viernes, 28 de diciembre de 2018

SOBRE LAS ALTERNATIVAS



Si echamos un vistazo al actual mapa del mundo, descubrimos que las fuerzas políticas se dividen grosso modo en dos bandos: aquellos que están comprometidos con la implementación de recetas «neoliberales» para organizar la sociedad, y quienes se enfrentan a ello con un conjunto de limitadas fórmulas de pretendido corte «keynesiano»
. En cualquier caso, ambas versiones de la economía política tienen el objetivo de amparar la propiedad privada y se encuentran al servicio inamovible de los ricos. Se alternan o se combinan de acuerdo con las circunstancias en diferentes dosis para hacer plausible la aparente alternativa, creando una suerte de ilusoria «política de consensos».  

Mientras tanto, una parte importante de la llamada «izquierda», en sintonía con las tesis hiper-individualistas del libertarianismo hayekiano y miltonita, niega o trata como anacrónica la lucha de clases, para centrarse exclusivamente en las luchas por el reconocimiento de las identidades diferenciadas. En la oscuridad de las grietas que abre esta falsa alternativa (luchas por la redistribución y luchas por el reconocimiento) crecen los resentimientos nacionalistas, xenofóbicos y racistas. Los perdedores se disputan los despojos que dejan caer los privilegiados cumpliendo con la imaginaria «teoría del derrame».

Por ese motivo, el punto de partida de cualquier movimiento de liberación no pasa por otro lugar que no sea el de la aceptación explícita de un axioma sencillo: que la genuina contradicción (la que no es una distracción diseñada para anular o contener nuestra rabia) es la que se da entre los ricos y los pobres, los poderosos y los explotados, los privilegiados y los desposeidos. Cualquier otra lucha es hoy una ilusión al servicio de la perpetuación y expansión del poder de clase. 


Es cierto, por supuesto, que la lucha de los ricos y los pobres está atravesada por todo tipo de marcadores raciales, étnicos, nacionales, de género, etc. Pero esto no debería ser óbice para que reconozcamos que toda alianza de clases para combatir a «nuestro otro» en el campo del reconocimiento es un regalo que le hacemos a los ricos para que expandan su poder de expropiación y explotación.

EL PAÍS DE LAS ÚLTIMAS COSAS

Éstas son las últimas cosas - escribía ella -. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las...