domingo, 30 de noviembre de 2008

EL ESPEJO INVERTIDO: MILTON FRIEDMAN Y MAO TSE-TUNG

Milton Friedman reunido con el dictador Augusto Pinochet

Asesinar al "dictador"

El periódico estadounidense The Nation publica hoy una entrevista al actor estadounidense Sean Penn, en la que nos ofrece unas imágenes muy diferentes a las que están habituados los estadounidenses sobre el presidente venezolano Hugo Chávez y el líder cubano Raul Castro.

La entrevista ha sido subida a Youtube. Se trata de unos pocos minutos, en lo que se editan extractos de un conjunto de afirmaciones vertidas en programas televisivos de las más influyentes cadenas nacionales norteamericanas en las que diversos personajes de la vida pública, impunemente, conminan abiertamente a la administración de George W. Bush a asesinar al "dictador" Chávez para acabar con su amenazante mandato en Latinoamérica. Como es habitual, las razones que se aducen son morales y pragmáticas. Por ejemplo: evitar una guerra. Las afirmaciones de este tipo abundan también en la prensa europea y los periódicos argentinos están bien provistos de periodistas y comentaristas afines ideológicamente a sus colegas del primer mundo que apuntan en dirección semejante.


El héroe neoliberal y el mundo según Monsanto

Hace pocas semanas, la editorial Gota a Gota, reeditó Libertad de Elegir de Rose y Milton Friedman, este último calificado por algunos como el más importante, influyente y controvertido economista del siglo XX. En vista de los resultados que las políticas neoliberales por él inspiradas han traído consigo, vale la pena releer este "clásico de la literatura universal" para intentar desentrañar el complejo de bienes morales subyacentes que atrajeron la lealtad de tantos hombres y mujeres a esta ideología que acabó sembrando, miseria, marginación, opresión y violencia en sus comunidades de origen.

Otra importante novedad editorial es la investigación El mundo según Monsanto de la periodista francesa Marie-Monique Robin, editado por Peninsula. Un documental de 110 minutos dirigido por la propia autora ha sido publicado en Youtube. Para aquellos que hayan estado inmiscuidos en los debates en torno a la cuestión agraria en la Argentina es una buena ocasión para apuntar argumentos que en raras ocasiones se articularon inteligentemente debido a la estrechez de motivaciones de los contendientes. Las personas serias estudiarán el informe de la Robin del mismo modo que hicieron con la interpretación del neoliberalismo ofrecida por la Naomi Klein (La doctrina del Shock). Ambos textos nos ofrecen  herramientas hermenéuticas para entender la miseria y el miedo en nuestras sociedades contemporáneas y su inextricable relación con la ideología friedmanita.

La FAO, la organización para la alimentación y la agricultura de las Naciones Unidas ha advertido recientemente que la adquisición de tierras extranjeras es un nuevo tipo de neocolonialismo al que se han lanzado las grandes corporaciones a través de la adquisición masiva de los mejores terrenos de siembra y ganadería del planeta. A estas adquisiciones, se acompañan estrategias de mercado cuyos efectos alienantes para la población local resultan difíciles calcular. 


Curiosas coincidencias: Mao, el friedmanita

Lo que muestra el empeño y la constancia de la ideología Friedmanita, persistente pese a los daños globales, sociales y medioambientales que ha provocado, lo emparenta con la ideología invertida del maoismo, y por ese motivo es que la China contemporánea resulta tan atractiva como modelo de mercado.

La libertad real es un obstáculo para la maximización de los beneficios. Eso lo prueban las propias burocracias corporativas, estructuradas jerárquicamente, y blindadas al control democrático, por un lado, y por el otro, las distorsiones concertadas a los que los grandes medios de comunicación de masas someten a la población con la última intención, según palabras del científico y filósofo político Noam Chomsky, para contribuir a que las democracias occidentales sigan siendo lo que han sido llamadas a ser desde un principio, un mecanismo sofisticado de poder blando, para proteger a los ricos de las masas de pobres.

El modo de constatar estas tesis para todos evidentes si pertenecen al bando de los desfavorecidos, es echar una mirada ilustrativa al planificado repudio de los resultados electorales en Venezuela, o a las distorsiones interpretativas de los mismos. Como he dicho anteriormente, no es el proyecto chavista el que pretendo defender. Lo que me preocupa es la ingenuidad con la que aceptamos las explicaciones que nos ofrecen los asalariados columnistas de los grandes medios de comunicación.

Los vuelos de la CIA y el silencio de Europa

Hoy el diario El Pais publica un informe que ofrece sólidas pruebas de que el expresidentes José María Aznar autorizó secretamente los famosos vuelos de la CIA en los que se transportaron ilegalmente, sospechosos de terrorismo al campo de concentración de Guantánamo.

Durante los últimos años, el silenciamiento de las comisiones de investigación parlamentaria de la Unión Europea, no ha sido escandaloso, sino grotesco, en vista a la absoluta indiferencia de una población que pretende superioridad moral sobre el resto del planeta, en vista a su defensa radical de los derechos humanos. Silencios similares, descontando unas pocas y muchas veces cautelosas denuncias, se pusieron de manifiesto respecto a las decisiones inmorales en torno a la cuestión inmigratoria.

Es imprescindible, separar el grano de la paja. La libertad económica es un bien relativo, uno entre otros bienes en el horizonte moral que define nuestras identidades. La ideología friedmanita, la última y más perniciosa heredera de las corrientes individualistas, utilitaristas, atomistas e instrumentalistas nacidas a la sombra de la revolución científica del siglo XVII, es una arruga imborrable en nuestros cerebros, un trama de nuestra mala educación.

Necesitamos mucho esfuerzo para enmendar el daño que ha ocasionado, si acaso esto fuera posible. Hemos frecuentado durante demasiado tiempo, malas compañías. Por eso necesitamos para que el cambio se produzca, una torsión en toda nuestra postura, para que la mirada se vuelva hacia bienes más extensos. Par ello, debemos abandonar la fascinación por las sombras, que como en la famosa caverna de Platón, era producto ilusorio proyectado sobre el fondo de la cueva, para mantenernos atados al engaño y evitar la verdad. El Friedmanismo fue un importante instrumento de engaño y manipulación para mantenernos lejos de un horizonte más amplio.

Ahora bien, si nos preguntamos que fue lo que impulso a tanta gente a asociarse y jurar lealtad a una ideología tan alejada del sentido común, a una teoría tan contra-intuitiva de la naturaleza humana como la que sostuvieron y aun sostienen los neo-liberales de cuño, hay dos líneas argumentativas que esperan ser desarrolladas extensamente. La primera tendría que ofrecer un relato histórico para determinar los factores causales que produjeron las condiciones para que, segundo, una parte de la población adoptara los ideales subyacentes de libertad absoluta, atomismo político y libre mercado, como las explicaciones mas adecuadas sobre lo que somos y sobre aquello hacia donde debemos dirigir nuestros esfuerzos, haciendo a un lado las intuiciones cotidianas de dependencia mutua, comunidad y necesidad de regulación y proyección económica, en el sentido más elemental que consiste en la equilibrada y prudencial administración del hogar en el que todos somos.

Que continuemos discutiendo estas cuestiones aun después del colapso financiero de los últimos meses y las masivas, y en muchos sentido antidemocráticas inyecciones estatales al mercado como salvataje del mismo debido a su propia incapacidad de sostenibilidad, muestra claramente cuánto nos hemos alejado del sentido común. Cuán lejos estamos de la sabiduría práctica que tanto admiraron los antiguos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

LA NEOLENGUA




-Tú no aprecias la neolengua en lo que vale –dijo Syme con tristeza-. Incluso cuando escribes sigues pensando en la antigua lengua. He leído algunas de las cosas que has escrito para el Times. Son bastante buenas, pero no pasan de ser traducciones. En el fondo de tu corazón prefieres el viejo idioma con toda su vaguedad y sus inútiles matices de significado. No sientes la belleza de la destrucción de las palabras. ¿No sabes que la neolengua es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuye cada día?
(…)
-¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿Cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre?
(…)
Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño.
(…)
La revolución será completa cuando la lengua sea perfecta.


ORWEL, George, 1984, Barcelona: Editorial destino, 2005.



Las extensas citas que encabezan la edición del día han sido utilizadas para todo tipo de cosas. Yo haré uso de ellas para dar otra vuelta de tuerca a una idea que todos compartimos. Se trata de volver a pensar la necesidad que sentimos de hacer el mundo "simple", y hacerlo simple para hacerlo disponible.


En el Génesis se nos dice que el dominio sobre el mundo por parte del hombre comienza cuando éste le da nombre a las cosas: "Este es el sol, esta es la luna, y esos son los animales a los que darás nombre y sobre los que señorearás". El dominio, como se anuncia en el Génesis, comienza con el dar nombre a los objetos.


Confucio ofreció su propia interpretación de la decadencia del Imperio en el cual le tocó vivir: "la equivocidad de los vocablos y la confusión de los roles."


Los medios de comunicación son un ejemplo cotidiano del concertado empeño por confundir para triunfar, vender, dar prestigio infundado y difamar gratuitamente.


Siendo este asunto tan mentado por todos, quería traer a colación otro aspecto de esta guerra de significados que ha hecho imposible el diálogo fructífero entre las facciones en pugna en nuestras sociedades. Esta vez, la imposibilidad del diálogo se debe en buena medida a la convicción de todos de que lo único que cuenta es el dinero, el beneficio propio. Puede que la razón que subyace a esta convicción sea que el único lenguaje que todos compartimos es el del dinero


No creo que esto sea cierto. La gente no se mueve únicamente por el ‘vil metal’. Hay otras cosas importantes en nuestras vidas: el honor, el amor, la paz, el goce estético, la compasión, el anhelo de conocimiento, la justicia, la benevolencia universal.


La dificultad, en todo caso, es ofrecer relatos, narraciones, articulaciones, que nos movilicen comunitariamente a lograr los bienes a los que aspiramos.


Para ello hay que resistir la neolengua, aquella que ha convertido nuestro horizontes moral en un espacio monocromático y desértico, ese lenguaje aprendido para facilitar la inserción laboral y el desempeño burocrático en las grandes corporaciones donde la neolengua impera y desde donde se exporta a todas las dimensiones planetarias.


La neolengua simplifica el universo en términos de crecimiento a través de la maximización de beneficios, una especie de hiper-Bien que reina en las alturas de nuestro firmamento ético post-moderno.


Todo debe ser sacrificado para su logro: individuos, familias, naciones, ecosistemas, el propio planeta es únicamente un instrumento para la actualización de la fe de estos profetas, que como bien muestran muchas películas de ciencia ficción, están listos para instalar sus colonias en otros escenarios no contaminados una vez que nuestra tierra haya caído en la perdición absoluta, para continuar su aventura de poder.


La neolengua nos ha convencido que el arte, la literatura, el yoga, la justicia, la benevolencia universal, incluso la oración y la meditación, son ornamentos de una vida exitosa en los negocios.


Ha convertido estos objetos en valiosas imágenes para endilgar a nuestros productos, sacando provecho de los anhelos inarticulados de una población embrutecida por la propia neolengua, que acaba descreyendo de todo, excepto del dinero… el dinero que es, al fin de cuenta, la única realidad, la última realidad, frente a la cual parecen hacer silencio todas las conciencias.


La neolengua ha reducido nuestro inmenso y variado mundo donde aun hay cumbres impolutas y profundidades inexploradas, a las variaciones de los índices bursátiles y los datos macroeconómicos.


La neolengua mide la política en términos de inversión extranjera y tasas inflacionarias, déficit y política fiscal.


Sin embargo, los grandes pueblos, como los grandes hombres y mujeres de la historia, han sabido resistir los más grandes desafíos, no gracias a las cifras de sus cuentas bancarias, sino a las convicciones descubiertas e inventadas en sus narraciones de búsqueda de identidad y sentido.


Habiendo visto esto con claridad, uno se pregunta, ¿qué hacer con aquellos que insisten en rechazar toda ideología en nombre de la gran ideología del fin de las ideología que es la neolengua?


¿Qué hacer con aquellos que a un mismo tiempo nos confunden con la multiplicación de las palabras cruzadas de antónimos y sinónimos barajados a su gusto e interés, y al mismo tiempo nos obligan a pensar con la lengua perfecta del único valor y el único criterio?

LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.

Recordemos alguna instancia en nuestras vidas en la cual hayamos estado en un dilema moral del siguiente tipo: En nuestro horizonte de valores, concedemos una enorme importancia a los logros de autoexpresión y triunfo personal. Eso significa que dedicamos muchas horas y esfuerzos al logro de nuestro éxito profesional o artístico. Al mismo tiempo, en ese mismo horizonte de significación, consideramos de enorme importancia nuestras relaciones íntimas, familiares y sociales.
Un buen día, nuestro trabajo profesional se ve amenazado por las demandas de nuestra pareja, nuestros hijos o amigos. Parece que no dedicamos suficiente tiempo a nuestros allegados, que reservamos toda nuestra energía a nuestro trabajo y los mantenemos a distancia ofreciéndoles migajas de nuestra atención.
Las razones pueden ser variadas. Lo cierto es que el momento nos exige hacer frente a un desafío profesional o artístico determinado, y no podemos evitar nuestra concertada atención en estos asuntos. Intentamos explicar a nuestros amigos y familiares que no es que no los valoremos, pero es algo que ‘debemos’ hacer, que tengan paciencia y que no interpreten nuestra desatención como falta de cariño o interés.
¿Qué significa en este caso ese ‘debemos’? En principio, que hemos tomado una decisión respecto una cuestión importante de nuestro dilema moral. Nuestro horizonte o perspectiva moral nos presentaba con dos bienes fuertes a los que nos adheríamos sin dificultad: nuestros logros profesionales, individuales; y los bienes que están unidos al compartir y alimentar nuestros lazos sociales y comunitarios. En el caso que nos concierne, el ‘debemos’ implica el jerarquizar uno de esos bienes sobre el otro, en un momento o circunstancia particular, es decir, prudencialmente, o como regla o axioma permanente de nuestra vida.
Lo importante, en todo caso, es que los dos bienes son considerados bienes, y que en la elección de un extremo, sabemos que estamos faltando al otro. La elección del bien del logro profesional, conlleva necesariamente, el alejamiento de otro bien también valioso, que es el de la convivencia y atención familiar y social.
La persona que vive ese dilema, lo articula y reconoce, no es capaz de resolver el problema, pero su existencia esta marcada por cierta humildad intelectual y emocional que no tiene quien se encuentra abotagado por el fanatismo.
El fanático, para darse ánimos y fuerzas, prefiere negar valor al bien ‘menor’ relativo. Si su elección es que debe realizar su trabajo, sea como fuere, lo dice acompañando su decisión con frases desdeñosas respecto al bien de la convivencia familiar. Se mofa de ella, o argumenta su falta de coherencia o su nimiedad.
Lo contrario sería reconocer: Es cierto, lograré mi objetivo profesional, pero eso implica que he perdido ocasión de estar con mis hijos. O para el caso, lo contrario: He dedicado muchas horas cuidando a mis hijos, pero no he podido realizar una carrera profesional. O también, he dedicado mi tiempo al cuidado de los hijos, y a la profesión, y no he logrado hacer ninguna de las dos plenamente. Cualquiera sea nuestra elección, siempre hay una perdida.
Esto en lo que respecta a la ética individual. Pasemos al ámbito político.
Tres bienes fundamentales: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Los fanáticos se mueven en los extremos. Los neo-liberales de cuño, se ríen de los bienes de la igualdad, los consideran engendros o como mucho los conceden como caridades estratégicas para salvar los obstáculos, como un padre desatento ofrece dinero a sus hijos para que lo dejen en paz con sus asuntos. Del otro lado, en su época que no es la nuestra en modo alguno, los comunistas inspirados en similares aunque contrapuestas ideologías, se reían de la libertad burguesa y la condenaban como decadente.
La dialéctica Libertad-Igualdad esta esperando una superación. Puede que un primer atisbo lo encontremos en el tercero en discordia: la Fraternidad.
La libertad sin igualdad es una perdida absoluta. Sólo queda el individuo desvinculado, en un mundo que se ha convertido en un destierro poblado de amenazas. La gente se encierra en sus casas, y los beneficios se los llevan las empresas de seguridad.
La igualdad sin libertad es un consuelo vacío.
La fraternidad implica un reconocimiento íntimo de nuestra finitud, de nuestra soledad con los otros. No hay solución final, pero hay un compartir nuestros destinos emparentados y disímiles.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

EL ASESINO DEL VALLE DE ARÁN

Hace unas semanas un oso hirió levemente a un cazador. El revuelo en la comunidad fue grande. Las portadas de los periódicos no perdonaban a la bestia la desobediencia a las jerarquías naturales. 'Un oso se ha rebelado contra un hombre'.
Hubo entrevistas al cazador herido. Explicaba como el oso había acabado atacándole por la espalda en un momento de descuido. Siendo el oso del Pirineo una especie protegida, no le disparó. Hizo un tiro al aire que espantó al oso y le salvó la vida. Ahora tiene unas cuantas marcas en su cuerpo como trofeo de sus quince minutos de gloria en la televisión nacional.
Sin embargo, el debate estaba servido. ¿Qué hacer con la bestia? Las fuentes oficiales reafirmaron su convicción de que había que proteger a los hombres por encima de los animales. El comunicado fue escueto pero consistente. Es cierto que el oso del Pirineo es una especie en extinción, y por eso se lo protege, pero lo primero es lo primero, el hombre, a quien otros hombres deben brindar su más profunda lealtad.
Algunos ‘ecologistas’ y simpatizantes ‘naturistas’ dieron su voz de alerta. Uno me dijo, en ton de sorna:;
-Ya verás, ahora se lanzarán todos los cazadores sobre la pobre bestia y lo despedazarán.
Al principio, pensé que se trataba de un prejuicio contra esta raza admirada y vituperada que son los cazadores, que como los toreros, se dividen las lealtades del pueblo Español que aun debate en su interior la jerarquía de virtudes que imperan en su territorio. Hay partidarios y detractores. Los insultos y las trompadas no faltan. En Barcelona, el partido Anti-taurino ha hecho una buena cantidad de votos, y no desaprovechan ocasión para enarbolar sus carteles frente a la plaza de Toros de la ciudad cuando se promociona alguna corrida, para acusar a los taurinos de asesinos y torturadores.
Supuse, ingenuamente, que los cazadores tendrían el decoro de reconocer que había sido un accidente, gajes del oficio, como se dice, y que dejarían apaciguar el asunto. Pero hubo junta urgente en los clubs y asociaciones de caza a las que pocos faltaron. Los imagino reunidos en consejo tomando decisiones 'de Estado'.
‘Debemos darles un escarmiento’.
'¿Quién es el que manda al fin de cuentas?’.
Si alguien nombraba a los ecologistas o a esos cerdos de los derechos animales, la rabia, la indignación y el desprecio se encendía para el beneplácito de los organizadores.
En fin, y por unanimidad, se declaró la guerra al oso asesino del Valle de Arán. Se hicieron los trámites pertinentes, y las alcaldías y gobernaciones acabaron dando su aprobación con sello y firma a la empresa. Después de todo, la mayoría de los cazadores figuran como propietarios de fincas y son importantes contribuyentes públicos, empresarios, e incluso políticos. Si mal no recuerdo hay más de un concejal de ayuntamiento y un alcalde. Lo importante, zanjar definitivamente el asunto y acabar con el desgraciado. Así se hizo. Alguien se ha llevado la cabeza del animal, colgará de algún club, o incluso puede que el trofeo adorne la sede de la asociación provincial, autonómica o nacional de estos insignies ciudadanos.
Esta mañana, un amigo me envió los datos del Estado Español (2007-2008) sobre los percances de la actividad de cazadores en la región. Apunto:

Cazadores muertos por ataques de osos u otros animales de la fauna silvestre: 0.
Cazadores heridos graves por ataques de osos u otros animales de la fauna silvestre: 0.
Cazadores heridos leves por ataques de osos u otros animales de la fauna silvestre: 1.
Cazadores heridos leves por otros cazadores: 846.
Cazadores heridos graves por otros cazadores: 13.
Cazadores muertos por otros cazadores: 20.

martes, 25 de noviembre de 2008

COSAS, PALABRAS Y ECOLOGÍA


En la cuestión ecológica confluyen las diversas corrientes del debate filosófico de la modernidad. Los herederos románicos e ilustrados ofrecen su propia versión del asunto: Unos condenando a la tecnología radicalmente, otros abogan por un uso inteligente y sostenible de la misma.
Las razones que se aducen, de modo similar, son dispares. Los humanistas advierten de las consecuencias desastrosas que las prácticas anti-ecológicas tienen para los humanos a largo, y también a corto plazo. Los anti-humanistas, intentan que reconozcamos que los peligros que nuestro dominio sin límite sobre la naturaleza suponen, no deben circunscribirse a los humanos. Hay algo más allá de lo humano que demanda nuestra atención y cuidado.

Hay una relación oculta entre las palabras, las cosas y la ecología que es necesario desentrañar para echar luz al debate que nos concierne. La pregunta, finalmente, puede reducirse a lo siguiente:
¿Qué relación existe entre las palabras y las cosas?

Creo, si no me equivoco, y apurando mucho un esquema hiper-simplificado para que quepa al formato de esta edición, que podemos señalar dos grandes corrientes que han tenido a lo largo de la historia, su propia historia, y que por tanto han sufrido de cambios y nomenclaturas. Sin embargo, basta para hacerse una idea general del asunto lo que sigue a continuación.

La primera corriente sostiene que entre las palabras y las cosas, hay una suerte de relación instrumental. Las palabras, que son el vehículo del pensamiento, representan a las cosas, a las que no tenemos acceso directamente, sino a través de las representaciones que nos hacemos de ellas, como objetos. Es decir, que las palabras contribuyen a la construcción psíquica de un esquema que hace referencia al mundo. Las palabras y los pensamientos son correctos en la medida en que casen o se ensamblen con el contenido del mundo exterior. En esta corriente las palabras son muy importantes, porque contribuyen a la construcción de un esquema o imagen del mundo que es la base sobre la cual seremos capaces de dominar la realidad. Esta tradición enfatiza el dominio como meta y la instrumentalización como medio.

Una segunda corriente, sostiene que la relación entre las palabras y las cosas no puede de modo alguno explicarse en término de correspondencias. Las razones que aduce son convincentes. Ninguna palabra puede existir en solitario. Las palabras forman parte de una red de sentido, que en última instancia, están fundadas en una forma de vida. La palabra ‘taza’, por ejemplo, sólo puede existir en un círculo de relaciones que conforma los juegos de lenguajes de los individuos humanos en su cotidiano lidiar con sus quehaceres de alimentación, encuentro comunitario y conversación. En esos juegos existen las tazas, donde se vierte el café o el mate cocido, etc.

Los adherentes de la primera corriente suelen apuntarse al individualismo y son atomistas, no sólo en sus respectivas ontologías, sino que sostienen lo propio respecto a la sociedad política. Para ellos, la comunidad no es más que la suma de sus partes.

Los adherentes de la segunda corriente, en cambio, se inclinan a pensar que las partes no explican el ‘nosotros’. En una conversación humana, para poner un ejemplo, no es la suma de los pensamientos y palabras de Pedro y las de Juan las que realizan la conversación, sino ese ámbito invisible pero no por ello menos poderoso que es el ‘nosotros’ de la conversación. De ese modo podemos entender la famosa cita de Borges que define el diálogo como un género sin autoria. No hay autores individuales, no hay posibilidad de firma, porque lo que surge es la comunidad.

Heidegger apuntó en una ocasión que la cercanía que producen los medios tecnológicos no es verdadero acercamiento a las cosas. Podemos viajar de un extremo a otro del planeta en unas pocas horas, estamos conectados veinticuatro horas con millones de personas a través de la red digital, y sin embargo, no es cercanía lo que esto produce, sino la supresión de las distancias. Vivimos un mundo sin distancias, que no es lo mismo que estar cerca de algo.

Las preguntas que siguen intenta ofrecer una imagen que nos ayude a comprender lo que en la ecología nos jugamos:¿Qué es la cosa que las palabras pretenden decir al fin y al cabo? ¿Son acaso aquello que el hombre de ellas pretende? ¿Es acaso el árbol y la fuente de la que mana las aguas cristalinas de estas sierras eso que el hombre puede hacer con ellas?

Las palabras que dicen el árbol y la fuente pueden ser meros instrumentos para decir objetos en el mundo. Pero también pueden ser un recuerdo de aquello que las nutre y manifiesta. Las palabras, como las cosas, no pertenecen a los hombres, son anteriores a nosotros.

Las palabras nos dicen, nos hacen, establecen el mundo donde los humanos somos humanos. Los individuos aislados no son nada, son una pura y peligrosa ilusión. La consecuencia de la terrible ignorancia de la desvinculación es el dominio desenfadado, la búsqueda perversa de un todo para mí, que acaba en destrucción y miseria. El árbol se convierte en reserva para el aserradero, y la fuente en mero producto para el embotellamiento.

Hay olvido del cielo y de la tierra, como diría Heidegger, de los Dioses y los mortales que lo habitan.

La ecología necesita superar el hechizo del objeto, y volver a encontrarse con la cosa; necesita volver a la poesía como el arte que trasciende el sujeto para decir el ser.

El otro camino, el del individualismo, atomismo e instrumentalismo epistemológico y político, es un camino que no podemos continuar recorriendo impunemente.

Sea como fuere que le llamemos, hay un reclamo de la naturaleza no humana, de Dios o del Ser que exige que nos detengamos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

DESCONCIERTOS


Estamos en el siglo XXI. Muchos hablan del fin del mundo como de un acontecimiento cercano. Puede que el mundo no desaparezca, pero las cosas están cambiando, no necesariamente para mejor. Los individuos humanos, educados en la libertad y la razón responsable, hemos llegado a comprender perfectamente que nuestra libertad y autogobierno son una utopía. Contemplamos azorados como nuestro destino planetario se decide en gabinetes que no cuentan de ningún modo con nuestra opinión, mientras los medios de comunicación de masas nos engañan ofreciéndonos consumo a cambio de auto-determinación.
Mientras tanto, rodeados de tanta confusión, proliferan menús a la carta de todas las conciencias. Hay quienes deciden una travesía por las escarpadas laderas de la espiritualidad oriental. Otros se deciden por las oscuras tradiciones chamánicas. Otros se vuelven a los híbridos terapéuticos occidentales. La pregunta de todos es qué hacer con esta vida nuestra que se nos escapa, una vida que a veces nos resulta ajena y desconcertante.
La cultura moderna se ha vuelto eficaz a la hora de reiterar eslóganes. Nos venden un coche con un aforismo sobre la compasión universal. Un shampoo anti-caspa tiene como frase pegadiza la importancia de la introspección. Un restaurante de moda ofrece sus servicios recordándonos la simplicidad y el silencio.
La meditación, la autenticidad, la justicia y la benevolencia universal son facetas contemporáneas al alcance de todos. Se venden en los quioscos de revistas los últimos fascículos para la Iluminación o la Unión con el fuego cósmico.
La ciencia no quiere perder la ola, y se multiplican los encuentros entre supuestos místicos y técnicos adiestrados de la última teoría del universo.
Mientras tanto, continúan batallando la pobreza los ‘indignos’ de la tierra, que son para algunos un escenario desfasado y para otros una continúa oportunidad para demostrar su propia bondad.
Los cristianos insisten, los musulmanes no se rinden, los ateos continúan acusando, los budistas siguen poniéndose tiesos y sonrientes delante de las cámaras.
Y mientras tanto yo, uno entre muchos otros desconcertados, en mi refugio de montaña, me pregunto si me estaré perdiendo algo verdaderamente importante, o acaso sea que todo es otra ilusión, otra ola de la historia que pasará dejando su memoria grabada en las arrugas de los cerebros futuros.
Siempre la misma corrosiva pregunta que se reitera hasta el hartazgo: ¿Quiénes somos? ¿Qué hacer con esta vida nuestra que se acaba? La inteligencia y el amor… y esas cosas de las que todos hablan.
Si enciendes el televisor, verás que otra bomba explotó en algún sitio, que otra hambruna azota otra nación, que otro bombardero ha errado su blanco… en fin… lo de siempre… mientras tanto, nosotros seguimos mirando el fuego crepitar en la chimenea.