende construir) han aprendido la lección de modales de Cambiemos, y entonan sus críticas con el talante dialoguista de falsos consensos que exige el momento. Sin embargo, no pueden, pese al esfuerzo, eludir la verdad que dejan traslucir sus acciones: Cristina es el blanco hacia donde apuntan su artillería. 


La razón para ello debería ser obvia: lo que hoy está en disputa es la conducción del único espacio que podría (eventualmente) convertirse en una oposición real al nuevo sentido común que intenta imponerse en la Argentina. 

El randazzismo, oposición light

El randazzimo es una oposición light (se asemeja al massismo en muchos sentidos, pero está libre de sus errores, fruto del silencio autoimpuesto y un pasado de glorias propias y ajenas en el terreno de la gestión). 


Es decir, una apuesta que será continuidad del actual modelo, y cuya máxima aspiración es acomodar una alternativa descafeinada, con apariencia de “capitalismo social”, cuyo techo es el dogma de la competitividad y la flexibilización de derechos que impone el nuevo tiempo que transitamos. 

El randazzismo no opacará los avances neoliberales de Mauricio Macri que están modificando de lleno el marco de referencia que convierte en obsoleto al “populismo”. 

Aquí, acabar con el “populismo” no es otra cosa que acabar con “la razón democrática”. Es decir, profundizar en la revolución oligárquica que experimentamos, arrebatando al demos (la parte pobre, “popular”, de la sociedad) su kratos, su triunfo o victoria en la batalla contra las élites ricas que pretenden conducir con mano de hierro el destino de las sociedades donde arraigan su poder. 

El diario La Nación celebra el desafío randazzista a Cristina. No es para menos. También celebró en su momento la jugada anti-cristinista de Randazzo en las últimas elecciones, con la cual el exministro se aseguraba (decían entonces los periodistas de La Nación) un lugar entre las élites gobernantes del futuro.

Randazzo apostó a ser un moderado, aprovechándose del despiste de las bases kirchneristas que le dieron alas en su pulseada con Daniel Sciol, lo cual, en sinergia con otras operaciones mediáticas y un desatinado comportamiento de otros peronistas fieles a la historia de traiciones que caracteriza al movimiento, acabaron ofreciéndole en bandeja al Frente Cambiemos la triple corona, permitiéndole de ese modo la realización de la “gran contra-revolución neoliberal” que está teniendo lugar en nuestro territorio.

La contra-revolución neoliberal 

Esta contra-revolución no consiste exclusivamente en una transferencia brutal de riquezas a los grandes grupos económicos, sino también una rendición incondicional de la soberanía nacional frente a las urgencias y necesidades del poder financiero, además de la liberación del mercado, convertido en campo de batalla en la guerra fraticida entre las multinacionales que operan en la Argentina desde el corazón mismo del gabinete presidencial que las representa, convirtiendo en moneda de cambio y carne de cañón a la ciudadanía.

Dos estrategias caracterizan la política neoliberal en Argentina (ajustándola al manual de aplicación en otras latitudes). La primera es la “opa” lanzada contra el poder judicial, que acabará constituyendo, tarde o temprano, una Corte Suprema que reinara a sus anchas, convirtiendo en inocuo al poder legislativo, desarticulando el último resquicio de soberanía popular en las instituciones.

La segunda es la “constitucionalización” del Banco Central, convertido en autoridad suprema en lo que concierne al rumbo económico, asegurando la financiarización de la economía, al tiempo que se blinda el futuro frente a cualquier modificación incomoda que eventualmente pueda proponer el azar electoral.

Remembranzas de la "tercera vía" de Giddens y compañía

El apuro del randazzimo por enterrar la unidad antes de las PASO lo sugieren las aleccionadoras opiniones de su director de campaña, Alberto Fernández, quien, como buen representante de un massismo decepcionado ante la actuación dubitativa de su candidato no tuvo reparos en pasarse a las filas del exministro del interior, sin abandonar su perfil “tercera vía”.

Como demuestra una mirada rápida al currículo de algunos de los consejeros más cercanos de Randazzo durante su época cristinista, el exministro se nutre de imaginarios críticos (entonces) frente a la supuesta radicalización camporista, y amigables con el arraigo de los procesos de neoliberalización en la Argentina. 


Lo que Randazzo ofrece al establishment es una alternativa que no solo no representa una amenaza a su proyecto, sino todo lo contrario: la articulación de un espacio que servirá en su etapa de normalización, cuando lo que se necesite sea la certeza de una alternancia ordenada, libre de los estrépitos que produce la verdadera democracia. 

Esa alternancia será fruto de un consenso entre las élites, que se formulará de espaldas al pueblo, y que consolidará la nueva "constitución de facto" que promueve el neoliberalismo.

El Frente para la Victoria, en otro intento frustrado de unidad, vuelve a tropezarse con la misma piedra. Como ocurrió hace un año y medio, el randazzismo no le habla directamente al pueblo (porque aun no lo tiene), sino al mismo establishment que supo cooptar al peronismo en los ’90, presentándose como la alternativa pulcra, frente a la única candidatura que parece intranquilizar al círculo rojo.



4 comentarios:

Horacio Felipe Mazzini dijo...

Muy claro y de gran ayuda ubicando a cada figura en su rol. Creo que Randazzo sin haber mostrado mucho y sin hablarle al pueblo es quien puede confundir a quienes son críticos de Cambiemos pero no quieren al kirchnerismo influenciados por algunas acciones desacertadas,
pero mas aún traccionados por los medios concentrados que atacan en defensa de sus negociados

Ignacio Scolari dijo...

¡Clarísimo!
Por un lado, la táctica electoral de polarización por parte del Gobierno y las corporaciones mediáticas.
Por otro lado, la incipiente voluntad por parte de diversas figuras del espectro político, de todos los frentes, de equilibrar el escenario, de afianzar consensos para pasar a una “nueva etapa”. Lamentablemente –obviamente–, los consensos que tienen en mente no son otros que consolidar el bipartidismo; una alternancia ordenada que blinde a la clase política –y a la elite– de las molestias que implica la democracia. Posiblemente haya sido eso lo que imaginaron en un comienzo desde Cambiemos, y la arena política los obligó a atrincherarse en la polarización. De ahí que, por el momento, –imagino– este proceso esté en stand by.
En ese contexto, la figura de Cristina es profundamente incómoda. Cambiemos depende de ella y la oposición también; sin embargo, unos la desearían proscripta y jubilada los otros.
De más está decir que de los concesos verdaderamente necesarios “ni hablemos”, y de propuestas concretas que convoquen mayorías tampoco.

Pd: el artículo anterior es fantástico.

Ignacio Scolari dijo...

¡Clarísimo!
Por un lado, la táctica electoral de polarización por parte del Gobierno y las corporaciones mediáticas.
Por otro lado, la incipiente voluntad por parte de diversas figuras del espectro político, de todos los frentes, de equilibrar el escenario, de afianzar consensos para pasar a una “nueva etapa”. Lamentablemente –obviamente–, los consensos que tienen en mente no son otros que consolidar el bipartidismo; una alternancia ordenada que blinde a la clase política –y a la elite– de las molestias que implica la democracia. Posiblemente haya sido eso lo que imaginaron en un comienzo desde Cambiemos, y la arena política los obligó a atrincherarse en la polarización. De ahí que, por el momento, –imagino– este proceso esté en stand by.
En ese contexto, la figura de Cristina es profundamente incómoda. Cambiemos depende de ella y la oposición también; sin embargo, unos la desearían proscripta y jubilada los otros.
De más está decir que de los concesos verdaderamente necesarios “ni hablemos”, y de propuestas concretas que convoquen mayorías tampoco.

Pd: el artículo anterior es fantástico.

Ignacio Scolari dijo...

¡Clarísimo!
Por un lado, la táctica electoral de polarización por parte del Gobierno y las corporaciones mediáticas.
Por otro lado, la incipiente voluntad por parte de diversas figuras del espectro político, de todos los frentes, de equilibrar el escenario, de afianzar consensos para pasar a una “nueva etapa”. Lamentablemente –obviamente–, los consensos que tienen en mente no son otros que consolidar el bipartidismo; una alternancia ordenada que blinde a la clase política –y a la elite– de las molestias que implica la democracia. Posiblemente haya sido eso lo que imaginaron en un comienzo desde Cambiemos, y la arena política los obligó a atrincherarse en la polarización. De ahí que, por el momento, –imagino– este proceso esté en stand by.
En ese contexto, la figura de Cristina es profundamente incómoda. Cambiemos depende de ella y la oposición también; sin embargo, unos la desearían proscripta y jubilada los otros.
De más está decir que de los concesos verdaderamente necesarios “ni hablemos”, y de propuestas concretas que convoquen mayorías tampoco.

Pd: el artículo anterior es fantástico.