viernes, 10 de septiembre de 2010

ÉTICA DE LA DISCUSIÓN



Hoy quiero pensar sobre lo que significa discutir con alguien. Creo que es un tema importante.
Para empezar, quiero defender algo que mis amigos pueden corroborar. Mis relaciones con la gente no están fundadas de manera exclusiva en la afinidad ideológica que puedo tener con ellos. Tengo amigos que pertenecen a los más variados grupos humanos, que se adhieren a las más variadas ideologías, que sostienen una variedad indecible de posiciones.

Eso no significa que me adhiera a la injustificada creencia de que todo el mundo tiene “derecho” a decir lo que quiera impunemente. Por el contrario, creo que al hacer público nuestro pensamiento estamos, de un modo u otro, invitando a nuestros interlocutores a poner a prueba nuestras afirmaciones.

De este modo, la discusión se convierte en una buena ocasión para cotejar nuestros pensamientos con los de nuestros adversarios circunstanciales con el fin de asegurarnos, en primer lugar, de no estar diciendo una burrada, o adoptando un posicionamiento sesgado o limitado.

Ninguno de nuestros argumentos es definitivo. Todos ellos pueden ser mejorados y subsanados de un modo u otro. Incluso cuando nos acompaña la razón, es evidente que una buena discusión puede ayudarnos a refinar nuestra aprehensión de las cosas, o dar mayor peso a aspectos de la cuestión que hemos desatendido.

Esto implica que adoptamos a priori una peculiar noción de verdad. Si creemos que nuestras opiniones pueden ser mejoradas, aceptamos que no todas las afirmaciones que hacemos sobre los hechos tienen el mismo valor. O lo que es lo mismo, que estamos dispuestos a reconocer que de las discusiones podemos salir con una mejor comprensión de las cosas.

Este último punto es importante, en primer lugar, porque nos impone una “ética” de la discusión que resulta irrenunciable si queremos mantener el encuentro con los otros en el límite de la discusión sin pasar al insulto, si queremos hacer de nuestro encuentro con los otros una ocasión virtuosa y no una oportunidad manipuladora con el fin de sacar provecho de nuestra argumentación retórica.

Discutir, nos dice el diccionario de la Real Academia Española en su primera acepción, ocurre cuando dos o más personas examinan atenta y particularmente una materia. Eso implica, por lo tanto, que a la hora de discutir debemos prestar atención, primero, al objeto examinado, intentando ceñirnos al mismo para que el debate no se transforme en una batiburrillo de afirmaciones desarticuladas en las que es imposible alcanzar algún tipo de conclusión.

Discutimos para llegar a una conclusión. Es cierto que no siempre llegamos a una conclusión definitiva cuando participamos en esta práctica humana tan importante, pero si hemos sido virtuosos, es decir, si hemos sido atentos y honestos, dicha participación nos ofrecerá, como mínimo, alguna ganancia epistémica negativa. Podremos reconocer, por ejemplo, argumentos equivocados o limitados a los que nos adheríamos, mejorando nuestra posición inicial en nuestras futuras discusiones. De este modo, es posible afilar y fundamentar nuestros posicionamientos respecto a las variadas materias de nuestro interés.

Muy diferente es cuando en la discusión reina el desorden y los participantes intervienen en el mismo con el único propósito de reafirmarse arbitraria y tozudamente en sus posiciones. Lo que se evidencia en estas ocasiones es que no hay manera de llegar a conclusión común alguna y que el ejercicio sólo sirve para descalificar personalmente a los contrincantes como si se tratara de una contienda y no una práctica humana de entendimiento.

Discutimos para conocer la verdad. Como dijimos antes, esa verdad es inconquistable de manera absoluta, pero la reflexión bien meditada y la honestidad intelectual puede ayudarnos a tener un vislumbre de la misma.

Por lo tanto, reitero. Para practicar la discusión es necesario:
1.Determinar la materia sobre la cual discutimos
2.Ceñirnos concienzudamente al objeto elegido
3.Estar dispuesto a poner a prueba, generosamente, nuestros argumentos (Es decir, no aferrarse a los mismo de manera partidista)
4.Todo ello con el fin implícito de llegar a una conclusión al respecto.

Lo más contrario al ejercicio de la discusión es "hablar por hablar". En la discusión lo que buscamos no es otra cosa que la verdad. La verdad exige un alto grado de virtud: generosidad, paciencia, disciplina, entusiasmo, atención y veracidad.

3 comentarios:

keonda dijo...

Hola !

No puede ser que no haya nadie que te haya respondido !!

Es realmente inconcebible ! Al menos soy el primero !

Excelente tema...aunque te faltó un etma que es extremadamente importante...


El Arte de Tener la Razón/ de la Persuasión

< Estratagemas >

http://cognotechnia.blogspot.com/2010/08/retorica-el-arte-de-la-persuacion.html

Saludos man !

Y que sigan los éxitos ! :-)

Resistencia dijo...

Gracias, Juanma, una vez más por tu claridad. Algo elemental, un código básico no ya para la discusión, para el diálogo mismo. Principios que tan frecuentemente olvidamos... A mí, por ejemplo, me resulta casi imposible discutir con alguno de mis hermanos: enseguida fallamos en los cuatro puntos que tú apuntas.
Salud!

claudia dijo...

Se exponen 4 puntos necesarios cuando de discutir se trata.
Estoy de acuerdo con ellos,aunque podrían también formularse con ligeras diferencias que no son importantes en realidad.
He pensado sobre eso y me preguntaba por qué fracasa muchas veces la intención de discutir dentro de una ética que beneficia a todos finalmente y sobretodo que intenta dar claridad a cualquier tema en discusión, lo cual es muy importante.
Sin embargo, es tan complejo. Discutir bajo estas 4 premisas lo considero un "arte", pero que a mi juicio se aprende. De hecho, hoy en día se "enseñan" estrategias como las mencionadas y otras, y creo que funcionan; por ejemplo hay personas especializadas en eso. Talvez todos deberíamos tomar estos cursos.
Pero sería buenísimo que este fuera un aprendizaje como cepillarse los dientes. ¿Dónde tenemos nuestras primeras experiencias de lo que podemos llamar "discusión"? Dónde aprendemos a desarrollar estas actitudes? Porque claramente no pueden de repente sacarse de la manga sencillamente porque nos sentamos a discutir algo. Así no funciona, así se hace más difícil.
De quién y en dónde aprendemos a escuchar? Y a reflexionar? ¿Cómo se da eso? ¿Quién nos enseña que la búsqueda de la verdad es vital? Compartimos todos las mismas inquietudes a ese respecto?
Creo que este ejercicio en realidad empieza con la familia, nuestro primer lugar de referencia. Seguramente que dentro los "cursos" que existen ahora para este fin hay algunos alumnos más aventajados que otros.

Nos ahorraríamos muchos problemas y lograríamos mayor ecuanimidad, si al momento de discutir algún tema, al menos nos tomaramos 1 minuto para pensar de qué se trata en realidad todo eso.