jueves, 14 de octubre de 2010

ESPIRITUALIDAD Y TERROR



Lo que me interesa en esta entrada es hacer un par de apuntes acerca de lo que encontrarán los lectores de ahora en más en este blog. En cierto modo, entramos en una nueva fase. Habiendo acabado mi disertación doctoral en torno a la cuestión de la identidad moderna, emprendo a continuación, paralelamente, dos itinerarios. En esta entrada voy a decir dos palabras sobre cada uno de estos libros en los que estoy trabajando

En primer lugar, de la mano de Charles Taylor, quien me guió a través de la exploración de la identidad moderna, y del teólogo John Milbank, intentaré cartografíar dos cuestiones que han sido de interés a estos dos autores contemporáneos, con el fin de establecer las conexiones entre sus dos relatos acerca del advenimiento de la secularización. Estos dos relatos están sintetizados en el voluminoso tratado, recientemente publicado por Taylor (2007), titulado A Secular Age, en el que nos advierte que la genealogía del orden moral moderno, el llamado “marco inmanente” que caracteriza la era secular, puede ser establecido desde dos perspectivas. Por un lado, a través de una narración que ponga en evidencia las mutaciones producidas en el seno de la cristiandad latina para elevar el nivel de compromiso cristiano de los habitantes de la Europa Occidental, dirigida a eliminar la brecha entre las élites y las masas en lo que concierne a su explicita adhesión y compromiso religioso, que acabará en la reforma protestante y el surgimiento de la llamada sociedad disciplinaria (Foucault). Por el otro lado, el llamado “desvío intelectual” (explorado por autores como John Milbank y Catherine Pickstock) en el que se intenta dar cuenta de lo ocurrido tras la muerte de Tomás de Aquino, en el ámbito intelectual, y que tiene como principal protagonista de este desvío al escotismo y el nominalismo ockhamista.

Abordar estas cuestiones es relevante:
1. Porque es imprescindible discernir los tránsitos hacia la modernidad en términos de mutaciones operacionales (lo cual implica abordar el impacto de la ciencia y la tecnología aplicada al ámbito de la materia inanimada, los organismos animados y la esfera sociocultural humana), y

2. Porque es necesario descubrir de qué manera las "teorías" han sido articuladas a partir de estos desarrollos, o han promovidos dichos desarrollos, desembocando de este modo en una mutación cosmovisional dramática como la ocurrida en el siglo XVII, en el cual nuestra cosmología, nuestra antropología y nuestra ética han sido trastocadas de manera radical.

Por lo tanto, esta exploración es importante porque nos permitirá acabar de delinear lo hecho en "Charles Taylor y la Identidad Moderna" en lo que se refiere a la explicación de la conformación de la modernidad, especialmente a la luz de los desarrollos y desafíos que nos llegan de tres importantes teorizadores de la modernidad como son Alasdair MacIntyre, Jürgen Habermas y Michel Foucault.

Pero hay una segunda área de importancia que esta conectada con la cuestión del terror que no podemos dejar de considerar y que, por cierto, ocupa un lugar relevante en la última obra de Taylor, a través del pormenorizado estudio de la obra de René Girard.

Pero mi propia exploración tiene como columna vertebral tres investigaciones antecedentes que pretenden particularizar las cuestiones abstractas sobre la relación entre tecnología, sociedad disciplinaria y terror que ya están previstas en las obras anteriores. Se trata de los estudios de Zygmnut Bauman, Marguerite Feitiowitz y Stanley Cohen que han explorado respectivamente la relación entre holocausto y modernidad, lenguaje y terror en la dictadura argentina de los años 70/80, y los estados de negación frente a las atrocidades y el sufrimiento a nivel individual y colectivo.

Lo que me interesa, por lo tanto, es:

1.Establecer las peculiaridades de la modernidad en lo que respecta a la relación de los individuos con la trascendencia y el modo en el cual los lenguajes del orden moral moderno tienden a animar, suspender o cerrar cualquier referencia hacia eso que llamamos trascendencia.
2.Establecer las peculiaridades de la modernidad en lo que respecta a la relación de los individuos y las colectividades con el fenómeno de la violencia ejecutada de manera sistemática, implementada tecnológica y burocráticamente.

Pero estas dos cuestiones tienen además un orientación crítica en lo que respecta a un tipo de espiritualidad en boga que asume la necesidad de operar sobre el marco inmanente a fin de reinaugurar el locus trascendente de la experiencia, la dimensión transmundana de las identidades, pero al precio de una nueva vuelta de tuerca en la marcha reformista que tiene como principal vehículo la disciplina corporal/mental para entrar en contacto con una eternidad escindida del tiempo y de la historia, con el fin de producir una fuga (vacacional) frente a las exigencias de la egocentricidad (vease el interesante trabajo antropológico-filosofico de Ernst Tugendhat, "Egocentricidad y mística").

Lo que pretendo es demostrar de qué manera la “nueva espiritualidad” (la supernova espiritual de la que habla Taylor), en el presente estadio tecnológico de nuestra civilización, se ha convertido en un peligroso condimento del orden sistémico que ayuda a reafirmar las tendencias "negacionistas" que la modernidad ha exacerbado a través del distanciamiento de los actores con los efectos morales de sus propias actividades y la inclusión de dichas actividades en un orden jerárquico que promueve una responsabilidad flotante. La interpretación de Bauman sobre el evento del holocausto ilustra esta relación entre modernidad y holocausto de manera singular.

Esta “nueva espiritualidad”, obsesionada con (1) el yo (y su disciplina); y (2) el presente (y la presencia-consciencia corporal/mental); junto con la presunción de que (3) la labor evolutiva del anthropos se reduce al logro de un "infinito malo", en términos hegelianos, en el que el individuo qua individuo y en la soledad de su individualidad sea capaz de alcanzar una plenitud absoluta; al tiempo que abstrae de dicho relato (4) toda referencia histórica que le asocia con el marco social que da cabida a la conformación de su identidad y su orientación estético/moral; esta "nueva espiritualidad", decía, justifica la determinación excluyente de su objeto (el yo presente o yo presencial) a partir de la convicción de que los cambios planetarios que necesitamos implementar sólo pueden ocurrir a partir de una revolución en la interioridad del yo. Pero este yo es interpretado de manera "desencarnada" (aunque obsesionado con la sensualidad); "a-histórico" (aunque se apunta a una visión biológicamente evolucionista que utiliza como análogo de un marco hipotéticamente análogo de evolución espiritual); y "atomista" desde el punto de vista social (aunque se anota a una versión reduccionista de la interdependencia en la cual, debido a la obsesiva necesidad de eludir toda jerarquía, apuesta por la inarticulación de todo valor intrínseco).

Lo que pretendo es demostrar que una afirmación de estas características (la preeminencia de la revolución de los sujetos) resulta comprensible en el marco de un universo holístico, en el cual los individuos, al transformarse, transforman el cosmos, porque forman parte del orden del ser. Pero resulta completamente inapropiada mientras los individuos habitan imaginarios fragmentados, sobre la base de un trasfondo cosmológico caracterizado por su neutralidad valorativa. Para estos individuos, el yo es amo y señor del universo entero. Todas las relaciones del yo resultan sospechosamente utilitaristas, y todos los sujetos convertidos en objetos, meros instrumentos para el logro de la realización personal. La ética del yo es una ética convertida en techne dirigida a la "eficacia" en el uso de los recursos vitales.

La nueva espiritualidad, que se articula sobre la demarcación estricta que la modernidad tardía ha establecido entre lo público y lo privado, sólo puede aspirar a una reintegración moral con la totalidad (a través de sus prácticas post-románticas) en aquellos espacios exclusivos en los cuales el yo descansa de las exigencias de la egocentricidad que le impone el ámbito corporativo y burocrático interesado exclusivamente en dotar a las individualidades con los instrumentos o medios que aseguren la maximización de su eficiencia como componentes de la estructura sistémica de la que forman parte; y una contracultura que pese a sus encomiables pretensiones antisistémicas mantiene intacta la escisión entre las esferas de la economía capitalista, la burocracia estatal y la esfera de la vida, estéril a la hora de articular una transformación globalizante.

Por supuesto, este apunte es muy pero muy incompleto. Lo que pretendo es, simplemente, ofrecer una suerte de índice que explique hacia donde van a ir dirigidos los artículos y comentarios que iré colgando en esta página a partir de ahora. Estas entradas serán ejercicios que no formarán parte de los libros proyectados, pero que se irán redactando en la periferia de la reflexión central y con motivo de ella.