miércoles, 6 de enero de 2016

CAZA DE BRUJAS. EL PRINCIPIO DEL MAL

Aquí y allá, en las redes sociales, se estigmatiza y persigue a quienes comulgan con las ideas del Frente para la Victoria. Muchos se guardan, otra vez, de confesar sus preocupaciones ante la embestida del nuevo gobierno que ha dado, no sólo un golpe de autoridad, sino que ha asumido la impunidad como modus operandi. Los decretos vienen acompañados por un completo desprecio: por la ley y los jueces que tanto defendieron cuando eran oposición.

Empeñado en un cambio "revolucionario" al mejor estilo conservador (revolucionar significa originalmente "volver al origen") el gobierno exige a la "nueva república", impiedad con los antagonistas políticos. La persecución será brutal, en línea de continuidad con el estilo de oposición que se practicó durante la última década. Señalar a los antagonistas como enemigos destruye la convivencia democrática. Asumir las contradicciones de la convivencia y la pluralidad de voces, promover las simetrías en el reparto de la palabra es el quid de la práctica democrática. Pero aquí no vengo a defender al gobierno kirchnerista. Su herencia está en disputa. Lo que me interesa es lo que tenemos ahora, que es el gobierno de Mauricio Macri, sus decisiones y sus prácticas. Otra vez, el nudo de la cuestión son los medios, la comunicación, la construcción cultural del nuevo período que apareció apelando al amor, y terminó convirtiéndose en maltratador. 

El último ejemplo es un hashtag que está circulando en el cual se boicotea un programa televisivo que se emite por la televisión pública como escarmiento a los participantes que han militado activamente en la campaña electoral a favor del candidato del FpV. El programa en cuestión es la telenovela "La Leona", protagonizada por actores como Pablo Echarri y Nancy Dupla (cuyas cualidades, sinceramente, no sería capaz de juzgar, porque mi consumo de estos géneros es escaso), quienes han manifestado su afiliación al kirchnerismo, y por ello mismo son estigmatizados. 

Aunque el caso es menor, si se lo compara con otras iniciativas de envergadura como son (1) la (de facto) anulación de la ley de medios que vuelve a facilitar la posición dominante de los grandes medios, y su hegemonía casi absoluta en algunos lugares del país, o (2) la política que está implementando el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, clausurando programas, despidiendo masivamente empleados, etc., y (3) otras actividades gubernamentales que claramente atentan contra la calidad democrática en este rubro, vale la pena hacer mención del caso porque es sintomático. 

En vista a esto, escribí esta mañana: 

1. Caza de brujas

Campañas republicanas a través de las redes sociales, de personas que defienden los derechos humanos, civiles y políticos. Espacialmente, la libertad de expresión. 

Necesitábamos que llegaran al poder (ustedes, quienes retwitean este tipo de mensajes y otro semejantes que ensalzan una República ficticia) para empezar a entender lo que significa la justicia, la legitimidad democrática, la institucionalidad. 

Les agradecemos los avances, la pluralidad de voces. Les agradecemos que nos hayan abierto los ojos. 

¿Cómo no se nos ocurrió antes que para preservar el diálogo constructivo, para terminar con los gestos autoritarios, para empezar a pensar como un sólo país, lo que teníamos que hacer era desaparecer a la otra mitad que no está de acuerdo con nosotros? 

La verdad, es maravilloso saber que han evolucionado, que practican yoga y meditación. Que son amorosos, y cordiales, y siempre tienen una palabra amable, que cuando se indignan con sus contrincantes políticos no les empieza a espumar la boca, ni se les ponen ensangrentados los ojos, ni se les retuerce el gesto y agarrotan los músculos pensando en su archi-enemigo K.

Pero ahora sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Tenemos que dejar de votar a los candidatos que consideramos más acordes con nuestras convicciones políticas, tenemos que dejar de leer los libros que ustedes consideran basura, tenemos que dejar de informarnos a través de periódicos y programas televisivos o radiales que ofenden su derecho a tener un país libre de parias. Aunque son pocos, aunque son una minoría casi insignificante, estos medios son una verdadera amenaza contra la unidad nacional de todos los argentinos, contra el republicanismo, contra la decencia que se merece este país. 

Seguro que si hacemos todas esas cosas, y pedimos disculpas por haber sido K. Si aceptamos libremente el proceso de re-acondicionamiento social que nos proponen, entonces tendremos un país normal, un país a la medida de sus deseos. ¿Será que nuestro egoísmo no nos deja ver que la democracia consiste justamente en eso?

Entendemos su indignación y compartimos su preocupación. Sabemos que pensamos de manera diametralmente y que harán lo imposible para hacernos desaparecer. Lo hicieron en el pasado quienes les precedieron con otras generaciones de argentinos y argentinas que, según decían, tampoco tenían derecho a soñar con un país diferente al vuestro y disputar democráticamente la orientación de los gobiernos que los representaran. Está en los libros de historia, a los que hace falta que de vez en cuando le eches un vistazo. No es un invento de última hora. 

Lo han hecho censurando, prohibiendo, clausurando, torturando, matando, difamando, estigmatizando, confeccionando listas negras, perturbando la paz, atemorizando, mal informando, apropiándose de los medios de comunicación, silenciando escritores, periodistas, ciudadanos.

Y ahora, una vez más, a menos de un mes de gobierno, después de haber ganado las elecciones, han comenzado otra de vuestras caza de brujas y no tienen límites. Las editoriales se acumulan vertiginosamente, los insultos se renuevan todos los días, las tergiversaciones, las mentiras. 

También sabemos que toda esta campaña ominosa no es fruto espontáneo de la malignidad aislada de los individuos, sino que es el resultado de una subcultura del país que ahora se ha convertido en mayoritaria, es la cultura impuesta por los grandes medios, quienes les han enseñado a ser malos, sin más. 


2. El mal

La filósofa húngara Agnes Heller solía decir que "el mal" no debía confundirse con el mal carácter. El mal carácter hace que, debido a las emociones negativas, una persona cometa actos reprochables. Pero la persona de mal carácter sufre sus propias acciones negativas, sus vicios, sus pecados, sabe que hace algo malo, y es capaz de arrepentirse.

El mal, en cambio, quiere hacer pasar por bueno lo que es malo. Crea principios para defender el mal, haciéndolo pasar como algo bueno. El mal, decía Heller, es como una infección que se apropia del alma de la gente, y la hace actuar de manera perversa. 

Parece que a una parte de la sociedad argentina se le ha inoculado el mal. Lo han hecho y lo siguen haciendo los medios de comunicación dominantes, que están al servicio de ciertos intereses minoritarios, pero que han encontrado en una organización política la herramienta para lograr un poder casi absoluto. No sólo son los dueños de la economía nacional; no sólo son dueños de los medios de comunicación; sino que además actúan como dueños de la república, saltándose todos los equilibrios de poderes. El propósito es desmantelar todos los mecanismos institucionales que limiten ese poder absoluto de facto que pretenden detentar. Los medios de comunicación y sus periodistas estrella son quienes tienen la obligación de naturalizar la mirada de las élites entre las masas.  

3. ¿Cómo responder?

Pese a todo, nuestra respuesta tiene que ser medida, como nos enseñaron quienes nos precedieron. Tenemos que mantener la mente fría, aunque el corazón esté caliente. Tenemos que utilizar la ocasión para juntarnos físicamente en nuestros barrios con quienes piensan como nosotros, y organizarnos para pensar juntos, para estudiar juntos, para quebrar el bloqueo informativo en el cual nos hemos sumido y estar listos. 

Porque el macrismo sólo podrá mantener el poder, como lo hizo Menem en el 95, si no hay una alternativa. Nosotros somos la alternativa que tiene que alimentarse, con la inteligencia crítica, con la lectura, con la creación de nuevos lazos comunicantes entre nosotros, y una organización celular que nos permita superar esta enfermedad de odio.

Nuestros contrincantes políticos son sólo eso, contrincantes políticos. Odiarlos no beneficia a nadie, espacialmente, no nos beneficia a nosotros. 

Un día, cuando la enfermedad que se les ha inoculado empiece a debilitar su influencia entre los agentes infectados, si somos inteligentes, si trabajamos con empeño y cariño, cuando se den cuentan que han estado padeciendo una forma de locura, tendrán un lugar donde refugiarse.  Pero para que esto sea posible, no te enojes con tu vecino. Estúdialo, como quien estudia un ejemplar botánico, y estúdiate a tí mismo, para evitar que la enfermedad del odio que el otro porta en su alma, te contamine. 

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