sábado, 29 de mayo de 2010

BICENTENARIO DESDE LA OTRA ORILLA



Lo que sigue a continuación es mi respuesta a un amigo argentino que me escribió dándome testimonio de los festejos por el Bicentenario de nuestra patria. Con el fin de cumplir con mis deberes ciudadanos (pese a vivir fuera de mi país aún me considero obligado a mi tierra que me dio el habla y la pasión de ser), ofrezco esta comunicación para dejar por escrito públicamente mi posición política al respecto.


Estimado Carlos,

Te agradezco el testimonio. La escritura es una radiografía del alma. Es difícil no aprehender quién es el otro cuando se anima a dar forma a sus pensamientos. Por esa razón, independientemente de las diferencias que puedan existir en las visiones del mundo que tiene cada cual, produce cierta alegría encontrarse con alguien que se toma el trabajo de no reducir el lenguaje "postal" a la jerga de los celulares.

Por lo tanto, reitero mi agradecimiento por tu testimonio. Desde aquí las cosas, sin embargo, no las leímos del mismo modo. Y paso a relatarte, desde nuestra humilde periferia, cómo entendimos lo ocurrido.

Es cierto, probablemente, que el intento de sacar rédito partidista de los acontecimientos sea un modo arbitrario de acercarse a los festejos de la última semana. Sin embargo, creo que sólo en la mente de un "fanático liberal" puede animarse la creencia de que un festejo bicentenario en donde lo que se festeja es, justamente, el logro de la soberanía, no es un acto político.

Evidentemente, es un acto político, y por lo tanto debe leerse como un acontecimiento político. Por supuesto, cuando hablamos de partidos políticos, lo primero que nos viene a las "mientes" son las estructuras básicas y los comités, pero lo partidario también hace referencia a las parcialidades dentro de la totalidad, y es en este sentido, también, que los actos de los otros días fueron partidarios.

Por supuesto, en este sentido nada es claro, y nadie puede en su sano juicio afirmar con rotundidad lo que significan los signos, porque en un acto de las características carnavalescas que se vivieron, donde todos más o menos se mezclaron con todos, pese a los intentos por una minoría bastante miope de mantenerse encerrada detrás de las vallas, no hay manera de medir las ideologías subyacentes que empujan a la gente a la plaza.

Sin embargo, creer que todo se reduce al auto y la quinta y tener internet, como si ese fuera el único deseo de los argentinos in toto, me parece partidario, lo cual pone de manifiesto que aquellos que pretenden no hacer política hacen política por narices, porque somos animales políticos (como decía Aristóteles) aunque apostemos a la antipolítica.

Pero no deslegitimo con ello el deseo de alcanzar una feliz estancia en esta tierra de espinas que nos toca vivir. ¡Válgame Dios!, pero yo soy más o menos aristotélico en estas cuestiones, sobre todo porque soy budista, que es más o menos lo mismo. Y nosotros creemos, como Aristóteles que una vida buena se logra adquiriendo y jerarquizando de manera adecuada los bienes que nos ofrece "la vida y la vida buena". La "vida" (lo infraestructural) en este sentido son la casa y la quinta y el autito nuevo y la buena conexión de internet de la que hablás. La "vida buena" son las cuestiones que tienen que ver, hoy ya no con ser un ciudadano de la Polis, sino ser un ciudadano local, nacional y global, y participar activamente en los menesteres de la comunidad local, nacional y global. Tener pasión por el mundo que nos toca vivir. Que nada nos resulta ajeno, si querés ponerlo en lenguaje más o menos poético.

Pero además, el Estagirita hablaba de la contemplación, y los budistas de la sabiduría trascendental. Una vida buena no puede prescindir de la trascendencia, de algún modo de entender la enfermedad y la muerte, y de cierta postura explícita y pública acerca de ello. Hablar de la enfermedad y la muerte, contra algunos izquierdistas ateos, con los cuales compartimos un montón de cosas, pero no ésta, significa reconocer que no todo nos lo jugamos en la vida, que hay un ámbito de la existencia humana para la cual nuestros proyectos póliticos, económicos y sociales no tiene una solución. Esta disputa no sólo la mantenemos con Marx y sus herederos, sino también con los neoliberales que como hijos bastardos de Hegel, creyeron y aún creen pese a las duras evidencias que los enfrentan, que el futuro es el presente: capitalismo y democracia liberal.

Los liberales han querido que estas cuestiones sobre la vida buena pasaran a "mejor vida", que se quedaran encerradas en la esfera privada de cada cual. Nosotros, que compartimos con los conservadores cierto hartazgo con la enmascarada moral burguesa, y con los nietzscheanos cierta repugnancia hacia todo lo que es burocrático y gerencial, terapéutico y estético-consumista, creemos que hay que sacar a la calle los bienes a los que aspiramos, para horror de las señoras gordas y los famosillos del Colón (en el teatro Colón la oposición festejó un bicentenario paralelo. Dicen que el Colón estaba bárbaro -testimonio recogido en Facebook.)

En cierto modo, nosotros somos tradicionalistas revolucionarios. Lo cual parece un contrasentido pero es la mejor explicación que tenemos a nuestra disposición. No creemos que debamos olvidarnos del pasado heredado, de la cultura griega y judia (ahora también la budista), pero creemos que debemos digerirla y reeditarla como latinoamericanos, y eso significa que no sólo habla el criollo, sino también el indio y el mestizo, en igualdad de condiciones. Es decir, que en esta época de cambios donde nuestra voz comienza a escucharse en el mundo, debemos hacer de la cultura global, cultura local, y ésta a su vez una ofrenda testimonial de nuestro peculiar ser en el mundo.

Pero para llevar a cabo nuestras ilusiones debemos comprender que, ocupados exclusivamente en los quehaceres de la vida, de la producción y la reproducción, nos hemos olvidado de la vida buena, a la que sólo admiramos a través de cablevisión. Desde esta perspectiva, aunque la apariencia y la realidad no vayan siempre de la mano, hay detrás de este bicentenario argentino un sabor Latinoamericano (utópico y heróico) del cual deberíamos sentirnos orgullosos.

Las comunidades se hacen a través de sus relatos, de sus narraciones identitarias, y una parte (un partido) de la Argentina ha adoptado siempre, con abrumador y despiadado estilo, una postura europeista (los más grasas prefieren Miami) que desdibuja lo que somos. En su reeditado antiperonismo, en su odio y su asco visceral hacia todo aquello que huela a otra Argentina diferente a la suya, esa postura europeista corre el peligro de convertirse en traición.

2 comentarios:

lana dijo...

En Colombia estamos haciendo una revolución, si bien hemos sido vulnerados en la vida misma como ha acontecido en nuestros dos siglos de existencia, hoy tenemos en la proximidad de las siguientes elecciones candidatos de clase no política, que a fuerza de conciencia, compiten en el discurso, con aquellos que si conocen bien de sus estrategias. Candidatos no convencionales, de izquierda, liberales o conservadores, candidatos brillantes fuertes y claros en sus propuestas, que por primera vez en la historia política de nuestro país han debatido de manera pública, los últimos acontecimientos que nos han puesto en la mira internacional por delitos de Estado y de carácter de lesa humanidad, situación que ha obligado a los candidatos oficiales y oficialistas, a mediar en su calidad de humanos, frente a todo el país y a los compatriotas del exterior, muchos de ellos asilados políticos o por razones económicas o bajo el deseo imperativo de una vida digna en el exterior, incluso oportunistas cobijados bajo esta misma justificación.
El debate que vimos los colombianos estos dos últimos días por la tele nos enorgullece, creo que a pesar de todo error, es de hombría y humanidad sin excluir género, hablar públicamente y en directo a la opinión, la que mediante su natural expresión deja ver seres controvertibles, emocionales en sus rostros y exclamativos en sus palabras que se develan y escapan así a todo intento de su control.
Vimos un Santos humano, que ya creía habría perdido ese carácter, un Mockus que a pesar de toda su erudición se compungía en su expresión corporal tratando de dar lo mejor de sí (que ser cálido y profundamente comprometido), un Petro beligerante audaz y valiente levantando la voz por un país herido, masacrado, desplazado y desarraigado por el bien común de la tierra, una Nohemí que busca identificación con las mujeres, que no las representa pero si muestra su femineidad al preocuparse por aspectos que los hombres ni siquiera mencionan, un Pardo muy elocuente y verás, no se que tan anticorrosivo a la hora del ejercicio, un Vargas bastante proselitista pero convencido tal vez.
Lo que queda claro es que el uso del poder y el prejuicio que media al mismo, cuando se trata de estimar el interés propio y ajeno por los bienes de un país o de otras geografías, sin la participación representativa de todos los afectados y de los menos representados, conlleva a la entropía que estamos experienciando de la manera mas dolorosa, hasta el punto de representarnos universalmente como culturas depredadoras, ilustradas por las mafias de toda índole y de naturaleza altamente creativa.
Ya deconstruimos nuestra existencia a través del legado histórico de las civilizaciones que han desaparecido, para saber cual era la estructura subyacente; la propuesta que a mí me quedó clara, es el constructivismo social o cultural por cuyas venas fluya la sangre humana o animal, no su derramamiento que como aquella imagen de las batallas en el pacífico o de cualquier otra guerra, tiñó el océano de rojo así como la Biblia lo describe también, lo que significa que siglo tras siglo repetimos ese sino kármico.
Comencemos de nuevo construyamos nuestra cultura y vayamos escribiendo otra historia y reescribiendo la Constitución, no para legitimar el derecho sobre la vida del otro, sino para que algún día podamos reivindicar nuestra esencia de seres humanos libres iguales y respetuosos de nuestro origen Divino y nuestra huella como mujeres y hombres responsables de nuestra pasantía por esta época de la historia que haga que la vida sea sostenible en todas sus dimensiones e ideales.

Juan Manuel Cincunegui dijo...

Muchísimas gracias por su aporte