domingo, 4 de julio de 2010

GANAMOS


Alguien puede pensar que lo que sigue a continuación es puro voluntarismo, puro idealismo utópico. Puede ser. Pero dejó para otra ocasión los argumentos para rebatir una objeción de este tipo. Lo que quiero, en cambio, es explicar qué es lo que hay en esta derrota argentina que merece ser capitalizado. Digo “capitalizar”, pero por supuesto, no es eso. Es otra cosa. Pero ya se me entenderá a medida que avance.

Hace unos días, un amigo argentino me envió una nota de Mariano Grondona en la que hablaba del fútbol, del nacionalismo, de las olimpíadas griegas, de Aristóteles y de Churchill, para acabar con una de sus admoniciones habituales. En el último párrafo nos decía: no se atrevan a adueñarse de los goles para hacerse dueños de nuestro destino.

El asunto planteado por Grondona es algo que se viene repitiendo con insistencia en las últimas semanas por casi todos los comentaristas de los diarios Clarín y La Nación: ¡Cuidado! El gobierno K quiere capitalizar el triunfo de la selección para "llevarnos al huerto". Grondona con aquella útlima frase no hacía más que dar otra vuelta de tuerca a la intención de disociar algo que se ha insistido mucho en las últimas semanas desde los medios próximos al proyecto político del gobierno: “jugamos como vivimos”.

En este relato, la conjunción del juego y la vida está asociada a la intención popular de reivindicar un modo de ser denostado dentro y fuera de nuestro territorio. Un modo de ser que es, a un mismo tiempo, signo de lo mejor y lo peor que tenemos los argentinos.

Somos despelotados, pero creativos; arrogantes, pero encantadores; violentos en la verba que sabe con facilidad convertirse en labia poética. Somos chantas pero en nuestra lunfarda profundidad callejera.

Este relato esta asociado a un modo de ser que nos vuelve hipertensos, hiperbólicos y bipolares. Y eso significa que estamos ineludiblemente dispuestos al exabrupto, a una loca apuesta a la dislocación. Todo en nuestra historia convoca al desconcierto, a una crispación que está marcada por un individualismo exacerbado pero que, a diferencia de otros individualismos, cuyo énfasis está puesto en acentuar el monologismo, el "cada uno a la suya", al aislamiento por medio de formas bien estudiadas, el nuestro es un individualismo de una dialogicidad insoportable. Hablamos, gritamos, chillamos, discutimos como si la confusión de las palabras y las gesticulaciones estuvieran imbuidas de un erotismo soberano.

Maradona es un ejemplo desproporcionado (una caricatura, sino se tratara de un Dios caído, como suele retratarlo Galeano) que nos recuerda quiénes somos y cómo somos.

Aquí en Catalunya, un país que aprecio y admiro sin envidia alguna y sin el más mínimo intento por mi parte por parecerme a ellos, un fracaso rotundo como el que vivió ayer la selección argentina hubiera volcado a sus habitantes, de inmediato, a un vilependio del entrenador por fallar en la prágmatica tarea de ganar. Pero nosotros, "los argentinos de veras", los que sabemos que los próceres no son de bronces sino de carne y hueso, no hacemos leña del árbol caído.

Para nosotros, pese a la derrota rotunda, incontestable, absoluta, la experiencia es muy diferente. Nuestro cariño y agradecimiento hacia Maradona y el resto de la plantilla (Messi, Higuaín, Tevez, Agüero, Romero y compañía) no se ve contestado por una eliminación. Con cada gol que nos metían, con cada signo de impotencia, iba creciendo en nosotros la certeza de nuestra lealtad.

Nadie puede ganarle a los argentinos del todo cuando expresamos auténticamente lo que somos. Otros países pierden, pero nosotros no perdemos nunca del todo. Nadie puede gozar enteramente con ganarnos. Los alemanes se llevaron apenas un discreto triunfo deportivo, pero no se llevaron el triunfo definitivo. ¿Por qué? Porque hasta nuestras derrotas son monumentales, sobredimensionadas y amadas por nosotros. Porque nosotros, mal que nos pese, jugamos como vivimos, con todo el corazón, con toda el alma. Incluso perdiendo, ganamos. ¿Quién puede pensar que Hector, derrotado por Aquiles en el campo de batalla, aparentemente humillado al ser su cadáver maltratado por el vengativo griego, haya perdido del todo? Los humanos pierden, no los héroes. Los héroes viven sus momentos trágicos, que siguen mereciendo el canto de los grandes poetas que los inmortalizan. Este mundial no es una escena más, una instancia que debe ser olvidada. Como las derrotas sufridas por Odiseo en su regreso a Itaca, cada una de esas derrotas forma parte de una gran aventura. Gracias Diego.

6 comentarios:

maria alcira cincunegui de esnaola dijo...

Vuelvo a repetir, porque ya envié un comentario. Estoy de acuerdo con mi sobrino, que aunque perdimos el encuentro con los alemanes;nosotros nunca perdemos del todo y este episodio es solo un triunfo deportivo. Gracias Manu, me siento como vos decis: Que vivo con todo el alma, con todo el corazón.

lana dijo...

Ola Manu. Pues te cuento que cuando le preguntaron a la madre de Antanas como se sentía ella, dijo Feliz, Por que? Pregunta el periodista. Y el responde por que si hubiese ganado las elecciones presidenciales en este momento tendría muchos problemas.
Como Antanas ha sido mi amigo desde que tenía 21, él pasaba en su bici y hablaba durante horas sobre sus pensamientos y complejas disertaciones filosóficas sobre lo que estuviese leyendo en ese momento. Yo muchas veces le escuchaba perpleja, llegaba de la universidad y cuando coincidíamos en el cruce de la puerta de mi casa, punto cósmico con infinitas probabilidades, feliz congruencia que se repetía una y otra vez para mi fortuna, como crecí con las monjas alemanas refugiadas de la guerra, ellas no hablaban de nada de esas cosas de la vida y en la universidad tampoco los jesuitas hablaban mucho de esas cosas de ideologías políticas y de guerras, la cotidianidad.

Afortunadamente me rodee no de buenos amigos a los ojos de mis padres pero en realidad era privilegiada, que Antanas un genio, desde entonces lo sabía, se detuviera en el jardín de mi casa hasta que el sol se volvía anaranjado me hacía quererle y esperarle con el deseo de escucharle y decir alguna que otra cosa, descubrir ese mundo que el generosamente me brindaba en bandeja, era un regalo demasiado precioso para mí, un día me fui del barrio y ya no le volví a ver sino cuando le invitaba a dar una charla o cuando quería verle por razones o intereses mucho mas públicos.

El era un chico tímido y también yo. La última vez que le vi aspiraba a la Alcaldía de Bogotá y deseaba compartir su intimidad conmigo pero había una chica, la misma de ahora, a quien cuando no estaba su mamá no quería abrirle la puerta por que yo estaba. Nos despedimos con vino, un abrazo que sería el penúltimo y me habló de mi generosidad. Jamás sabremos cual es el último abrazo. El tiempo a veces nos lo dice, pero no sabemos.

Cuando perdió las elecciones, El se sentía muy orgulloso había rebasado sus expectativas y públicamente había debatido valerosamente, aún sin compartir las artimañas de los zorros públicos, que en cambio ante buen observador, le robaban una a una sus propias palabras y su discurso para disfrazarse. Su triunfo el mayor triunfo en este episodio fue lograr sin desearlo siquiera, cambiar las palabras de su, al final único oponente, logró cambiar su discurso, cuestionó su gestión y a una nación y enfrentó su historia de mentiras y pecados ‘capitales’. Su mayor triunfo fue hacer mejores a los más indolentes, a mi modo de ver, este ha sido un gobierno dictatorial, obligarlos por simple acción comunicativa a cambiar su discurso, hacerles saber que hay un ojo crítico no contestatario, alterno, que tiene opinión, voz y voto en una nación codiciada por todos en el planeta. Con un lápiz y la constitución dijo, hay que educar al pueblo. Esa es mi propuesta política, derrotar la corrupción y el clientelismo; por supuesto a muchos esa propuesta no les gustó.

Hace un tiempo recibí un atropello de un celador de donde vivo y entre las cosas que sucedieron además de no cambiarlo por parte de quien debía hacerlo. El empezó a ser muy, pero muy buena persona con todos los demás, menos conmigo, pero como nunca había sido bueno con los demás, yo entendí que le había servido para ser mejor y me regocijé por ello o mejor me regocijo cada vez que le veo y entiendo de las razones que no se ven, de las razones del corazón universal quizá. Por mi parte lo retiré de mi universo al retirarle la palabra, pues no se hizo lo justo pero ya no hace, lo que no debe.

lanagloria24 dijo...

Ola Manu. Pues te cuento que cuando le preguntaron a la madre de Antanas como se sentía ella, dijo Feliz, Por que? Pregunta el periodista. Y el responde por que si hubiese ganado las elecciones presidenciales en este momento tendría muchos problemas.
Como Antanas ha sido mi amigo desde que tenía 21, él pasaba en su bici y hablaba durante horas sobre sus pensamientos y complejas disertaciones filosóficas sobre lo que estuviese leyendo en ese momento. Yo muchas veces le escuchaba perpleja, llegaba de la universidad y cuando coincidíamos en el cruce de la puerta de mi casa, punto cósmico con infinitas probabilidades, feliz congruencia que se repetía una y otra vez para mi fortuna, como crecí con las monjas alemanas refugiadas de la guerra, ellas no hablaban de nada de esas cosas de la vida y en la universidad tampoco los jesuitas hablaban mucho de esas cosas de ideologías políticas y de guerras, la cotidianidad.

Afortunadamente me rodee no de buenos amigos a los ojos de mis padres pero en realidad era privilegiada, que Antanas un genio, desde entonces lo sabía, se detuviera en el jardín de mi casa hasta que el sol se volvía anaranjado me hacía quererle y esperarle con el deseo de escucharle y decir alguna que otra cosa, descubrir ese mundo que el generosamente me brindaba en bandeja, era un regalo demasiado precioso para mí, un día me fui del barrio y ya no le volví a ver sino cuando le invitaba a dar una charla o cuando quería verle por razones o intereses mucho mas públicos.

El era un chico tímido y también yo. La última vez que le vi aspiraba a la Alcaldía de Bogotá y deseaba compartir su intimidad conmigo pero había una chica, la misma de ahora, a quien cuando no estaba su mamá no quería abrirle la puerta por que yo estaba. Nos despedimos con vino, un abrazo que sería el penúltimo y me habló de mi generosidad. Jamás sabremos cual es el último abrazo. El tiempo a veces nos lo dice, pero no sabemos.

Cuando perdió las elecciones, El se sentía muy orgulloso había rebasado sus expectativas y públicamente había debatido valerosamente, aún sin compartir las artimañas de los zorros públicos, que en cambio ante buen observador, le robaban una a una sus propias palabras y su discurso para disfrazarse. Su triunfo el mayor triunfo en este episodio fue lograr sin desearlo siquiera, cambiar las palabras de su, al final único oponente, logró cambiar su discurso, cuestionó su gestión y a una nación y enfrentó su historia de mentiras y pecados ‘capitales’. Su mayor triunfo fue hacer mejores a los más indolentes, a mi modo de ver, este ha sido un gobierno dictatorial, obligarlos por simple acción comunicativa a cambiar su discurso, hacerles saber que hay un ojo crítico no contestatario, alterno, que tiene opinión, voz y voto en una nación codiciada por todos en el planeta. Con un lápiz y la constitución dijo, hay que educar al pueblo. Esa es mi propuesta política, derrotar la corrupción y el clientelismo; por supuesto a muchos esa propuesta no les gustó.

Hace un tiempo recibí un atropello de un celador de donde vivo y entre las cosas que sucedieron además de no cambiarlo por parte de quien debía hacerlo. El empezó a ser muy, pero muy buena persona con todos los demás, menos conmigo, pero como nunca había sido bueno con los demás, yo entendí que le había servido para ser mejor y me regocijé por ello o mejor me regocijo cada vez que le veo y entiendo de las razones que no se ven, de las razones del corazón universal quizá. Por mi parte lo retiré de mi universo al retirarle la palabra, pues no se hizo lo justo pero ya no hace, lo que no debe.

claudia dijo...

... no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír ...

... alguien dijo:

"La arrogancia obstruye la sabiduría".

Hasta pronto ...

claudia bonitto dijo...

... no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír ...

Alguien dice por ahí:

"La arrogancia obstruye la sabiduría" ...

Hasta pronto,

Juan Manuel Cincunegui dijo...

Claudia: gracias por tu iluminado comentario. Lo tendré en cuenta.
Lana: le agradezco que comparta tantas intimidades con nosotros.
María Alcira: Te mando un beso grande. Me alegra tener noticias tuyas.