martes, 2 de marzo de 2010

QUERER ADOCTRINARSE



Cuando era chico conocí a un hombre que, entonces, creía yo, era un hombre sabio. Pero que con el tiempo comprendí no era más que el producto intelectual de la lectura de un único periódico. Eran otros tiempos. Los periódicos eran gruesos y podían convertir a un hombre de abajo en una persona instruida en los gustos y las ideas de los de arriba. El periódico permitía a este buen señor conocer de todo sin conocer nada. Citar a los autores predilectos de los entendidos, menospreciar lo que otros menospreciaban y de ese modo estar siempre a la última.

Aunque proveniente de una familia de pobres asturianos que llegaron con una mano adelante y otra mano detrás a la Argentina de las vacas gordas, cuando abandonó el conventillo dejó detrás de sí las publicaciones anarcosindicalistas con las que había alimentado su juventud y decidió incorporarse en el partido conservador. Intento olvidar su pasado para convertirse en un hombre decente y respetado. Su esfuerzo no fue vano. Sus hijos alcanzaron cierta fortuna convirtiéndose en abogados, ingenieros y empresarios, y sus nietos, educados para ocupar puestos gerenciales en alguna multinacional.

Nada de esto hubiera sido posible si el hombre sabio que conocí no hubiera reconocido en el matutino elegido la fuente más fiel de su adoctrinamiento. Se trataba de decir lo que todos los que importan dicen, de pensar todo lo que los que importan piensan y de hacer lo que todos los que importan hacen. De ese modo, sopesando los gestos y silenciando las ignorancias, se fue acomodando al mundo que le había tocado vivir consiguiendo con ello arrancar tajadas a las circunstancias.

No hay nada reprochable en la historia de este hombre. Más bien todo lo contrario, la limitada, pero no por ello desdeñable gloria de un hombre sencillo que hizo esfuerzos para escapar a su destino arrabalero y formar una familia.

Sin embargo, hay otra historia que no se cuenta en esta historia. La lucha política y social que otros como él realizaron para llevar a un país de inmigrantes excluidos a convertirse en una democracia siempre amenazada, de aquellos que fueron maltratados, encarcelados y asesinados para cambiar el rumbo de una tierra de promesas que aún esperaban cumplirse.

El hombre sabio del matutino puede jactarse de sus logros personales, pero está muy lejos de ser un prohombre. Es más bien un hombre cualquiera, de esos que están en todos lados.

Ahora, la pregunta foucaultiana se articula del siguiente modo: no se trata únicamente de saber cómo hemos llegado a ser éste hombre que somos en cada caso, sino que además, la intención consistiría en imaginar cómo hubiera sido ser otra cosa, pensar otras cosas, hacer otras cosas. Hemos llegado a convertirnos en este tipo de ser humano, este agente moral cuya aspiración pasa por defender ciertas banderas, pero podríamos haber sido otro, cuyos anhelos fueran otros.

Lo importante, en todo caso, es que estos dos extremos de la reflexión deberían servirnos para abrir un espacio de libertad. En este caso, la libertad consiste en darnos cuenta que nuestra identidad es un fenómeno contingente, que eso que decimos ser, eso que ejercitamos en nuestros quehaceres no es una realidad necesaria, sino más bien una invención que puede ser reescrita, que esa reescritura puede permitirnos volver hacia el pasado en busca de aquellas instancias en las que decidimos convertirnos en esto que somos, y devolver a nuestro tránsito las alternativas perdidas, las instancias desplazadas.

En definitiva, el hombre ordinario puede volver sobre sus pasos para descubrir lo que han hecho con él, con su propio consentimiento, con la astuta decisión de ser disciplinado por los que manda para cumplir un rol en la historia que otros narran por él.

2 comentarios:

gorka dijo...

Hoy más que nunca en esta denominada globalización mundial, saturados de información en todos los frentes, se nos alimenta con las razones del propio mercado, para justificar la reducción de los derechos humanos que tantos sacrificios costaron a nuestros antepasados, se mata selectivamente ( las bajas colaterales tambien cuentan ) se invaden naciones, derrocan gobiernos, provocando la continuidad de la miseria de millones de seres humanos, en pro de los grandes beneficios que genera para el sistema y que después ofrece transformados en nuestros productos de consumo.

En un sistema de economia de mercado, el actual adoctrinaje está en la selectiva adicción al consumo.

Participar en el consumo sin responsabilidad, perpetua el
privilegio de unos pocos, sobre el derechos de todos los demás a participar del reparto existencial.

Rafael dijo...

ME PREGUNTABA AYER SI ESTAS PERSONAS QUE ESTAN DETRAS DEL PORDER ECONOMICO Y POLITICO , QUE HAN MANIPULADO A LAS PERSONAS MENOS FAVORECIDAS POR MILENIOS SON CONSCIENTES DE SU MANIPULACION O NO, O SI TAMBIEN SON PRODUCTOS DEL SISTEMA DE UN ESTRATO SUPERIOR O QUE.
LO DIGO PORQUE NO ME CABE EN LA CABEZA QUE ALGUIEN QUE SE HA DADO CUENTA DE LA MATRIS "THE MATRIX",SE APROVECHE DE FORMA CONSCIENTE DE LA IGNORANCIA DE LOS DEMAS, LO CUAL PARA MI SIGNIFICARIA QUE NO ES TOTALMENTE CONSCIENTE.