martes, 4 de agosto de 2009

LA RAÍZ DE TODOS NUESTROS MALES

He tenido la fortuna de vivir dos años en Bogotá, bajo esos cielos imponentes, escuchando muchos, pero muchos ladridos.

En el 89, presencié el famoso "caracazo". Esos días alumbrados en el que el ejercito venezolano encomendado a un proyecto neoliberal disparó contra su propio pueblo, para acabar con la módica cifra de 3000 muertos. El diario El País de entonces fue el que dio la cifra. Creo que el corresponsal era José Comas, que después estuvo viviendo en Buenos Aires.

También tuve ocasión de presenciar el Plesbiscito chileno del 88. Escuché a los opositores, pero tuve la fortuna de charlar largo y tendido con pinochetistas bien acomodados del régimen. Uno de ellos, simpático como pocos, se desvivió por convencerme que era necesario exterminar a los zurdos en el continente, y que pasara lo que pasara, nunca cambiaría nada en su país. Que el poder estaba bien consolidado.

Me he pasado años en Europa, hablando con gente de las más diversas índoles.
He vivido en Euskadi, y actualmente vivo entre los catalanes. Les he prestado atención, mucha atención, escucho sus reclamos y los contraargumentos que ofrecen quienes mandan.
En Holanda conocí racistas convencidos, y he pasado la mayor parte de mi vida adulta entre inmigrantes.

He vivido en Asia durante más de diez años: India ha sido mi hogar, también Indonesia. En Jakarta he compartido largas horas con las jóvenes opositores del régimen de Suharto, pero también me he sentado en la mesa de empresarios que animaban las charlas hablando con crueldad de la "chusma", y para quienes resultaba incomprensible e idiota las pretensiones de las poblaciones indígenas de algunas islas, o criticaban la paciencia de Jakarta ante la insurrección en Timor.

He trabajado durante dos años con un isralí extraordinario, desertor del ejercito e historiador. Con él presenciamos azorados desde una televisión en blanco y negro, la transmisión entusiasmada de la CNN de los bombardeos sobre Bagdad en la primera guerra del Golfo.

He vivido en las chabolas de Yogya y Nueva Delhi. He escuchado a los tibetanos, pero también a los chinos. He visto como Beijing caricaturizaba al Dalai Lama hasta el punto de convertirlo en un terrorista.

Una mañana de invierno, sentado en mi hermita en Dharamkot, ante la foto del lider tibetano, comprendí que para millones de personas, ese hombre considerado un santo para muchos, era un terrorista, el mal encarnado.

He visto que para someter a nuestros semejantes, para reducirlos a esclavos, escoria o cifra, para matar y exterminar a nuestro prójimo, el opresor necesita caricaturizar a su víctima.
Los nazis hicieron con los judios lo que la tradición europea les enseñó durante siglos (léase sino "El Mercader de Venecia"); los españoles hicieron con los indígenas, lo que habían prácticado con el moro y el judio en su propia tierra; los estadounidenses esclavizaron a los negros reduciendo su humanidad como los "conquistadores del oeste" hicieron con los indios; los colonos judios han hecho con los palestinos, lo que han aprendido del maltrato prodigado a su propio pueblo. Por su puesto, la lista no es inclusiva, porque es interminable.

Los budistas dicen que la ignorancia es la raíz de todos nuestros males, del aferramiento y el odio que nos nutre. De allí me viene eso que siempre repito como un eslogan: "La ignorancia es moralmente reprochable".

Los que insisten con el "eje del mal" y sus análogos, los que alimentan las consignas que llevan a la destrucción y al exterminio del otro, especialmente cuando están en posesión de las armas y la legitimidad que les otorga el poder -es decir, son dueños de las leyes y las palabras reinantes-, los que pretenden que los otros, son "absolutamente condenables", acaban justificando todos los horrores.

Mi intención en mis notas ha sido desenmascarar a los caricaturistas que formatean nuestro mundo. Como los prestidigitadores de los que nos habló Platón en el célebre mito de la caverna, nos ofrecen sombras, mientras nos mantienen encandenados ante las pantallas de piedra en la que proyectan sus invenciones.

Quienes denuncian la violación de la libertad de expresión en Venezuela, bienvenidos sean si están en lo cierto; sin embargo, aún no han respondido con sus vociferaciones a lo que me preocupa. Las radios y televisiones venezolanas no llegarán a todos los rincones del planeta, no ordenaran nuestra mente con sus mentiras, no darán forma a nuestros discursos, ni construirán los edificios de la falsificada verdad en la habitamos nuestros días en esta tierra.

La prensa corporativa viola nuestro derecho a una información veraz cada día de nuestra vida. Fabrica guerras, oculta destrucciones, proclama como héroes a los traidores, y silencia a quienes luchan por la libertad y la justicia.

Por lo tanto, no deberíamos comprar las insitaciones que esa prensa produce con tanta liviandad, porque antes, y por sobre nuestro derecho a la libertad de expresión, hay el derecho a la verdad, sin el cual, nuestro derecho a expresarnos se convierte en mero ventriloquismo.

8 comentarios:

PT dijo...

Juan Manuel,

A medida que fui leyendo tu relato pasé del “ahora nos estamos entendiendo” al “no, evidentemente no estamos de acuerdo”.

Creo que estás muy acertado cuando decís:
“Los que insisten con el "eje del mal" y sus análogos, los que alimentan las consignas que llevan a la destrucción y al exterminio del otro, especialmente cuando están en posesión de las armas y la legitimidad que les otorga el poder -es decir, son dueños de las leyes y las palabras reinantes-, los que pretenden que los otros, son "absolutamente condenables", acaban justificando todos los horrores.”

Pero, desde el momento en que hablás de “ejes del mal” tu crítica va hacia un solo lado. Omitís considerar (sé que no podés ignorarlos) los excesos que se comenten en Corea del Norte, Venezuela, Cuba e Irán (entre otros), donde gobiernos que poseen las armas consideran a los que se les oponen como “absolutamente condenables” y acaban justificando todos los horrores. Y no son los gobiernos en sí únicamente, sino los partidarios alrededor del mundo que los defienden.

No estás menos en la senda correcta cuando hablás de los “caricaturistas que formatean nuestro mundo”. A la luz de esto, no te parece que un Chávez que repetidamente tilda a todo aquel que se le opone de “oligarca”, “escuálido”, “pitiyanqui”, entre otros muchos adjetivos no está haciendo precisamente eso que vos condenás?

Hablás de prensa corporativa como violadora de nuestro derecho a información veraz. Qué prensa es objetiva? La que el gobierno financia? La que solo reporta las noticias que magnifican los logros y tapan los problemas? Tan solo mirá 10 minutos de un canal oficialista en Venezuela y tu teoría hace agua.

Volviendo a mi frase de apertura, digo “que estás entendiendo” cuando das el diagnóstico muy preciso; me desilusiono cuando veo que o no percibís o justificás los males que la parte con la que comulgás ideológicamente comete.

Cambiando un par de nombres y referencias, tu escrito podría parecer escrito por una persona de ultra derecha. Nada más cierto que eso de que los extremos se tocan.

Juan Manuel Cincunegui dijo...

Estimado PT,

Imaginemos por un momento que tiene razón. Qué todo lo que dice es cierto. Que soy un izquierdista rabioso y fanático y todas las otras acusaciones que hace sobre mí. Es decir, mi discurso está desacreditado.

Por lo tanto, le cedo la palabra. Le planteo algunas cuestiones:

1. Explíquenos de qué modo imagina que es posible resolver los problemas de injusticia social que reinan en nuestro continente.
2. Dénos una respuesta acerca del modo en que imagina una Latinoamérica capaz de enfrentar regionalmente los desafíos del siglo XXI.
3. Explíquenos de qué manera seremos capaces de sortear las dificultades que una democracia meramente formal nos plantea, en contraposición a una democracia profunda, que no se encuentre a la merced de los intereses corporativos.
4. Cómo haremos para ofrecer una educación de calidad que no se encuentra al servicio exclusivo de la empresa, sino que ofrezca alternativas para una construcción cívica en libertad
5. Cómo haremos para redistribuir la renta.
6. Qué haremos para compensar y reconocer las identidades históricamente menospreciadas. Qué haremos con los pueblos originarios
7. Cómo se imagina redefiniendo la educación en términos continentales después de cuatrocientos años de Euro-centrismo que nos aleja de la posibilidad de construir una identidad sudamericana que nos permita defender en común los intereses de nuestras naciones frente a los intereses de otras regiones planetarias
8. De qué manera (con qué instrumentos) nos enfrentaremos a las poderosas corporaciones cuando amenazan en nuestro continente el hábitat natural, la convivencia y las instituciones
9. Cuáles son los mecanismos que propone para regular el capital.
10. Cómo haremos para dotar a los trabajadores de poder real ante la prueba abrumadora en el mundo entero de la fragilización del empleo y la disminución del salario real
11. Cómo nos defenderemos de fenómenos universales como las deslocalizaciones o los golpes financieros.
12. Cuál es su política tributaria, teniendo en cuenta que nuestra primera prioridad no puede ser nunca el crecimiento desequilibrado de la renta, sino la donación de condiciones dignas para la población en su conjunto.
13. Qué lugar ocupan los Estados Unidos en su política exterior.
14. En qué términos plantea usted una política de alianzas comerciales con Europa y los Estados Unidos.
15. Cómo haremos para asegurar salud y educación universal, para evitar la implementación de políticas represivas ante la violencia generalizada que producen los programas de crecimiento económico que pretenden construir una sociedad de espaldas a las necesidades sociales

En fin, veremos si se trata de Boca contra River, o si hay diferencias de fondo que merece la pena que pensemos juntos.
Saludos,

Manu

PT dijo...

Juan Manuel,

Ojalá pudiera endilgarle a la falta de tiempo mi falta de respuesta a todos tus preguntas. El tiempo es escaso, pero también debo admitir que no me considero con la inteligencia suficiente como para proponer la manera de que el mundo sea mucho mejor.

Habiendo dicho esto, debo comentar sobre cómo estás encarando el tema. Como pongo en duda la elasticidad de cada una de los sectores en pugna (izquierda y derecha como sin imaginación se me dio por llamarlas), me conminás a que dé la fórmula mágica con la cual todo andará mejor.

Para poner una analogía a lo que me pedís, imaginate esta situación: Nos encontramos en la sala de espera de un hospital donde hay un paciente que necesita transplante de corazón. Se abre la puerta y aparece una persona vistiendo un guardapolvos y que blandiendo un palito de helado, trincheta y plasticola declama que va a entrar al quirófano y va a dejar al paciente como nuevito. Ambos, creo, sin ser cirujanos y sin tener idea de cómo operar, concluiremos que el método que este galeno quiere aplicar no va a funcionar.

Bueno, creo que muchas de las respuestas que la izquierda está dando a los problemas del mundo son muy parecidas a las del cirujano trucho.

En otras palabras: no siempre cuando uno critica debe tener la respuesta adecuada (Los jurados de los concursos de belleza muchas veces son muy feos).

Me tengo que ir a dormir. Mañana completo.

Saludos.

Juan Manuel Cincunegui dijo...

Estimado PT,

Creo que el asunto ha quedado claro.

Empezó hablando de partidos de fútbol, y acabó hablando de payasos y concursos de belleza.

Creo que su renuencia a responder a los asuntos que le he planteado no es mala fe, sino que no los ha pensado en absoluto, porque no entran en su agenda política.

Pero no lo tome a mal. Intente ser honesto intelectualmente y reconozca que no ha gastado dos minutos para cuestionar estos temas, que lo que le mueve las tripas cuando habla de izquierdistas y otras patrañas que se le asemejan, no son pensamientos racionales y análisis pormenorizados, sino un asco y una rabia visceral que no tiene nada que ver con la intención de participar en la construcción de un “nosotros” más amplio sino, por el contrario, la oculta pretensión de formar parte de un “nosotros” exclusivo frente a la masa de indignos que se arrastran por el continente.

Lo que le revuelve las tripas es que ahora, los “nadie” se han visto favorecidos y fortalecidos por las políticas populistas de estos líderes que usted tanto desprecia, estos “payasos”, “monos”, “mestizos” ,“indios” y “criollos mentirosos”, como dijo Vargas Llosas refiriéndose a Evo Morales.

Estuve en La Paz en el '95. Los indiecitos andaban siempre cabizbajos y temerosos. Alguien visitó el país recientemente, alguien que lo conoce con cierta profundidad, me ha dicho: “No sé si algo más deberíamos agradecer a Evo, pero es seguro que ha devuelto a este pueblo maltratado durante siglos, el reconocimiento de que ellos también merecen un lugar en la mesa.”

Antes de contestar, piense con serenidad. No actúe como si todo esto fuera un partido de fútbol.

Tampoco la política es un concurso de belleza. Eso es lo que nos quieren hacer creer aquellos que pretenden convertirla en un espectáculo, los que se afanan por vaciar la política de contenido para hacerla objeto exclusivo de las ecuaciones del marketing..

Por otro lado, con el mayor de mis respetos, no se deje adoctrinar con tanta liviandad por los periódicos. No se case con ninguno. Lea con más amplitud, dedique algunas horas a otras ideologías. Extraiga consecuencias contrarias a su propio imaginario con alegria. Hágase amigo de gente de izquierda y escúchelos con atención, deshaga la imagen infantil que ha alimentado de sus enemigos políticos. Todo esto le servirá para crecer, para hacerse mayor políticamente, para escapar a la triste reiteración del lugar común, a la arrogancia con la que nos paseamos por el mundo por habernos convertido en perfectos targets publicitarios.

Recuerde a Tocqueville, que en el siglo XIX escribió sobre lo que hacía peligrar la democracia estadounidense: los negocios y la comodidad. Tocqueville nos anunciaba un despotismo blando (una predicción bastante ajustada a lo que nuestra democracia formulística ha producido en occidente).

Recuerde a Adam Smith, que ya en el siglo XVIII prevenía a sus conciudadanos: cuando los negocios privados manejan los destinos del país, la nación corre peligro, porque los negocios (decía Smith) actuarán contra la patria si eso beneficia a sus intereses.

En fin, mi agradecimiento y cordialidad


Manu

CHEIA dijo...

Decir que la ignorancia es "moralmente reprochable" me parece un poco fuerte...Además, creo que habría que aclarar a qué te referis con IGNORANCIA, ya que hay muchas personas en el mundo que nacen en condiciones de indigencia, o incapaces de acceder al conocimiento intelectual, y a pesar de ello, conocen más de la vida que muchos de nosotros, por estar conectados con la naturaleza y son su alma...Creo que hay conocimientos que no los dan los libros, sino la vida misma...:)

Juan Manuel Cincunegui dijo...

¿Qué significa la ignorancia?: Respuesta a Cheia.

En primer lugar, si la personas de las que hablamos "conocen más de la vida que muchos de nosotros", como vos decís, eso quiere decir que en esa medida son menos ignorantes que nosotros. Por lo tanto, cuando hablo de “ignorancia”, no me refiero a ella en contraposición a la erudición. Probablemente, la erudición puede contribuir en ciertas ocasiones a profundas instancias de ignorancia. Sino pensemos en la alta cultura europea en la que se gestaron las dos grandes Guerras Mundiales del siglo XX.

Por lo tanto, en ese punto estoy de acuerdo contigo. Aquí ignorancia no es necesariamente información, sofisticación técnica o amaneramiento cultural. Estamos hablando de comprensión real. De comprensión de lo real. O para decirlo de otro modo, un tipo de “sentido común” que nos permite ver las cosas tal cual son. Creo que muchas veces, la educación formal prolongada obstaculiza nuestro sentido común. Nos adoctrina en la ignorancia.
Me acuerdo cierta ocasión en la que Noam Chomsky señaló algo semejante: Las personas más educadas de nuestra sociedad (me refiero de nuevo, a la educación formal), en buena medida son las más ignorantes respecto a ciertas verdades evidentes que, sin embargo, son notorias para el común de la gente. Eso ocurre muchas veces con los expertos. Y es un rasgo común entre los altos ejecutivos de las grandes corporaciones. Parecen vivir en un mundo diferente al que habitan las personas comunes del país.

En ese sentido, la ignorancia de la que hablo es más bien un constructo. Se trata de imaginarios que nos permiten justificar nuestra participación en labores o actividades que son evidentemente dañinas para mucha gente, y que son percibidas de ese modo por quienes las padecen y por quienes se atreven a enfrentarlas.


Chomsky planteó el asunto en cierta ocasión en términos de psicología individual. Imaginemos una persona que engaña a su pareja. El engaño es moralmente reprochable, evidentemente. Pero esta persona encuentra una buena razón para lo que hace. Por ejemplo, se dice a sí misma, que su compañera es indiferente, o que no lo satisface emocionalmente, o que lo controla demasiado, o que no lo deja crecer, etc., y en vista a ello, decide que su engaño no es verdaderamente reprochable, porque ha logrado elaborar un argumento que lo preserva de la responsabilidad moral que conlleva la actividad de engañar.

Este tipo de jugarreta es muy común. Lo hacemos continuamente. En realidad la mayor parte de nuestra actividad discursiva habitual pasa por justificar nuestras actividades indecorosas o inapropiadas a fin de sentirnos bien con nosotros mismos cuando cometemos algo inapropiado.

Juan Manuel Cincunegui dijo...

(continuación del comentario anterior)

Ahora llevemos eso al terreno social.
Hay gente que frente a las injusticias sociales, por poner un ejemplo, se contenta con decir cosas comos esta: "Siempre han existido pobres", o imagina que es posible evitar la responsabilidad que a todos nos corresponde por ser miembros de dicha sociedad, con relatos un poquitín más sofisticados pero igualmente "perversos” moralmente: “Lo único que importa es cambiar uno mismo”.

Reconozcamos primero que hay dos maneras de cometer una falta moral. Hay faltas morales que se producen por exceso, es decir, realizamos una actividad moralmente reprochable, como robar. Y hay faltas que son tales, por defecto. El ejemplo habitual es el de la persona que se dirige a una importante reunión de negocios, que se encuentra con un niño que ha caido en un estanque. Pero el hombre se exime a sí mismo de la responsabilidad de salvar al niño, debido a la responsabilidad que tiene de acudir a dicha reunión.

En el primer caso, nuestra falta consite en realizar algo indebido. En el segundo caso, consiste en no hacer aquello que deberíamos haber hecho. Probablemente, nosotros estaremos de acuerdo que el primer caso es obviamente una falta moral. Pero en el segundo, la cuestión no siempre será tan clara. Y aquí se vuelve evidente el lugar que tiene la ignorancia en nuestras vidas. Entonces volvamos al ejemplo de la práctica espiritual. Nuestra frase fue: “Lo importante es cambiar uno”. ¿Qué es lo que estamos diciendo? ¿Que si de camino a la clase de yoga o meditación nos encontramos con un niño que se ahoga en un tanque no lo socorreremos porque nuestro propósito último es cambiar nosotros mismos? No, evidentemente, eso no es lo que estamos diciendo. Pero si lo pensamos con mayor detenimiento, nos daremos cuenta, que de camino a nuestra clase de yoga o meditación, no sólo se está ahogando un niño que podría haber sido salvado, sino que cientos de miles, millones de seres humanos que podrían estar siendo rescatados, han sido abandonados a su suerte.
Pero nosotros no sólo no estamos activamente comprometidos con salvar a esta gente, sino que para colmo, colaboramos y justificamos un sistema político, económico y social que permite que esto ocurra.
Este es un tipo de ignorancia de la que raramente somos conscientes. Y la espiritualidad puede ser una muy densa cortina que nos impida tomar consciencia de ello. Por lo tanto, y esto es sólo un ejemplo, aquí podés ver con cierta claridad cual es la estructura, el mecanismo de funcionamiento de la ignorancia, y por otro lado, porque razón reprochamos a esta moralmente. Porque las consecuencias de esta ignorancia, son tremendas. Porque no querer ver, implica ser cómplice del estado del mundo. Pero nosotros no sólo no queremos ver, sino que activamente nos justificamos y creamos toda clase de argumentos para asegurarnos nuestra bondad moral respecto a las actividades que realizamos. Y esto, porque entre otras cosas, vivimos en la ficción, la ignorancia, que nuestro objetivo en la vida es el logro de una armonia, de una paz, de un bienestar, que ponga en cuarentena todo dilema moral. Queremos estar bien. Y queremos estar bien por sobre todas las cosas. Incluso si estar bien, implica cegarnos absolutamente al mundo en el que vivimos. Y en esta época histórica en la que nos ha tocada nacer, el engaño se ha vuelto tan sofisticado, que imaginamos los más esperpénticos relatos, las más rertorcidas ficciones, para no tener que habitar y convivir con la vergüenza del hambre, la injusticia, la guerra, el dolor, la ambición, la traición, que nos rodea y nos constituye.

Espero que haya sido de alguna utilidad.
Un beso,

Manu

Anónimo dijo...

Apreciado Manu.
Soy Carlos Chaves del Valle. amigo de Grace, que me manda tus publicaciones.
Me interesarìa mucho recibirlos como parte de tu listado de mails, Te pido incorpores mi direcciòn He recibido el ùltimo "Claro del Bosque" con diferentes notas de mi especial interès, y tendras mis comentarios para compartirlo. Confìo que vos como editor de tu blog, tendràs un lector interesado y de respuesta pronta, para ese intercambio necesariamente enriquecedor y "nutritivo",
Abrazo
Carlos