viernes, 22 de septiembre de 2017

THE STREETS OF BARCELONA Y EL ESPÍRITU DE LAS LEYES


Las calles están encendidas por el entusiasmo de una parte destacada de la ciudadanía catalana que acompaña, eufórica, la decisión de sus autoridades de rebelarse contra el gobierno español, aferrándose a la decisión de convocar un referéndum y, eventualmente, declarar unilateralmente la independencia el próximo 1 de octubre.

En ese contexto, las grandes universidades catalanas han sido tomadas por los estudiantes. Miles de alumnos invaden el histórico edificio de la Gran Via de les Corts Catalanes.

Mientras tanto, el gobierno español ha fletado cruceros con el fin de alojar al contingente de guardias civiles que vienen desde fuera de Catalunya para reforzar la presencia de las fuerzas de seguridad en el territorio catalán, hacer cumplir las órdenes de los juzgados y desplegar la estrategia del gobierno del Partido Popular, cuyo objetivo central es impedir a toda costa el referéndum, incluso si este se conviertiera en un mero acto cívico de protesta
, sin consecuencias jurídicas inmediatas. 

Las protestas se repiten en todos los rincones del territorio. Frente a las delegaciones del Estado, los manifestantes paciente y festivamente corean sus consignas y agitan sus esteladas desafiando pacíficamente la fuerza coercitiva del Estado que, ante el carácter lúdico de las protestas, solo atina a mantener una tensa presencia en las calles. Los incidentes, teniendo en cuenta el tamaño de las manifestaciones, y la gravedad institucional del momento, han sido prácticamente insignificantes.

El gobierno español ha perdido la partida en Catalunya, y el relato independentista está a estas horas en la cúspide de la aprobación ciudadana. El entusiasmo se palpa en las calles. Después de cinco años de bloqueo institucional, de reclamos democráticos legítimos, y de cerrada indiferencia por parte del gobierno central, el agotamiento reinante solo podía zanjarse con un golpe de efecto de esta naturaleza.

En los últimos meses, se decía: "El 'procés' se juega su última oportunidad." La estrategia de apatía y ninguneo de Mariano Rajoy y su cohorte ha acabado sirviendo al independentismo el escenario de abulia y debilitada expectativa que necesitaba para concitar con un acto voluntarista el apoyo de la mayoría de los catalanes que, ahora, está dispuesta a arriesgar el débil equilibrio de encaje constitucional y europeo para que se le permita votar, para ejercitar su derecho a la autodeterminación.

El gobierno de Rajoy tiene los recursos del Estado a su disposición para amedrentar a los líderes políticos, y las fuerzas coercitivas para reprimir eventualmente la protesta social. El mecanismo represivo ya está en marcha. Las detenciones de altos cargos del Govern han mostrado claramente que la voluntad soberana del Estado español se ha puesto en marcha.

Sin embargo, el margen de Madrid es estrecho. Judicializar penalmente a una multitud es inútil, contraproducente. Al contrario de lo que pretende el presidente Mariano Rajoy, con cada día que pasa sin mover ficha en dirección a una salida negociada a la crisis, que le conceda a la sociedad catalana el premio a la consistencia de su reclamo democrático, mayor es el peligro que se cierne sobre sí mismo y España. Ha llegado el momento de dar un paso atrás (o al costado), y ofrecer una tregua y el compromiso de caminar hacia una consulta pactada que defina el futuro.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

ESO QUE LLAMAMOS "DEMOCRACIA"


El caso Maldonado


Santiago Maldonado no aparece. La justicia argentina, a todas luces cooptada por el poder político en prácticamente todos sus foros, y en connivencia con las fuerzas de seguridad del Estado, parece estar ayudando a los victimarios a “esconder” el cadáver de la víctima, y  parecen querer "plantar" el cuerpo asesinado en territorio mapuche.

Los medios de comunicación hegemónicos, ahora entusiasmados por la fiesta de imágenes que regaló la "invasión y militarización" desproporcional (pero no casual) que las llamadas "fuerzas del orden" desplegaron sobre las chabolas de pueblos históricamente oprimidos y excluidos, instigados (digámoslo) por un juez cipayo que ha hecho gala de su parcialidad, paseándose frente a la cámara fotográfica de los periódicos oficialistas para dar su versión arbitraria y oportunista de los hechos, no parece indignar a la mayoría del pueblo argentino.  


Quienes apoyan al gobierno dejan prácticamente sin argumentos a los defensores de la democracia y los derechos humanos en las discusiones, no justamente porque lleven consigo la razón, sino más bien debido a la sordera y la inconmensurabilidad manifiesta de sus cosmovisiones. ¿Qué contestar a un interlocutor que con sorna considera los derechos humanos como un "curro"? 

Los estudiosos de la realidad local detectan un creciente micro-fascismo entre los argentinos. Al habitual porcentaje recalcitrante que pide mano dura, sangre, pena de muerte, no solo contra el delincuente que "acecha en las calles oscuras," sino también contra el laburante precarizado o despedido que ejercita su derecho a la protesta, el empobrecido que se arrima a la indigencia y por ello demanda públicamente el pan para su subsistencia, el defensor de derechos humanos que exige que se cumplan las mínimas de la ley, o las bautizadas "feminazis" que atentan contra "el orden de sana normalidad patriarcal" que, eso si, viola y asesina, a estos históricos recalcitrantes ahora se suman los casuales, cuya complicidad es el resultante premeditado del discurso que replican sin filtro todos los medios, derramando desde las esferas del poder su visión maniquea del mundo que exige respuestas contundentes y dañinas. 


Lo haremos desaparecer de la faz de la Tierra

Una ojeada a las noticias del día pinta otro panorama. Se habla de un cambio de época en el mundo. Los motivos para hablar de ese modo son evidentes. Nadie lo ha dicho con mayor claridad en los últimos días que el propio Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres:

“La comunidad global se está desintegrando.” 

Y, con ello, las exiguas esperanzas de poner coto a los tres grandes desafíos que enfrenta la humanidad, y que solo pueden abordarse de manera concertada, globalmente: la guerra, la desigualdad socio-económica y el deterioro medioambiental. Mientras tanto, ante otros líderes mundiales reunidos en Nueva York en la sede de las Naciones Unidas, Donald Trump amenaza a Corea del Norte con hacerlo desaparecer de la faz de la Tierra. 

En todos los rincones del planeta avanzan las fuerzas regresivas, ampliando la brecha de la desigualdad hasta el coqueteo con políticas explícitamente eugenésicas; promoviendo diversas formas de violencia hasta la amenaza de una conflagración nuclear; y atentando de manera flagrante contra la salud del planeta, indiferentes ante la contaminación y la explotación extractivista que amenaza con convertir la Tierra en un lugar inhabitable. 

El voto popular y el sentido de la democracia

En las actuales circunstancias, el voto popular, en cada país del mundo, no solo decide la suerte de sus habitantes en el territorio al cual están circunscritos, sino que esa decisión pasa a formar parte de tendencias globales que, o bien acentúan, o bien contienen las fuerzas destructivas.

El voto a Mauricio Macri es un voto con una clara orientación ideológica. Sus políticas son violentas, alimentan la desigualdad, y claramente atentan contra los esfuerzos ecologistas de una manera flagrante, al borde del negacionismo puro y duro. La absurda pretensión de algunos periodistas de la progresía porteña - que intenta asumir equidistancia-  de que el mínimo apego a las formalidades normativas convierte a Cambiemos en una "derecha moderna y democrática," solo es comprensible en la mente de aquellos que insisten en leer eso, "la democracia," con anteojos exclusivamente procedimentalistas. La materia democrática está ausente, como se dice en estos días, el macrismo promueve una democracia "de baja intensidad," inocua. Es decir: una democracia que sea una "no democracia," pero que en todo caso lo parezca.

En nuestra época, el control casi absoluto de los medios de información y el entretenimiento, y el control de la comunicación cotidiana entre los ciudadanos (ahora devenidos consumidores), sumado a una persecución constatable del opositor (devenido enemigo), no hace de Macri - estrictamente hablando - un dictador en sentido clásico, pero tampoco lo exime de su clara vertiente antidemocrática, aunque haya accedido al poder del Estado a través de las urnas.

La democracia y sus peores emociones

A comienzos de su presidencia, a propósito de la detención ilegal e ilegítima de la dirigente social Milagro Sala, el presidente desnudó su espíritu cuasi-fascista. 

La detención de Milagro Sala, dijo Macri, era algo que validaba el pueblo, que sentía, como él mismo, que Sala era una delincuente. "Todos lo sabemos" - sentenció el presidente. Eso explicaba y justificaba su detención arbitraria y la completa ausencia de garantías en su juzgamiento. Lo dijo en un contexto preciso que facilita su interpretación en estas líneas. El gobernador de la provincia de Jujuy, su aliado, Gerardo Morales, archienemigo de la activista social, había deslizado, a través de sus legisladores, la posibilidad de emprender un referéndum que condenara a la “india.” El pueblo decidiría su condena.

La paradoja es notoria. No tenemos nada mejor que la democracia, pero el voto popular no es virtuoso por sí mismo, ni convierte en virtuosos a sus representantes, ni en legítimas sus políticas y conductas. Los ejemplos de esta paradoja se acumulan en estos días, y la historia parece darnos tristemente la razón. 

Transitamos tiempos oscuros, en los que la verdad y la justicia han dejado de ser nombres mayúsculos, en los que los derechos humanos son objeto de burla, donde las masas atemorizadas festejan la brutalidad estatal, inconscientes de lo que eso implica y lo que ello les deparará, individual y colectivamente, en un futuro no muy lejano.

 

jueves, 14 de septiembre de 2017

LA CUESTIÓN CATALANA: NĀGĀRJUNA EN IBERIA


Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.
Mateo 5:5.

La cuestión estatal y el derecho a decidir

Le preguntaron en rueda de prensa a la portavoz del Departamento de Estado del gobierno estadounidense, Heather Nauert, acerca del referéndum catalán: ¿cuál es la posición del gobierno de Donald Trump acerca de este asunto? La respuesta era predecible:No queremos interferir en cuestiones nacionales, dejaremos que el gobierno y la gente allí lo solucionen." Otros Estados asumen el silencio que impone la lógica westfaliana que aún prevalece en nuestros tiempos, al menos entre los aliados. El independentismo catalán, por su parte, argumenta que sus decisiones políticas tienen la legitimidad que le otorga el derecho internacional, supraestatal, cosmopolita, el de los derechos humanos, que triunfa sobre las legislaciones estatales, específicamente, el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

El maestro budista, Marx y el billete de 100 rupias

En una oportunidad, un maestro budista me explicó la teoría de la vacuidad, tal como la interpretó el santo Nāgārjuna, utilizando para ilustrarla un billete de 100 rupias indias. Se sacó el billete del bolsillo interior de su hábito monástico y lo estiró frente a mis ojos. El billete estaba allí, con toda la rotundidad que tienen los billetes, que la mente corriente solo en raras ocasiones cuestiona. 
La explicación que me dio el maestro sobre la naturaleza última del billete recuerda a los más leídos las elaboraciones sobre el fetichismo de la mercancía en la obra de Marx, la teoría de la reificación en Lukacs, y otras hipóstasis que deconstruyó la fenomenología heideggeriana. 

El billete de 100 rupias aparece a los usuarios del instrumento económico como dotado de un poder intrínseco. Al ver el billete, las personas corrientes le concedemos autonomía y un poder propio e independiente, natural (en contraposición a "meramente convencional"). Y sobre la base de esa aprehensión se lo codicia hasta el punto del vicio, e incluso del crimen. Razones no faltan, por supuesto. El poder funcional del billete es evidente. Lo que cuenta, en todo caso, es lo que puede hacerse con el mismo. Nos permite concretar nuestros deseos a través de su abstracta representación. El dinero compra incluso la felicidad (eso dicen). Sin embargo, al mirar el billete, lo que prima es su rotunda apariencia de "soberano poder". 


Sin embargo, un análisis sosegado del billete como cosa fetichizada, y de la consciencia alienada que lo contempla, descubre que las 100 rupias, por sí mismas, independientemente de la compleja gramática cultural que lo sostiene, es una realidad cuasi espectral. Por supuesto, un espectro no deja de asustar por el mero hecho de ser una proyección supersticiosa de la mente individual o el imaginario colectivo. Que existe, existe. Otra cosa es cómo lo haga. Y es justamente aquí donde está la confusión y anida el peligro.

Ni el papel, ni la tinta, ni la simbología impresa en su semblante y reverso hacen al billete lo que es (un billete). El billete de 100 rupias es fruto de un acto sacramental (constitucional) que lo consagra, y una feligresía sin cuya fe no existe poder soberano en la "cosa" o "ente" (ahora elevada a la categoria de "ídolo").

Sacramentos, constituciones y espectros


Las instituciones políticas y los regímenes legales están hechos de la misma sustancia vaporosa y efectiva. Son espectros (el soberano y su reino) que conmueven, ordenan, someten, asustan, angustian o aniquilan. En nuestro tiempo son divinidades seculares que exigen una renovada teología política (posmoderna). 

Entre los ibéricos de estos días, constata Nāgārjuna, se vive un tiempo de zozobra. Están muriendo tardíamente algunos dioses, y otros nuevos pretenden ocupar su lugar. 

Algunos ibéricos contemplan azorados la violencia de sus dioses celosos y descubren lo que en realidad siempre se supo y no se quiso entender: que su dios uno y soberano no existe más allá del imaginario desbordado y barroco que lo sostiene y lo preserva. 

Ahora habrá que ver si el dios de sus contrincantes, que pretende ser más moderno (o, acaso, "posmoderno") que el antiguo dios que presidió el sacramento de sus ofrendas, está cortado con la misma tijera que el dios del que apostatan, o es otra cosa. ¿Aceptarán que eso que llaman "lo catalán" o "la catalanidad", como "lo español" o "la hispanidad" que rechazan, también son inventos teológicos, con sus dioses, sus sacerdotes, sus dogmas y su feligresía? 

Argumentos y objeciones

Tal vez, uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en este contexto es a la confusión de dos líneas argumentales que al enfrentarse acaban resultando paradójicas. Por un lado, el independentismo arguye a favor de su meta enfatizando el carácter distintivo de la cultura catalana, aun cuando reconoce la ineludible pluralidad de las sociedades modernas avanzadas, que en el caso catalán es notable. Por el otro lado, promueve su objetivo por medio de una lógica pragmática que promete a quienes se adhieran a su proyecto (aun sin adherirse a su fe cultural) una mejora en sus condiciones de vida y mayores oportunidades en el seno de un proyecto que se ha bautizado como "ilusionante." 

Evidentemente, cada uno de estos argumentos contienen su cuota de verdad política y social, sin que eso suponga que estén libres de objeciones. De la misma manera que ocurre con el españolismo en su versión más barroca, lo que en estas circunstancias delata la intransigencia es la distorsionada percepción que nos hace concebir nuestros argumentos y (hay que decirlo) nuestros sentimientos, como autoevidentes. En política no hay (en general) autoevidencias como en las ciencias duras, sino realidades que deben ser sometidas a la hermenéutica cotidiana y, por ende, siempre resultan discutibles y abiertas a refutación.

Ni el llamado "constitucionalismo" que esgrime el consenso del '78 como última y definitiva carta triunfadora por sobre toda otra argucia discursiva, ni el llamado "derecho a decidir," entendido como derecho humano fundamental por quienes lo defienden sin las cualificaciones pertinentes, las tienen todas consigo. 

Una declaración unilateral de independencia en las actuales condiciones no parece sensata (excepto como estrategia política llevada a cabo para forzar una mesa de negociación). Tampoco la defensa a ultranza de una constitución anticuada a través del ejercicio represivo y el recorte de derechos parece dejar a España en una situación cómoda frente a la mirada internacional. La violación de derechos fundamentales es, a todas luces, inadmisibles. El despliegue policial y la litigación penal un despropósito desde el punto de vista político. 

A la luz de los últimos días

Las exigencias recurrentes a establecer una mesa de diálogo con el fin de: (i) proponer reformas constitucionales que resulten atractivas a la ciudadanía catalana, para permanecer en un marco normativo común que incluya a las diversas regiones que compondrían una hipotética España federal o confederal, y (ii) la necesidad de que ese proceso de reconstrucción española necesita de algún instrumento democrático de validación como un referéndum pautado con el Estado, parecen la única salida. 

En ese sentido, los "tira y afloje" de estos últimos días dan la impresión de ser los prolegómenos al capítulo final de una larga y dolorosa disputa: la última batalla por las voluntades antes de entablar una negociación final que acabe con acuerdo de algún tipo.

Lo que es seguro a esta altura del partido es que los políticos que dinamiten esta única ventana de entendimiento posible que se abre tímidamente en la medianera de los pueblos, quedarán en la historia como los autores materiales de un enfrentamiento que, a partir de aquí, sin soluciones consensuadas, solo puede acabar con daños colaterales, heridas que no cierran, violencias personales de todo tipo, y el deterioro, de facto o de iure, de las libertades personales.

martes, 5 de septiembre de 2017

MAURICIO MACRI, NUESTRO KIM JONG UN



La ofensiva gubernamental


La batalla cultural se vio truncada por un “efecto colateral” imprevisto: la desaparición (forzada) de Santiago Maldonado. La población se volcó a llorarlo y a exigir indignada su aparición. 

Al gobierno, enroscado en su propio discurso negacionista, no se le ocurrió mejor idea que lanzar una ofensiva en toda regla. Mandó a reventar una marcha pacífica de manera torpe, sucia y evidente. Le soltó la cuerda a los perros policías que volvieron a traspasar los límites de la ley, deteniendo al voleo laburantes de prensa y extras, en una noche que estaba llamada a ser recordada con emoción en los próximos meses como una muestra de madurez de la ciudadanía, para transformarla en un verdadero aquelarre de violencia propia que quiso endilgar a los partidos políticos opositores, las organizaciones sociales y defensoras de los derechos humanos, y la ciudadanía en su conjunto, hoy desprotegida por un gobierno cerrado en sus trece, que estigmatiza a su propia población cuando reclama y protesta organizadamente para defender sus derechos. 

Nostalgias procesistas

No les bastó la violencia en la calle. Las siguientes 48 horas, mientras los detenidos permanecían incomunicados de manera arbitraria (luego sabríamos que se había tratado, en todos los casos, según el propio fiscal de la causa, de una arbitrariedad mayúscula) los sabuesos de eso que se hace llamar a sí misma “prensa independiente,” pero que a esta hora no pasa de ser una agencia de publicidad política, más próximos a oficinas de un ministerio de incomunicación gubernamental que una empresa de noticias, comenzaron su trabajo de adoctrinamiento y amedrentamiento de telespectadores, oyentes y lectores de la prensa escrita.

La consigna era clara: volvieron los setenta, de la mano de grupos violentos izquierdistas, kirchnerista, anarquistas, mapuches y otros imaginarios aggiornados a la retórica del terrorismo internacional.

Hollywood en castellano


Los focos de resistencia armada empezaron lentamente a visualizarse. En pocas horas, la prensa multiplica amenazas en sus portales y sospechosos incidentes de falsa bandera. La rutina del terrorismo ha sido efectiva en otras latitudes. ¿Por qué no sería efectiva en nuestra patria? No importa si la única desgracia notoria de los últimos días es la desaparición de Santiago, a todas luces fruto de los abusos de las fuerzas de seguridad del Estado, con explícita complicidad de la ministra Bullrich y sus subordinados, especialmente Nocetti. El presidente, pese al silencio que lo incrimina, insiste con la estrategia autovictimizante.

La foto de Videla, Herrera de Noble y Mitre no fue un sueño


Los agentes de prensa más beligerantes y perversos, los Leuco, los Reato, los Majul, incluso los Montenegro y la comparsa de teloneros que conduce "Animales sueltos" o “Intratables”, se lanzaron a la ofensiva con evidente esmero. La acusación estuvo bien articulada y felizmente sincronizada: ¡Guerra! ¡Estamos en guerra!

Leuco la declaró sin pelos en la frente (ni en la lengua); Reato, amenazante, empuñó sus diatribas videlistas contra un dirigente joven que advertía la jugada del gobierno; Majul, el hombre de cartón, se vistió de indignación para identificar al monstruo kirchnerista detrás de todos los desmanes y resfríos de la patria; Montenegro, como otros de la misma calaña, voces de la “ancha avenida del medio,” que no le hacen asco a la traición moral, se escudaron en la equidistancia que habilita todas las arbitrariedades de quien tiene el exclusivo uso legítimo de la violencia.

Primavera negra


El país se apresta a una primavera negra. Cualquier loco puede activar el dispositivo que haga estallar la bomba que el ejecutivo (Macri & Co.) ha dejado imprudentemente en la vereda.

En cierto modo, lo de Macri es comprensible. Es un gobernante de época. Una perfecta ilustración del aspecto psicótico que adopta el poder político en la era avanzada de la gobernanza neoliberal.

Los estadounidenses adoptaron su Trump, quien a su vez, sin demasiado esmero, encontró a su Kim Jong Un. 
Nosotros no podíamos ser menos. 

Como dijo recientemente el escritor escritor Paul Auster sobre "su" presidente: “Es un psicópata incapaz de leer un libro.” 

En eso también se parece peligrosamente a nuestro presidente.

sábado, 2 de septiembre de 2017

LA CONSTRUCCIÓN DE UNIDAD CIUDADANA

Alcira Argumedo

La diputada Alcira Argumedo, en un gesto inédito que demuestra la enorme peligrosidad del actual gobierno, la amenaza que supone para la democracia argentina, señaló que "lo mejor para frenar a Macri es votar a Cristina".

La diputada Argumedo fue muy crítica del Frente para la Victoria. Algunas de sus críticas comprensibles y justificadas. Sin embargo, coherente con sus convicciones democráticas, y en vista de la arrogancia e impunidad del actual gobierno, la diputada Argumedo hace un gesto que debería ser interpretado por todas las fuerzas de izquierda y los sectores progresistas de la sociedad, para que respondan a la convocatoria de "Unidad Ciudadana", con el fin de defender los derechos, conquistas y memorias colectivas que el macrismo amenaza.

Unidad Ciudadana no es el kirchnerismo, ni tampoco es el Frente para la Victoria. La intención es construir un pacto colectivo para contrarrestar las fuerzas disolventes, la restauración neoconservadora, y el proyecto neoliberal que encarna Cambiemos, y que una parte de la ciudadanía ha decidido acompañar. Esa parte de la ciudadanía es hoy la primera minoria.

Nuestra responsabilidad es construir una mayoría hegemónica popular que arrebate al macrismo y sus aliados el control sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Repito: Unidad Ciudadana no es (no debería ser) el kirchnerismo, ni el Frente para la Victoria, ni siquiera el peronismo y mucho menos Cristina Fernández. Cristina Fernández es, en esta encrucijada, quien encarna circunstancialmente nuestras posibilidades actuales de poner freno al macrismo, darle oxigeno a los ideales populares y una señal clara a las corporaciones y el concierto de naciones del mundo, que los argentinos no estamos dispuestos a convertirnos en moneda de cambio en sus planes de expansión financiera y saqueo de los recursos naturales.

viernes, 1 de septiembre de 2017

EN EL ESPEJO DE UNA DESAPARICIÓN FORZADA, UN PAÍS.


Hace un mes desapareció en la Patagonia argentina el ciudadano Santiago Maldonado. Dos horas después de su desaparición se emitió un Habeas Corpus. El último lugar donde se vio con vida al joven fue en circunstancias de una operación represiva ilegal llevada a cabo por las fuerzas de seguridad del Estado (la Gendarmería) comandadas directamente por el Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti, contra manifestantes indigenas de la comunidad mapuche.

Pese a la notoria negligencia de la justicia y la actividad sospechosa del ministerio público que entorpeció la investigación, sembrando pistas falsas y escondiendo material imprescindible para esclarecer los hechos, a día de hoy los principales sospechosos por la desaparición de Santiago Maldonado son los miembros de la Gendarmería que participaron en los hechos y los funcionarios del Ministerio de Seguridad.

Pese a la escalada de indignación social que produjo la noticia de la desaparición de Santiago Maldonado y las circunstancias del caso (el Estado argentino está involucrado con el crimen), el Presidente Mauricio Macri no ha hecho declaración alguna sobre el tema, y la respuesta a los reclamos por parte de los funcionarios del gobierno involucrados cuando son cuestionados por el asunto, incluidos el Ministro de Justicia, Garavano, y la Secretaria de Derechos humanos a cargo de Avruj, han sido de justificación o dilación.

Como en otras ocasiones, la única respuesta activa del gobierno es la autovictimización. En un acto desesperado, y ante el creciente malestar de la opinión pública frente al caso, además del rotundo rechazo internacional que produce la noticia de una nueva desaparición forzada en Argentina (un país tristemente paradigmático en desaparición de personas), el gobierno ha lanzado costosas campañas de estigmatización contra todo aquel que habla del tema, nombra a Santiago Maldonado, o apunta hipótesis que involucren a sus funcionarios y cuerpos del Estado.

Además de las responsabilidades directas de la Gendarmería Nacional y el Ejecutivo, también está en la mira el Juzgado y la fiscalía donde se tramita la investigación, debido a la negligencia, lentitud y parcialidad de su accionar hasta la fecha. 


También están involucrados en el caso, de manera indirecta, y como instigadores del crímen cometido, los terratenientes de la zona, con quien el Jefe de Gabinete estuvo reunido antes de los hechos, a quienes habría prometido actuar con decisión para poner fin a la protesta social. En especial se ha puesto la mira en la participación del grupo Benetton quien habría subvencionado privadamente los operativos de algunos efectivos en la zona según se desprende de informes periodísticos y denuncias recientes. 

Por otro lado, el gobierno y sus usinas mediáticas han comenzado a hablar de "terrorismo" y "extremismo" para referirse a las comunidades indigenas que protestan en la zona por sus tierras ancestrales - comunidades entre las que se encontraba Santiago Maldonado, solidarizándose, el día de su desaparición.

El caso de Santiago Maldonado ha puesto nuevamente sobre el tapete la estrategia comunicacional de los grandes medios al servicio del establishment corporativo neoliberal que maneja el país desde el 10 de diciembre de 2015. A través de una concertada política de desinformación y estigmatización de la víctima de la desaparición forzada, sus familiares (quienes han sido sistemáticamente maltratados y culpabilizados por el ministerio público) y los organismos y organizaciones defensoras de derechos humanos, a quienes se acusa continuamente de estar "politizados", los medios de comunicación han instalado un clima enrarecido que permite a los responsables del crimen fabricar coartadas y pistas falsas para asegurar su impunidad.

En las últimas horas se han conocido detalles del accionar cuasi-mafioso del ejecutivo en la zona, el cual, transvasando todos los límites del Estado de derecho y los tratados internacionales en materia de derechos humanos, han implementado un sistema de espionaje y una estrategia de represión concertada, acomapañada de detenciones ilegales, torturas y amenazas, que pone en cuestión la legitimidad democrática de las autoridades locales y nacionales.

En su premura por acallar las voces disidentes, el gobierno ha lanzado una campaña agresiva contra docentes, oficiales públicos y otros funcionarios del sistema educativo para silenciar, como en otras épocas, los focos que escapan al sigiloso control del pensamiento que se ha tendido sobre la población a través de los medios de comunicación, y las redes sociales. Los padres han sido conminados a denunciar a los maestros que hablen de la desaparición forzada en las aulas. Un número telefónico ha sido publicitado con un eslogán digno de los regímenes dictatoriales, en el que reza: "No a la politización de los chicos", aun cuando de lo que se habla es de una de las más graves y ominosas violaciones a los derechos humanos del que nuestro país, tristemente, tiene un oscuro recuerdo. 

viernes, 25 de agosto de 2017

EL CEREBRO DEL EMPERADOR




Cinco ilustraciones 

1) Un diputado nacional hace una denuncia de los manejos oscuros del presidente de la República ante la justicia. Al día siguiente el Ministro Garavano lo demanda por daños y perjuicios por una suma multimillonario con el fin de amedrentarlo.

2) Un periodista de Página12 pone al descubierto el accionar oscuro en el manejo patrimonial del presidente. Al día siguiente los diarios oficialistas (la inmensa mayoría de la prensa alineada al nuevo poder de la Argentina) lo escracha en todas las portadas acusándolo de oscuras y promiscuas relaciones como doble agente durante la Dictadura militar. Una vieja denuncia sin sustento reflotada con el único fin de hacer el trabajo sucio de los servicios que ahora ejercitan con fruición los columnistas.

3) Ante las acusaciones de organismos de derechos humanos y organizaciones de defensa de Derechos humanos y la evidencia que están perdiendo la partida por el cúmulo de mentiras y desmanejos en el caso de desaparición forzada de Santiago Maldonado, el gobierno responde victimizándose, aprovechando la ingenuidad de su tropa para alentar la figura de la gobernadora Vidal, el rostro preciado electoralmente detrás del candidato despreciado a favor del cual se practicó aparentemente el fraude, tildado por la prensa moralista como "picardía".

4) Ante los sindicalistas obligados a cumplir con su rol representativo, a quienes se les exige desde las bases un protagonismo combativo ante la embestida gubernamental que avanza con el ajuste y la flexibilización laboral, el gobierno responde echando funcionarios sindicales del gobierno, interviniendo las obras sociales y judicializando a los sindicatos que le son opositores, violando  derechos civiles y políticos primarios.

5) Si un fiscal o un juez realiza una investigación molesta para el ejecutivo o alguno de sus socios corporativos, todas las fuerzas del Estado y la sociedad civil afin con la ideología triunfante, junto con el partido judicial y los medios oficialistas, convocan a todos los espíritus malignos para acabar con el desacatado. Exigen renuncia y juicio político sin prestar la más mínima atención a los límites normativos que definen una república democrática.

Preguntas incómodas

¿Acaso cree  el macrismo que su sigla y su trasfondo son el "fin de la historia", una nueva hegemonía imperial llamada a gobernar el país por siempre jamás o, al menos, durante los próximos mil años? 

¿Acaso no leyeron los libros de historia? ¿Puede ser que no hayan aun previsto que tarde o temprano volverán a barajarse las cartas y las armas afiladas no estarán entre sus manos? ¿O es que piensan hacer desaparecer para siempre a sus contrincantes sociales y políticos, borrarlos de la faz de la tierra, prohibir su nombre, su recuerdo y su destino inexorable de volver a ser, como vuelven a ser todas las cosas de este mundo bajo otro ropaje? 

Cuando la militancia exasperada de Cambiemos (entre la que se encuentran mercenarios, ciertamente, pero también crédulos convencidos, fanatizados por un relato manufacturado para herir con acerada precisión quirúrgica su sensibilidad en un pase mágico de marketing político) responde a quienes no encajan con su sesgo ideológico, no con argumentaciones razonadas, sino con improperios, insultos y escraches y la hilvanada y retorcida enumeración de la "herencia recibida" que millones añoran aún esperanzados, ¿son acaso conscientes que el país que están construyendo es el que transitarán sus hijos y los hijos de sus hijos, y que está herida de muerte que están infligiendo en la textura de los días no sanará en muchas generaciones? ¿Son conscientes que es su propia seguridad física y moral la que ha quedado desnudada debido a la violencia que ellos mismos están inoculando?  

Tarde o temprano, la violencia llegará... y sea que la padezcas o la administres, no habrá manera de escapar ya a la mancha humana y cancerosa que arruinará nuestras vidas. 

El espantapajaro y el arquero

En las redes sociales reconozco alguna gente que conocí en mi niñez. Los descubro enajenados por el odio, revueltos contra el imaginario kirchnerismo con el cual “kirchnerizan” todo lo que no se acomoda a su grotesca visión de la realidad. Pretenden ser los dueños absolutos del país de una manera que ni la propia "soberbia” de algunos personajes del llamado “universo kirchnerista” del pasado practicaron. 

Ahora son malón, son millones, y se los identifica conduciendo la mayor parte de los programas televisivos y radiofónicos, y se los escucha en off, retorciéndose en sus asientos mientras teclean con insistencia su rabia y sed de venganza sobre las pupilas de todos sus lectores, quienes las reproducen como un virus que contamina todo lo que tocan. 

El regreso de la muerte política

Todo indica que el país se desliza inexorablemente hacia una nueva ola de persecución y de muerte. Lo que hace unos pocos meses parecía impensable, es hoy una realidad vieja: hay un desaparecido.

El Estado está definitivamente involucrado en el caso, según muestran los testimonios presenciales, la desprolija y contradictoria explicación del ejecutivo, la sucia estrategia de las fuerzas de seguridad y las pruebas que manejan con parsimonia las autoridades judiciales temerosas ante la posible venganza presidencial y corporativa con intereses en la zona. 

La fiesta electoral ha sido manchada con rotundas sospechas de fraude. Se le quiso birlar el festejo a la fuerza triunfadora, haciendo desaparecer medio centenar de miles de votos. Y ahora el gobierno se victimiza y dice, con el tono altisonante y autoritario que utiliza el "nuevo Macri" sin sonrojarse: ¡Terroristas! Y la historia vuelve a correr en nuestra contra…

jueves, 17 de agosto de 2017

LOS DERECHOS HUMANOS COMO PROGRAMA POLÍTICO

Mujeres mapuches (Fuente: Wikipedia). 

¿El fin(al) de los derechos humanos?

Hace algunos meses, cuando aún se vivía entre los votantes del Breixit el triunfalismo que exigía “mano dura” para enfrentar a los “burócratas de Bruselas,” la primera ministra británica Theresa May afirmó que "cambiaría las leyes que protegen los derechos humanos si se convierten en un obstáculo a la hora de luchar contra los sospechosos del terror.”

Recientemente, el Secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, haciéndose eco de declaraciones anteriores de su Presidente, Donald Trump, señaló de manera análoga que la promoción de “valores (inspirados en los derechos humanos) crea obstáculos a nuestra habilidad para lograr cumplir con nuestros intereses en términos de seguridad nacional y desarrollo económico.” 

Las declaraciones de Macri, sus ministros, funcionarios y voceros mediáticos van en una dirección análoga. Las declaraciones pioneras de Macri son replicadas produciendo un efecto “derrame” en la sociedad que se derechiza aceleradamente asumiendo como propios los discursos que empoderan a las fuerzas de seguridad y a la justicia de los tribunales para enfrentar con creciente indiferencia hacia los derechos básicos a aquellos señalados como hipotéticos enemigos interiores. 

El color de tu piel

La “extranjerización” del pobre y del delincuente es una figura común en nuestro espacio público que incluye a quien efectivamente delinque, pero también a quien defiende sus derechos portando de manera desvergonzada un rostro cuya coloración no condice con el imaginario de quienes detentan el poder o se identifican con el mismo. 

También es habitual tratar delitos como el narcotráfico como maldiciones que nos vienen de fuera, especialmente de otros países de la región que sirven de contraste a la marcada preferencia del votante medio del PRO por los especímenes del Norte Global.  En el colmo de la tergiversación histórica y la tomadura de pelo, la figura del indio tehuelche como indio de estirpe nacional, y el mapuche como terrorista internacional se hace eco de este imaginario perverso. 

En este sentido, la distancia entre (i) los supremacistas blancos que despliegan su violencia en las calles de Virginia, o (ii) los activistas xenófobos que hoy impiden los salvatajes marítimos de los migrantes africanos “musulmanes” en las costas del Mediterráneo, con (iii) la persecución física y mediática de los pueblos vulnerables que los herederos de Roca han convertido en el nuevo objetivo que embandera al gorilismo argentino, es solo circunstancial. En el fondo se trata de una misma herencia colonial, imperialista y neoliberal que impone a sangre fuego el status quo sobre los pueblos y los individuos que no se acomodan a los intereses e imaginarios que las élites promueven.  

Programas políticos

Algunos periodistas insisten en la siguiente interpretación. El éxito electoral de Cambiemos debe atribuirse a la visión del país que ha sabido articular para sus seguidores. Nos dicen: es el futuro que promete el que alimenta su caudal electoral. En contraposición, señalan que el kirchnerismo y otras fuerzas opositoras de izquierda solo tienen para ofrecer a la ciudadanía una épica de resistencia que se ha demostrado incapaz de colmar nuestros anhelos de convertirnos en un "país serio", un "par inter pares".  

Dice esta interpretación: es cierto, el kirchnerismo y otros actores que conformaron su “alianza” inarticulada, supieron ilusionar al electorado, pero el erotismo político se ha perdido y ahora solo quedan los restos de una pasión dormida que se alimenta con símbolos que rememoran sus mejores días de manera caricaturesca. 

Dos elementos parecen desmentir esta lectura. Para empezar, más allá del cotillón mediático sobre el cual Cambiemos construye su “felicidad” futura, el estado de ánimo del país en su cotidianeidad se asemeja a una resistencia pasiva o "mero aguante" ante una realidad económica y social que paraliza, entristece y desespera. 

A ese decidido deterioro de la ilusión, el macrismo duro responde exacerbando el conflicto para ponerlo en punto de ebullición, donde el revanchismo y el odio cobran forma. La violencia política es parte de nuestra realidad nacional. Las detenciones ilegales y desapariciones forzadas ya no forman parte de nuestra imaginación desbordada, son un hecho de la realidad. Y la negación por parte del Estado de estos crímenes y abusos es una prueba fehaciente de su efectividad.

En segundo término, aunque semioculta por la exacerbación del simulacro mediático-institucional, el kirchnerismo y otras fuerzas políticas de izquierda que articulan la oposición real en la presente coyuntura, tienen tras de sí una destacable y valiosa tradición nutrida en una centenaria historia “progresista y revolucionaria”: la de los derechos humanos. 

Los derechos humanos de los de abajo

Con ello no me refiero a los dispositivos habituales que utilizan los poderosos para perseguir y estigmatizar a sus enemigos en el plano internacional, sino a los derechos humanos de los de abajo, los cuales son, ni más ni menos, que un programa político de resistencia, pero también de futuro, una confluencia de visiones que asumen la libertad, la igualdad y la solidaridad fraterna como horizonte de sentido político, y en el plano internacional, contra la vergonzante apuesta por estimular nuestras relaciones carnales con un régimen xenófobo como la actual administración Trump, una globalización  alternativa a la que pretende el 1%, con la complicidad de amplios sectores de la población cooptados por la frivolidad y el simulacro de eso que hoy se anuncia o se denuncia como la “posverdad.”

lunes, 14 de agosto de 2017

LA VIDA PRIVADA DE LAS PLANTAS

Angelus Novus
A Cora y Pato (invisibles)


¿Dónde echarán raíces nuestros sueños? 
¿En la grieta apretada en la que nos asfixiamos, 
atrapados entre los extremos de razones de piedra? 
¿O quizá sea la superficie desolada del asfalto el refugio para enfrentar el luto, 
donde la simiente se vuelve infértil y la tierra prometida desierto de las almas? 
¿Dónde echarán raíces nuestros hijos? 
¿En el vacío que deja lo irreconciliable en la historia geológica de nuestro crisol de heridas, 
en la muerte y su repetición infinita, 
maldición de una tierra que en sus constelaciones vuelve a verse a sí misma asesina y suicida? 
¿Dónde encontraremos la paz que el árbol exige al cielo cuando cierra los ojos y respira? 
¿Serán nuestras ilusiones cerrada resistencia, 
resistencia empecinada y tozuda, 
pura y absoluta resistencia, 
sorda resistencia de las almas en pena, 
resistencia silenciosa en medio del escándalo que ofrece la avalancha de voces ilegibles que nos rodea, 
convertidas en viento huracanado,
 arrastrándonos, 
como al Angelus Novus, 
a otro ciclo trágico, desmemoria y olvidos?

jueves, 10 de agosto de 2017

APARICIÓN CON VIDA

En las fotografías, (1) el periodista y productor Jorge Lanata, uno de los artífices de la grieta cultural en argentina, y (2) Santiago Maldonado, el joven desaparecido hace 9 días por las fuerzas de seguridad del Estado con complicidad del gobierno de Mauricio Macri durante un acto represivo contra campamentos mapuches que ocupan tierras de la multinacional Benetton.  


El otro día, por curiosidad, revisaba algunos de los muros de Facebook de alguna gente que conocí en Argentina cuando regresé al país durante la última presidencia de Cristina Fernández. Algunas de esas personas militaban de manera vociferante contra el gobierno kirchnerista, y no dudaban al atacarlo en utilizar epítetos que hacían sonrojar a los ciudadanos más equilibrados emocionalmente.

La jerga lanatista convirtió al kirchnerismo y a los kircheristas en los más corruptos y degenerados espécimenes de ese "crisol de razas" que pretendió ser la Argentina. Sin embargo, entre la diversidad de tipos humanos, el kirchnerista fue convertido en "judío", una excrecencia, una cucaracha. Muchos los llamaban Kukas y animaban a "exterminarlos", silenciarlos o hacerlos desaparecer del espacio público.

El periodista Jorge Fernández Díaz del diario La Nación llegó a considerarlos "jihadistas" y al presidente Macri quien nos había salvado de la destrucción terrorista. Por consiguiente, todos los ingredientes que convocan al odio y el ejercicio de simulacro intelectual estuvieron a la mano de los militantes de Cambiemos y sus simpatizantes para hacer de cuenta que Argentina va a mejor.

Sin embargo, en el país en el que hoy se ha convertido la Argentina no hay mucho espacio para las alegrías, excepto para estos necios que consumen los productos enlatados de los medios o a los egoístas que se han alimentado con la sangre de los más humildes y las clases medias ascendentes ahora convertidas en moneda de cambio del nuevo orden nacional, regimentado, jerárquico y meritocrático que nos propone Macri y acompañantes. Un país en guerra consigo mismo, un país fraticida.

No hay ninguna variable económica que haya mejorado, sino todo lo contrario. Socialmente, el desempleo, la pobreza y la indigencia nos ha regresado a los peores registros que creíamos en vías de superación. No hay una mejora en la convivencia social, sino que se ha acrecentado la distancia entre los argentinos. Política e institucionalmente el país vive una época de clara excepcionalidad y arbitrariedad autoritaria.

Hay persecusión de opositores, utilización flagrantemente ilegal de las instituciones justiciales y las fuerzas coercitivas del estado para perseguir a los contrincantes políticos, encarcelarlos y, ahora también, hacerlos desaparecer de manera forzada. El caso de Santiago Maldonado es un punto de inflexión sin retorno.

La gente que conocí ya no se queja ni le pone voz en su muro a las injusticias. Festejan el cambio o se hacen los distraídos.

En una primera etapa del gobierno abundaban en facebook las fotos de "perritos y gatitos" en los muros, o el tipo de fotitos familiares o veraniegas estilo "desayuno criollita". Ahora las referencias son a una espiritualidad quietista y superficial que promueven los enviados de lamas y otros gurúes aliados, muchas veces aliados inconscientes del neoconservadurismo neoliberal que domina el orbe.

Como sus padres (o ellos mismos si tienen edad suficiente) repiten la historia que reproducen todos los libros de historia, todas las novelas y las películas edificantes, las de aquellos que encarnan eso que la filósofa Hannah Arendt llamó de manera controvertida "la banalidad del mal" y de la que luego aclaró, "no es estupidez sino más bien una sistemática incapacidad para pensar."

lunes, 17 de julio de 2017

¿QUÉ SE PROPONE EL "CÍRCULO ROJO" DEL MACRISMO?


María Graciela Rodríguez se preguntaba hace unos minutos en su muro de Facebook:  "¿Cómo explicar hacia dónde va el macrismo?"

La pregunta es pertinente y la necesidad de articular una respuesta, urgente. Las razones son obvias. Las microfísicas de la política macrista tiende a producir desconcierto en la mayoría (incluidos sus propias bases que se ven empujadas a defender lo indefendible, las mofas en unos cuantos, y el desasiego de todos los que las padecemos. Este desconcierto, ingenuidad y desasosiego es funcional al modelo que se propone, debido a que utiliza la desorientación (el desorden) para imponer un nuevo orden.

Lo que sigue es mi respuesta provisional a la pregunta de María Graciela Rodríguez. 


Mercado global, gubernamentalidad neoliberal


Estoy convencido que al macrismo no le interesa la consolidación de una burguesía nacional. Por el contrario, parece decidido a barrer definitivamente con las condiciones de existencia de una industria nacional y un mercado interno que la sostenga. En el imaginario macrista, es necesario sacrificar un mercado acotado de 40.000.000 de argentinos en pos de acceder de manera competitiva a un mercado de 7.000.000.000. Eso si, ofreciendo el producto de una economía reprimarizada en una época en la cual los precios de los recursos primarios vuelven a hacer saborear por anticipado a las grandes corporaciones suculentos beneficios. 

Por ese motivo, parece que la inversión de esfuerzos del gobierno está dirigido a la reconversión de la economía: importar productos y servicios del exterior, hambrear a la población local, destinando los productos locales al mercado exportador. Esto puede realizarse debido gracias a las ventajas monopólicas que poseen las corporaciones locales (que el gobierno alienta) decididas a  transformarse en actoras relevantes en el selecto mercado global que maneja los recursos básicos de la humanidad: energía, alimentos, agua potable, minerales y tecnologías de la información, etc. Todas las políticas de Macri parecen dirigidas a lograr ese propósito.

Ese mercado tiene una dinámica de guerra abierta y despiadada. Es instrínsecamente caníbal. La competencia es feroz, criminal, y la moneda de cambio son las poblaciones que deben ser remodeladas a través de instrumentos político-culturales específicos en cada escenario para encajar en un modelo de tipo confuciano de intercambio (una nueva jerarquización meritocrática que viene a reemplazar los residuos liberal-socialistas de derechos [humanos] que están en la base de nuestras narraciones políticas). 

Eso no significa que nuestras sociedades no puedan adoptar formalidades democráticas. Sin embargo, lo harán en escenarios en los cuales el campo popular será progresivamente esterilizado o se volverá impotente en su afán de reconocimiento y redistribución debido a las nuevas normatividades impuestas por el ejecutivo en forma de regulaciones administrativa, y el poder legislativo en su ejercicio de mutación legal orientado a facilitar la nueva gubernamentalidad neoliberal.   


Hipermodernismo


El macrismo, a diferencia de otras fuerzas políticas nacionales, se ve a sí mismo como representante de esa hipermodernidad global corporativa, se entiende a sí mismo como un actor en ese marco. Su aparencia "provinciana" (su argentinidad) es ilusoria. Debe ser leída como meramente circunstancial y oportunista. Argentina es para el macrismo puro (su "círculo rojo") un trampolín para la conquista del escenario global. 

Eso significa que el éxito político del macrismo de ningún modo puede entender como equivalente al éxito de la Argentina. Serán (y están siendo) las corporaciones de raigambre local (el propio grupo Macri en primer término, y otros armados de negocios como el Grupo Clarín, los que se beneficiarán  (se están beneficiando) con el cambio, el cual les permite (les está permitiendo) competir globalmente gracias a la ventaja significativa que supone el haber logrado apropiarse directa o indirectamente de los recursos del Estado y los recursos comunes (agua, tierra, energía, minerales, tecnología comunicacional, etc.) y de sus instituciones de proyección regional, que lo convierten en una fuerza geopolítica destacada. 

De allí que el imaginario que el macrismo puede articular de sí mismo (sin hipocresía) es notable (y hasta cierto punto veraz). El macrismo se entiende a sí mismo como una fuerza modernizadora, y proyecta a su presidente como una suerte de héroe o visionario dispuesto a realizar los sacrificios que impone ese modelo (sin reparar en costos). Macri piensa a Argentina como un entramado societario, corporativo y no como una nación-estado. 

No hace falta decirlo, un plan de estas características no es descabellado, aunque sea perverso y peligroso para todos nosotros, porque pasamos de ser ciudadanos a convertirnos en carne de cañón del poder. 


El espejo de Europa


Pienso en los nuevos Estados de la Europa del sur de la Unión como ejemplos de esa dinámica: 

  1. la soberanía es delegada en los temas centrales (el poder lo tiene la troika): en las elecciones la población discute políticas que no está en sus manos modificar; 
  2. los partidos políticos juegan la pantomima del soberano, aunque en realidad son meros cohortes de capataces al servicio del poder corporativo que, al estar fragmentado y en guerra fratricida,  
  3. impone a las poblaciones una experiencia de ansiedad y ajuste perpetuo que va destruyendo el tejido social e imponiendo una lógica de pura competencia en todas las dimensiones de la vida que, en un espiral vicioso, profundiza el socavamiento de las lógicas democráticas de la libertad, la igualdad y la fraternidad.