domingo, 10 de enero de 2016

¿LA PATRIA ES UN INVENTO?


No hace falta que te diga que la situación es preocupante, en varios sentidos. Escudarse en la historia de la corrupción K, o hacer mención de La Cámpora como dulcificación del entuerto que vive el país, suena más a justificación que a justicia.

Te envío esta nota con la ingenua esperanza que haya un votante macrista que se tome en serio, de algún modo, las promesas "prometidas" en campaña. Habrá que enmendar.

"La solución no es volver al Kirchnerismo", me dirás.

Muy bien, pero ¿habrá una alternativa más potable que un rejunte de CEOs que volverán mañana o pasado o entro de cuatro años con la experiencia en el manejo del Estado, y una legislación a su gusto para acomodar el país a su conveniencia? Te recuerdo, por si acaso no te diste cuenta, que ellos no juegan en tú equipo. Juegan en el suyo, y vos no formás parte del mismo.

Ahora toca hacer oposición, desde el kirchnerismo, o desde fuera del kirchnerismo: desde otro PJ, desde el radicalismo. desde el socialismo, el troskismo, el comunismo, el ecologismo o desde donde vos quieras.

Si no les marcas la cancha, te van a pasar por encima. Lo que está en juego no es solamente tu sueldo, tus vacaciones, tus derechos. Está la remontada que tendrán que hacer tus hijos, y sus hijos y, quién sabe, los hijos de tus nietos, para volver adonde nosotros estamos.

"¿Dónde estamos?", te preguntarás con una mueca de sobrador en el rostro.

Bueno, estamos en un país donde los ciudadanos tienen ciertos derechos básicos. O, si querés, en un país donde se discuten los derechos, donde se los exige, y donde esas exigencias tienen un peso. Así como vamos, no parece que en un par de meses esto siga igual. Los derechos están a la baja, indudablemente.

Estamos en un país donde no debería salir gratis la represión policial (menos aún cuando es desproporcionada y sistemática).

Un país donde la deuda soberana  no debería discutirse en un contertulio privado ministerial, con intereses, cuanto menos, morosos democráticamente.

Un país donde no se debería "disparar primero y  preguntar después", como dice el periodista Mario Wainfeld, sino que las decisiones se tomen legal y legítimamente a la luz de una realidad fehaciente y no el humor ideológico del momento.

Pondré un caso concreto: el retroceso que supone volver a la arbitrariedad de la detención "por portación de cara". Por si no te enteraste, ahora te pueden detener y pedirte identificación porque sí. Porque se le da la gana al cana de la esquina.

Si pensás en el estado deplorable de las fuerzas de seguridad que el propio macrismo (con poca convicción) denuncia, y la vergonzosa herencia de Federales y metropolitanos que acumulan causas entre sus oficiales, suboficiales y agentes rasos, la decisión del Tribunal Superior de Justicia Porteña no parece acertada. Además de ser, en muchos sentido, ilegítima una decisión de esta índole. Sin duda, que la decisión de detención la tome de manera administrativa un "cana" (a la luz de los sucesos de estos días - las complicidades evidentes de las fuerzas de seguridad con el crimen organizado, en el caso de los tres prófugos, y otras historias más o menos olvidadas del pasado reciente) es a todas luces un retroceso tremendo para la democracia.

Tenés dos posibilidades: apoyas la medida o no la apoyas. Vos elegís. Esto también es democracia. No sólo poner una papeleta cada cuatro años.

No me vengas con el tiempo libre que le debemos a Mauricio y su equipo. No me vengas con tu aversión rutilante antiK.

"Vos no podés hablar porque sos K" o alguna sonsera por el estilo que es, discursivamente, inobjetablemente una sonsera, además de una franca ruptura con los procesos de comunicación democrática.

"Los K son todos corruptos", decís. Y si hace falta, te la tomo. Pero... ¿eso qué tiene que ver?

Que los K sean todos corruptos, o que lo sean algunos, o sean todos santos de tu devoción no cambia absolutamente nada.

Ahora, lo que tenés es un gobierno enfrente que está decidiendo hacia dónde vamos, y la cosa no pinta bien. Las acciones de hoy, no serán reversibles de un día para otro.

¿Qué decís? Las cosas claras. Lo mismo sobre las órdenes de represión y los despidos exprés.

Si el retruque es que son "todos ñoquis", estás desinormado. No repitas como sonso. No seas un "ñoqui" del pensamiento. Hasta la propia vice-presidente tuvo que recular. Fue tan apresurada su decisión, tan política, que
 terminó echando embarazadas y discapacitados. ¿Cuántas injusticias se realizan en este apresuramiento? ¿Cuánta discriminación se ejercita detrás de este apuro por sacarse de encima a la gente con la excusa de que son todos "ñoquis" militantes? Ser ñoqui está mal, sin duda. Pero, ¿ser militante? ¿Ahora tenés que mostrar el carnet de afiliación o tu Facebook para saber si tu decisión democrática es o no es aceptable por las autoridades?

Conclusión: echan, sistemáticamente, con un propósito en vista. Refundar el estado a su gusto y placer. El trabajador al servicio absoluto del capital multinacional y sus representantes locales. Ejecutivos de corbata que se han cagado sistemáticamente en sus propios trabajadores en la empresas que han dirigido y que harán lo mismo en nuestra patria. Con vos o sin vos.

 El problema es la legitimidad y la legalidad de un despido, más allá de la opción ideológica del gobierno en funciones. Pero esto último, por supuesto, también está en disputa: La forma y el fondo. La existencia misma de la patria está en disputa. 

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