viernes, 24 de marzo de 2017

MI RECUERDO DEL PRESENTE. Bella Vista, 24 de marzo de 2017





Los granjeros polacos


Hay una historia que contó Slavoj Zizek en cierta ocasión que me impresionó mucho. Es la historia de los granjeros polacos que vivían muy cerca de Auschwitz, el campo de concentración nazi donde fueron asesinados cientos de miles de judíos.

Cuenta Zizek que un judío del pueblo que había logrado escapar de los nazis volvió al pueblo 30 años después del final de la guerra. A su regreso fue a conversar con sus vecinos de antaño acerca de lo ocurrido. Sentía curiosidad, pero también un enorme anhelo de entenderlos y justificarlos. No quería odiarlos, ni estaba resentido. Pero a sus preguntas, la mayoría de los interpelados respondía diciendo que no sabían exactamente lo que había pasado, en otras ocasiones se negaban simplemente a hablar del asunto, o sostenían entre líneas que los judíos tenían parte de la responsabilidad por la suerte que les había tocado.

A quienes se prestaban a escucharlo, les preguntó: 


- Pero, ¿ustedes no vieron los trenes cargados de prisioneros que llegaban rutinariamente al campo? ¿No veían el humo de las chimeneas de los crematorios?  ¿No sentían el olor de los cuerpos quemados que inundaban el ambiente? 

Los granjeros polacos decían no saber nada, o no querían saber, o decían que no era de su incumbencia. Algunos sentían vergüenza y cambiaban de tema.


Bella Vista, provincia de Buenos Aires, Argentina

Mi familia tenía una casa  en Bella Vista, un pequeño pueblo en la provincia de Buenos Aires, donde pasábamos los fines de semana y parte del verano. Era un pueblo muy católico, donde los chicos jugaban al rugby y las chicas al hockey. El pueblo está ubicado a unos pocos kilómetros del Regimiento militar de Campo de Mayo. En aquella época, muchos de los habitantes del pueblo y referentes de la comunidad eran funcionarios de la Dictadura militar, o formaban parte de la justicia en calidad de jueces y fiscales que actuaron de manera cómplice con el plan genocida, y el resto, bien por ignorancia o rotunda convicción, simpatizaban con el Proceso.

Hace unos años volví al pueblo. No fue algo planeado. Llevaba 25 años fuera del país, y las circunstancias me condujeron casualmente de regreso a algunos de los lugares de mi memoria infantil. Como el judío de la historia de Zizek, cuando llegué al lugar sentí curiosidad, quise entender lo que esa gente pensaba ahora, después de tantos años. 


Tuve ocasión de encontrarme con algunas de las personas que había conocido en mi infancia. Excepto unos pocos, la mayoría seguía viendo el mundo de manera muy semejante a la que yo recordaba. Los años de democracia, los juicios por lesa humanidad, la condena internacional a la época atroz que habíamos vivido, no parecía haber hecho mella en su interpretación. Incluso el vocabulario que utilizaban me era familiar. Seguían hablando de los comunistas y los subversivos como en la época de la dictadura. Juzgaban toda posición progresista como "montonera", "zurda" y perjudicial para los valores que creen encarnar.

En muchos sentidos, la razón por la cual historia de los granjeros polacos me impresionó tanto cuando se la escuché por primera vez a Zizek es porque dice algo sobre mi propia experiencia con mucha de la gente que conocí en mi niñez. Para ellos, contrariamente a lo que piensan, es como si el tiempo se hubiera detenido para siempre en aquella época. Dicen que hay que mirar hacia el futuro, que hay que superar el pasado, pero viven anclados en un horror al que se niegan a mirar a la cara, y por ello los mantiene cautivos. Aunque hacen un esfuerzo terrible por olvidar, el resentimiento y el odio que sienten los mantienen atrapados en el horror que ellos o sus padres colaboraron en crear.


Los vuelos de la muerte

Muy cerca de Bella Vista está el Regimiento Militar de Campo de Mayo. En su interior, el famoso y ominoso Hospital Militar en donde, en su área de ginecología convertida en centro clandestino de detención, numerosas mujeres embarazadas fueron torturadas y asesinadas. La historia es conocida. A estas mujeres a quienes capturaban embarazadas, las mantuvieron con vida para permitir que parieran, pero después de arrebatarles sus criaturas, las mataban.  

¿Quién podría olvidar la confesión pública del ex-capitán de corbeta Adolfo Scilingo, uno de los pilotos de los llamados "vuelos de la muerte", quien en 1995 contó la rutina de esos vuelos en los que se drogaba a las detenidas, para luego echarlos al río de la Plata, vivas, desnudas, para evitar que los cadáveres flotaran y llegaran a la orilla de Uruguay. El General Lanusse dio testimonio de ello durante el juicio a la Junta, declarando contra los excomandantes porque le habían matado a su prima, y en su búsqueda descubrió que los cadáveres de los detenidos asesinados se encontraban de a centenares en el río.


La virgen ciega

Entonces, me pregunto: ¿Cómo es posible que en ese pueblo de "granjeros polacos", que veneran a la Virgen con tanta devoción, puedan seguir creyendo que el horror que vivieron esas mujeres pueda justificarse?


Así somos los seres humanos. Somos como los granjeros polacos. Brutos, insensibles, ciegos... y eso duele. Y hoy duele un poquito más, porque algunas de las personas de Bella Vista que conocí en mi infancia, en un día como hoy, 24 de marzo de 2017, día en el que conmemoramos el horror y afirmamos ¡Nunca más!,  algunas madres y padres católicos y sus hijos e hijas, y, probablemente sus nietos y sus nietas, publican mensajes ofensivos y absurdos en las redes sociales, se burlan de sus compatriotas, hiriendo la consciencia de una parte nada desdeñable de la ciudadanía.

Los domingos, los granjeros polacos se visten de seda y van a misa. Escuchan desde que nacieron la parábola del buen samaritano. Dicen ser discípulos de Jesús de Nazareth, pero hoy no pueden honrar a las mujeres violadas, a quienes arrancaron sus hijos de las entrañas, a quienes violaron y asesinaron ahogando en el río, porque son demasiado "buenos", demasiado "decentes", demasiado "cristianos", para reconocer el horror y la crueldad de los que (sabemos) de un modo u otro, fuimos parte y cómplices.

2 comentarios:

Garmendia dijo...

Sin justificar las atrocidades que los militares cometieron, seria bueno que menciones alguna de las atrocidades que el otro bando cometio. Es una verguenza que la historia se cuente de manera tan sesgada.

Cuando los responsables del terrorismo (internos y externos, lease Cuba) hagan un mea culpa, es solo ahi cuando se va a poder tener un dialogo constructivo.

O es que acaso los militares tomaron el poder en un pais donde no habia guerrilla y un alto apoyo a que alguien interviniera para frenar la matanza.

Repito, no justifico las atrocidades que los militares cometieron y bien presos estan los responsable. Pero tambien creo que los responsables de tomar las armas para voltear a un gobierno democraticamente electo, deberian estar presos.

Juan Manuel Cincunegui dijo...


Si no justifica las atrocidades, el resto sobra con creces. Lo que se recuerda el 24 de marzo son las atrocidades cometidas por el Estado argentino durante la dictadura cívico-militar.

Todo lo demás, huele a justificación. Si no quiere que piense que usted hace una apología de los delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado argentino gobernado por militares y civiles que optaron por torturar, desaparecer, violar, apropiarse de niños de manera sistemática y masiva, entonces, no mezcle los temas.

Los delitos de lesa humanidad no tienen nada que ver con la violencia guerrillera. La decisión de tirar cadáveres al río y hacerlos desaparecer, de apropiarse de bebés, de matar a sus madres, de torturar con picana eléctrica y violar, de matar niños menores de edad haciendo desaparecer los cuerpos por parte del Estado, es una decisión absolutamente independiente de cualquier circunstancia histórica que usted puede señalar.