domingo, 10 de enero de 2016

¿LA PATRIA ES UN INVENTO?


No hace falta que te diga que la situación es preocupante, en varios sentidos. Escudarse en la historia de la corrupción K, o hacer mención de La Cámpora como dulcificación del entuerto que vive el país, suena más a justificación que a justicia.

Te envío esta nota con la ingenua esperanza que haya un votante macrista que se tome en serio, de algún modo, las promesas "prometidas" en campaña. Habrá que enmendar.

"La solución no es volver al Kirchnerismo", me dirás.

Muy bien, pero ¿habrá una alternativa más potable que un rejunte de CEOs que volverán mañana o pasado o entro de cuatro años con la experiencia en el manejo del Estado, y una legislación a su gusto para acomodar el país a su conveniencia? Te recuerdo, por si acaso no te diste cuenta, que ellos no juegan en tú equipo. Juegan en el suyo, y vos no formás parte del mismo.

Ahora toca hacer oposición, desde el kirchnerismo, o desde fuera del kirchnerismo: desde otro PJ, desde el radicalismo. desde el socialismo, el troskismo, el comunismo, el ecologismo o desde donde vos quieras.

Si no les marcas la cancha, te van a pasar por encima. Lo que está en juego no es solamente tu sueldo, tus vacaciones, tus derechos. Está la remontada que tendrán que hacer tus hijos, y sus hijos y, quién sabe, los hijos de tus nietos, para volver adonde nosotros estamos.

"¿Dónde estamos?", te preguntarás con una mueca de sobrador en el rostro.

Bueno, estamos en un país donde los ciudadanos tienen ciertos derechos básicos. O, si querés, en un país donde se discuten los derechos, donde se los exige, y donde esas exigencias tienen un peso. Así como vamos, no parece que en un par de meses esto siga igual. Los derechos están a la baja, indudablemente.

Estamos en un país donde no debería salir gratis la represión policial (menos aún cuando es desproporcionada y sistemática).

Un país donde la deuda soberana  no debería discutirse en un contertulio privado ministerial, con intereses, cuanto menos, morosos democráticamente.

Un país donde no se debería "disparar primero y  preguntar después", como dice el periodista Mario Wainfeld, sino que las decisiones se tomen legal y legítimamente a la luz de una realidad fehaciente y no el humor ideológico del momento.

Pondré un caso concreto: el retroceso que supone volver a la arbitrariedad de la detención "por portación de cara". Por si no te enteraste, ahora te pueden detener y pedirte identificación porque sí. Porque se le da la gana al cana de la esquina.

Si pensás en el estado deplorable de las fuerzas de seguridad que el propio macrismo (con poca convicción) denuncia, y la vergonzosa herencia de Federales y metropolitanos que acumulan causas entre sus oficiales, suboficiales y agentes rasos, la decisión del Tribunal Superior de Justicia Porteña no parece acertada. Además de ser, en muchos sentido, ilegítima una decisión de esta índole. Sin duda, que la decisión de detención la tome de manera administrativa un "cana" (a la luz de los sucesos de estos días - las complicidades evidentes de las fuerzas de seguridad con el crimen organizado, en el caso de los tres prófugos, y otras historias más o menos olvidadas del pasado reciente) es a todas luces un retroceso tremendo para la democracia.

Tenés dos posibilidades: apoyas la medida o no la apoyas. Vos elegís. Esto también es democracia. No sólo poner una papeleta cada cuatro años.

No me vengas con el tiempo libre que le debemos a Mauricio y su equipo. No me vengas con tu aversión rutilante antiK.

"Vos no podés hablar porque sos K" o alguna sonsera por el estilo que es, discursivamente, inobjetablemente una sonsera, además de una franca ruptura con los procesos de comunicación democrática.

"Los K son todos corruptos", decís. Y si hace falta, te la tomo. Pero... ¿eso qué tiene que ver?

Que los K sean todos corruptos, o que lo sean algunos, o sean todos santos de tu devoción no cambia absolutamente nada.

Ahora, lo que tenés es un gobierno enfrente que está decidiendo hacia dónde vamos, y la cosa no pinta bien. Las acciones de hoy, no serán reversibles de un día para otro.

¿Qué decís? Las cosas claras. Lo mismo sobre las órdenes de represión y los despidos exprés.

Si el retruque es que son "todos ñoquis", estás desinormado. No repitas como sonso. No seas un "ñoqui" del pensamiento. Hasta la propia vice-presidente tuvo que recular. Fue tan apresurada su decisión, tan política, que
 terminó echando embarazadas y discapacitados. ¿Cuántas injusticias se realizan en este apresuramiento? ¿Cuánta discriminación se ejercita detrás de este apuro por sacarse de encima a la gente con la excusa de que son todos "ñoquis" militantes? Ser ñoqui está mal, sin duda. Pero, ¿ser militante? ¿Ahora tenés que mostrar el carnet de afiliación o tu Facebook para saber si tu decisión democrática es o no es aceptable por las autoridades?

Conclusión: echan, sistemáticamente, con un propósito en vista. Refundar el estado a su gusto y placer. El trabajador al servicio absoluto del capital multinacional y sus representantes locales. Ejecutivos de corbata que se han cagado sistemáticamente en sus propios trabajadores en la empresas que han dirigido y que harán lo mismo en nuestra patria. Con vos o sin vos.

 El problema es la legitimidad y la legalidad de un despido, más allá de la opción ideológica del gobierno en funciones. Pero esto último, por supuesto, también está en disputa: La forma y el fondo. La existencia misma de la patria está en disputa. 

miércoles, 6 de enero de 2016

CAZA DE BRUJAS. EL PRINCIPIO DEL MAL

Aquí y allá, en las redes sociales, se estigmatiza y persigue a quienes comulgan con las ideas del Frente para la Victoria. Muchos se guardan, otra vez, de confesar sus preocupaciones ante la embestida del nuevo gobierno que ha dado, no sólo un golpe de autoridad, sino que ha asumido la impunidad como modus operandi. Los decretos vienen acompañados por un completo desprecio: por la ley y los jueces que tanto defendieron cuando eran oposición.

Empeñado en un cambio "revolucionario" al mejor estilo conservador (revolucionar significa originalmente "volver al origen") el gobierno exige a la "nueva república", impiedad con los antagonistas políticos. La persecución será brutal, en línea de continuidad con el estilo de oposición que se practicó durante la última década. Señalar a los antagonistas como enemigos destruye la convivencia democrática. Asumir las contradicciones de la convivencia y la pluralidad de voces, promover las simetrías en el reparto de la palabra es el quid de la práctica democrática. Pero aquí no vengo a defender al gobierno kirchnerista. Su herencia está en disputa. Lo que me interesa es lo que tenemos ahora, que es el gobierno de Mauricio Macri, sus decisiones y sus prácticas. Otra vez, el nudo de la cuestión son los medios, la comunicación, la construcción cultural del nuevo período que apareció apelando al amor, y terminó convirtiéndose en maltratador. 

El último ejemplo es un hashtag que está circulando en el cual se boicotea un programa televisivo que se emite por la televisión pública como escarmiento a los participantes que han militado activamente en la campaña electoral a favor del candidato del FpV. El programa en cuestión es la telenovela "La Leona", protagonizada por actores como Pablo Echarri y Nancy Dupla (cuyas cualidades, sinceramente, no sería capaz de juzgar, porque mi consumo de estos géneros es escaso), quienes han manifestado su afiliación al kirchnerismo, y por ello mismo son estigmatizados. 

Aunque el caso es menor, si se lo compara con otras iniciativas de envergadura como son (1) la (de facto) anulación de la ley de medios que vuelve a facilitar la posición dominante de los grandes medios, y su hegemonía casi absoluta en algunos lugares del país, o (2) la política que está implementando el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, clausurando programas, despidiendo masivamente empleados, etc., y (3) otras actividades gubernamentales que claramente atentan contra la calidad democrática en este rubro, vale la pena hacer mención del caso porque es sintomático. 

En vista a esto, escribí esta mañana: 

1. Caza de brujas

Campañas republicanas a través de las redes sociales, de personas que defienden los derechos humanos, civiles y políticos. Espacialmente, la libertad de expresión. 

Necesitábamos que llegaran al poder (ustedes, quienes retwitean este tipo de mensajes y otro semejantes que ensalzan una República ficticia) para empezar a entender lo que significa la justicia, la legitimidad democrática, la institucionalidad. 

Les agradecemos los avances, la pluralidad de voces. Les agradecemos que nos hayan abierto los ojos. 

¿Cómo no se nos ocurrió antes que para preservar el diálogo constructivo, para terminar con los gestos autoritarios, para empezar a pensar como un sólo país, lo que teníamos que hacer era desaparecer a la otra mitad que no está de acuerdo con nosotros? 

La verdad, es maravilloso saber que han evolucionado, que practican yoga y meditación. Que son amorosos, y cordiales, y siempre tienen una palabra amable, que cuando se indignan con sus contrincantes políticos no les empieza a espumar la boca, ni se les ponen ensangrentados los ojos, ni se les retuerce el gesto y agarrotan los músculos pensando en su archi-enemigo K.

Pero ahora sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Tenemos que dejar de votar a los candidatos que consideramos más acordes con nuestras convicciones políticas, tenemos que dejar de leer los libros que ustedes consideran basura, tenemos que dejar de informarnos a través de periódicos y programas televisivos o radiales que ofenden su derecho a tener un país libre de parias. Aunque son pocos, aunque son una minoría casi insignificante, estos medios son una verdadera amenaza contra la unidad nacional de todos los argentinos, contra el republicanismo, contra la decencia que se merece este país. 

Seguro que si hacemos todas esas cosas, y pedimos disculpas por haber sido K. Si aceptamos libremente el proceso de re-acondicionamiento social que nos proponen, entonces tendremos un país normal, un país a la medida de sus deseos. ¿Será que nuestro egoísmo no nos deja ver que la democracia consiste justamente en eso?

Entendemos su indignación y compartimos su preocupación. Sabemos que pensamos de manera diametralmente y que harán lo imposible para hacernos desaparecer. Lo hicieron en el pasado quienes les precedieron con otras generaciones de argentinos y argentinas que, según decían, tampoco tenían derecho a soñar con un país diferente al vuestro y disputar democráticamente la orientación de los gobiernos que los representaran. Está en los libros de historia, a los que hace falta que de vez en cuando le eches un vistazo. No es un invento de última hora. 

Lo han hecho censurando, prohibiendo, clausurando, torturando, matando, difamando, estigmatizando, confeccionando listas negras, perturbando la paz, atemorizando, mal informando, apropiándose de los medios de comunicación, silenciando escritores, periodistas, ciudadanos.

Y ahora, una vez más, a menos de un mes de gobierno, después de haber ganado las elecciones, han comenzado otra de vuestras caza de brujas y no tienen límites. Las editoriales se acumulan vertiginosamente, los insultos se renuevan todos los días, las tergiversaciones, las mentiras. 

También sabemos que toda esta campaña ominosa no es fruto espontáneo de la malignidad aislada de los individuos, sino que es el resultado de una subcultura del país que ahora se ha convertido en mayoritaria, es la cultura impuesta por los grandes medios, quienes les han enseñado a ser malos, sin más. 


2. El mal

La filósofa húngara Agnes Heller solía decir que "el mal" no debía confundirse con el mal carácter. El mal carácter hace que, debido a las emociones negativas, una persona cometa actos reprochables. Pero la persona de mal carácter sufre sus propias acciones negativas, sus vicios, sus pecados, sabe que hace algo malo, y es capaz de arrepentirse.

El mal, en cambio, quiere hacer pasar por bueno lo que es malo. Crea principios para defender el mal, haciéndolo pasar como algo bueno. El mal, decía Heller, es como una infección que se apropia del alma de la gente, y la hace actuar de manera perversa. 

Parece que a una parte de la sociedad argentina se le ha inoculado el mal. Lo han hecho y lo siguen haciendo los medios de comunicación dominantes, que están al servicio de ciertos intereses minoritarios, pero que han encontrado en una organización política la herramienta para lograr un poder casi absoluto. No sólo son los dueños de la economía nacional; no sólo son dueños de los medios de comunicación; sino que además actúan como dueños de la república, saltándose todos los equilibrios de poderes. El propósito es desmantelar todos los mecanismos institucionales que limiten ese poder absoluto de facto que pretenden detentar. Los medios de comunicación y sus periodistas estrella son quienes tienen la obligación de naturalizar la mirada de las élites entre las masas.  

3. ¿Cómo responder?

Pese a todo, nuestra respuesta tiene que ser medida, como nos enseñaron quienes nos precedieron. Tenemos que mantener la mente fría, aunque el corazón esté caliente. Tenemos que utilizar la ocasión para juntarnos físicamente en nuestros barrios con quienes piensan como nosotros, y organizarnos para pensar juntos, para estudiar juntos, para quebrar el bloqueo informativo en el cual nos hemos sumido y estar listos. 

Porque el macrismo sólo podrá mantener el poder, como lo hizo Menem en el 95, si no hay una alternativa. Nosotros somos la alternativa que tiene que alimentarse, con la inteligencia crítica, con la lectura, con la creación de nuevos lazos comunicantes entre nosotros, y una organización celular que nos permita superar esta enfermedad de odio.

Nuestros contrincantes políticos son sólo eso, contrincantes políticos. Odiarlos no beneficia a nadie, espacialmente, no nos beneficia a nosotros. 

Un día, cuando la enfermedad que se les ha inoculado empiece a debilitar su influencia entre los agentes infectados, si somos inteligentes, si trabajamos con empeño y cariño, cuando se den cuentan que han estado padeciendo una forma de locura, tendrán un lugar donde refugiarse.  Pero para que esto sea posible, no te enojes con tu vecino. Estúdialo, como quien estudia un ejemplar botánico, y estúdiate a tí mismo, para evitar que la enfermedad del odio que el otro porta en su alma, te contamine. 

martes, 5 de enero de 2016

DAVOS: UNA NUEVA VISITA AL MUNDO FELIZ




¿Laboratorio HSBC?

La entidad bancaria HSBC tiene un lugar sospechoso en la arquitectura del macrismo. Todos recuerdan, quiero creer, la resonada causa internacional que involucró al banco. Es cierto que la mayoría de los grandes medios argentinos no quiso hacerse eco de la misma. Pero los más versados recordarán haber leído sobre el asunto en el New York Times o el Herald Tribune o el Financial Times. En todo caso, la investigación, semejante a la acometida contra la FIFA entre las grandes ligas bancarias, puso al descubierto un entramado delictivo de lavado de dinero que la entidad operaba en todo el mundo.

Para premiar al HSBC por sus buenos servicios a la comunidad, Mauricio Macri decidió fichar a dos de sus abogados (abogados que litigaron contra el Estado argentino en esta megacausa) en la misma "Unidad de Información Financiera", dedicada a investigar encubrimiento y lavado de dinero, que los tenía en la mira.

Quienes no sepan exactamente de qué se está hablando cuando hablamos de "lavado de dinero", les cuento. Wikipedia la define de este modo:

"El lavado de dinero (también conocido como lavado de capitales, lavado de activos, blanqueo de capitales u operaciones con recursos de procedencia ilícita o legitimación de capitales) es una operación que consiste en hacer que los fondos o activos obtenidos a través de actividades ilícitas aparezcan como el fruto de actividades legales y circulen sin problemas en el sistema financiero."

Por lo tanto, no se trata de ahorristas de clase media que ponen sus pesos en cuentas extranjeras, en Suiza o Panamá, por ejemplo. Si lo hacen, estos ahorristas acompañan en su estrategia financiera a narcotraficantes, terroristas, personas que se dedican a la trata de personas, o al contrabando de especies en peligro de extinción, o al negocio de la pedofilia, o al juego, o a la corrupción política o sindical y otras mafias corporativas acorbatadas.

Entre los nombres que aparecen en la lista que el HSBC estuvo obligado a publicitar en la causa internacional en su contra, algunos de los principales involucrados argentinos (4.004 fueron las cuentas señaladas de entre 70.000 investigadas en el mundo) forman parte del gabinete nacional o están estrechamente relacionados con algunos de sus miembros, o son empresas con representantes poderosos en el gabinete: la familia Blaquier está en primera fila, Fortabat, el titular de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi, el Grupo sojero Los Grobo, Clarín - con el sobrino de Héctor Magnetto - y sus socios del fondo Hicks, entre otros. Lo interesante, en todo caso, son las coincidencias, las ecuaciones entre los ministros, funcionarios y empresas para las cuales trabajaron, y las listas.

Más asombrosa resulta la siguiente coincidencia: según me informan, el HSBC (el banco acusado mundialmente por ser el mayor lavador de dinero de la historia del capitalismo) es, a partir de este año, el banco elegido por las autoridades de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para gestionar sus cuentas.

Y, más patético el esperpento cuando leémos en una nota color del diario La Nación del día de ayer, en la sección titulada LAB HSBC (¿Laboratorio HSBC?), en la que te cuentan cosas lindas sobre la entidad financiera (preocupada por dejar atrás su pasado oscuro y presentarse glamurosa a la nueva sociedad argentina). Ayer, por ejemplo, se asoció al banco con "La Martina", una marca de indumentaria de polo convertida en un fenómeno mundial gracias a que "el HSBC creyó en ella".

Muy bien, pero como si se tratara de una joda (aunque seguro que es pura coincidencia), cinco minutos después, el portal de La Nación nos informa que Prat-Gay ha vuelto a tomar deuda, esta vez en una suerte de Megacanje II por decreto, por miles de millones de dólares, y que los principales beneficiarios de la movida son los mismos de siempre: el HSBC está en primera línea, junto al City Bank, el J.P.Morgan y el Deutsche Bank.

No dispuestos a dejarnos descansar, La Nación vuelve a asombrarnos a la mañana siguiente con una noticia extraordinaria. El jefe de Estado, Mauricio Macri, habitué del World Economic Forum de Davos, ha invitado a Sergio Massa a acompañarlo.





Macri y Massa en La montaña mágica

Dejemos de lado por un momento la retórica dialoguista con la que envuelven los medios todas las iniciativas del nuevo gobierno, y centrémonos en la significación que tiene una jugada de estas características para el proyecto en ciernes.

Es evidente que una política regresiva como la que proyecta el gran capital en Argentina, necesita de un amplio consenso político. Debe presentarse como política de Estado, aun cuando se trata de una política particularista, que solo responde a los intereses de una minoría "muy minoritaria".

Creo que uno de los errores discursivos de muchos análisis de las últimas semanas ha sido enfatizar la novedad que supone el nuevo gobierno, como si el de Macri fuera verdaderamente el primer gobierno de derechas que alcanza la presidencia a través de las urnas.

Esto es muy discutible si pensamos, por ejemplo, en los gobiernos de Menem y De la Rúa como gobiernos que pertenecen al mismo signo político. El macrismo puede leerse cómodamente en línea de continuidad con aquellos (aunque en un registro histórico diferente).

Si pensamos en los nombres de quienes hoy dirigen el país, y los aliados en el mundo empresarial, la continuidad es aún más clara: los orígenes ucedeístas de todos los implicados en los saqueos noventista son bastante claros. A modo de ejemplo, recordemos la "asombrosa" declaración de Domingo Cavallo días antes del balotaje, ensalzando a sus discípulos: Melconian, Frigerio, Stulzeneger y Prat-Gay (sobre todo a Prat-Gay).

Por otro lado, si nos remitimos a la historiografía, la invitación de Macri a Massa recuerda a la gran concertación que lanzó el riojano devenido ucedeista con el fin de acelerar el giro cultural que era necesario para producir la transformación antipopular de los 90.

El propio Scioli, que hoy representa "otra" Argentina, fue parte de ese engranaje que convenció a los argentinos que el proceso de privatizaciones no sólo era deseable, sino inevitable. Repito: un Scioli que hoy representa a "otra Argentina".

Por supuesto, las fuerzas populares no desaparecieron durante los noventa. Estuvieron allí, presentes, pero silenciadas. Una estrategia semejante, de estigmatización y persecución se empieza a vislumbrar en el horizonte. La represión ya vino, o esta al caer.

Aunque los tiempos son otros, los acompañamientos de la UCR y de una parte del pejotismo durante los noventa al proyecto neoliberal, se asemejan a la simbiosis ucerreista en Cambiemos que protagonizó Ernesto Sanz, y los coqueteos del Massismo con las élites macristas.

Desde las primeras horas, la disponibilidad de la tropa de Massa ha permitido que el nuevo presidente y "su equipo" desplegaran su estrategia de choque en un terreno allanado por su complacencia. Las razones son variadas, y no vienen a cuento ahora mismo. Lo importante es que se alían decididamente contra la soberanía nacional y a favor de un nuevo "consenso de Washington" que asoma en el horizonte con fuerza y decisión, con el objetivo de reconquistar las posiciones perdidas.

Macri tiene un país extraordinario para ofrecer en Davos: un país desendeudado; una opinión pública preparada para asumir un enorme sacrificio, o ser forzada a hacerlo; un panorama regional e internacional complejo que complota contra los intereses del Sur; una necesidad imperiosa en la pugna planetaria por la hegemonía por reconquistar las grandes reservas naturales que el "populismo progresista" de la última década había escatimado a las grandes multinacionales; y un terreno fértil para una nueva arquitectura financiera usuraria.

Festejar que "la oposición" viaje a Davos con el presidente, con el propósito de sellar el giro geopolítico y geoeconómico en marcha, resulta perturbador. Quienes lo festejan, asumo, lo hacen con la ingenuidad predispuesta por un analfabetismo notorio en cuestiones históricas."


sábado, 2 de enero de 2016

EL PERIODISTA Y SUS SOMBRAS



(1)

Uno de los problemas más graves que tenemos en Argentina (ahora mismo) es el siguiente. No sólo los medios de comunicación opositores son prácticamente inexistentes (contrariamente a lo que se vociferó durante los últimos años: la dictadura K tenía supuestamente todo el aparato de comunicación copado) sino que los pocos que existen (por ejemplo, Página12 - diario que, les recuerdo, estuvo hackeado durante una semana) no se leen del otro lado del río.

La incomunicación es absoluta. "Nosotros" (quienes no simpatizamos con el gobierno de Macri) leemos La Nación, vemos TN, sacamos cuenta con cada edición del diario Clarín, escuchamos en la radio a los locutores oficialistas, etc. Si hacemos críticas, las hacemos siempre a partir de lo publicado por los medios hegemónicos, quienes marcan la agenda de la disputa y, por eso mismo, llamamos  "hegemónicos".

En cambio, nuestro contrincante político es un completo analfabeto respecto a nuestra perspectiva. Lee nuestros comentarios como si fuéramos marcianos u otra clase de seres venidos de un planeta lejano, con el oscuro propósito de arruinarles la vida, y eso es lo que refleja en las redes sociales.

El nivel de violencia simbólica que está ejerciendo el macrismo en este momento sobre una parte importante de la población y el eco de ello en la sociedad, no puede terminar bien.

En La Nación de hoy se publica una nota en la cual un periodista explica por qué razón en los primeros 100 días de gobierno está justificada esta estrategia. No quiero insistir en el asunto, pero me parece que la línea ya se cruzó, y que va a ser muy difícil recomponer este entuerto. Siempre estamos a un paso de la violencia.

(2)
Ahora, permítanme una nota lateral. Hace tres días, el 29 de diciembre, un tipo llamado Antonio De Turris asesinó a su mujer a puñaladas. El tipo está enfermo de manera terminal y deprimido. Dicen que después de apuñalar a su mujer quiso suicidarse, pero no lo logro (suele ocurrir). Se trata de un periodista del diario La Nación y  profesor de la Universidad Di Tella.

Dándose una vuelta por el portal digital de La Nación uno se entera que De Turris publicó para el matutino notas sobre fútbol, fondos buitres (holdouts), la muerte de Nissman y otras de política local. Llama la atención una nota titulada "Las caras de la barbarie", subtitulada "Golpiza a delincuentes", del día 04 de abril de 2014, en la cual intenta una suerte de explicación-justificación de un linchamiento ocurrido en la ciudad de Rosario en el cual dos jóvenes fueron apaleados hasta la muerte de uno de ellos por delitos que no habían cometido, al ser confundidos con maleantes. Ante la sucesión de linchamientos de aquellos días, decía De Turris:

Quienes patearon hasta el cansancio al delincuente (...) seguramente vieron allí una manera de descargar la tensión de vivir arrinconados, temerosos de que una entradera o una salidera o un empujón en un andén los confine a ver hasta el fin de sus días una película de terror, la de su propia vida. En definitiva, vieron en ese delincuente a un enemigo al que debían sacar del medio ellos mismos porque las autoridades no son capaces de hacerlo.

Imaginamos que De Turris tendrá una explicación-justificación semejante para su propia injusticia. Pero nuestro propósito no es linchar al ex-periodista de La Nación y profesor de Universidad Privada, sino poner el dedo en una indefensión que para muchos es invisible, la de estar sometidos a la perversidad de medios y comunicadores que se han autoerigidos como custodios de la patria y que han acabado con ello incendiándola. Por supuesto, no se trata de una decisión personal, sino de una decisión del mercado de la información. 

(3)
Si uno se pasea un rato entre los comentaristas de cualquier artículo de esos grandes portales de información de la Argentina (La Nación, Clarín, Perfil, etc.) se encuentra con una tsunami de necedades sin fin: abundan los insultos, la violencia, la perversidad.

Pero esto no empezó ayer, y no está limitado al anonimato de las redes. La gente dice esas mismas cosas que publica en bares, reuniones familiares, conversaciones en las porterías, taxis, clases de yoga y meditación o jugueterías.

En una ocasión, cuando vivía en San Miguel, en una reunión con el arzobispo de la zona, éste me sorprendió insultando al Papa Francisco, al que definió como un "lobo disfrazado de cordero", por su estrecha relación con el gobierno de Cristina Fernández y procedió a calumniarlo sin vergüenza alguna. Mientras escuchaba sus historias de traiciones y las hipotéticas agachadas de Bergoglio de las cuales era (según decía) testigo, yo pensaba hasta qué punto su entonación cerrada de las palabras y la utilización de ciertos vocablos ponía al descubierto sus prejuicios de clase.

Nuestra manera de referirnos a los contrincantes políticos de manera denigrante, las explícitas referencias al asesinato, la desaparición o la expulsión del país de nuestros antagonistas, no surgieron de la nada. Son el producto de una estrategia comunicacional diseñada para estigmatizar y discriminar. Periodistas como Jorge Lanata, Luís Majul o Alfredo Leuco, están entre los ejemplos más destacados de este tipo de retórica y propulsores indecentes de este estilo patotero en los medios de comunicación.

En otras latitudes se ejercita un discurso semejante. No es casual que la derecha estadounidense tenga varios personajes entre sus filas en la Cadena Fox que practican un periodismo barrabrava. En España, la derecha más casposa la ejercita a través de la Cadena COPE y en Venezuela son famosas algunas figuras que hacen de la discriminación y el desprecio sus armas predilectas para enardecer a su público. Figuras políticas como Donald Trump son producto de ese mismo mercado mediático. Al adoptar esta estrategia electoral, Trump no hace más que conectar con los bajos instintos de sus oyentes y televidentes. La madurez de una ciudadanía es proporcional a la capacidad de resistir el miedo y ser inmune a la exacerbación del odio que promueven sus líderes y comunicadores.

En Argentina son muchos los que han comprado este relato y lo practican en público y en privado. Varios conocidos me han sorprendido en los últimos meses publicando textos o imágenes vergonzosas,  como si la mera existencia de sus contrincantes políticos justificara su bestialidad moral. 

(4)
El programa 6-7-8 ya no está al aire. Y las voces disidentes son cada vez más escasas, en la televisión pública, y también en la televisión privada. Sin embargo, la violencia simbólica continúa manifestándose, cada vez con mayor furia y agresividad. Ya se han producido algunos hechos lamentables.

El autoritarismo y la arbitrariedad que el Gobierno Nacional ejercita, saltándose la ley o rompiendo los acuerdos básicos que la sociedad se ha autoimpuesto en la Constitucional Nacional, dan una muy peligrosa señal a la sociedad civil. El estado de derecho está transitando una tiempo de peligrosa ambigüedad.