domingo, 21 de noviembre de 2010

LA NATURALEZA, EL HOMBRE, LA HISTORIA Y LO BUENO. Comentario a cuatro aforismos de Wittgenstein.


Voy a referirme a unos cuantos aforismos de Wittgenstein que aparecen en las primeras páginas de Cultura y valor.

Dice Wittgenstein en el aforismo (1):

“Cuando oímos a un chino, nos inclinamos a considerar su lenguaje como un balbuceo inarticulado. Pero quien entiende el chino reconocerá allí el lenguaje. Así, con frecuencia, no puedo reconocer al hombre en el Hombre.”

¿De verdad cuando escuchamos el balbuceo de un chino, su lenguaje aparece como un balbuceo inarticulado? Sabemos que se trata de un lenguaje, pero sólo de manera inferencial. Es decir, escuchamos un balbuceo inarticulado, incomprensible, al que, a posteriori, concedemos un sentido que nos resulta oscuro, secreto, esotérico. En cambio, cuando escuchamos a un interlocutor que habla nuestro idioma, el balbuceo, la base sobre la cual establecemos el sentido, desaparece completamente. Desde el primer momento, lo que tenemos es significaciones, no un balbuceo al que le concedemos una significación. La base (los sonidos), y la significación parecen indistinguibles. Sólo si aplicamos una razón analítica (en contraposición a la aprehensión natural cotidiana), una razón teórica, la base y la significación pueden abstraerse la una de la otra. Hasta allí el asunto está claro. Pero a continuación, nos dice Wittgenstein:

“Así, con frecuencia, no puedo reconocer al hombre en el Hombre.”

Por un lado tenemos al Hombre (con mayúscula), la “cosa” delante de nosotros que es como un balbuceo para el habla: esa máquina biológica, ese organismo dotado de una serie de rasgos sobre el cual podemos establecer al hombre concreto (con minúscula), al hombre de carne y hueso, al individuo en el cual se encarna exclusivamente el sentido, la significación.

Hay momentos, dice Wittgenstein, en que no veo al hombre de carne y hueso, sólo al Hombre de la especie, al organismo, a esa máquina biológica de la que hablaba.

En esas ocasiones en las que sólo percibo el balbuceo del hombre, el sentido del hombre concreto es esotérico, secreto.

Pero ¿Quién ese hombre concreto misterioso, ese "chino" del que nos habla Wittgenstein? Ese hombre concreto misterioso es es el extranjero, el extraño, el samaritano frente al judío. Y aquí la partícula “extra” es fundamental. Se trata de aquello que esta “fuera” del círculo de mis convenciones, fuera del círculo de mi lenguaje, el que habita otra forma de vida.

El aforismo (8), dice:

“Deja hablar sólo a la Naturaleza y reconoce por encima de la Naturaleza unicamente algo mayor, pero no lo que otros pudieran pensar.”

¿A qué se refiere Wittgenstein cuando dice “Naturaleza”? ¿Hacia dónde tenemos que dirigir nuestra atención? Uno está tentado a creer que la naturaleza son los bosques vírgenes y las cumbres heladas. Por supuesto, esa es la naturaleza. Sin embargo, la naturaleza lo es todo. Los cristianos dirían que es la creación. Los budistas la totalidad de la esfera fenoménica: cada cosa visible y pensable de manera discreta, los entes.

Por lo tanto, no te quedes atrapado "solipsisticamente" en tí mismo. Escucha la realidad. Esta hablando, esta diciendo algo. Presta atención al mundo, a tu cuerpo, a los cuerpos de los árboles. Que tu interés no se agote exclusivamente en tu gusto, en tu placer, en tu dolor, en tu sufrimiento. Tienes que ir más allá de tí mismo y escuchar la naturaleza, la realidad.

Sin embargo, debes reconocer que además del círculo de los existentes hay algo más. Escucha la naturaleza, pero reconoce algo más. Reconoce, acepta, que hay algo más, "pero no lo que otros pudieran pensar."

Esta última idea se encuentra relacionado con otro aforismo en el que Wittgenstein dice: (3) “¡Qué bueno que no me dejo influir!”.

No se trata de aceptar lo que otros dicen o piensan sobre el más allá, sobre ese “algo mayor". No se trata de eso, de ningún modo. Se trata, sencillamente, de reconocer que hay algo más, algo mayor, por encima (o por debajo) de la Naturaleza.

El aforimo (18), dice:

“Cuando pensamos en el futuro del mundo, nos referimos siempre al lugar en que estará si sigue el camino que lo vemos seguir ahora mismo, y no pensamos que no sigue un camino recto sino curvo y que cambia constantemente su dirección.”

¿Hacia dónde va el mundo? ¿Hacia dónde va nuestra vida? En cierto modo, parece que el tiempo nos asegura una línea recta sobre la cual hacemos equilibrio intentando llegar hasta el final. Si perdemos la línea, pensamos, estamos fuera de la historia. En cierto modo, la historia es una línea recta que parece quitarse de encima a quienes se desvían. Pero ese no es el sentido del aforismo. La pregunta es hacia dónde se dirige el mundo. No, cuál es el sentido de la historia. La historia puede leerse lineal o circularmente, pero el mundo no procede de ese modo. La marcha del mundo es como un balbuceo en el que por momentos es difícil interpretar una historia. Parecía que tenía cierta dirección, pero resulta que hace un bucle y cambia de color, y parece no tener ningún sentido.

Los aforismos (20) y (21) van en un tándem.

“Cuando algo es bueno, también es divino. Extrañamente así se resume mi ética.
Sólo lo Sobrenatural puede expresar lo Sobrenatural.”

“No es posible guiar a los hombres hacia lo bueno, sólo puede guiárseles a algún lugar. Lo bueno está más allá del espacio fáctico.”

Recordemos: el espacio fáctico es el de la naturaleza y de la historia. Los hombres pueden ser guiados hacia algún lugar de la naturaleza y de la historia. Alguien puede decirnos: ¡Presta atención! Mira lo que ocurre si hacés A, ¿No crees que sería preferible que hicieras B? Es decir, los hombres pueden ser guiados hacia diferentes escenarios existenciales. Pueden construir infiernos o paraísos en la tierra. Pueden llevarnos a una historia de dominación o libertad. Sin embargo, hay algo más que no puede expresarse desde dentro de la esfera contenida de la naturaleza y de la historia. Algo que debe expresarse desde el más allá. Los cristianos hablan de Dios. Los budistas del Dharmakaya. Pero recuerden, ese “algo más” no es lo que los otros piensan.

1 comentario:

Rafael dijo...

AHOOO, DICEN LOS INDIOS HOPIS Y LACOTAS CUANDO SIENTEN QUE LO EXPRESADO VA DE ACUERDO A SU SENTIR MAS PROFUNDO