lunes, 30 de julio de 2012

ALEMANIA, LOS MERCADOS Y LA ARROGANCIA DE LA DESMEMORIA




Hace unos días, el secretario de Estado español para la Unión Europea, Iñigo Méndez de Vigo, pidió solidaridad a Alemania para enfrentar la crisis del euro y recordó los beneficios que ese país tuvo tras la II Guerra Mundial gracias al Plan Marshall.

Mucho se habló en su momento del  llamado “milagro alemán”. Sin embargo, es necesario hacer historia. La geopolítica de la guerra fría exigía una Alemania poderosa que sirviera como tapón ante el avance incontenible del comunismo ruso. La mega-inversión de Estados Unidos para recuperar a Alemania de la catástrofe de la guerra y el hundimiento político y moral que significó el nazismo fue el verdadero artífice de la viabilidad de la Alemania de hoy, además del consentido olvido que sufragó la posguerra para que la sociedad alemana se desentendiera de la responsabilidad que le cupo en el más espantoso crimen colectivo de la historia contemporánea.

La crisis financiera es, en primer lugar, una crisis humana. Decenas de millones de vidas humanas están siendo arrastradas al desánimo y a la desesperanza, por no hablar de los miles de excluidos a los que las crisis les costará la vida, por lo ocurrido y por lo que se asoma en el horizonte a partir de las decisiones que están tomando las élites ante la bancarrota económica y social.

Alejados de la ingenuidad, concluimos que la llamada crisis financiera y la obstinación política en la Eurozona y en los Estados Unidos por no cambiar de rumbo,  pese a las señales de fracaso de las medidas de ajuste dispuestas, tienen como razón de ser, más la voluntad de poder, que la ignorancia producida por un marco teórico inadecuado.

Con respecto a la inadecuación teórica, no debería sorprendernos. La modernidad se inició con el ejemplo paradigmático de una revolución epistémica que le dio la vuelta a todas las prácticas conocidas hasta entonces. Pasamos del geocentrismo, al heliocentrismo. De la ontología del ser, a la epistemología del sujeto. De una política fundada en la trascendencia, a una política desfundamentada o ejercida desde el puro decisionismo.

Sin embargo, como bien comprobamos en las disputas que caracterizaron esas épocas de cambio, los motivos por los cuales se aferraban los ortodoxos a sus doctrinas y recetas no estaban justificados por las convicciones de verdad de sus protagonistas. En la mayoría de los casos, lo que estaba en juego era el poder.

Ajustando la mirada, comprobamos que la crisis beneficia a ciertos actores en detrimento de otros. Pensar que los mercados, por ejemplo, mantienen una postura pasiva ante lo que ocurre es desconocer las verdades elementales del poder financiero que actúa de manera dinámica con el fin de producir sus propias condiciones de ganancia, incluso en medio de la debacle, o mejor aún, gracias a ella.

De manera semejante, la extensión del proceso de privatizaciones de las naciones "residuales" de Europa, que se viene cumpliendo de manera concertada desde el comienzo mismo de la crisis, se sostiene gracias a la voluntad política de los países centrales por eludir los compromisos comunitarios con los ciudadanos de los países del sur y en detrimento explícito de los mismos.

Ya al comienzo de la crisis se puso en evidencia la actitud oportunista de Alemania, por ejemplo, cuando falseó las cuentas españolas con el fin de salir beneficiado con la depreciación de sus bonos y forzarlo a tomar medidas de ajuste reforzando su autoridad política en el concierto comunitario.

O el modo en el cual se articuló el primer “salvataje” a Grecia, forzado a aceptar tasas usureras de interés y comprometer la mayor parte del paquete en la compra de armamentos a las fábricas francesas y alemanas.

La negativa y ninguneo por parte de las élites europeas de  la voluntad popular, al no reconocer o travestir el resultado de las diversas consultas electorales que se hicieron en vista al rumbo que estaba tomando el proyecto comunitario antes que se manifestara la crisis, nos demostró en su momento hasta qué punto esta  Europa de los mercados no era una Europa pensada para sus ciudadanos, sino más bien una Europa ideada en detrimento de ellos.

En vista de todas estas cuestiones, la expresión del secretario del Estado español se torna comprensible y pone en evidencia la crisis moral que acompaña la crisis financiera y social de la eurozona.

Desde Alemania nos llega la justificación discursiva de las presentes circunstancias. En última instancia, se nos dice, existe una superioridad cultural (cuasi biológica, aunque no se la exprese) de las sociedades del norte frente al talante caprichoso, desprolijo, derrochador y perezoso de la población meridional.

Aunque el giro xenófobo de estos discursos no es comparable al racismo de la Alemania nazi, quienes se apresuran a explicar las razones de la crisis con estas paupérrimas expresiones de pseudo-antropología práctica deberían hacer memoria. No vaya a ser cierto que la historia, como decía Marx, se repita primero como tragedia, para luego hacerlo como comedia.


1 comentario:

gorka dijo...

Cierto que Alemania, como casi toda Europa, tras la segunda guerra mundial con el plan Marshall americano en marcha, pudieron recuperarse de las heridas del conflicto y recomponer su productividad y economías, que ha llevado a crear el denominado estado del bienestar.

Felipe González en los ochenta pacta para entrar en la rica " Comunidad Europea" formada en ese momento solo por los países ricos, el desmantelamiento del aparato productivo español, metalúrgica, astilleros, minería , pesca , agricultura, sectores con gran empleo sufren las consecuencias, llevando el paro a los datos actuales.

luego vienen los años de subvencionar sectores conflictivos sin productividad e inyectar cuantías millonarias para el desarrollo de las infraestructuras, alimentando el gran holding empresarial, hasta llegar al sector constructivo, generando la denominada burbuja inmobiliaria de la que ahora aparecen sus efectos nocivos.

Pero hay que reconocer que esos años de "bonanza económica" solo han servido para alimentar todo un extracto social corrupto, permitiendo obras faraónicas, para autosatisfacción de los taifas de turno, con aeropuertos sin aviones, parques temáticos ruinosos, estaciones de AVE sin pasajeros y exposiciones internacionales oxidadas.

Quien presta siempre es interesado, quien recibe debe de saber emplear lo prestado para desarrollarse.

Ahora solo queda saber negociar para que la usura no cercene la posibilidad de seguir viviendo con dignidad o rebelarse ante todo esto y no participar de este macabro circo.