martes, 19 de enero de 2010

HAITI: Las oportunidades que ofrece el dolor ajeno.

Las imágenes son terribles. La información y los relatos que llegan desde el lugar de los hechos nos entumecen el alma y el cerebro. Resulta difícil pensar. Sin embargo, si nos dejamos arrastrar por los sentimientos, exclusivamente, y no pensamos, es posible (está siendo posible) que volvamos a presenciar lo que la historia ya nos había advertido que debíamos aprender.

Recuerdo hace un par de años, cuando se publicó el libro de Naomi Klein, The Shock Doctrine, lo difícil que resultó sostener el arrebato de inteligencia y lucidez que se transmitió a través del planeta entre los lectores de la investigación llevada a cabo por la periodista canadiense. Pese a que el libro se convirtió en un éxito editorial, y muchos activistas tuvieron en sus manos una copia del texto; pese a que autores de renombre, economistas y políticos que conocen desde adentro el funcionamiento burocrático estatal y la administración corporativa, señalaron la relevancia de la interpretación de Klein, lo dicho cayó rápidamente en saco roto.

Recuerdo que algunos periódicos dedicaron artículos a poner en entredicho las fuentes de la investigación, el diario El País publicó una nota en el que incluía el libro de Klein entre una docena de fuentes dudosas, entre ellas Wikipendia. Una parte de la sociedad reaccionó, como era de esperar, con una mezcla de indiferencia y socarrona repugnancia ante el mundo descrito por Klein.En algunos círculos, la lectura de la Doctrina del Shock era algo semejante a leer EL código Da Vinci. Recuerdo que una conocida argentina que estaba entusiasmada leyéndola me comentó que sus amigos con una mueca de desprecio le dieron a entender que se trataba de un panfleto que no merecía su tiempo.

Tuve ocasión de conocer a Naomi Klein durante su gira Europea de 2008. En ese momento estaba intentado llamar la atención acerca del modo en el cual el Estado de California enfrentaba los trágicos incendios de aquella época. La privatización de los servicios públicos, la pauperización del presupuesto, la alianza corporativa y burocrático-estatal conducía a la siniestra consecuencia de que los ciudadanos eran rescatados en base al tipo de pólizas de seguro que habían contratado. Esto ilustraba a la perfección el tipo de consecuencias que ciertas premisas ideológicas conllevan. En ello se pone de manifiesto lo desacertadas que son dichas premisas en vista a los parámetros morales a los que nosotros mismos nos adherimos. ¿Es posible defender un dilema ético, el rescate de un niño u otro, en vista al tipo de seguro que han contratado sus padres? En fin, pese a los esfuerzos argumentativos de la Sra. Klein, muchos salieron de la reunión con la convicción de que se trataba de otra muestra de paranoia izquierdista. Especialmente cuando Klein, enfrentada a la pregunta de uno de los asistentes, sostuvo que ella no consideraba de modo alguno al gobierno del venezolano Hugo Chávez como una dictadura.

Sin embargo, no deberíamos permitir que los esfuerzos que se han hecho para desacreditar sus hipótesis o el silenciamiento mediático que han hecho de sus investigaciones nos impidan pensar su interpretación acerca de los procedimientos operativos del capitalismo global. El pánico psicológico desatado durante los primeros meses de la crisis financiera en la cual aún estamos inmersos, o la paranoia que causaron las expectativas de una pandemia planetaria, estuvieron en la base de sospechosas operaciones de salvataje financiero, en un caso, o masiva inyección de capital a las poderosas corporaciones farmacéuticas que nadie ha explicado.

Aunque Klein, en su momento, reiteró hasta el hartazgo que su libro no pertenecía al género del complot, se multiplicaron los artículos que despreciaban sus interpretaciones en clave imaginativa y morbosa. La tesis central de su libro, sustentado por una docena de casos históricos que parecen confirmar su teoría, es que las catástrofes naturales y las crisis económicas y sociales son una ocasión perfecta para subvertir el orden a fin de redescribir racionalmente las condiciones imperantes a favor de las grandes corporaciones.

En algunas ocasiones, como ocurrió en el caso del huracán “Katrina” o con el Tsunami en el Sudeste asiático, las corporaciones y las administraciones burocráticas estatales aprovechan la desfiguración y la parálisis que producen las catástrofes para redefinir las reglas en su beneficio. En otras ocasiones, es la mano del hombre la que precipita la crisis, sea como consecuencia de fallas sistémicas o prácticas consuetudinarias malignas, como ocurrió con la crisis financiera, o por medio de estratégias de confusión que están diseñadas específicamente para forzar una situación crítica que permita maniobrar a los poderosos para establecer las mejores condiciones de dominio.

Por esa razón, nos advierte Klein, es imprescindible que las organizaciones sociales estén alerta, especialmente, cuando circunstancias trágicas como las que vive hoy Haiti se precipitan. Al contrario de lo que solía pensarse, las crisis son ocasiones de oro para el capital a fin de extender su dominio, no sólo a través de la privatización de los medios de producción y servicios, sino también a través de la socialización de las pérdidas, la redefinición del contrato social y la deslegitimación de los movimientos sociales de base.

La crisis financiera desatada durante el 2008 fue una muestra irrefutable de que las advertencias de Klein debían ser tomadas en serio. Ahora, la catástrofe en Haiti vuelve a poner en cuestión el modo en el cual las operaciones de rescate se están llevando a cabo, en nombre de quién dichas operaciones se realizan, y los objetivos que buscan. El descontento explícito que ha causado en la Comunidad Europea la intervención militarizada de los EEUU en Haiti evidencia los entramados de intereses subyacentes que pugnan por repartir los beneficios que la operación promete.

En su blog, Klein citaba hace unos días, a modo de ejemplo, la manera en la cual la Heritage Foundation, una de las más activas promotoras de políticas pro-corporativas en diversas situaciones de crisis, como en ocasión del huracán “Katrina”, publicitaba su participación en su página web pocas horas después de conocida la tragedia. La Heritage Foundation decía:

“In addition to providing immediate humanitarian assistance, the U.S. response to the tragic earthquake in Haiti offers opportunities to re-shape Haiti’s long-dysfunctional government and economy as well as to improve the public image of the United States in the region."

("Además de proveer asistencia humanitaria inmediata, la respuesta de EE.UU. para el trágico terremoto en Haití ofrece la posibilidad de re-formar el gobierno y la economía disfuncional de Haití, así como para mejorar la imagen pública de los Estados Unidos en la región".)

1 comentario:

gorka dijo...

Nuevamente queda patente la desfachatez que tiene la comunidad politica mundial y sus medios de comunicación, que nos presentan una catástrofe total de país, donde despues de la llegada de miles de militares norteamericanos, todabía nos han podido poner orden y organizar la inmediata ayuda a los dagnificados, donde se entorpece la labor de las organizaciones de voluntarios , que si están sobre el terreno, queriendo desarrollar su labor de socorro, donde las camaras pueden llegar y no los medios que la social civil, ha movilizado para dar apoyo inmediato.

Visitas al lugar de muchas autoridades, pero pocos avances en la tarea de solucionar las necesidades básicas de la población abandonada a su tragedia.

Desde las buenas intenciones y solidaridad que la mayoría tenemos con el dolor ajeno, debemos buscarnos representantes comprometidos con la causa humana de asistencia mutua.