sábado, 20 de febrero de 2010

HONRAR EL PENSAMIENTO

Vivimos una época curiosa, una época en la cual el pensamiento reducido a su función técnico-instrumental encuentra su mejor aliado en el emotivismo. El pensamiento reflexivo no vive sus mejores horas. Por esa razón se me ha ocurrido, como una especie de recordatorio para mí mismo que eventualmente puede serle de utilidad a un hipotético lector, apuntar algunas anotaciones sobre este asunto.

Nuestras vidas, como venimos diciendo en prácticamente cada uno de los post que hemos colgado en esta página, parecen vivirse, en muchos casos, por sí mismas, independientemente de las decisiones que tomamos al respecto. El propósito de nuestras vidas parece decidirse en otro lado. La empresa capitalista y la burocracia estatal nos imponen estructuras que constriñen nuestros horizontes. Desde el comienzo de nuestras vidas, y aún antes que nuestras vidas sean siquiera una esperanza en el vientre de nuestras madres, estamos sometidos a poderosos discursos, mecanismos y disciplinas de objetivación que convierten nuestras existencias en recursos u obstáculos para el desarrollo de los fines que en esta época histórica se ha impuesto nuestra civilización. Somos educados para formar parte de redes extensas cuyo propósito es el crecimiento y enriquecimiento cuantitativo de dichas entidades y la preservación y aumento de su poder.

Como contrapartida, la cultura contemporánea nos ofrece una serie de disciplinas de “di-versión” que nos permiten escapar a las angustias del sinsentido a través de técnicas de subjetivización. El deporte, el yoga, la meditación y otras terapias afines nos ayudan a vaciarnos de los residuos “cancerígenos” que produce el proceso de objetivación al que estamos sometidos. De ese modo, nuestra existencia pendula entre actividades puramente funcionales y “experiencias de evacuación” que nos hacen sospechar un potencial que de manera efímera nos ayuda a continuar haciendo esfuerzos en la dirección que nuestra sociedad y nuestra cultura ha marcado como ineludible para nuestro tiempo.

Ahora bien, como hemos dicho, en la mayoría de los casos, la solución terapéutica es más o menos efímera. Ni bien hemos acabado con nuestra sesión de running o meditación, o estamos de regreso de la fiesta carnavalesca o del viaje exótico, somos devueltos frente a la pantalla de nuestro ordenador donde volvemos a asumir nuestra existencia no calificada como un nodo del sistema. La sesión de running o meditación, la fiesta y el viaje han puesto un paréntesis en nuestra actividad, pero no han servido para transformar nuestra existencia en la obra de arte que merecería ser. Nuestras vidas son planas como el mundo en el que vivimos, que apura su tránsito hacia la normalización global.

¿Qué es lo que nos queda para resistir este círculo vicioso? Hace algunos años, estando en McLeod Ganj, el Dalai Lama me dió el siguiente consejo: “pensar, pensar, pensar”. A diferencia de lo que ocurre con otros sistemas, lo que el Dalai Lama venía a decir es que el factor determinante y diferencial es la reflexión, la voluntad concertada a echar luz, a clarificar nuestra situación existencial.

Esa reflexión tiene dos aspectos. Por un lado, intentar determinar las características constitutivas de lo que somos como seres humanos lo cual, a su vez, significa ponernos a nosotros mismos en el escenario de la naturaleza para comprendernos como parte de ella y de ese modo determinar nuestros proyectos sobre el fundamento de nuestro ser en el mundo. Por otro lado, como diría Hegel, intentar captar nuestra época en concepto.

Creo que Foucault estaba en lo cierto cuando señaló la relevancia que tiene para nosotros reflexionar acerca del momento histórico que nos toca vivir: ¿qué es lo que está pasando con nosotros? ¿qué es el mundo en este período histórico, ahora mismo? ¿qué es lo que nos está tocando vivir?

En el primer caso, decía Foucault, nos preguntamos: ¿Quién soy yo?, y la respuesta que damos a dicha pregunta es ahistórica, atemporal, universal: somos un sujeto. Ese es el modo en el cual Descartes encaró la cuestión.

La pregunta de Foucault, que tiene su origen en el interrogante kantiano acerca de la ilustración es muy diferente. En buena medida es una pregunta complementaria con la primera, acerca del carácter constitutivo de nuestra identidad, aunque ahora mismo se ha vuelto ineludible para nosotros: ¿Quiénes somos en ese preciso momento de la historia? Lo cual también nos obliga a pensar por qué razón es una pregunta de este tipo ineludible para nosotros, los hombres y mujeres que habitan el comienzo del siglo XXI.

Una pregunta de este tipo no puede responderse haciendo meditación, o haciendo yoga, y probablemente no pueda responderse tampoco en el diván de un psicoanalista o en la charla con nuestro terapeuta preferido. Para responder a esta pregunta hay que volver la mirada al mundo y vernos en él, ineludiblemente, haciendo el esfuerzo de transparentar la radical contingencia de todas nuestras convicciones por medio de una especie de extrañamiento del mundo. Hay que ver al mundo en el tiempo, hay que volver a sorprenderse no sólo por la estructura radicalmente transitoria de nuestros modos de ser, sino con la delicada apreciación de los mundos que en cada caso hemos hecho, pero no con el ánimo museístico con el cual nos enfrentamos a nuestra historia oficial o a las bellas artes, sino desde el presente, o como decía Foucault: con la intención de escribir una historia del presente. Es decir, vernos a nosotros mismos a la luz de la historia que nos ha hecho devenir lo que somos y el futuro que ahora mismo estamos pro-yectando.

2 comentarios:

Gorka dijo...

EL PENSAMIENTO LLEVA A LA ACCION.

La mente es su complicada manera de establecer los ordenes, necesita del factor tiempo para no provocar la aparición del instinto primitivo.

La reflexión del pensamiento permite una mayor introspección de la realidad, su mejor compresión y con ello un mayor dominio de la actuación.

La interpretación correcta de nuestro tiempo. nos conecta con la proyección del futuro.

Nuestra interacción en los procesos
debe venir acompañada del reconocimiento pleno de la participación en el devenir de los acontecimientos.

Acompañar al pensamiento hasta su realización

lanagloria24 dijo...

Nuestro tiempo al igual que cualquiera otro, corresponde a su momento en desarrollo, a nuestro tiempo subjetivo le corresponde a veces hacer un corte y mostrar a otros aquello que se vislumbra como un acontecimiento de consecuencias en su mundo circunstancial, a veces no.

Se requiere además de reflexión, de intuición. A veces la agudeza del pensamiento permite normatizar aquello que se presenta como fenómeno evolutivo o involutivo y asegurarse de que el fenómeno se repita o sea eliminado del campo de lo social en el cual tendría relevancia o consecuencias para sí mismo y para otros.

Algunos buscan al psicoterapeuta, al yoga o la meditación para encontrar interlocutor ya sea en el otro, en el conocimiento o en su conciencia.O en la dotación de su propio e inexplorado cerebro apto para el reconocimiento y la acción. Otros en cambio no quisieran saber nada de ello solo de números, matrices, cifras, periódicos, también las noticias y los comentarios sobre las mismas, son provocaciones a las que nos vemos tentados a refutar.

No podemos desdeñar la prensa, ni las revistas de opinión si pretendemos estar actualizados, no podemos desdeñar nuestras necesidades mas profundas respecto a lo que podemos ser de acuerdo a nuestra propia estructura mental o constitutiva del hecho de ser hombres.

El cuerpo también tiene su lenguaje, el corazón y el sentimiento su propósito y discurso, el arquetipo religioso, político o social su historia. La historia tiene su propósito o su despropósito. La vida decía Borges es mas sabia que nosotros mismos.

Dejame decirte que cualquiera que haya tenido una experiencia psicoterapéutica no vuelve a ser el mismo. Cualquiera que niegue su propia realidad se alejará despavorido al ver, oh sorpresa, que el terapeuta no es aquel que comparte sus opiniones ni sus juicios sobre la realidad; que bien es conocida esa imagen caricaturesca, donde la pareja va a resolver sus diferencias y opta después de observar su propio espejo, por la ruptura definitiva. Cuando su própósito fiel era la reconciliación, la negación y la consecución del soporte necesario por parte de otro, para continuar de esa, su acostumbrada manera.

La ruptura de sus dependencias, de sus juicios, de sus cargas aceptadas con paciencia y para siempre, es generalmente la consecuencia. Un terapeuta no es esa odiosa imagen de un apoyo para sus convicciones sino alguien que pueda permitirle al consultante hacer una lectura en su cognición, en su discurso, en su instinto, en su afectación, en su proyección sobre su circulo vital, predeterminado por su propia y desconocida historia filogenética y ontogenéticamente
circunscrita por la naturaleza de la vida y la artificiosidad de su entorno.

No desdeñes el conocimiento de otros, ni sus experiencias, ni sus reflexiones, no accedas a su conocimiento, a sus experiencias a sus reflexiones. En esto estamos solos, todos y cada uno.

Mi ex compañero, mi ex esposo me dijo que es lo que me quieres decir y yo dije, no te lo puedo decir para que todos lo oigan. El contestó si no lo puedes decir....entonces, no lo digas.

Mi hermano ha abandonado el licor, en los ultimos diez años, que no son nada ahora, fué un propósito común. Ahora tengo la certeza, su mente cambió, en un instante. Quizás en el instante en que cayó sobre sí mismo al suelo y su columna se quebró. Todo ha sucedido bién. Ninguna reflexión, ni pericia ha hecho lo que la naturaleza misma.

En los últimos 6 meses he ganado y perdido consecutivamente 5 o 6empleos. Ahora dicto clases particulares de ballet, me tomaría horas, días, expresarte lo que ahora sé. Pero es conmigo misma con quien debo hablar.