viernes, 31 de marzo de 2017

DEMOCRACIA Y EDUCACIÓN NEOLIBERAL




La hipótesis


La hipótesis básica que anima esta nota sobre el ataque a la educación pública en Argentina es sencilla: la razón neoliberal es incompatible con la democracia y los derechos humanos. 


La discusión sobre la paritaria nacional y los salarios docentes ocultan la voluntad de transformación de la educación pública por parte del gobierno nacional que sintomáticamente mantiene a Esteban Bullrich (un analista de sistemas sin experiencia alguna en el campo docente) como principal especialista de la materia encargado de la cartera en cuestión desde la asunción de Macri como Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. 


El neoliberalismo como régimen político

Al considerar al neoliberalismo como incompatible con la democracia y los derechos humanos, lo que hacemos es asociarlo (sin olvidar sus peculiaridades) con otros regímenes autocráticos o totalitarios que se dan de bruces con las democracias y que no reconocen los derechos básicos de los individuos. Una hipótesis de estas características necesita ser defendida, no solo frente a quienes se adhieren y promueven el neoliberalismo, sino también frente a aquellos que, desde la oposición, tienden a relativizar o creen en la posibilidad de llegar a alguna forma de maridaje entre los tres términos de la ecuación que analizamos (Neoliberalismo, derechos humanos y democracia). 

Para entender lo que pretendo es imprescindible distinguir entre (1) el neoliberalismo entendido exclusivamente como política económica, ideología o en vista a cierta relación peculiar que se establece entre Estado y economía corporativa (todas caracterizaciones disponibles en la crítica al neoliberalismo en los discursos actuales en Argentina desde el campo popular), para pasar a (2) entender al neoliberalismo como forma de gobierno de los individuos. Es decir, entender el neoliberalismo como "régimen político".


El sujeto económico del régimen neoliberal

Cuando pensamos el neoliberalismo como forma de gobierno, es decir: cuando prestamos atención a la forma de gobierno que impone el neoliberalismo sobre los individuos, caemos en la cuenta que su principal cometido conlleva un ataque directo a los fundamentos mismos del régimen democrático y a la concepción de los derechos humanos como último reducto de justificación de la sociedad. 

El neoliberalismo pone en cuestión, relativiza y sacrifica la autocomprensión de los sujetos como ciudadanos y sujetos de derechos al subsumir estas autocomprensiones a una antropología que entiende a los seres humanos primaria y fundamentalmente como sujetos económicos.  

Para el neoliberalismo, la definición preeminente de la persona humana es que es sujeto económico sin residuo. Es decir: desde la perspectiva naturalista de corte neoliberal reduce todas las acciones humanas a formas de comportamiento reducibles a lo económico, absorbiendo con ello todas las esferas de la vida humana a dicha comprensión.  


El fin de la democracia

En este sentido uno debería preguntarse ¿Qué queda de la democracia cuando el ciudadano y el sujeto de derecho pueden ser sacrificados en nombre de criterios económicos? ¿Qué queda de la democracia cuando los ciudadanos y los sujetos de derecho son forzados a “reconvertirse”, como mero capital humano, para sobrevivir en el nuevo régimen de relaciones sociales impuesto por el neoliberalismo. 

Libertad, igualdad y solidaridad son canceladas en el régimen neoliberal. (1) El ciudadano reconvertido en un portfolio de oportunidades y en un emprendimiento de autoinversión para el futuro en el mercado de competencia, queda a merced del autoritarismo del mercado. (2) El anhelo de igualdad se menosprecia en función de la lógica de competencia imperante que, en las antípodas de promover la justicia social, festeja la desigualdad justificándola en términos meritocráticos. Y (3) la solidaridad pasa a convertirse en una mera inversión estratégica caritativa que mantiene a las masas excluidas en la periferia de los centros de poder. Sin raigambre ontológica (a los seres humanos solo circunstancialmente se les reconoce sus derechos humanos y de ciudadanía), el otro es solo un competidor en un mundo caracterizado por la escasez y medido exclusivamente en términos de éxito y fracaso en el mercado. 

La educación pública

La educación pública ha sido el corazón del proyecto democrático argentino. Blanco predilecto de todas las dictaduras militares y gobiernos neoliberales. La rica historia de lucha social del país es el resultado de la articulación fecunda que permitió la escuela pública argentina. 

En contraposición a la escuela privada donde se educa a las élites  donde se educa en una autointerpretación de pertenencia excluyente, la escuela pública ofreció históricamente una educación humanista que sembró el imaginario de soberanía popular y enarboló en su momento los estandartes de múltiples proyectos populares fieles a los ideales de los derechos humanos, la inclusión y la igualdad.  

La educación neoliberal que propone el gobierno de Cambiemos y que el ministro Estaban Bullrich intenta imponer a todo lo largo y ancho del país, pese a las odas a favor del federalismo, y en línea de continuidad con otras iniciativas ya en marcha en los Estados Unidos y Europa, consiste en acabar con el currículo humanista que caracteriza la educación para la democracia, con el fin de reconvertir a la población argentina, que ahora debe abandonar su identidad democrática para encajar en un modelo corporativo que promueve la gobernanza neoliberal cuya premisa fundacional consiste en entender la ciudadanía y los derechos como adornos circunstanciales que pueden serles arrancados a los individuos con el objetivo de modelar un cambio de escenario que sea favorable para el único proyecto hegemónico que defienden: la maximización de la ganancia del capital.

2 comentarios:

Garmendia dijo...

Este sera mi ultimo mensaje y, por supuesto, sera borrado. Pero no importa, porque es justamente al censor es a quien le voy a hablar.
Podra borrar todo lo que escribo y podra insultarme, pero hay algo que no podra: cambiar los hechos.
Es muy triste ver como las universidades a nivel mundial se han llenado de personajes que adhieren a su ideologia y proceder. En ellas ya nada se debate y la censura esta a la orden del dia. Por suerte la gente ya se esta cansando de que le digan de que se puede y de que no se puede hablar.
No lo voy a insultar ni voy a seguir escribiendo porque veo que se enoja y no es mi intencion molestarlo.
Sepa que perdio una oportunidad de escuchar otra voz que no sea la de sus alumnos y colegas que uniformemente piensan igual que usted.
Que tenga buena vida y no se sorprenda cuando los pueblos se cansan de tanta mentira.

Juan Manuel Cincunegui dijo...

No, no lo censuro a usted personalmente. Esa es su equivocación. Lo que censuro es la banalización del mal. El otro día lo escuché al señor Lopérfido intentando "banalmente" defender su tesis negacionista frente a tres intelectuales que lo dejaron panza arriba ante las torpes e injustificadas suspicacias sobre el número de las víctimas y los intentos contradictorios de equiparar los crímenes del Estado con los crímenes de las organizaciones armadas.

En este caso en particular, no se trata de censura. Simplemente, yo no acepto esa equiparación porque es un delito. Punto. Negar el genocidio de Estado e intentar reinstalar esa discusión no tiene otro propósito que provocar y ofender. Esto es aún más evidente si tenemos en cuenta la coincidencia en la fecha escogida con la conmemoración del golpe militar.

Finalmente, su tono y el contenido de su escueto panegírico, si se leyera en inglés, sonaría al de un votante de Atlanta del señor Donald Trump, o un elector de Le Pen en la Francia rural. No me cabe duda que la gente se está cansando. Pero no es una buena noticia cuáles son las opciones que están eligiendo para transformar el mundo que tanto les aqueja. La historia se repite, esta vez como farsa, pero no por ella menos trágica.