jueves, 17 de agosto de 2017

LOS DERECHOS HUMANOS COMO PROGRAMA POLÍTICO

Mujeres mapuches (Fuente: Wikipedia). 

¿El fin(al) de los derechos humanos?

Hace algunos meses, cuando aún se vivía entre los votantes del Breixit el triunfalismo que exigía “mano dura” para enfrentar a los “burócratas de Bruselas,” la primera ministra británica Theresa May afirmó que "cambiaría las leyes que protegen los derechos humanos si se convierten en un obstáculo a la hora de luchar contra los sospechosos del terror.”

Recientemente, el Secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, haciéndose eco de declaraciones anteriores de su Presidente, Donald Trump, señaló de manera análoga que la promoción de “valores (inspirados en los derechos humanos) crea obstáculos a nuestra habilidad para lograr cumplir con nuestros intereses en términos de seguridad nacional y desarrollo económico.” 

Las declaraciones de Macri, sus ministros, funcionarios y voceros mediáticos van en una dirección análoga. Las declaraciones pioneras de Macri son replicadas produciendo un efecto “derrame” en la sociedad que se derechiza aceleradamente asumiendo como propios los discursos que empoderan a las fuerzas de seguridad y a la justicia de los tribunales para enfrentar con creciente indiferencia hacia los derechos básicos a aquellos señalados como hipotéticos enemigos interiores. 

El color de tu piel

La “extranjerización” del pobre y del delincuente es una figura común en nuestro espacio público que incluye a quien efectivamente delinque, pero también a quien defiende sus derechos portando de manera desvergonzada un rostro cuya coloración no condice con el imaginario de quienes detentan el poder o se identifican con el mismo. 

También es habitual tratar delitos como el narcotráfico como maldiciones que nos vienen de fuera, especialmente de otros países de la región que sirven de contraste a la marcada preferencia del votante medio del PRO por los especímenes del Norte Global.  En el colmo de la tergiversación histórica y la tomadura de pelo, la figura del indio tehuelche como indio de estirpe nacional, y el mapuche como terrorista internacional se hace eco de este imaginario perverso. 

En este sentido, la distancia entre (i) los supremacistas blancos que despliegan su violencia en las calles de Virginia, o (ii) los activistas xenófobos que hoy impiden los salvatajes marítimos de los migrantes africanos “musulmanes” en las costas del Mediterráneo, con (iii) la persecución física y mediática de los pueblos vulnerables que los herederos de Roca han convertido en el nuevo objetivo que embandera al gorilismo argentino, es solo circunstancial. En el fondo se trata de una misma herencia colonial, imperialista y neoliberal que impone a sangre fuego el status quo sobre los pueblos y los individuos que no se acomodan a los intereses e imaginarios que las élites promueven.  

Programas políticos

Algunos periodistas insisten en la siguiente interpretación. El éxito electoral de Cambiemos debe atribuirse a la visión del país que ha sabido articular para sus seguidores. Nos dicen: es el futuro que promete el que alimenta su caudal electoral. En contraposición, señalan que el kirchnerismo y otras fuerzas opositoras de izquierda solo tienen para ofrecer a la ciudadanía una épica de resistencia que se ha demostrado incapaz de colmar nuestros anhelos de convertirnos en un "país serio", un "par inter pares".  

Dice esta interpretación: es cierto, el kirchnerismo y otros actores que conformaron su “alianza” inarticulada, supieron ilusionar al electorado, pero el erotismo político se ha perdido y ahora solo quedan los restos de una pasión dormida que se alimenta con símbolos que rememoran sus mejores días de manera caricaturesca. 

Dos elementos parecen desmentir esta lectura. Para empezar, más allá del cotillón mediático sobre el cual Cambiemos construye su “felicidad” futura, el estado de ánimo del país en su cotidianeidad se asemeja a una resistencia pasiva o "mero aguante" ante una realidad económica y social que paraliza, entristece y desespera. 

A ese decidido deterioro de la ilusión, el macrismo duro responde exacerbando el conflicto para ponerlo en punto de ebullición, donde el revanchismo y el odio cobran forma. La violencia política es parte de nuestra realidad nacional. Las detenciones ilegales y desapariciones forzadas ya no forman parte de nuestra imaginación desbordada, son un hecho de la realidad. Y la negación por parte del Estado de estos crímenes y abusos es una prueba fehaciente de su efectividad.

En segundo término, aunque semioculta por la exacerbación del simulacro mediático-institucional, el kirchnerismo y otras fuerzas políticas de izquierda que articulan la oposición real en la presente coyuntura, tienen tras de sí una destacable y valiosa tradición nutrida en una centenaria historia “progresista y revolucionaria”: la de los derechos humanos. 

Los derechos humanos de los de abajo

Con ello no me refiero a los dispositivos habituales que utilizan los poderosos para perseguir y estigmatizar a sus enemigos en el plano internacional, sino a los derechos humanos de los de abajo, los cuales son, ni más ni menos, que un programa político de resistencia, pero también de futuro, una confluencia de visiones que asumen la libertad, la igualdad y la solidaridad fraterna como horizonte de sentido político, y en el plano internacional, contra la vergonzante apuesta por estimular nuestras relaciones carnales con un régimen xenófobo como la actual administración Trump, una globalización  alternativa a la que pretende el 1%, con la complicidad de amplios sectores de la población cooptados por la frivolidad y el simulacro de eso que hoy se anuncia o se denuncia como la “posverdad.”

lunes, 14 de agosto de 2017

LA VIDA PRIVADA DE LAS PLANTAS

Angelus Novus
A Cora y Pato (invisibles)


¿Dónde echarán raíces nuestros sueños? 
¿En la grieta apretada en la que nos asfixiamos, 
atrapados entre los extremos de razones de piedra? 
¿O quizá sea la superficie desolada del asfalto el refugio para enfrentar el luto, 
donde la simiente se vuelve infértil y la tierra prometida desierto de las almas? 
¿Dónde echarán raíces nuestros hijos? 
¿En el vacío que deja lo irreconciliable en la historia geológica de nuestro crisol de heridas, 
en la muerte y su repetición infinita, 
maldición de una tierra que en sus constelaciones vuelve a verse a sí misma asesina y suicida? 
¿Dónde encontraremos la paz que el árbol exige al cielo cuando cierra los ojos y respira? 
¿Serán nuestras ilusiones cerrada resistencia, 
resistencia empecinada y tozuda, 
pura y absoluta resistencia, 
sorda resistencia de las almas en pena, 
resistencia silenciosa en medio del escándalo que ofrece la avalancha de voces ilegibles que nos rodea, 
convertidas en viento huracanado,
 arrastrándonos, 
como al Angelus Novus, 
a otro ciclo trágico, desmemoria y olvidos?

jueves, 10 de agosto de 2017

APARICIÓN CON VIDA

En las fotografías, (1) el periodista y productor Jorge Lanata, uno de los artífices de la grieta cultural en argentina, y (2) Santiago Maldonado, el joven desaparecido hace 9 días por las fuerzas de seguridad del Estado con complicidad del gobierno de Mauricio Macri durante un acto represivo contra campamentos mapuches que ocupan tierras de la multinacional Benetton.  


El otro día, por curiosidad, revisaba algunos de los muros de Facebook de alguna gente que conocí en Argentina cuando regresé al país durante la última presidencia de Cristina Fernández. Algunas de esas personas militaban de manera vociferante contra el gobierno kirchnerista, y no dudaban al atacarlo en utilizar epítetos que hacían sonrojar a los ciudadanos más equilibrados emocionalmente.

La jerga lanatista convirtió al kirchnerismo y a los kircheristas en los más corruptos y degenerados espécimenes de ese "crisol de razas" que pretendió ser la Argentina. Sin embargo, entre la diversidad de tipos humanos, el kirchnerista fue convertido en "judío", una excrecencia, una cucaracha. Muchos los llamaban Kukas y animaban a "exterminarlos", silenciarlos o hacerlos desaparecer del espacio público.

El periodista Jorge Fernández Díaz del diario La Nación llegó a considerarlos "jihadistas" y al presidente Macri quien nos había salvado de la destrucción terrorista. Por consiguiente, todos los ingredientes que convocan al odio y el ejercicio de simulacro intelectual estuvieron a la mano de los militantes de Cambiemos y sus simpatizantes para hacer de cuenta que Argentina va a mejor.

Sin embargo, en el país en el que hoy se ha convertido la Argentina no hay mucho espacio para las alegrías, excepto para estos necios que consumen los productos enlatados de los medios o a los egoístas que se han alimentado con la sangre de los más humildes y las clases medias ascendentes ahora convertidas en moneda de cambio del nuevo orden nacional, regimentado, jerárquico y meritocrático que nos propone Macri y acompañantes. Un país en guerra consigo mismo, un país fraticida.

No hay ninguna variable económica que haya mejorado, sino todo lo contrario. Socialmente, el desempleo, la pobreza y la indigencia nos ha regresado a los peores registros que creíamos en vías de superación. No hay una mejora en la convivencia social, sino que se ha acrecentado la distancia entre los argentinos. Política e institucionalmente el país vive una época de clara excepcionalidad y arbitrariedad autoritaria.

Hay persecusión de opositores, utilización flagrantemente ilegal de las instituciones justiciales y las fuerzas coercitivas del estado para perseguir a los contrincantes políticos, encarcelarlos y, ahora también, hacerlos desaparecer de manera forzada. El caso de Santiago Maldonado es un punto de inflexión sin retorno.

La gente que conocí ya no se queja ni le pone voz en su muro a las injusticias. Festejan el cambio o se hacen los distraídos.

En una primera etapa del gobierno abundaban en facebook las fotos de "perritos y gatitos" en los muros, o el tipo de fotitos familiares o veraniegas estilo "desayuno criollita". Ahora las referencias son a una espiritualidad quietista y superficial que promueven los enviados de lamas y otros gurúes aliados, muchas veces aliados inconscientes del neoconservadurismo neoliberal que domina el orbe.

Como sus padres (o ellos mismos si tienen edad suficiente) repiten la historia que reproducen todos los libros de historia, todas las novelas y las películas edificantes, las de aquellos que encarnan eso que la filósofa Hannah Arendt llamó de manera controvertida "la banalidad del mal" y de la que luego aclaró, "no es estupidez sino más bien una sistemática incapacidad para pensar."

lunes, 17 de julio de 2017

¿QUÉ SE PROPONE EL "CÍRCULO ROJO" DEL MACRISMO?


María Graciela Rodríguez se preguntaba hace unos minutos en su muro de Facebook:  "¿Cómo explicar hacia dónde va el macrismo?"

La pregunta es pertinente y la necesidad de articular una respuesta, urgente. Las razones son obvias. Las microfísicas de la política macrista tiende a producir desconcierto en la mayoría (incluidos sus propias bases que se ven empujadas a defender lo indefendible, las mofas en unos cuantos, y el desasiego de todos los que las padecemos. Este desconcierto, ingenuidad y desasosiego es funcional al modelo que se propone, debido a que utiliza la desorientación (el desorden) para imponer un nuevo orden.

Lo que sigue es mi respuesta provisional a la pregunta de María Graciela Rodríguez. 


Mercado global, gubernamentalidad neoliberal


Estoy convencido que al macrismo no le interesa la consolidación de una burguesía nacional. Por el contrario, parece decidido a barrer definitivamente con las condiciones de existencia de una industria nacional y un mercado interno que la sostenga. En el imaginario macrista, es necesario sacrificar un mercado acotado de 40.000.000 de argentinos en pos de acceder de manera competitiva a un mercado de 7.000.000.000. Eso si, ofreciendo el producto de una economía reprimarizada en una época en la cual los precios de los recursos primarios vuelven a hacer saborear por anticipado a las grandes corporaciones suculentos beneficios. 

Por ese motivo, parece que la inversión de esfuerzos del gobierno está dirigido a la reconversión de la economía: importar productos y servicios del exterior, hambrear a la población local, destinando los productos locales al mercado exportador. Esto puede realizarse debido gracias a las ventajas monopólicas que poseen las corporaciones locales (que el gobierno alienta) decididas a  transformarse en actoras relevantes en el selecto mercado global que maneja los recursos básicos de la humanidad: energía, alimentos, agua potable, minerales y tecnologías de la información, etc. Todas las políticas de Macri parecen dirigidas a lograr ese propósito.

Ese mercado tiene una dinámica de guerra abierta y despiadada. Es instrínsecamente caníbal. La competencia es feroz, criminal, y la moneda de cambio son las poblaciones que deben ser remodeladas a través de instrumentos político-culturales específicos en cada escenario para encajar en un modelo de tipo confuciano de intercambio (una nueva jerarquización meritocrática que viene a reemplazar los residuos liberal-socialistas de derechos [humanos] que están en la base de nuestras narraciones políticas). 

Eso no significa que nuestras sociedades no puedan adoptar formalidades democráticas. Sin embargo, lo harán en escenarios en los cuales el campo popular será progresivamente esterilizado o se volverá impotente en su afán de reconocimiento y redistribución debido a las nuevas normatividades impuestas por el ejecutivo en forma de regulaciones administrativa, y el poder legislativo en su ejercicio de mutación legal orientado a facilitar la nueva gubernamentalidad neoliberal.   


Hipermodernismo


El macrismo, a diferencia de otras fuerzas políticas nacionales, se ve a sí mismo como representante de esa hipermodernidad global corporativa, se entiende a sí mismo como un actor en ese marco. Su aparencia "provinciana" (su argentinidad) es ilusoria. Debe ser leída como meramente circunstancial y oportunista. Argentina es para el macrismo puro (su "círculo rojo") un trampolín para la conquista del escenario global. 

Eso significa que el éxito político del macrismo de ningún modo puede entender como equivalente al éxito de la Argentina. Serán (y están siendo) las corporaciones de raigambre local (el propio grupo Macri en primer término, y otros armados de negocios como el Grupo Clarín, los que se beneficiarán  (se están beneficiando) con el cambio, el cual les permite (les está permitiendo) competir globalmente gracias a la ventaja significativa que supone el haber logrado apropiarse directa o indirectamente de los recursos del Estado y los recursos comunes (agua, tierra, energía, minerales, tecnología comunicacional, etc.) y de sus instituciones de proyección regional, que lo convierten en una fuerza geopolítica destacada. 

De allí que el imaginario que el macrismo puede articular de sí mismo (sin hipocresía) es notable (y hasta cierto punto veraz). El macrismo se entiende a sí mismo como una fuerza modernizadora, y proyecta a su presidente como una suerte de héroe o visionario dispuesto a realizar los sacrificios que impone ese modelo (sin reparar en costos). Macri piensa a Argentina como un entramado societario, corporativo y no como una nación-estado. 

No hace falta decirlo, un plan de estas características no es descabellado, aunque sea perverso y peligroso para todos nosotros, porque pasamos de ser ciudadanos a convertirnos en carne de cañón del poder. 


El espejo de Europa


Pienso en los nuevos Estados de la Europa del sur de la Unión como ejemplos de esa dinámica: 

  1. la soberanía es delegada en los temas centrales (el poder lo tiene la troika): en las elecciones la población discute políticas que no está en sus manos modificar; 
  2. los partidos políticos juegan la pantomima del soberano, aunque en realidad son meros cohortes de capataces al servicio del poder corporativo que, al estar fragmentado y en guerra fratricida,  
  3. impone a las poblaciones una experiencia de ansiedad y ajuste perpetuo que va destruyendo el tejido social e imponiendo una lógica de pura competencia en todas las dimensiones de la vida que, en un espiral vicioso, profundiza el socavamiento de las lógicas democráticas de la libertad, la igualdad y la fraternidad.  

sábado, 15 de julio de 2017

ELYSIUM. ¿EL SILENCIO (ESPIRITUAL) ES SALUD?

Fotograma de la película Elysium.


Una visita a Elysium


Imaginemos una sociedad como la que se describe en la película estadounidense Elysium, dirigida por Neill Blomkamp y protagonizada, entre otros, por Matt Damon y Jodie Foster. Recordemos el escenario que nos plantea el film futurista. El planeta Tierra está superpoblado, sufre las consecuencias de la masificación extrema y la contaminación. Los habitantes de la Tierra están sometidos a la voluntad de las élites de Elysium, un barrio cerrado, entorno espacial, en el cual se refugian los humanos privilegiados que se han beneficiado de un modelo económico a través del cual han logrado, gracias al avance tecnológico, construir un hábitat seguro y un sistema sanitario que los protege de la enfermedad y los peligros del deterioro medioambiental, y de la violencia que produce la injusticia, promoviendo una vida cuasi-inmortal.

La población de Elysium, protegida por fuerzas de seguridad robotizadas, está inmersa en una vida de goces hedónicos y culturales, indiferente a la suerte de quienes viven fuera de su hábitat. El entretenimiento y la espiritualidad les permite vivir de espaldas al mundo del cual son ineludiblemente dependientes (mano de obra barata y recursos naturales indispensables). 


Sin embargo, se ha desatado una crisis (no se especifica en el film, pero se deja entrever que es multidimensional: financiera, económica y social – los inmigrantes y el descontento en la Tierra es uno de los factores determinantes) que amenaza la sustentabilidad del estilo de vida que promueve Elysium para sus habitantes.

Sabemos que la política de Elysium se ha caracterizado por la paradójica combinación de (1) una concertada estrategia de explotación indiscriminada de los recursos humanos y materiales de la Tierra que se ha traducido en una dolorosa desigualdad; y (2) un cínico compromiso con los derechos humanos que hace las veces de autocomprensión identitaria de los habitantes de Elysium, quienes a través de ese relato de libertad y respeto a la justicia pueden justificar su estilo de vida frente a la barbarie, delincuencia y terrorismo que los rodea.

Pero las circunstancias dejan al descubierto la superficialidad de ese compromiso cuando Jessica Delacourt (Jodie Foster), quien encarna a una política “realista” dispuesta a convertirse en una “mano de hierro”, decide violar las normas institucionales aliándose con John Carlyle (William Fichtner), CEO de la empresa Armadyne – la cual provee en carácter de contratista los servicios del Estado – para imponer una dictadura que le permita aplastar la rebelión de pobres e inmigrantes sin dar cuenta de sus actos, en una suerte de estado de excepción.

En muchos sentidos, la película es una fiel ilustración de nuestra coyuntura global: (1) un mundo caracterizado por la desigualdad extrema, cuyo equilibrio y gubernamentalidad se funda en una afilada política de seguridad represiva basada en la enorme ventaja tecnológica de los poderosos; (2) la existencia de una élite social y económica protegida por políticos tecnocráticos que defienden sus intereses, cuya legitimidad se construye a través de un compromiso de boquilla (siempre revisable en función de otras prioridades prácticas) con los derechos humanos; y (3) una ciudadanía privilegiada absorta en sus propios goces de consumo y espiritualidad.

La Argentina consumista y espiritual


Ahora bien, lo que me interesa en esta nota es pensar en este último punto, con el fin de establecer la complicidad manifiesta de esa ciudadanía absorta en sus goces hedónicos, materiales y espirituales, en la injusticia, la violencia y la exclusión que conlleva el empecinamiento por mantener su estilo de vida.

Para empezar, tenemos que cancelar la falsa distinción entre las actividades consumistas consideradas mundanas, el goce de placeres sensoriales a los que accedemos a través del dinero, u otros goces más sofisticados como el que nos provee el arte o la espiritualidad cuando son interpretados como vías de acceso a horizontes de belleza y de libertad (entendidas en ambos casos de manera filistea) que en realidad suponen una suerte de “huida del mundo”.

Cuando la ciudadanía se convierte en mera población consumista, la distinción entre (1) la alienación que supone el acceso a los bienes de lujo (acompañada de la falsa experiencia de libertad que nos provee nuestra capacidad de compra) y (2) la alienación que trae consigo el ejercicio espiritual de “huida del mundo” (acompañada de la falsa experiencia de libertad que nos provee la capacidad de “fortalecernos” en nuestra “interioridad”), resulta superficial.

El escenario que propongo donde probar mis hipótesis es la Argentina contemporánea. Cualquier otro lugar del mundo serviría para mis propósitos. Sin embargo, la utilización de la Argentina actual como escenario de constatación tiene algunas evidentes ventajas.

Los paralelismos con el mundo imaginario de Elysium son notorias. Por un lado, la desigualdad crónica que aqueja al país, especialmente a partir de mediados de la década de 1970, cuando la dictadura militar dio comienzo a un programa de neoliberalización de la economía inspirado en los llamados “Chicago Boys” que necesariamente iba acompañada de la destrucción del tejido social con el fin de facilitar su imposición, una sistemática estrategia genocida de desaparición de personas, apropiación de niños y exclusión masiva (con deportaciones forzadas de inmigrantes incluidas, con complicidad de otras dictaduras latinoamericanas de la época que compartían su mismo sesgo ideológico). El gobierno de Mauricio Macri es heredero de esa tradición, que volvió a imponerse, puesta al día, durante el menemismo y el delarruismo y que ahora regresa al país con el mismo beneplácito de una parte de la ciudadanía que aplaudió los tanques, festejó la reelección del Menem ucedeista y votó masivamente a la Alianza llevando al país a la debacle del 2001.

En segundo término, también es notoria la existencia en nuestro país desde la recuperación de la democracia, de una élite política y social que ha intentado minimizar o resistir las políticas más extremas de explotación y exclusión, armada con la retórica de los derechos humanos, entendidos estos en el marco de la justicia social y una representatividad política ampliada. Esta política “humanitaria”, comprometida con el reconocimiento, la redistribución y la representación, ha mostrado sin embargo su fragilidad (e incluso su superficialidad material) al perder las últimas elecciones de 2015 debido al programa de mínimos que presentó en aquella ocasión que fue incapaz de seducir a una ciudadanía cooptada por un malestar de época, y la promesa mentirosa dirigida a las clases medias (hasta ese momento ascendente) ilusionadas con la perspectiva de acceder a Elysium, para luego constatar que su destino era en realidad ser arrojadas a las alcantarillas de una Tierra contaminada y violenta.

La espiritualidad como "huida del mundo"

Al consumo de viajes y bienes que enloquece a quienes han sobrevivido el ajuste se suma la pasión espiritual de autoayuda e “inversión” interior. Los argentinos que se benefician con la crisis o aquellos que aún se mantienen a flote y a quienes favorece un "mercado cambiario atrasado”, quieren blindar sus almas frente a la inmundicia, injusticia y violencia que los rodea. La meditación y el yoga se han convertido en una oferta atractiva para un electorado obligado a concurrir a las urnas por las leyes, que prefiere vivir de manera apolítica.

La meditación y el yoga prometen a sus practicantes amateurs descubrir el mundo interior. Los más avanzados practicantes sostienen exactamente lo contrario: la interioridad es una construcción egocéntrica que debe ser desmantelada para que podamos regresar al mundo.

Sin embargo, con la superficialidad que caracteriza nuestra cultura de masas, las técnicas espirituales son reconvertidas en herramientas de “fortalecimiento” de los egos, con el fin de proteger a los privilegiados de la sucia tarea de confrontar la ilegitimidad de sus estilos de vida en vista a la desigualdad y exclusión que supone su diferencia.

El carácter antipolítico, antidemocrático de la espiritualidad que se asume acríticamente ha sido constatada recientemente entre los adeptos estadounidenses a la cultura asiática del cuidado de sí, que han descubierto espantados que su arrogante indiferencia ante el mundo, lindaba con la complicidad en la emergencia de un nuevo fascismo.

Wittgenstein mostró que lo que no puede decirse no debería decirse de ningún modo, dando a entender que debemos estar abiertos a la escucha. El compositor estadounidense John Cage, en el segundo movimiento de su obra 4’ 33’’ (originalmente conocido como 0'00'') muestra que el silencio tiene una enorme cualidad expresiva, la que da lugar a la expresión de lo otro. 

En esa dirección, mi pregunta a los consumidores privilegiados y a los espirituales de la nueva ola que hoy se refugian silenciosos tras las murallas con las cuales protegen sus transitorias interioridades del barullo y la injusticia del mundo que los rodea: 

¿Qué dice vuestro silencio? ¿Dice “salud”? ¿O permite la escucha del llanto de los que sufren?

jueves, 13 de julio de 2017

EL ENEMIGO ES EL PUEBLO.

Lula, fichado por las DOPS en 1980, después de las huelgas lideradas por el sindicalista.

Encarcelar a un pueblo

Inácio Lula da Silva fue condenado por un tribunal de primera instancia a 9 años y medio de prisión. La condena está basada en escasas pruebas y sospechosos procedimientos. La decisión pone en suspenso la posibilidad de un cambio político en el país a través de un genuino proceso eleccionario. Lula, el candidato favorito según todas las encuestas para las próximas elecciones, enemigo declarado del poder fáctico, ha sido convertido por la justicia, en un proceso viciado, en un proscrito político. 

Después de la destitución de Dilma Rousseff a través de un golpe judicial-parlamentario, y la evidencia que supone la implementación del programa político que lleva a cabo el actual presidente, se desnuda la estrategia corporativa en el país. 

La democracia real no sienta bien a las élites neoliberales. Lo constatamos diariamente en Europa, y también en otros lugares del planeta donde los gobiernos autoritarios (de facto o de iure) acompañan las políticas regresivas en términos de derechos sociales, económicos y medioambientales (recortes a los derechos de los más vulnerables; destrucción del poder sindical e implementación de políticas laborales que violan de manera directa los derechos laborales básicos; apropiación de los recursos naturales comunes como la energía, los recursos mineros, las tierras y el agua, etc. por parte de las grandes corporaciones multinacionales; recortes flagrantes a las medidas de protección del medioambiente y su impacto en la población a favor del laissez faire frente a la actividad de las coporaciones en las áreas más sensibles), con flagrantes violaciones a los derechos civiles y políticos (recortes a la libertad de expresión, encarcelamiento de opositores, espionaje masivo de la población, represión brutal ante la protesta social, etc.).

Nuevos dispositivos de poder

Latinoamérica ha sido una región marcada históricamente por golpes militares y campos de concentración. Hoy la estrategia de las élites se renueva con nuevos instrumentos de dominio y explotación. La novedad es la destitución y "ejecución judicial sumaria" a sus líderes populares y sus militantes políticos y sociales que surge de una condena mediática que prepara el terreno a nivel local y global.

Con el higiénico bisturí que ofrecen las cortes judiciales neoconservadoras al servicio del proyecto neoliberal, y la acerada hegemonía del poder mediático concentrado en unas pocas manos, Latinoamérica vuelve a vivir su destino de explotación neocolonial.

Para quienes aún discuten la historia, y se niegan a reconocer la alianza civico-militar que caracerizó a los genocidios del pasado, la actual encrucijada demuestra claramente el carácter criminal de las élites del continente y sus socios internacionales.


Reforma laboral en Brasil

Mientras se condenaba a Inácio Lula de Silva en las salas de justicia, el congreso brasileño aprobaba una nueva ley laboral para el país en el cual el expresidente Lula logró la asombrosa hazaña de rescatar de la pobreza a 40.000.000 de compatriotas (numéricamente la totalidad de la población española) en un país marcado por la multidimensionalidad de sus retrasos políticos, sociales y culturales. 


La ley aprobada convierte al "proletariado" en el mercado laboral brasileño en una copia de los mercados que Occidente denuncia en China y otros países asiáticos, donde se promueve una abierta explotación humana que linda con la esclavitud. 

Algunos de los más destacados rubros de la escandalosa ley aprobada por el congreso que destituyó a Dilma con gesto de notorio autoritarismo y reivindicaciones de las dictaduras de décadas anteriores, son:
  1. Posibilidad de extender la jornada laboral a 12 horas.
  2. La creación de la nueva figura del "trabajador autónomo exclusivo", que presta servicio a un solo "patrón", pero al que no se le reconoce vínculo laboral permanente.
  3. La decisión que las convenciones colectivas de las empresas estén por encima de la legislación vigente a nivel nacional en lo que respecta a vacaciones pagas y pausas de descanso.
  4. Y la cancelación de la obligatoriedad de la sindicalización de los trabajadores. 

Los europeos y la explotación extramuros

Los diarios españoles que representan al establishment, los cuales se han llenado la boca con denuncias contra el gobierno de Nicolás Maduro y su antecesor Hugo Chávez durante años sobre violación de derechos civiles y políticos, periódicos que en los últimos años se han ocupado de festejar y promover a los gobiernos neoliberales surgidos en la última etapa, abierta o veladamente festejan la decisión del Tribunal y la nueva dirección neoliberal que el Parlamento brasileño impone al país. 

No es para menos, sus socios corporativos (las entidades financieras y empresariales con raigambre de sus sedes centrales en el país) han invertido en la recuperación del terreno perdido durante el cambio de siglo frente a los llamados gobiernos progresistas. 

Todo lo que no se "gaste" actualmente en políticas sociales favorece a los nuevos socios de los que dependen las llamadas "inversiones" que adoptarán velada o explícitamente procesos de reprivatización o inversiones basadas en la garantía de regresar al modelo de los 90 en los cuales las ganancias de las empresas españolas dependía de la pauperización de la población local. 

Todo lo que se ahorre en derechos laborales es dinero que sobra para seguir alimentando la "bicicleta financiera" que está emergiendo de manera vertiginosa como una nueva estrategia de reendeudamiento de los países periféricos. Con ello parece abrirse una nueva fase de dominio neocolonial en una época peligrosa en la que el mundo se encuentra en guerra por los recursos naturales, el dominio de la información y el blindaje institucional, y los errores de cálculo o las decisiones sesgadas condenarán a las generaciones futuras a una vulnerabilidad alarmante.

Justicia y medios en Argentina

Lo que ocurre en Brasil no es ajeno a lo que ocurre en estos días en otros países del continente. 

Como señaló la Procuradora General de Argentina, la Dra. Alejandra Gils Carbó - atacada de manera beligerante por el oficialismo que pretende poner en su lugar una persona "de su confianza" que defienda sus intereses - la persecusión política de opositores y la injerencia sistemática del gobierno en la justicia ha convertido al gobierno de Macri en una amenaza directa contra el estado de derecho. 

El silencio atronador de estas violaciones sistemáticas de los derechos fundamentales en el viejo continente, mientras prosperan las denuncias y las notas de impacto de lo que ocurre en el país caribeño conducido por Nicolás Maduro, vuelve a poner en evidencia la complicidad del establishment empresarial, académico y cultural europeo con los regimenes oprobiosos en América Latina. "Venezuela", su uso y abuso, es el único nombre que parece indignar al europeo medio. Lo cual prueba que, pese a que ha corrido mucha agua bajo el puente, Europa sigue siendo la Europa de siempre. La de la civilización autoconvencida de defender y encarnar los derechos humanos, que simultaneamente los viola sistemáticamente a través de terceros impuestos, y encuentra en la defensa hipócrita de ejemplares que su intelectualidad se encarga de universalizar, justifica su pretendida superioridad moral.  

Amparado por las grandes corporaciones mediáticas, como el grupo Clarín (al cual el gobierno de Macri ha respondido obsequiándole con todos sus caprichos, poniendo en entredicho la libertad de información de la ciudadanía) el programa de ajuste y reprimarización de la economía que impulsa el gobierno con el apoyo de la banca internacional y los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, amenaza con arrancar de raíz las conquistas democráticas que florecieron durante los últimos años. La lucha contra la corrupción se ha convertido en la justificación del saqueo concertado del estado y la destitución de la ciudadanía. 

La sospechosa avanzada judicial contra Cristina Fernández de Kirchner y otros funcionarios del gobierno kirchnerista en pleno período electoral, y el empecinamiento por no ceder frente a las presiones internacionales en lo que concierne a la detención de opositores políticos y militantes sociales como Milagro Sala, señala que lo que acontece en Brasil no debería resultar indiferente a la población argentina. 

Como ocurrió en otras épocas, las derechas regionales actúan en concierto y con el beneplácito de las derechas globales. 

viernes, 7 de julio de 2017

GLOBAL CITIZEN. EMBLEMA DE CINISMO


Mauricio Macri quería bailar y cantar, eso fue lo que dijo. Era su oportunidad para mostrar sus cualidades en estos rubros. Sin embargo, tuvo que hablar, y dijo en Hamburgo lo que difícilmente pueda defender en Buenos Aires. Habló de la educación y de la pobreza como si fuera un líder progresista, y como respuesta a su cinismo recibió una ovación por parte del ejército de privilegiados que generan riquezas alegrándole la vida a los más ricos entre los ricos, y manteniendo a raya con su cultura parlanchina a las masas empobrecidas y estresadas. 

Arropado desde el día 1 por los representantes más encumbrados del neoliberalismo europeo, quienes lo tildan aún como "una esperanza para América Latina" para enfrentar el "cuco del populismo", Macri recibe en Europa por parte de políticos y economistas, de empresarios y banqueros un espaldarazo, y la dulce melodía de los representantes de una cultura afiebrada y enclenque que se mofa de los antagonismos y espera pacientemente recuperar el privilegiado acceso al capital originario que rindió su colonialismo de antaño en el nuevo mundo, o la fabricación de sus propias favelas en el propio continente donde manufactura su excepcional plusvalía.

Después de haber creado, en apenas año y medio de gobierno, más de 1.500.000 nuevos pobres y 500.000 nuevos indigentes (según las estimaciones más simpáticas), lo cual contrasta con sus arengas apasionadas durante la campaña en pos de la "Pobreza 0"; después de haber causado despidos masivos en el Estado, estigmatizando a funcionarios y trabajadores a través del aceitado aparato mediático que lo secunda; después de haber promovido y protegido el despido masivo de trabajadores en el sector privado con números que rondan los 600.000 trabajadores, y haber atacado de manera bochornosa las paritarias (los convenios colectivos) para manufacturar una flexibilización laboral, acompañada de una completa transvaloración de la justicia en este rubro (convirtiendo a los empresarios en víctimas de los trabajadores, blindándolos ante el costo que supone para ellos los despidos o los accidentes laborales); después de haber logrado en solo 1 año y medio de gobierno aumentar el desamparo de las familias más vulnerables hasta niveles ominosos, pateándole el tablero a los jubilados, pensionados y discapacitados que se han visto del día a la noche convertidos en lacras sociales; después de haber causado estragos en el sistema de salud y la educación; y estigmatizado a los jóvenes, como delincuentes o desechables (estudiantes e investigadores); después de haber convertido las calles del país en una confrontación social permanente, militarizando a la policía y reprimiendo salvajemente a los grupos más desfavorecidos por su política económica y social que legítimamente protestan ante la embestida sin freno de un gobierno de ricos, para ricos y por los ricos; después de haber dinamitado el consenso en torno a la inmigración y nuestro encaje regional y haber regresado a la Argentina al rol de capataz de los poderes globales; después de todo esto, Macri viaja a Hamburgo y aprovecha el circo mediático para manifestarse a favor de la justicia social mientras baila el conga-conga con Shakira y otros "Global Citizen(s)", delincuentes fiscales habituales, que se desviven para ofrecer al capitalismo salvaje la cosmética que necesita para seguir sometiendo a las mayorías a sus políticas de injusticia, inequidad y completa ausencia de verdadera solidaridad. Recordemos que Shakira, por esas carambolas del destino, tiene con Argentina curiosas conexiones. Hoy baila y canta con Mauricio Macri. En el pasado lo hacía con el hijo y jefe de campaña del expresidente Fernando de la Rúa, el que huyó en helicóptero de la Casa Rosada debido a la rebelión del mismo pueblo, entonces enardecido, que lo había llevado a la presidencia. De la Rúa había impuesto un brutal programa neoliberal, era aplaudido por las élites globales, tenía en su gabinete al maestro de los actuales responsables económicos, y como su antecesor, Saul Menem, se jactaba de ser parte de la crema de la sociedad global. De la Rúa llevó a la Argentina a una crisis terminal y a un abismo institucional.

La Europa de los bancos (la Europa "real" y "realista" que hoy padecen los europeos); la Europa de los ajustes y las condonaciones masivas de deuda a la banca financiera; la Europa de la troika y de la represión; la Europa de la falsa democracia manufacturada en Bruselas; la Europa que mete miedo con el populismo, pero modela a fuego lento a la xenofobia y a la derecha retrógrada como alternativa al retorno de una pequeña cuota de redistribución de riqueza y reconocimiento; la Europa que mira con cara de perro las reivindicaciones ciudadanas; esa Europa engalanada y neocolonial está feliz con Macri y sus  políticas de ajuste y reendeudamiento que el presidente de los argentinos asume con gusto, sin contraprestación alguna por parte del Bundesbank o el Fondo Monetario Internacional, esas mismas políticas que la Europa del norte impone a sus neocolonias bárbaras y "perezosas" (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain - los famosos "PIGS").

Con su bandera de "Global Citizen" y sus 50 cuentas offshore, y su mujer elevada al trono de la frivolidad mediática, acusada de promover el "trabajo esclavo" en sus talleres de ropa para niños (Cheeky), Macri es un emblema de lo que defiende y promueve el G20, un emblema del cinismo de una globalización dispuesta a terminar con la democracia y los derechos humanos si estos ideales se convierten en un obstáculo para su agenda corporativa.

miércoles, 28 de junio de 2017

SOBRE LAS VIOLENCIAS

Foto: Luiz Vasconcelos. 

Mientras el gobierno hace negocios para que los grandes jugadores del capitalismo financiero ganen miles de millones de dólares a costa del empobrecimiento de la población presente y las generaciones futuras, fracasa la mesa de negociación establecida para fijar el salario mínimo de los argentinos. En un gesto de profundo desprecio frente a  los más desfavorecidos, el gobierno aumenta la base salarial a 10.000 pesos (la demanda era de 15.000 pesos, para acercar a la mesa de los más pobres, la canasta básica), que el gobierno acuerda a pagar a partir de ¡julio de 2018! La insensibilidad es notoria: el gobierno les asegura a los más carenciados un futuro de hambre y de penurias.

En otro rubro, se sabe que el gobierno está intentando a cualquier costo desplazar a la justicia electoral de la gestión y fiscalización electoral, poniendo en entredicho la legitimidad de las próximas elecciones de medio término en las que se plebiscita el modelo implementado por Cambiemos durante la primera mitad de su mandato. 


Vuelve entonces la palabra "fraude" a flotar en el aire, instalándose en un espacio público crispado, como señal de mal augurio. 

Primero, el gobierno intentó imponer el voto electrónico, pese a las abundantes objeciones técnicas, llegando a comprar por anticipado (en uno de los habituales negocios turbios que caracterizan a Mauricio Macri y su horda de CEOs) las terminales de votación electrónico. 

Ahora le toca el turno a la manipulación de la justicia electoral. El forcejeo es un espejo de otras interferencias institucionales del ejecutivo que desdice su supuesta intención republicana de respetar la división de poderes. El gobierno sabe que su fortaleza consiste exclusivamente en la suma de la debilidad de una oposición dividida, y el blindaje mediático que le permite comprar voluntades en su empeño por transformar a la Argentina en una economía al servicio de las élites.

Sin embargo, en lo que concierne al fraude electoral, debemos ser precavidos. Lo que nos enseña la política contemporánea es que, contrariamente a lo que piensa la izquierda tradicional, el neoliberalismo ha hecho propia una vieja ecuación: "Cuanto peor, mejor".

El desorden, el conflicto, la crisis, solo hace mella sobre los más desfavorecidos, y catapulta a los más inescrupulosos a nuevas oportunidades de negocios a través de la explotación de las mayorías. Esto es verdad en los Estados Unidos. Esto sigue siendo verdad en Europa. Ocurre en África, en Asia y en América Latina.

Más allá de las banderías políticas, la definición de la actual situación social y política por parte de la ex-presidenta Cristina Fernández es un hallazgo acertado: "Nos están desordenando la vida". Ese acto de desorden no es casual o fruto de la impericia: se promueve con el propósito de imponer un "nuevo orden". La crisis supone una oportunidad para establecer un modelo de caracter neoliberal (el estado al servicio del capital financiero) y neocolonial (la destrucción del tejido social arraigado en una cultura nacional y popular de proyección fraterna y regional).

A esta altura, y en vista de lo que está ocurriendo en otros sitios de la región, sumado al autoritarismo autista del gobierno, que más allá de los gestos, solo conoce sus propios intereses y lealtades ideológicas, es difícil (muy difícil) creer que (llegado el punto sin retorno al que conduce el ninguneo) no regrese la violencia política a la Argentina.

¿Quién será responsable de esa violencia? Las élites culturales volverán a acusar a las clases populares, a los movimientos sociales y a sus líderes, estigmatizando su imprudencia. ¿Pero hay acaso mayor imprudencia que la que hoy se comete en la Argentina por parte del gobierno?

Millones de compatriotas arrojados sin esperanza al desasosiego del desempleo y al hambre, mientras una élite económica juega en la timba financiera con el destino de nuestros nietos.

¿Hay acaso mayor violencia que el recorte sin miramientos del presupuesto destinado a las ayudas sociales y a la cobertura de derechos adquiridos (pensiones, jubilaciones, salud, educación, etc.) mientras un grupo de CEOs juega con la dignidad de millones que ven cómo sus familias, sus hijos, sus comunidades son arrojadas a la penuria de la indigencia y el delito?

Resulta cínico condenar la violencia de los pobres y los oprimidos, y luego festejar y justificar la violencia de los ricos. El gobierno sabe lo que cosecha. Por eso el presidente se blinda policial y militarmente frente a la ciudadanía, y como en otras latitudes donde se imponen programas neoliberales, el espionaje, la represión de la protesta social y la estigmatización de los líderes sociales y políticos recalcitrantes frente al nuevo espíritu del neoliberalismo, prosperan.

domingo, 18 de junio de 2017

CAMBIEMOS, CON OTRAS SIGLAS


El problema estratégico de la comunicación


Uno de los problemas más acuciantes de la política de izquierdas progresista en la Argentina de hoy gira en torno a la comunicación. 


Es posible que una afirmación de este tipo resulte desconcertante, especialmente cuando recordamos el modo en el cual la coalición gobernante, y en especial el núcleo duro del PRO, achaca a los errores comunicacionales algunas de sus hipotéticas derrotas sociales. 

El tarifazo, el 2x1, la cancelación de los subsidios a los discapacitados, todas estas y muchas otras medidas impopulares del gobierno, suscitaron una reacción bronca por parte de la sociedad. 

Los responsables de cartera en todos estos casos explicaron la reacción social refiriéndose a los problemas de comunicación que tiene el gobierno a la hora de explicar sus medidas.

Lo que se pretende es que esas medidas hubieran sido aceptadas por la gente si hubieran explicado correctamente. Cuando esta estrategia falla, se apela al reconocimiento del error y se hace marcha atrás. 

La comunicación entendida en el marco del derecho a la información

Por lo tanto, lo primero es señalar que no nos referimos a este tipo de comunicación, de carácter y propósito exclusivamente estratégico y manipulativo
. Lo que pretendemos en esta nota es otra cosa, prestar atención al derecho y necesidad de la ciudadanía a estar informada, a tener herramientas que le permita comprender el contexto y la relevancia de lo que está en juego en el debate actual en Argentina. 

A nuestro entender, lo más relevante en un mundo globalizado como el que habitamos
 es entender que lo que ocurre en la Argentina forma parte de una tendencia global. 

Ni la derrota del kirchnerismo, ni su contracara: el triunfo circunstancial del macrismo, es fruto exclusivo del complejo tejido socio-cultural, político y económico de la Argentina. Tampoco completamos la explicación atendiendo a la situación en clave regional. Lo que ocurre en Argentina es la ilustración de un conjunto de circunstancias que afectan el actual momento histórico en una variedad de maneras a todas las sociedades del globo. 

Una genuina comprensión de la especificidad del devenir nacional en todas las áreas antes mentadas, y los peligros que la actual configuración y equilibrio de poder en Argentina depende de la compresión que tengamos de lo que está ocurriendo globalmente. 

La cuestión social

Un espejo donde buscar una explicación de lo que está pasando en el país es Europa. Y el tema específico en donde esto se ve con más claridad es en la llamada cuestión social. La reciente historia social del continente permite reconocer tendencias y orientaciones básicas (contestadas por los movimientos populares, a despecho de la complicidad de la izquierda institucional) con plena vigencia empírica y normativa en la Unión Europea.

Uno podría pensar que lo “social” está ausente en Europa o ha sido empujado a los márgenes. Esto es así porque tendemos a pensar el neoliberalismo con presupuestos erróneos. 

El neoliberalismo, a diferencia del liberalismo clásico, se caracteriza por haber modificado de raíz la pretensión originaria de construir un estado mínimo. El Estado neoliberal está lejos de ser un pequeño Estado. Es un Estado tan “sobredimensionado” (si así quisiera explicárselo) como el Estado social, pero con una orientación radicalmente contrapuesta. 

Mientras que en el segundo caso, la función del Estado consiste en proteger a los miembros más débiles de la sociedad, poniendo freno a las tendencias depredadoras del mercado y aplicando respuestas a las crisis que produce; el Estado neoliberal se dedica fundamentalmente a modelar las estructuras normativas del estado con el fin de aumentar los rendimientos globales de la economía de mercado. Es decir, el Estado neoliberal tiene el propósito, por ejemplo, de flexibilizar el mercado de trabajo para aumentar el rendimiento del capital, o transformar el régimen impositivo con el fin de beneficiar a los actores más poderosos.

Eso es justamente lo que hacen las autoridades europeas en todos sus estamentos: erosionar el derecho de trabajo y debilitar a los sindicatos, no solo dejando de proteger los derechos adquiridos, sino destruyéndolos de manera sistemática. 

Esto se logra, no solo a través de la implementación de políticas económicas contingentes, sino a través de una transformación radical del edificio normativo, con repercusiones judiciales de largo alcance que aseguran (previsibilidad) al capital frente a las pretensiones (juzgadas abusivas) de los trabajadores en sus convenios colectivos.

En Europa, fue la complicidad de la izquierda al facilitar la edificación de ese sistema normativo, restrictivo en derechos y regresivo en términos salariales, lo que acabo destruyendo el potencial transformador de una sociedad movilizada, aprisionada ahora con el chaleco de fuerza de una red de leyes y normas jurídico-administrativas que convierten en estériles todos los reclamos.

La alternativa argentina

En Argentina, el edificio normativo que pretende imponerse está en ciernes. El massismo, algunas de las corrientes del Pj y el randazzismo son el equivalente en el país de esa izquierda europea cómplice que, al construir la cárcel social normativa, facilitó el nuevo encarcelamiento de las fuerzas populares que buscan una alternativa al destino que se les impone.

A dos años del "golpe electoral" de la extrema derecha argentina, la única alternativa viable para evitar la consolidación de un proyecto neoliberal cuyo posible fracaso anuncia el ascenso de opciones neofascistas (y no el regreso de opciones progresistas como suponen algunos ingenuamente) es un bloqueo legislativo que impida que las políticas contingentes se enquisten en el ADN del cuerpo normativo, naturalizando la injusticia social legalizada.

Por ese motivo, el llamado "peronismo responsable", el que dice haber acompañado al gobierno de manera equilibrada, y el "massismo constructivo", que firmó todas las leyes que necesitaba Macri para avanzar sobre los trabajadores y los más necesitados, han sido los más perversos síntomas de la derrota popular. 

La frase: “Les votamos las leyes que necesitaban para gobernar”, no es otra cosa que la confesión de ser parte de un mismo proyecto restaurador en Argentina. La alternativa pulcra que mutará en establishment neoliberal plenamente funcional cuando se agote la bestialidad del ajuste y la sociedad exija un cambio que las élites maquillarán con una nueva fachada inane de "liberalismo social" frente al daño ya acometido.

La elección de Alberto Fernández como jefe de campaña de Florencio Randazzo (hasta la fecha) muestra que existe un pretensión de nuevo ciclo. Un acuerdo de lista única, refutaría mis pretensiones (al menos en parte). 


Sin embargo, por el momento, de manera análoga a lo ocurrido en la época menemista, y de modo semejante a lo ocurrido con el socialismo europeo en los años de gloria de un neoliberalismo engordado con el capital originario hurtado a los pueblos, Massa y Randazzo representan la promesa firme de colaborar en la consolidación del proyecto de Cambiemos, eso sí, con otras siglas. 

sábado, 17 de junio de 2017

UN MACRISTA EN BARCELONA



El otro día conocí una pareja de argentinos en Barcelona, en una cafetería en Enric Granados. Cuando escucharon mi acento argentino iniciaron una conversación. Yo estaba sentado con mi mujer en una mesa próxima a la de ellos.

Me contaron que su hija había decidido estudiar en Barcelona, y ellos estaban en la ciudad, entre otras cosas, para preparar su estadía.

Me hablaron largo rato acerca de las ventajas de Barcelona, una ciudad maravillosa. Pronto estuvieron comparándola con Buenos Aires y Argentina en general. Contrastando la seguridad y la inseguridad de una sociedad y otra, de la gente civilizada y los bárbaros de nuestro país. Argentina, me dijeron, se ha vuelto insufrible. Imaginé cuales podían ser sus simpatías políticas, pero no quise adelantarme. Los escuché.

Según el hombre, la desgracia argentina había sido el kirchnerismo. Pero Macri (decía) había salvado al país de convertirse en Venezuela o en Cuba. (Según él) ahora teníamos la oportunidad de acabar para siempre con el peronismo. Pero para eso había que tener valor y meter presa a Cristina y acabar con La Cámpora. Para lograrlo (señalaba) había que educar al pueblo ignorante y aplicar mano dura.

"¡Basta de vivos! ¡Basta de corruptos! El país necesita transparencia" (vociferaba).

Según él, ahora podemos ser parte del mundo. Macri es la esperanza (dijo el hombre). Por supuesto (reconoció) hay muchos obstáculos. Lo importante es dejarlo hacer. Aceptar los sacrificios que conlleva convertirnos en un país serio (e hizo un gesto abarcando con un gesto el continente europeo.

"¡Hay que terminar con las mafias!" (sentenció contundente)

Habló de Baradel, de los sindicatos, de los ñoquis kirchneristas, de los abogados laboralistas, de López, de Vido y Jaime, las causas de Hotesur, del asesinato de Nisman y el acuerdo con Irán. Dijo varias veces la palabra "populismo", e incluso se las arregló para hablar de la elegancia de Juliana Awada y de Lilita Carrió.

Después, me informó, de manera condescendiente, que Macri admiraba Barcelona y que la tenía como modelo mientras era Jefe de Gobierno en CABA. Enumeró los logros del presidente en aquella época, sin hacer referencia al subte o al abultado endeudamiento que dejó tras de sí.

Porteño de toda la vida (confesó), estaba harto de la delincuencia y los inmigrantes.

"Mano dura", volvió a decir, y dio un golpe sobre la mesa en sincronía. Acompañó su reclamo con el relato morboso de varios asesinatos siniestros ocurridos en las últimas semanas.

"No son chicos, son monstruos, tienen que ir todos en cana. La culpa de todo esto la tiene Zaffaroni", dijo el hombre refiriéndose al debate sobre la baja en la imputabilidad que en estos días enciende a los argentinos.

Escuché su diátriba pacientemente. Cuando el hombre acabó de despacharse, me tocó decir algo.

Intenté explicarle que la Barcelona que él tanto admiraba se caracteriza por haber votado contra los gobiernos del ajuste que hoy gobiernan España (y Europa) en general. La coalición gobernante es lo mejor de un proyecto ciudadano que responde con reconocimiento, redistribución y cosmopolitismo a la crisis global desatada por la financiarización de la economía y los efectos de la guerra, los refugiados y la xenofobia rampante que aqueja a todas las sociedades nord-atlánticas.

Entonces noté que la mención a los derechos humanos, la referencia a la actitud distintiva de la ciudad frente a los refugiados y a los inmigrantes, y la condena a las políticas de ajuste y la protección social de las autoridades locales frente a los abusos corporativos, le incomodaban. 


¿Se dan cuenta entonces que lo que admiran aquí es justamente lo que están intentando destruir en Argentina? (pregunté)

El hombre se acomodó en la silla y, con gestos evidentes de enfado, me contestó que "yo no entendía nada".

"Argentina es diferente. Usted no entiende porque no vive en el país. Desde aquí es fácil. Pero no hay punto de comparación. Los inmigrantes están destruyendo el país. El narcotráfico y la delincuencia son una plaga. ¿Usted sabe que los hospitales públicos de Buenos Aires se llenan de inmigrantes que van a hacer turismo médico? ¡Que se vuelvan a su país! Además no nos quieren. ¿Qué tengo que ver yo con un boliviano o un paraguayo?"

"De los derechos humanos no me hable. Son un curro de oportunistas y resentidos", sentenció. Su mujer asentía a todo lo que decía su marido con gesto compungido.

Sin embargo, en algún momento nuestras miradas se cruzaron. Ella frunció el labio en un gesto que transmitía incomodidad e incluso vergüenza. Quizá le avergonzaba el tono patotero y xenófobo que había adquirido el discurso de su marido. Cuando el hombre acabó con su relato, jadeaba.

Le sonreí sin mediar palabra. Le pregunté si me permitía invitarles alguna otra cosa: un café o una cerveza. Me dijo que "no" de manera rotunda. Le hizo un gesto al camarero para que le trajera la cuenta, y me dio la espalda.

Llegó el camarero. El hombre pagó la cuenta, y se fue apurado sin saludarme. Su mujerlo lo siguió detrás. A los pocos pasos se volvió y me dedicó una mirada apenada.

martes, 30 de mayo de 2017

EL RANDAZZISMO Y LA CONSOLIDACIÓN DEL PROYECTO NEOLIBERAL






El escenario

Los líderes políticos juegan hoy sus cartas. El pueblo, mientras tanto, cuando no consume y no celebra, mira y espera. Entre la mayoría de los líderes y el pueblo se ensancha la grieta.

En el centro del escenario encontramos a Cristina Fernández. Los diarios, las televisiones y las redes sociales le dan un rotundo protagonismo. El amor y el odio que concita la convierten en la figura más relevante a izquierda y derecha del espectro político. 


Es, indudablemente, el mayor peligro para el actual frente de gobierno y los muchos que lo sostienen desde las graderías, imponiéndole a cambio jugosas prebendas. Cristina Fernández convoca efectivamente admiración popular y el rechazo furibundo de sus detractores. 

La oposición interna en el PJ

Muchos de los opositores en el interior mismo del espacio en el que cohabitan (o el cual se pretende construir) han aprendido la lección de modales de Cambiemos, y entonan sus críticas con el talante dialoguista de falsos consensos que exige el momento. Sin embargo, no pueden, pese al esfuerzo, eludir la verdad que dejan traslucir sus acciones: Cristina es el blanco hacia donde apuntan su artillería. 


La razón para ello debería ser obvia: lo que hoy está en disputa es la conducción del único espacio que podría (eventualmente) convertirse en una oposición real al nuevo sentido común que intenta imponerse en la Argentina. 

El randazzismo, oposición light

El randazzimo es una oposición light (se asemeja al massismo en muchos sentidos, pero está libre de sus errores, fruto del silencio autoimpuesto y un pasado de glorias propias y ajenas en el terreno de la gestión). 


Es decir, una apuesta que será continuidad del actual modelo, y cuya máxima aspiración es acomodar una alternativa descafeinada, con apariencia de “capitalismo social”, cuyo techo es el dogma de la competitividad y la flexibilización de derechos que impone el nuevo tiempo que transitamos. 

El randazzismo no opacará los avances neoliberales de Mauricio Macri que están modificando de lleno el marco de referencia que convierte en obsoleto al “populismo”. 

Aquí, acabar con el “populismo” no es otra cosa que acabar con “la razón democrática”. Es decir, profundizar en la revolución oligárquica que experimentamos, arrebatando al demos (la parte pobre, “popular”, de la sociedad) su kratos, su triunfo o victoria en la batalla contra las élites ricas que pretenden conducir con mano de hierro el destino de las sociedades donde arraigan su poder. 

El diario La Nación celebra el desafío randazzista a Cristina. No es para menos. También celebró en su momento la jugada anti-cristinista de Randazzo en las últimas elecciones, con la cual el exministro se aseguraba (decían entonces los periodistas de La Nación) un lugar entre las élites gobernantes del futuro.

Randazzo apostó a ser un moderado, aprovechándose del despiste de las bases kirchneristas que le dieron alas en su pulseada con Daniel Sciol, lo cual, en sinergia con otras operaciones mediáticas y un desatinado comportamiento de otros peronistas fieles a la historia de traiciones que caracteriza al movimiento, acabaron ofreciéndole en bandeja al Frente Cambiemos la triple corona, permitiéndole de ese modo la realización de la “gran contra-revolución neoliberal” que está teniendo lugar en nuestro territorio.

La contra-revolución neoliberal 

Esta contra-revolución no consiste exclusivamente en una transferencia brutal de riquezas a los grandes grupos económicos, sino también una rendición incondicional de la soberanía nacional frente a las urgencias y necesidades del poder financiero, además de la liberación del mercado, convertido en campo de batalla en la guerra fraticida entre las multinacionales que operan en la Argentina desde el corazón mismo del gabinete presidencial que las representa, convirtiendo en moneda de cambio y carne de cañón a la ciudadanía.

Dos estrategias caracterizan la política neoliberal en Argentina (ajustándola al manual de aplicación en otras latitudes). La primera es la “opa” lanzada contra el poder judicial, que acabará constituyendo, tarde o temprano, una Corte Suprema que reinara a sus anchas, convirtiendo en inocuo al poder legislativo, desarticulando el último resquicio de soberanía popular en las instituciones.

La segunda es la “constitucionalización” del Banco Central, convertido en autoridad suprema en lo que concierne al rumbo económico, asegurando la financiarización de la economía, al tiempo que se blinda el futuro frente a cualquier modificación incomoda que eventualmente pueda proponer el azar electoral.

Remembranzas de la "tercera vía" de Giddens y compañía

El apuro del randazzimo por enterrar la unidad antes de las PASO lo sugieren las aleccionadoras opiniones de su director de campaña, Alberto Fernández, quien, como buen representante de un massismo decepcionado ante la actuación dubitativa de su candidato no tuvo reparos en pasarse a las filas del exministro del interior, sin abandonar su perfil “tercera vía”.

Como demuestra una mirada rápida al currículo de algunos de los consejeros más cercanos de Randazzo durante su época cristinista, el exministro se nutre de imaginarios críticos (entonces) frente a la supuesta radicalización camporista, y amigables con el arraigo de los procesos de neoliberalización en la Argentina. 


Lo que Randazzo ofrece al establishment es una alternativa que no solo no representa una amenaza a su proyecto, sino todo lo contrario: la articulación de un espacio que servirá en su etapa de normalización, cuando lo que se necesite sea la certeza de una alternancia ordenada, libre de los estrépitos que produce la verdadera democracia. 

Esa alternancia será fruto de un consenso entre las élites, que se formulará de espaldas al pueblo, y que consolidará la nueva "constitución de facto" que promueve el neoliberalismo.

El Frente para la Victoria, en otro intento frustrado de unidad, vuelve a tropezarse con la misma piedra. Como ocurrió hace un año y medio, el randazzismo no le habla directamente al pueblo (porque aun no lo tiene), sino al mismo establishment que supo cooptar al peronismo en los ’90, presentándose como la alternativa pulcra, frente a la única candidatura que parece intranquilizar al círculo rojo.