miércoles, 1 de marzo de 2017

LA CREACIÓN DEL ENEMIGO INTERIOR


Sobre muros y vallados

Teniendo en cuenta que los muros y los vallados, lejos de ser meros instrumentos de protección material, son también formas simbólicas que expresan los imaginarios de los poderes que los implementan y los pueblos que los exigen, los permiten y los sufren, cabe analizar muy brevemente las espectaculares medidas implementadas por el Ministerio de Seguridad para blindar la presencia del Presidente Macri ante la Asamblea Legislativa.

Recordemos que, desde el primer día de gobierno, la relación entre el presidente y el "pueblo" estuvo marcada por una sensación de desconfianza e inseguridad, al menos en relación con una parte de la población que parecía intimidar al presidente.

Recordemos también que, a lo largo de su año de gobierno, la retórica mediática y oficial ha enfatizado lo amenazante en el pueblo, sea a través de los discursos sobre el terrorismo, el carácter destituyente de las críticas, el ataque a la población inmigrante o delincuente, las referencias a la intolerancia política de los opositores, la irracionalidad de quienes no acompañan con una "oposición constructiva" la agenda gubernamental, la radicalidad de los grupos kirchneristas y otras figuras análogas que, dicen los voceros de Cambiemos, tienen al fin y al cabo un único objetivo: amedrentar al presidente y otros funcionarios abocados a transformar el país. 


Notorio es el caso de la gobernadora Vidal que se mudó a una fortaleza militar escenificando aprietes, atentados y amenazas de un imaginario poder oscuro del pasado, que libremente se asocia a la década de corrupción K, al crimen organizado y al narcotráfico. 

Interpretaciones

La interpretación más superficial consistiría en señalar que el vallado o amurallamiento del presidente responde a un temor de las élites corporativas que conducen actualmente el país ante el malestar creciente de la población que respondería negativa o incluso violentamente ante las medidas regresivas adoptadas. Quienes así lo interpretan tienden a asociar a Macri y a Cambiemos a la figura de Fernando de la Rúa y la Alianza, y a extrapolar el acontecimiento de su renuncia y el "que se vayan todos" a las actuales circunstancias.

Más difícil de aceptar y más preocupante es una interpretación alternativa que señala que el vallado, amurallamiento y blindaje responde a otra retórica que tiene como objetivo la cristalización en el imaginario colectivo de un "enemigo interno". Los sectores del poder judicial adscritos al oficialismo y los medios corporativos amigos han dado muestras crecientes de esta tendencia. El gobierno ha permitido pasivamente, o ha incentivado activamente esta lectura de diversos modos. Acompañando la persecución a opositores políticos y sociales, o articulando una descalificación de origen de las opciones políticas opositoras, y a los actores (funcionarios o referentes sociales) que no se someten a su poder o que amenazan su frágil hegemonía. La "guerra" contra los sindicatos "recalcitrantes": bancarios y docentes, es otra prueba de ello. La retórica bélica está a las ordenes del día.


La construcción de un imperio global

Me inclino a pensar que el macrismo tiene espaldas (económicas, mediáticas e institucionales, a nivel local e internacional) para emprender una ofensiva de estas últimas características, y que está lejos de ser un gobierno débil como se pretende.

El macrismo apuesta claramente a la brecha. Aún más, a un ruptura infranqueable dentro de la sociedad argentina que le permita llevar hasta las últimas consecuencias la transformación estructural que se ha propuesto, con el objetivo de transformar al grupo Macri (ahora convertido en un emporio multinacional con tentáculos globales) en un actor-red a nivel planetario. El Estado le ha dado los instrumentos que necesitaba para lograr este objetivo. Argentina es simplemente un cuerpo vivo del cual se aprovecha para lograr la nueva fase de expansión.

En breve: el macrismo (no Cambiemos como frente político) tiene una vocación de poder transnacional. Abrirse al mundo significa para sus ideólogos, no una apuesta al éxito del Estado argentino y su pueblo, ni el fortalecimiento de su soberanía política (lo constatamos en la instrumentalización de temas caros al espíritu nacional: ej. Malvinas), sino todo lo contrario. Lo que el gobierno está haciendo es debilitar dicha soberanía, y llevando al Estado y al pueblo a un quebranto que pone a disposición del grupo Macri lo que éste necesita para su propio proyecto de expansión de poder global corporativo

1 comentario:

Mauro Gomez dijo...

Muy bueno Manu!